Por Sergio Guerra Vilaboy

Me presentaron a Agustín Cueva (1937-1992) a principios de 1978, en La Habana, donde se encontraba como Jurado del prestigioso Premio Casa de las Américas. Su nombre ya era ampliamente conocido por sus penetrantes artículos aparecidos en diferentes revistas y, muy en especial, por aquellos textos que publicó en la revista mexicana Historia y Sociedad en los cuales desnudó, en aguda crítica, a la entonces de moda “teoría de la independencia”. También ya había editado en 1974 ese sugerente ensayo de interpretación: El proceso de dominación político en El Ecuador, publicado en Cuba por la propia Casa de las Américas cinco años después.

Desde aquel primer contacto personal con Agustín Cueva entablamos una cálida amistad y fructíferos diálogos que habríamos de continuar en posteriores encuentros en México, donde residía, y La Habana. En una oportunidad me dedicó un libro significativo acabado de salir de la imprenta: El desarrollo del capitalismo en América Latina, merecedor de un Premio de la reconocida Editorial Siglo XXI, y que causó un tremendo impacto en el Continente.

Esta obra, marcó toda una nueva etapa en la sociología e historiografía latinoamericana, como lúcido y documentado ensayo marxista en polémica con el dependentismo entonces en boga. Luego vendrían otros artículos y ensayos suyos, muchos de ellos recogidos en otros tantos libros importantes, contentivos de los ininterrumpidos aportes de Agustín Cueva a las Ciencias Sociales.

La última vez que nos vimos fue en mayo de 1991, cuando estuvo en Cuba para participar en el XVIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). A pesar de que ya eran visibles las huellas del terrible mal que lo aquejaba, su entereza despertó la admiración de todos. Aquí hizo gala, una vez más, de una increíble capacidad analítica y fino sentido del humor con su chispeante ponencia –en privado me confesó el esfuerzo titánico que le había representado redactarla en medio del duro tratamiento médico al cual estaba sometido- titulada: Falacias y coartadas del quinto centenario.

En ese texto, que cobra actualidad con la reciente carta del presidente Andrés Manuel López Obrador al Rey de España, Agustín Cueva desenmascara las argucias puestas a circular entonces por determinados escritores deseosos entonces de festejar por todo lo alto el llamado descubrimiento de América. He aquí algunos de sus argumentos: “En cada intelectual iberoamericano (y aquí sí que el gentilicio viene como anillo al dedo) hay sin duda un leguleyo en potencia, capaz de los mayores prodigios y acrobacias semánticas. ¿Cómo hubiera sido posible, si no, acuñar una expresión tan tierna como encuentro de dos mundos, por ejemplo, en la que uno no sabe que admirar más, si la carencia de todo escrúpulo histórico-moral o el nivel casi artístico al que el cinismo puede llegar?”.

Y más adelante, en otra parte de su singular ponencia, que provocó en más de una ocasión la risa espontánea y unánime del auditorio, Agustín Cueva remató:” En fin, hay que esclarecer que no somos los latinoamericanos quienes hemos tomado la iniciativa de remover viejas heridas. Fue la España oficial la que impulsó las conmemoraciones del V Centenario, y que las sigue promoviendo –para no decir imponiendo- convencida de que es el momento idóneo para que la comunidad iberoamericana tome conciencia de sí misma. Muy idóneo en realidad, como si, para reforzar la comunidad europea, Kohl invitara a Mitterand a conmemorar la entrada de las tropas nazis en Paris y el consiguiente encuentro de dos mundos y dos culturas; o como si Mitterand convidara al gobierno español a conmemorar la ocupación de la Península por las tropas de Napoleón”.

Fuente: www.informefracto.com – 13 de junio de 2019

Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC (ver) complete el siguiente formulario (ver)

E-mail: info@adhilac.com.ar

Twitter: @AdhilacInfo

Ver Presentación de ADHILAC