“Privados de sus tierras, los indígenas fueron también privados de su historia” 

Su trayectoria

Raúl José Mandrini se graduó en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1973. Desarrolló una amplia labor en las universidades públicas argentinas:  UBA, Lomas de Zamora (UNLZ), Salta (UNSa), del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), Rosario (UNR), y Luján (UNLu).  Participó del Primer Encuentro de la ADHILAC en la Argentina en 2003 pasando a formar parte de la directiva de la misma.

Inició su trabajo en investigación como Auxiliar de Investigaciones en el Instituto de Historia Antigua Oriental de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA entre 1965 y 1972. Durante 1985 fue becario del Consejo Nacional de Inves­tiga­ciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argenti­na, y adscripto al Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA. Ingresó por concurso al Sistema de Apoyo para Inves­tigadores Univer­sitarios (SAPIU) de CONICET (1989-1993). Entre 1989 y 2009 fue investigador titular del Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la UNCPBA y director del mismo entre 1992 y 2000. También fue Director del Doctorado en Historia en la misma Universidad (2003-2004) y Director del Anuario del IEHS (2006-2007), publicación oficial del Instituto de Estudios Histórico-Sociales e Investigador adscripto del Museo Etnográfico (FFyL-UBA).

 

En una entrevista realizada por Pagina 12 el historiador argentino resaltaba la necesidad de considerar parte de nuestra historia a los pueblos originarios.

 

Mandrini señala que en general la historia da poco espacio a los aborígenes y que, cuando lo hace, se centra casi exclusivamente en el período que se inicia con la llegada de los españoles a América, esto es, a partir del hombre blanco. Para entonces había un gran surtido de pueblos y sociedades en la región (acorde, también, con la diversidad natural del territorio), pero ninguna etnia escribía. O al menos no hay registro. Los primeros escritos sobre ellos tienen autoría visitante (Ulrico Schmidl, Antonio Pigaffeta, por ejemplo). La carencia repercute en que es –relativamente– poco lo que se sabe acerca de los aborígenes en los 11.500 años anteriores y en que el período sea abordado casi en exclusiva por los antropólogos sociales y arqueólogos; la profundidad de las investigaciones al respecto varía, también, según la región. “No es común que un historiador escriba sobre este período”, apunta Mandrini, que en su trabajo parece buscar un balanceo proporcional: tres quintas partes del libro dedicadas a lo ocurrido hasta el siglo XVI, otras dos de ahí en adelante, ya con los blancos acá. El esfuerzo deviene en algunas reiteraciones –características de un pueblo, por caso– en ese primer tramo y ciertos baches en el segundo, asunto que sin embargo no atenta contra esa declarada intención general de la obra.” (1)

En otra entrevista de la agencia de noticias argentina Telam resaltaba que “Los indígenas no fueron víctimas sino actores de la historia”

Ademas replanteaba ciertas denominaciones de la Historia Oficial, como por ejemplo la expansión sobre la Patagonia

“T : ¿Quiénes estaban en lo que es hoy la Argentina antes de las invasiones, y qué quedó de todo aquello?
M : Hace unos años, dediqué otro volumen a las poblaciones aborígenes que vivían en el territorio que hoy forma parte de la Argentina (La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910). En nuestro país, la negación del pasado aborigen ha sido mucho más profunda que en otros países americanos donde, aunque sea en forma idealizada, ese pasado sigue formando parte de la historia nacional. Piense, por ejemplo, en México donde el águila azteca se ha convertido en un emblema nacional. En la historiografía argentina en cambio, la descripción de la población aborigen en el momento de la invasión fue, tradicionalmente, un capítulo inicial donde se hacía una descripción de esos pueblos, superficial y atemporal, que servía como  telón de fondo al proceso heroico de la conquista europea. Luego el olvido… En algunos casos, como en los territorios conquistados, fueron reducidos a categorías jurídicas vinculadas con la forma de explotación del trabajo. Se convirtieron en encomendados, en mitayos o en yanaconas. En los vastos territorios no conquistados, como las llanuras y planicies meridionales o las tierras calientes del Chaco, pasaron a convertirse en salvajes o bárbaros sin que se hicieran esfuerzos por comprender esas sociedades. Así, es misma historiografía nos hablaba de una campaña al desierto realizada por Rosas, o de la conquista de ese mismo desierto por Julio A. Roca. Pero, ¿contra quiénes fue esa campaña? ¿A quiénes se conquistó? ¿Se conquista un desierto, o sólo se lo ocupa? De nuevo silencio. En resumen, privado de sus tierras y marginado, el indígena fue también borrado de la historia. Recién en las últimas tres décadas, algunos historiadores comenzamos a interesarnos y a investigar ese pasado.”

“T : ¿Cómo escribir una historia de los aborígenes en América sin caer en el fetichismo de la sincronía?
M : Sincronía y diacronía suelen presentarse como criterios excluyentes al momento de analizar realidades sociales. No creo que sea tan así. Son opciones que cada investigador elige según sus propósitos y objetivos y conforme a la disciplina de que proviene. Por eso me parece que hablar de fetichismo es un poco exagerado. Por lo general, aunque no siempre, antropólogos y sociólogos suelen preferir un enfoque sincrónico y las descripciones etnográficas son un buen ejemplo de tal enfoque. Y soy historiador y el análisis histórico es casi por definición, diacrónico, esto es, prioriza el análisis de los procesos, de los cambios y continuidades, y busca en esos procesos la explicación a los fenómenos estudiados. Las otras disciplinas, por el contrario, prefieren encontrar esas explicaciones en las funciones que cada institución o práctica social tiene en el contexto de la sociedad global, o en la estructura que articula y da continuidad a esa misma sociedad. Sin embargo, tales análisis no se excluyen mutuamente. Los historiadores, en especial aquellos que venimos de la historia social, consideramos a las sociedades como los sujetos de la historia y entendemos a esas sociedades como realidades totales, complejas y heterogéneas. Así, en el contexto de un análisis que es fundamentalmente diacrónico -la organización del libro se apoya en este criterio- no se excluye el análisis de la sincronía para dar cuenta de esas totalidades sociales en distintos momentos de su historia. Por ejemplo, el capítulo 2, destinado a dar un panorama general del mundo americano en el momento previo a la invasión europea,  es fundamentalmente sincrónico; los capítulos siguientes son, en cambio, fundamentalmente diacrónicos y buscan explicar, a partir de su propia historia, algunos de los rasgos que caracterizaban a ese mundo en el momento de la transición del siglo XV al XVI. ( 2)”

Entre sus trabajos se encuentran

Argentina indígena: los aborígenes a la llegada de los españoles (CEAL, 1983),

Los araucanos de las pampas en el siglo XIX (1984). Volver al país de los araucanos con Sara Ortelli (Sudamericana, 1992),

Los indígenas de la Argentina. La visión del “otro”. Selección de documentos del período colonial (2004).

Vivir entre dos mundos : conflicto y convivencia en las fronteras del sur de la Argentina : siglos XVIII y XIX (Taunus, 2006),

La Argentina aborigen : de los primeros pobladores a 1910 (Siglo XXI, 2008).

La Argentina aborigen. De los primeros pobladores a 1910. (Siglo XXI Editores. 2008).

NOTAS

(1 ) http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3261-2008-11-23.html

(2) http://www.telam.com.ar/notas/201310/37560-los-indigenas-no-fueron-victimas-sino-actores-de-la-historia.html

Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC (ver) complete el siguiente formulario (ver)

E-mail: info@adhilac.com.ar

Twitter: @AdhilacInfo