Chacmool es un puente desde la historia

por Hassan Perez Casabona

 

Existen proyectos que languidecen, con el paso del tiempo, entre múltiples razones porque pierden el encanto con el que nacieron. Otros, por el contrario, se agigantan en la medida en que es más distante el alumbramiento.

Conquistar la perdurabilidad –más allá incluso del ámbito en que fueron concebidos- expresa con nitidez la seriedad de esas propuestas. No es posible  trascender, en ninguna latitud, si el producto que se elabora es insulso. Únicamente el rigor integral con el que se trabaja (y no hacer concesiones en detrimento de la calidad y beneficio de intereses mercantiles) garantizan la trascendencia de una obra.

A ese grupo pertenece por derecho propio Chacmool. Cuadernos de trabajo cubano-mexicanos, empeño editorial conjunto llevado a cabo por destacados investigadores de ambos pueblos.

Si bien una mirada apriorística pudiera sugerir que el propósito de la publicación es circular en el entorno académico, un examen detallado permite constatar que dicho campo de acción significa apenas el pretexto para reflexiones históricas y culturales de hondo calado, que humildemente se suman al esfuerzo que libramos desde esta parte del mundo, en la promoción de un pensamiento anticolonizador y contrahegemónico.

Hace solo una horas tuvo lugar en el Centro de Estudios Martianos (CEM) la presentación del Volumen X de esta revista sui géneris, resultado tangible de un quehacer de “infinito amor” en el cual intervienen numerosas manos de dos naciones, con vínculos indestructibles cimentados desde épocas remotas.

 

La doctora Ana Sánchez Collazo -quien dirige la prestigiosa institución fundada en el verano de 1977 para preservar y promover lo relacionado con el pensamiento y la obra de nuestro Héroe Nacional- dio la bienvenida a los participantes, resaltando el honor que reviste para su colectivo dar a conocer un texto de profunda raigambre martiana.

De manera especial saludó la presencia de los doctores Carlos E. Bojórquez Urzaiz y Sergio Guerra Vilaboy, coordinadores por México y Cuba respectivamente de la empresa intelectual.

El entrañable amigo yucateco acaba de ser condecorado con la distinción, “Pensar es servir”, reconocimiento que otorga el CEM a personalidades e instituciones que se han destacado en la defensa de los valores martianos. “Bojórquez  -apenas la décima figura en recibir tan alto lauro- es un mexicano al que también le hubiera gustado nacer en Cuba”, señaló emocionada Sánchez Collazo.

El destacado historiador Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales y uno de los conocedores sobre la vida del Apóstol de mayor estatura en cualquier punto de la geografía universal, tuvo a su cargo las palabras introductorias, a través de las cuales realizó un detallado bosquejo de los diferentes materiales contenidos en este número. Expresó además que se trataba de una publicación “curiosa”, que revelaba la importancia de estos empeños, con independencia de su periodicidad irregular.

Aparecen en esta edición nueve artículos, seis notas y documentos y dos comentarios bibliográficos. En el primer acápite se incluye “La misma masa de nación”, de Guerra Vilaboy, en el cual se recrea la visión sobre la unidad continental de Simón Bolívar, con el trasfondo de que en el presente año celebramos el 190 aniversario del Congreso Anfictiónico de Panamá, empeño de largo aliento concebido por el Libertador.[1]

Bojórquez Urzaiz, por su parte, entregó “Eduardo Urzaiz Rodríguez, fragmentos de una vida”. En ese trabajo el estudioso dibuja varias facetas sobre la trayectoria de su abuelo, uno de los tantos independentistas cubanos compelidos a la emigración en el sureste mexicano (en el primer éxodo relacionado con la Guerra de los Diez Años, Bojórquez  sitúa como figuras primordiales a Alfredo Torroella, Rodolfo Menéndez de la Peña y su hermano Antonio; Amalia Simoni de Agramonte, Idelfonso Estrada y Zenea, así como José Quitín Suzarte y Ramón de Armas), como resultado de las persecuciones del gobierno colonial español. [2]

Urzaiz Rodríguez llegó a Mérida en junio de 1890, acompañando a su padre el poeta Fernando Urzaiz Arritola, y pese a residir durante décadas en la capital de Yucatán nunca dejó de ser cubano “hasta en los menores detalles”, convirtiéndose además en el principal impulsor de los estudios martianos en esa región hasta su muerte.

 

Por cierto que Urzaiz Arritola, siendo Presidente de la Sección de Literatura del Liceo de Guanabacoa, propuso a José Martí el 7 de noviembre de 1878 como Socio Facultativo de esa institución. El 15 de enero de 1879 el joven habanero que años más tarde se levantara como el alma de la gesta libertaria de 1895, sucedió a Urzaiz Arritola en dicho cargo en la importante agrupación cultural.

Relacionados directamente con el Apóstol encontramos “Panamá en el proyecto emancipador de José Martí”, del destacado investigador antillano Ibrahim Hidalgo Paz y “Aspectos de la relación entre José Martí y Rodolfo Menéndez de la Peña”, de Cristóbal León Campos.

En el primero, su autor se adentra en los motivos que condujeron a Martí a visitar el Istmo en 1993 y 1994, en ambos casos en el mes de junio, así como en algunas de las actividades que desarrolló y la repercusión en la prensa local de las mismas. Expresa además que estos dos viajes del Delegado del Partido Revolucionario Cubano fueron organizados como tránsito hacia Costa Rica, con el propósito de dialogar con el general Antonio Maceo, quien encabezaba una combativa colonia de cubanos asentados en territorio tico.

León Campos, asimismo, aborda los vínculos de Menéndez de la Peña, quien llegaría a ejercer notabilísima influencia en  el campo educacional yucateco (la Escuela Normal lleva hoy su nombre) y Martí, no solo a través de la intensa relación epistolar que sostuvieron durante años.

De esos nexos destaca varios momentos de particular relieve: cuando Martí le anunció a su amigo, el 26 de junio de 1889, la idea preparar de La Edad de Oro; la nota luctuosa que dedicó en Patria ante la muerte de la profesora Libertad Menéndez, primogénita del destacado pedagogo cubano, y en el instante en que el organizador de la Revolución solicita la ayuda financiera de su compatriota. [3]

Muy útiles resultan los trabajos “Génesis del Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán y destellos de sus futura biblioteca (1923-1937) de Joed Amílcar Peña Alcocer y “Visiones sobre la medicina maya”, de Jorge Canto Alcocer y Rodrigo Ordóñez Sosa.

De igual manera llaman la atención “¿El paisaje natural de la selva fue una resistencia o un recurso para las comunidades y civilizaciones pre-hispánicas?”, del prestigioso profesor de la Universidad de La Habana Arturo Sorhegui y “Ataques indios y transformación económico-social en el norte novohispano: el real de minas de Mazapil y sus regiones circundantes (siglo XVIII)” del también antillano Hernán M. Venegas Delgado.

 

Especial interés despierta “La expedición de Cayo Confites en el contexto de las Américas (1947)”, de Jorge Renato Ibarra Guitart, uno de los historiadores jóvenes más relevante en el panorama insular.

En el texto se analiza dicho acontecimiento, pensado para derrocar al sátrapa dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en el cual intervinieron nada menos que el brillante escritor Juan Bosch (en 1963 se convertiría en el primer presidente democráticamente electo en esa nación tras el ajusticiamiento de Trujillo) y el entonces joven estudiante de Derecho Fidel Castro Ruz.

Empleando documentos y fuentes de Cuba, República Dominicana y Estados Unidos Ibarra Guitart profundiza en aspectos poco divulgados en lo concerniente a dicha expedición, remarcando la compenetración del gobierno estadounidense con el sanguinario personaje que gobernó a la hermana nación caribeña durante tres décadas. [4]

En Notas y Documentos aparece “La utilidad de la virtud. Para decir en voz baja”, del propio Bojórquez Urzaiz, donde medita en un plano íntimo sobre la profunda formación martiana que encontró en su hogar y acerca de: “los hilos misteriosos que unieron a la emigración patriótica de Yucatán con Cuba”, a propósito de recibir la Distinción la “Utilidad de la virtud”, que entrega la Sociedad Cultural José Martí.

Asimismo se incluye “Salvador Morales Pérez: la huella de un historiador martiano en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo”, de José Napoleón Guzmán Ávila, en el que se hace un recorrido por la obra del historiador cubano Salvador Morales Pérez (1939-2012), quien luego de graduarse en la Universidad de La Habana en 1968 trabajó en el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias, la Biblioteca Nacional e impartió clases sobre Historia de la Cultura Cubana, a lo largo de catorce años, en el Instituto Superior de Arte.

Morales Pérez residió durante la última etapa de su vida en México, donde produjo importantes textos como parte del Centro de Investigaciones Científicas “Ing. Jorge L. Tamayo” y del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

El experimentado investigador Mario Mencía escribió “Fidel, primeros días en el exilio”, artículo en el que parte de las siguientes interrogantes: “¿Se ha valorado alguna vez en toda su magnitud el efecto potenciador de valores que ejerce el exilio en los hombres excepcionales? ¿Cómo genera en ellos más pasión por la lucha, más acción sin desmayo, más claridad de perspectiva?”.

Mencía, una de las voces más alta en la temática, destaca las condiciones precarias en las que Fidel comenzó a desarrollar su quehacer en suelo azteca. “En general –plantea el historiador- no iba a sobrepasar los ochenta pesos de ingresos mensuales, que su hermana Lidia y algunos compañeros y amigos acopiarían cada mes para enviarle, y que, como es lógico deducir, se iría en una buena proporción en ayudar a los demás exiliados y en los gastos para la propaganda que iniciaba y las comunicaciones de correo con Cuba”.

En el artículo se perfila la voluntad inquebrantable que animó todo el tiempo al líder revolucionario, aún a sabiendas de las múltiples adversidades a las que debería sobreponerse, para llevar adelante el objetivo estratégico de sacar al pueblo cubano de las garras del dictador Fulgencio Batista, comenzando así la construcción de una nueva sociedad inspirada en el idea martiano de “Con todos y para el bien de todos”.

Impresiona, en ese sentido, la respuesta de Fidel el 2 de agosto de 1955 a la primera misiva de la dirección del Movimiento en Cuba, que llegó a sus manos un día antes. “Miren: yo tengo una gran fe; pero no es una fe religiosa, sino racional y lógica, porque en esta hora de tremenda confusión, somos los únicos que tenemos una línea, un programa y una meta. ¡Y decisión para alcanzarla o morir en el empeño!”.

Con la certeza de la necesidad impostergable de encarar frontalmente los destinos de la Patria, añadió: “Mi tarea en esta pienso llevarla a cabo cabalmente. No me refiero en este caso a la de escribir cartas y manifiestos desde este solitario cuartito, sino a la otra no menos importante. Estoy optimista de lo que llevo hecho, sencilla y discretamente. Considero tan importante y delicado lo de afuera, que soporto con resignación la amargura de esta ausencia y convierto toda mi pena en impulso, en deseo ardiente de verme peleando cuanto antes en la tierra cubana. Vuelvo a reiterar mi promesa que si lo que anhelamos no fuera posible, si nos quedáramos solos, me verían llegar en bote, a una playa cualquiera, con un fusil en la mano”. [5]

Cristóbal León Campos escribió “René de la Nuez, mensajero de la Paz”, dedicado a la memoria del extraordinario ser humano, quien este 8 de septiembre habría cumplido79 años. Nuez, quien falleció en enero del 2015, fue escogido por su relevante desempeño entre los cien caricaturistas más sobresalientes a nivel mundial.

Erick Villanueva Mukul, presentó “Cuba y México: septiembre de 2002” en el que examina el papel de lo que denomina `diplomacia parlamentaria´, en al afán de recomponer las relaciones entre los dos países, que para dicha fecha atravesaban uno de sus momentos más álgidos, con la presidencia de Vicente Fox Quesada y el canciller Jorge Castañeda.

El autor, en ese momento vicepresidente de la Cámara de Diputados de México, y que a partir del 15 de diciembre ocupó la presidencia de dicha instancia, narra los pormenores de la V Reunión Interparlamentaria, desarrollada en el Hotel Nacional de La Habana entre las comitivas de ambas naciones.

Como testigo excepcional de aquellos hechos Villanueva recuerda además la Gala Cultural desarrollada el 17 de septiembre en el Teatro Karl Marx, donde un nutrido grupo de artistas cubanos rindieron homenaje a México, con motivo del 192 aniversario de su independencia. A la velada asistió el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien luego de concluir la actividad  departió ampliamente con los parlamentarios mexicanos.

“Una cultura sin memoria es inimaginable”, de Gabriel Zapata Bello se dedica  a reflexionar en torno al libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía, de Bojórquez Urzaíz y León Campos, en el cual se valoran los aportes al laborismo social mexicano de dicha personalidad.

Precisamente a ese libro se consagra el trabajo “Esbozo biográfico de Héctor Victoria Aguilar”, de Jorge Cortés Ancona, uno de los dos que se registran en la sección Comentarios Bibliográficos, en la que también está “Caminar detrás del tiempo”, de Luis Emanuel Villanueva Padilla.

En la presentación de Chacmool, Sergio Guerra Vilaboy, además de elogiar las palabras de Pedro Pablo Rodríguez, rememoró que el origen de este proyecto ser remonta a enero del 2003, justo cuando nuestra capital acogió el evento internacional “Por el Equilibrio del Mundo”, en ocasión del 150 aniversario del natalicio del Apóstol.

“Siempre lo concebimos, comentó, para fomentar la unidad y como vehículo entre intelectuales de ambos países, aunque también han incursionado en sus páginas profesionales de otros continentes. Esta es una revista tradicional, si se quiere, elaborada contra la tendencia de burocratizar el conocimiento. Se hace por amor y con un extraordinario esfuerzo”.

Refiriéndose a varias de las figuras prominentes que se sumaron a este empeño, y que ya no están entre nosotros físicamente, mencionó a los mexicanos Leopoldo Zea y Feliciano García Aguirre y a los cubanos Cintio Vitier, Francisco Pérez Guzmán, Salvador Morales Pérez y René de la Nuez, quien fue uno de los artistas que colaboró con varios números desde la caricatura política, labor que también desplegó el reconocido exponente de las artes plásticas en el periódico yucateco Por Esto, el mismo que dio a conocer en el 2005 la entrada ilegal del terrorista Luis Posada Carriles a Estados Unidos a bordo del barco Santrina, procedente de Isla Mujeres.

“Esta publicación es un puente desde la historia, que se inspira igualmente en nuestros símbolos. De ahí su nombre, pues Chacmool representa la deidad ancestral no solo maya sino mesoamericana, que pintó Martí en su autorretrato al contemplar esa efigie en Mérida hacia el año 1877”, remarcó.

Bojórquez Urzaiz, en el epílogo de la actividad, retomó la explicación sobre la génesis de este empeño editorial. “La idea original era conformar un libro. A ello se opuso –y el tiempo le ha dado razón- el querido Enrique Sosa Rodríguez, quien opinaba que era más pertinente elaborar cuadernos de trabajo binacionales, lo cuales no perderían vigencia, más allá de carecer de periodicidad fija. Una revista pule lo que no se abordó en las primeras entregas. A lo largo de los años hemos perfeccionado el contenido y el diseño”.

Explicando varias de las características que distinguen el proyecto, puntualizó: “En las `ciencias duras´ se tiene una visión un tanto más rígida sobre las llamadas `revistas indexadas´, entendible a la hora de conocer sobre vacunas y nuevas formulaciones médicas, por ejemplo. En las ciencias sociales somos más flexibles. Ahora bien, la presencia en las páginas de Chacmool de estudiosos de primerísimo orden es para nosotros mucho más que otras distinciones. Donde haya escrito alguien de la estatura de Cintio Vitier ello tiene más peso que cualquier otra cuestión formal”.

“Al fungir como cuadernos de trabajos, añadió, somos más modernos de lo que se imaginan. Tenemos la libertad de publicar lo que se decida en el Consejo Editorial. Funcionamos también como una especie de espectro que puede ser fantasmagórico o encantado”.

Sobre la labor futura acotó: “Estamos preparando con gran entusiasmo el número XI, teniendo claro que se trata de una publicación académica en la que no se hace propaganda comercial de ninguna índole. Lo esencial será proseguir fomentando los valores humanos que enarboló Martí, como divisa insustituible en la batalla por preservar la especie humana”.

En el Comité Editorial de Chacmool se encuentran los destacados historiadores antillanos Eduardo Torres-Cuevas, presidente de la Academia de Historia de Cuba y Oscar Zanetti, ambos Premios Nacionales de Ciencias Sociales, así como los mexicanos José Juan Cervera Fernández, Alejo Maldonado Gallardo, Bernardo García y Eric Villanueva.

El Consejo Científico Asesor está integrado, en el caso cubano, por Miguel Barnet Lanza, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac); Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana; Carlos Oliva Campos, Miriam Rodríguez y Nidya Sarabia, mientras que por la hermana nación mexicana están Manuel Uc Sánchez, Adolfo Gilly y Adalberto Santana.

 

*El autor es Licenciado en Historia; Especialista en Defensa y Seguridad Nacional y Profesor Auxiliar del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

Notas, citas y referencias bibliográficas.

[1] Escribe sobre ello el reconocido historiador cubano, jefe del departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana y presidente de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (Adhilac), que: “El congreso de Panamá fue la máxima expresión de los esfuerzos de Bolívar para la integración continental, sobre la base de una íntima asociación o alianza perpetua de las repúblicas independientes de Hispanoamérica. El modelo bolivariano consistía en crear una confederación de estados con órganos de poder propios –incluía la fuerza militar- y una ciudadanía común, junto a un régimen de comercio preferencial para los países miembros, que actuara como antídoto contra la fragmentación, la debilidad de las nuevas naciones, los peligros de anarquía y conflictos intestinos y las amenazas externas de conquista o recolonización”. Sobre las maniobras norteamericanas y británicas para torpedear uno de los más caros sueños bolivarianos, precisó: “En el congreso de Panamá se frustró también, por la abierta oposición de Inglaterra y Estados Unidos, el plan de Bolívar para liberar a Cuba y Puerto Rico y lograr después su integración en la gran confederación hispanoamericana. La independencia de las dos islas antillanas era la clave del proyecto bolivariano de agrupación continental, pues se realizaría con el concurso de varios países, creando sólidos fundamentos para la unidad de acción de los pueblos de la América Meridional”. Sergio Guerra Vilaboy: “La misma masa de nación”, en: Chacmool. Cuadernos de trabajo Cubano-Mexicano, Volumen X, Mérida-La Habana, 2015, pp. 20-25.

[2] Bojórquez Urzaiz obtuvo hace unos años en la Universidad de La Habana el título de Doctor en Ciencias Históricas, con la tesis “La emigración cubana en Yucatán. 1868-1898”, en la que contó con la tutoría del Dr. Enrique Sosa Rodríguez.

[3] Sobre esto último explica: “Tal fue el compromiso entre ambos cubanos, y el deseo de Rodolfo Menéndez de colaborar siempre con la independencia de su país, y en particular con Martí, que cuando el prócer cubano, en una carta del 3 de mayo de 1894 le escribió: `Me ofreció una vez su casa. Ahora se la pido. Si no tiene más que ella, déla. A menos que el mundo entero no sea traición, salimos a camino´. Rodolfo Menéndez vendió su casa como había ofrecido a Martí, y remitió el dinero obtenido como contribución a la guerra que se estaba gestando por la liberación de Cuba. Debe aquí subrayarse que las condiciones económicas del pedagogo cubano no eran las ideales, pues con el bajo salario que recibía como docente, pagaba la edición de la revista La Escuela Primaria y mantenía a su familia”. Cristóbal León Campos: “Aspectos de la relación entre José Martí y Rodolfo Menéndez de la Peña”, en: Chacmool… Ed.cit., p. 112.

[4] “Por otro lado, Washington continuó dando pasos para consolidar la posición de Trujillo ante Grau. El dictador dominicano en el plano interno podría ser tan débil como lo era Grau pero en el contexto regional, con el apoyo norteamericano, era una potencia de primer orden. Por cierto la debilidad interna de Grau se debía, no solo a los fracasos de su política gubernamental sino también a las maquinaciones que tanto Trujillo como los Estados Unidos impulsaron para crear caos interior. (…) Otros hechos demostrarían que la alianza dominico-americana se consolidó durante los días de la conspiración de Cayo Confites. El 3 de septiembre el gobierno norteamericano dio el visto bueno para que el régimen trujillista pudiera reforzar sus defensas y comprar `cierto material sobrante que está siendo colocado a la venta por este gobierno en Trinidad´.  (…) Los militares del Pentágono habían tomado la iniciativa en todos estos arreglos bélicos y se tomaban la atribución de pasarle por encima hasta los mismos empleados del Departamento de Estado”.  Jorge Renato Ibarra: “La expedición de Cayo Confites en el contexto de las Américas (1947)”, Ibídem, pp. 142-143.

[5] Mario Mencía: “Fidel, primeros días en el exilio”, en: Ibídem, pp. 179-180.

 

Fuente: http://www.trabajadores.cu/20160913/chacmool-es-un-puente-desde-la-historia/  13 de septiembre de 2016

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