Por Sergio Guerra Vilaboy

El cubano Francisco Pividal Padrón (1916-1997) fue el primer presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), fundada en 1974 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por un Comité Gestor encabezado por el profesor mexicano Alfonso García Ruíz. Elegido en ese cargo por un congreso en Quito (1981), Pividal imprimió un gran impulsó a la organización continental de historiadores, tal como fue reconocido en el encuentro internacional de ADHILAC en Sao Paulo cuando entregó la presidencia al ecuatoriano Jorge Núñez (1990).

Abogado, profesor, diplomático, historiador y periodista, Pividal fue un profundo conocedor de Simón Bolívar. En 1977 obtuvo el Premio Casa de las Américas con su libro Bolívar, precursor del antimperialismo, a la que debe agregarse Simón Bolívar: la vigencia de su pensamiento (1982); Bolívar: Primeros pasos hacia la universalidad (1982); Bolívar en vivo y en directo (1986) –con sus respuestas a los oyentes de la emisora colombiana Cadena Caracol- y Simón Bolívar (1989). Además, publicó más de dos centenares de artículos sobre historia y educación en diferentes periódicos, entre ellos el Diario de la Marina, Avance y Granma, a cuyo staff perteneció por varios años. Por sus aportes recibió el Doctorado en Ciencias Históricas y, en mayo de 1997, la condición de Profesor Emérito de la Universidad de La Habana, ocasión en que el elogio estuvo a cargo de Eusebio Leal.

Fidel conversa con el presidente electo de Venezuela, Romulo Betancourt, en su residencia de Caracas. Junto a ellos Francisco Pividal, embajador de Cuba en Venezuela.

Admirador de Bolívar, en 1956 siguió el recorrido del Libertador durante la campaña de liberación, viaje que aprovechó para escudriñar archivos en Caracas, Bogotá, Quito, Guayaquil y Lima. Años más tarde fundó en la Universidad de La Habana la Cátedra Bolivariana. Incluso, el propio Gabriel García Márquez lo consultó cuando preparaba El General en su Laberinto, considerando su opinión decisiva para comprender el libro que debía escribir.

Desde los cuarenta, Pividal se radicó en Venezuela, donde tuvo uno de los mejores colegios del país: el “Panamericano” de Maracay. Allí se comprometió en la lucha contra la dictadura de Batista y su labor fue muy apreciada para aglutinar el exilio cubano en torno al Movimiento 26 de julio, a la vez que cumplía otras tareas asignadas por esta organización en México, Colombia, Panamá y Haití.

Al triunfo de la Revolución fue el primer Embajador nombrado por el Gobierno Revolucionario y en esa condición acompañó a Fidel Castro en su apoteósico viaje a la capital venezolana en enero de 1959, del cual dejó una vívida crónica en Los tres días de Fidel en Caracas hace 30 años, editado por la Universidad Central de Venezuela. Declarado “persona non grata” por Rómulo Betancourt, pretextando su infatigable propaganda revolucionaria, debió regresar a Cuba en 1960 para cumplir nuevas misiones diplomáticas, entre ellas la de Embajador en El Salvador y luego miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos y vicepresidente de las asociaciones de Amistad con Mongolia y de Solidaridad con Vietnam.

Pividal, además de mi maestro, fue un inolvidable amigo, relación que comenzó a forjarse cuando se desempeñaba como Vicedecano Docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Colaboré, junto con Oscar Zanetti y Francisco Pérez Guzmán, en la oficina de ADHILAC que funcionada en el despacho que, como Secretario Ejecutivo de la Comisión Cubana Conmemorativa del Bicentenario del Nacimiento de Simón Bolívar, tenía desde 1978 en Casa de las Américas. También tuve mucho que ver con la edición de su último libro, cuando ya cumplía 80 años de edad, impreso por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1996). Renuente a publicar esta especie de memoria íntima de la lucha contra Batista, titulada El Movimiento 26 de Julio en Venezuela y quienes lo apoyaron, que establece la verdadera contribución de muchas personas, estampó de su puño y letra en el ejemplar que me dedicó el 24 de agosto de ese año, día de su cumpleaños: “A mi entrañable amigo revolucionario Profesor Sergio Guerra que tanto me ha ayudado, aunque no sé si para bien o para mal.”

Publicado en INFORME FRACTO.com/Madre América-Cuba, 5 de agosto de 2019.

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