Discurso de Sergio Guerra Vilaboy en el 80 cumpleaños de Francisco Pividal

 

El Dr. Pividal* fue uno de los principales especialistas en Simón Bolívar

 

Compañeras y compañeros, amigos todos:

 

Los organizadores de esta actividad y los compañeros del Instituto de Historia me han pedido diga unas palabras sobre alguien que en rigor no necesita presentación entre nosotros: Francisco Pividal Padrón.

 

El merecido homenaje que rendimos esta mañana al Maestro Pividal en su 80 aniversario coincide felizmente con la aparición de su último libro titulado: “El Movimiento 26 de Julio en Venezuela y quienes lo apoyaron”.  La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, que se encargó de la edición de esta obra, quizo con ello hacer también su aporte a esta celebración.

 

Pero la significación de la obra de Pividal es mucho más trascendente que un libro, por significativo que sea esta nueva obra o su conocido “Bolívar: pensamiento precursor del antimperialismo”.  La de Pividal es una obra multifacética en toda la extensión de la palabra, que debe rastrearse desde la juventud –entonces publicó en el “Diario de la Marina, Avance” y en otros periódicos y revistas de la época sus primeros ensayos críticos y poemas-, así como en la carrera de jurista, en su desempeño como profesor, diplomático, periodista e historiador: tiene en su haber más de dos centenares de artículos publicados sobre temas de educación e historia.

 

Toda esta descomunal labor está signada por un mismo denominador: su consagración a la causa revolucionaria.  Su permanente disposición a servir a la Revolución donde sea necesario lo ha llevado del magisterio a la diplomacia y viceversa, a fungir como Delegado del Poder Popular, dictar conferencias y cursos en los más disímiles rincones del planeta, escribir enjundiosos estudios sobre Bolívar y otros patriotas latinoamericanos o a indagar en Tuxpan o la Sierra Maestra sobre determinados pormenores de los orígenes de la Revolución, a la cabeza de un equipo de investigadores de la Oficina de Asuntos Históricos de la Secretaría del Consejo de Estado.

 

Pividal se entregó a la Revolución desde aquel momento en que dejó la dirección de uno de los más exclusivos colegios de Venezuela –el “Panamericano” de Maracay, del que además era propietario– para ponerse incondicionalmente a las órdenes de Fidel.  Ubicado en el frente exterior en la lucha contra la dictadura de Batista, Pividal contribuyó de manera decisiva, en la tierra de Bolívar, a aglutinar el exilio cubano en torno al Movimiento 26 de julio, para impulsar la propaganda revolucionaria y conseguir recursos y armas destinados a los combatientes del Ejército Rebelde, a la vez que cumplía otras tareas asignadas por la Dirección de la Revolución en México, Colombia, Panamá y Haití.   Gracias a su vocación de insomne historiador, las nuevas generaciones disponen de un documentado y detallado recuento de la labor del exilio revolucionario en Venezuela en este nuevo libro que va a ser presentado en el día de hoy.

 

 

Por sus relevantes méritos fue el primer Embajador de la Revolución Cubana en la patria de Bolívar y en esa condición acompañó al Comandante en Jefe en su apoteósico viaje a la capital venezolana en enero de 1959, del cual Pividal ha escrito vívidas crónicas incluidas también en este su último libro publicado y que con anterioridad aparecieran en el folleto “Los tres días de Fidel en Caracas hace 30 años”, editado hace un lustro por la Universidad Central de Venezuela.

 

Declarado “persona non grata” por Rómulo Betancourt, pretextando su infatigable propaganda sobre los logros y conquistas de la Revolución, debió regresar a Cuba en 1960 para ser designado en nuevas misiones diplomáticas, entre ellas la de Embajador en El Salvador.  La experiencia acumulada en estas lides le han permitido desenvolverse con éxito en otras actividades vinculadas a las relaciones internacionales, como se evidenció en el Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos o en las vicepresidencias de las asociaciones de Amistad con Mongolia y de Solidaridad con Viet-Nam.

 

Mención aparte merece su destacada labor en el campo de la historiografía latinoamericana.  Para expresar con justicia cuanto le debemos en este terreno basta preguntarse lo que conocíamos del pensamiento revolucionario de Bolívar y lo que sabemos ahora gracias a las obras de Pividal.  No por casualidad obtuvo en 1977 el prestigioso Premio Casa de las Américas con su ya mencionado libro sobre Bolívar, el cual ha sido editado dos veces en Venezuela, 2 en Colombia, otras 2 en Ecuador y una en Brasil.  Este ensayo, todo un clásico de lo que ha dado en llamarse la nueva historiografía de América Latina, fundamentada sobre bases científicas, demostró que se podían plantear aspectos novedosos sobre el Libertador cuando algunos consideraban que ya todo estaba dicho.  En esa misma dirección revalorativa apuntan su “Bolívar: primeros pasos hacia la Universalidad”, editado por Pueblo y Educación, así como la antología del prócer publicada por Casa de las Américas.

 

En cierta forma sus valiosos aportes historiográficos –que le han valido el otorgamiento del grado científico de Doctor en Ciencias Históricas–, son el resultado de la conjunción establecida entre la ideología revolucionaria y toda una vida dedicada al estudio de esa descollante personalidad histórica, a la que se apasionó desde joven, cuando enseñaba Historia de América en escuelas y liceos venezolanos.  Hasta tal punto despertó su interés la epopeya de Bolívar que en 1956 repitió su travesía por los mismos países de América del Sur por donde anduvo el Libertador, como dijera Martí, “regando de repúblicas la artesa de los Andes”, recorrido que Pividal aprovechó no sólo para visitar lugares históricos, sino también para escudriñar archivos en Caracas, Bogotá, Quito, Guayaquil y Lima, llenando de apuntes decenas de libretas que todavía conserva, símbolos de su devoción por la gesta bolivariana.

 

Todo el que ha requerido un dato o necesitado de una aclaración histórica –desde el más modesto estudiante hasta el propio Gabriel García Márquez cuando se preparaba para escribir “El General en su Laberinto”– han encontrado en Pividal la respuesta precisa y la orientación concreta.  Por su bien ganado prestigio, sin duda Pividal es el historiador cubano que mejor conoce al Libertador, fue nombrado en 1978 Secretario Ejecutivo de la Comisión Cubana Conmemorativa del Bicentenario del Nacimiento de Simón Bolívar y luego Presidente de la Cátedra Bolivariana de la Universidad de La Habana, al frente de las cuales ha desplegado una muy meritoria labor.

 

Los que tuvimos oportunidad de compartir con él por tierras americanas, hemos visto en varias ocasiones crecerse al conferencista erudito ante los auditorios más difíciles en defensa de nuestras ideas y concepciones.  Su libro, Bolívar en vivo y en directo, editado aquí en Cuba con un título menos gráfico, es fiel testigo de ello, pues recoge las lúcidas y originales respuestas de Pividal a las más increíbles preguntas formuladas durante tres horas por los radio-oyentes de la conocida emisora colombiana Cadena Caracol.

 

Tal vez los más significativos logros en la vida profesional de Pividal fueron cosechados en su tesonera labor como Presidente de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC), cargo que desempeñó con gran brillo durante toda la década pasada, y en el cual puso muy en alto el nombre de Cuba y la Revolución.  Gracias a su empeño, la organización continental de historiadores vivió sus mejores años y realizó las más fértiles actividades científicas, tal como fue reconocido por los miembros de ADHILAC en el Congreso efectuado en 1990 en Sao Paulo.

 

Una característica singular de Pividal es que todas estas múltiples tareas las desempeña con un espíritu jovial que los años y las adversidades no han podido doblegar.   Confieso que su carácter accesible y lozano, su trato cordial y sincero, de igual a igual, pese a las evidentes diferencias de edad y conocimientos, me hizo acercarme a Pividal 25 años atrás, cuando lo conocí siendo él Vicedecano Docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana y yo uno de los tantos alumnos de Historia. Desde entonces, cada vez que estoy a su lado, siento la admiración y el respeto por el Maestro que nos aconseja y, al mismo tiempo, compulsa a seguir adelante en el trabajo intelectual y en el quehacer diario.

 

La cubanía que le desborda los poros y su atractiva personalidad, no es óbice para que lance a quemarropa sobre su interlocutor las verdades más crudas; su franqueza le granjean admiración y respeto, sentimientos que no pueden dejar de experimentar cuantos le tratan.

 

Si algo pueden reprocharme al decir estas palabras con las que he intentado bosquejar algunos aspectos de la fructífera vida de Pividal, es que puedan parecer demasiado frías, o no muestren como quisiera la verdadera magnitud de su vida y la trascendencia de su obra.

 

 

Para terminar solo me resta agradecer al Instituto de Historia por recordar el aniversario y convocar este sentido homenaje, tan oportuno como necesario.  Gracias a mi entrañable Maestro Pividal, por el enorme privilegio de su íntima amistad y por esa trayectoria ejemplar que está y estará siempre presente en cada uno de nosotros.

 

Muchas Gracias

 

 

Sergio Guerra

Vilaboy, actual Presidente de ADHILAC

NOTA

* Francisco Pividal Padrón (1916-1997)

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