Por Sergio Guerra Vilaboy

El Ingenio (1964) de Manuel Moreno Fraginals (1920-2001) es considerado la obra más sobresaliente de la historiografía cubana de las primeras décadas de la Revolución. El propio Comandante Che Guevara escribió a su autor, que le había dedicado el texto: “quisiera dejar constancia de que no recuerdo haber leído un libro latinoamericano en el cual se conjuga el riguroso método marxista de análisis, la escrupulosidad histórica y el apasionamiento que los torna apasionante.”

Cuando estudiaba en la Universidad de La Habana, Moreno ingresó al Partido Socialista Popular (Comunista) y obtuvo el primer premio de la Sociedad Colombista Panamericana con Viajes de Colón en aguas de Cuba. Graduado en Derecho Civil en 1943, pudo hacer una maestría en El Colegio de México (1945-1947) gracias a una beca compartida con Carlos Funtanellas. Entre 1948 y 1950 fue también becario del Instituto de Cultura Hispana de Madrid, lo que le permitió asistir a la Universidad Complutense y la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, así como investigar en el Archivo de Simancas y en el de Indias. Por esta época publicó en México Nación o plantación (1948) y Misiones cubanas en los archivos europeos (1953), así como Agustín de Iturbide, caudillo (La Habana, 1950).

A su regreso a Cuba impartió clases en la recién creada Universidad de Oriente, se desempeñó como subdirector de la Biblioteca Nacional José Martí y obtuvo en 1953 el doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana. En ese año se marchó a Venezuela, contratado por una empresa cervecera. Aquí conoció el mundo mercantil, especializándose en programación lineal, publicidad y radiodifusión, mientras colaboraba con la oposición a la dictadura batistiana.

En 1959, de nuevo en La Habana, trabajó en un plan de la reforma agraria y en la Universidad Central de Las Villas, donde realizó experimentos para producir azúcar como en el siglo XVIII y publicó José Antonio Saco: estudio y bibliografía (1962), premiado antes por la Asociación de Bibliotecarios. Dos años después dio a conocer su obra cumbre El ingenio, complejo socio-económico cubano, que ofrece un riguroso análisis del proceso tecnológico de esa industria y su mercado -en 1978 salió ampliado en tres tomos-, en el que se vale del término sacarocracia, de su amigo Raúl Cepero Bonilla, para referirse a la oligarquía azucarera cubana. Entre 1963 y 1972 laboró en el Ministerio de Comercio Exterior, donde llegó a ser Secretario de la Cámara de Comercio de Cuba, y en el Banco Nacional.

Desde 1972 fue profesor del Instituto Superior de Arte e impartió posgrado en la Universidad de La Habana; se encargó del Proyecto de Historia del Caribe de la UNESCO y fue asesor personal del Ministro de Cultura desde 1976. En 1984 publicó su volumen de ensayos La Historia como arma y otros estudios sobre esclavos, ingenios y plantaciones (1984). Además, recibió el título de Doctor Honoris Causa del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de la antigua Unión Soviética (1973) y el Premio Clarence H. Haring de la American Historical Association (1981) por El Ingenio, considerada la obra más importante publicada entonces sobre su tema.

En 1987, tras recibir el grado de doctor de la Comisión Cubana de Grados Científicos, fue miembro del Tribunal Nacional Permanente de esta especialidad, donde tuve la oportunidad de compartir con Moreno en varias defensas de tesis. Me relacionaba con él desde años atrás, cuando con Francisco Pérez Guzmán planeamos asistir al II Encuentro Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHLAC) en Caracas (1978). Mucho después, con Olga Cabrera y Oscar Zanetti, fuimos sus vocales del Secretario Ejecutivo de ADHILAC, cargo para el que Moreno fue elegido en el cónclave de Sao Paulo (1990).

En febrero de 1994 inauguré con Moreno, visiblemente atribulado. el ciclo de conferencias del Aula Iberoamericana que coordinaba Carmen Almodóvar. Sólo unos meses más tarde se radicó en Mami y salió su último libro Cuba / España, España / Cuba. Historia común, (Barcelona, 1995), con el que se desmarcaba de la Revolución Cubana. Todavía en 1998 compartimos en la Universidad de Cádiz en un curso de verano organizado por Alberto Gullón, ocasión en que lo presenté a los colegas españoles como uno de los grandes historiadores cubanos, a lo que correspondió advirtiendo a los presentes que del tema cubano no hablaría, pues me lo dejaba a mí, que vivía en Cuba.

Publicado en INFORME FRACTO Madre América: Cuba. 24 de septiembre de 2019. informefracto.com

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