Por Sergio Guerra Vilaboy

Semblanza de un veracruzano universal, historiador bien querido, amigo y singular intelectual de Nuestra América cuya presencia irradiaba optimismo y una fidelidad a toda prueba.

Feliciano J. García Aguirre (1948-2013) no fue sólo un sobresaliente historiador y profesor veracruzano, sino también extraordinario amigo. En la segunda mitad de los ochenta, Feliciano llegó a La Habana atraído por su devoción sin límites por la Revolución Cubana, con una beca para hacer su doctorado en economía. Una mañana se me presentó inesperadamente en el antiguo Departamento de Historia de América, para solicitar permiso para asistir a algunas clases de nuestra especialización en Historia Latinoamericana, participando después en todos los cursos que ofrecíamos.

En poco tiempo se convirtió en un miembro más del Departamento, con quien compartíamos en todas las actividades, a la vez que contribuía a impulsar las relaciones académicas entre la Universidad de La Habana y su Alma Mater veracruzana, hasta que, sin haber concluido su doctorado en economía, Feliciano se marchó a Finlandia. Dejamos de saber de él por una larga temporada, hasta que me llamó por teléfono en 1994 y nos reencontramos en el congreso en Querétaro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Desde entonces, Feliciano –nunca hubo un nombre tan bien puesto- se ganó un lugar en las filas de la ADHILAC, apoyando en todo lo que estaba a su alcance, tanto dentro como fuera de la asociación. En muchas ocasiones nos acogió en Xalapa, donde organizó eventos académicos, impulsó publicaciones y armó seminarios internacionales, como los que desarrolló con Carlos Oliva en la desaparecida Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA), como expresión de su vertical e indoblegable compromiso revolucionario con las mejores causas de Nuestra América.

Durante 35 años trabajó en la Universidad Veracruzana, donde se había graduado en Economía (1972) y obtenido su Maestría en Desarrollo Regional (1980). Se doctoró en Historia en la Universidad de La Habana en 1999, con la asesoría del profesor Oscar Zanetti. Con posterioridad, hizo una estancia posdoctoral sobre Pensamiento y Cultura en América Latina, patrocinada por El Colegio de México y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I y Titular del Cuerpo Académico del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana, impartió clases en sus Facultades de Sociología, Economía e Historia y también en la Universidad Autónoma de Tabasco.

Fue asesor científico de proyectos y revistas y dio a conocer numerosos ensayos, artículos y libros, entre ellos: Plan de desarrollo Agropecuario y forestal para el Estado de Veracruz: 1980-82 (1980); Regiones y expansión capitalista en México durante el siglo XIX (1988); Agraristas y agrarismo, Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz (1992); Antología, Integración latinoamericana y caribeña (2003) (compilador); Tiempo y espacio: miradas múltiples (2005); Transformaciones jurídicas en la globalización (2006); Desafíos actuales para América Latina. Entre la globalización neoliberal y la resistencia de los pueblos (2006), coordinado con el brasileño Luis Fernando Ayerbe; El Plan Puebla-Panamá ¿Integración para el desarrollo? y Atrapados por la modernidad. La erosión del espacio y el tiempo, ambos de 2007, y de los que fue coautor. Además, tuvo a su cargo la edición de los Cuadernos de Trabajo del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, colección que inauguró con un texto de mi autoría. Desde su fundación en 2003 fue integrante de Chacmool: cuadernos de trabajo cubano mexicanos, que en la actualidad incluye 11 tomos. En nuestra última conversación telefónica, unos pocos días antes de su repentina muerte, el 21 de enero de 2013, acordamos vernos en la primavera en la capital cubana, en el evento que la ADHILAC y la Cátedra Bolivariana estaban organizando en la Casa Benito Juárez de la Oficina del Historiador de Ciudad. Ya no pudo estar. Nos quedamos para siempre sin la presencia física de este querido amigo y singular intelectual de Nuestra América, que irradiaba optimismo y una fidelidad a toda prueba.

Publicado en INFORME FRACTO.com/Madre América- México, 19 de agosto de 2019.

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