Por Sergio Guerra Vilaboy

El mismo día que falleció Miguel León Portilla perdimos también al destacado historiador venezolano Arístides Medina Rubio. Como relaté la semana pasada, Medina Rubio atendió al ilustre mexicano durante el VIII Encuentro Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), celebrado en Caracas (2007), ocasión en que publicó una edición popular de su clásico Visión de los Vencidos.

Nacido en Puerto Cabello, estado de Carabobo, Arístides Medina Rubio (1937-2019) se graduó en 1969 de profesor en Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de Caracas, y en 1974 obtuvo su doctorado en El Colegio de México. Fue profesor en liceos y en el propio Pedagógico capitalino, en el cual desarrolló una exitosa carrera profesional y fundó la Cátedra de Historia de Venezuela (1976). También laboró en la Universidad de Carabobo y en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Aquí sobresalió como profesor de pregrado, posgrado y doctorado y llegó a dirigir la Escuela de Historia (1986-1989).

Otra faceta de Medina Rubio fue la de editor de libros y revistas académicas y de divulgación. Estuvo al frente de la Editorial Trópicos, y en 1982 creó -con Pedro Calzadilla Álvarez y Carlos Viso Carpintero- la revista Tierra Firme, que ya ha publicado más de un centenar de números. Además, hasta 2003 presidió la Fundación Kuai-Mare, ahora llamada Red de Librerías del Sur.

Gran promotor y teórico de la historia regional, con discípulos en toda Venezuela, su influencia en este campo trascendió las fronteras nacionales. Publicó, entre otros libros, La Iglesia y la Producción Agrícola de Puebla. 1540-1800, (1984); Historia Regional. Siete ensayos de Teoría y Método, (1984); Historia Mínima de Venezuela (1994); Introducción a la Historia Regional (1995); Historia Mínima de la Economía (1999) y Lecturas de Historia Regional y Local (2002). En 2018 presentó en la Feria del Libro de Caracas la obra El pueblo venezolano. 15 000 años de Historia, que escribiera junto con Mario Sanoja, Irayda Vargas, Carmen Bohórquez y Luis Britto García.

Entre las diversas responsabilidades que desempeñó estuvo la dirección de la Casa de Nuestra América José Martí en Caracas y la Biblioteca Nacional de Venezuela (2003-2009). Fue Presidente para el Desarrollo de las bibliotecas nacionales de la Asociación de Estados Iberoamericanos y estuvo entre los fundadores de Centro Nacional de Historia, el que además dirigió. En 2001 fue elegido en Pontevedra (España), presidente de ADHILAC, contribuyendo a sacar la asociación del marasmo que atravesaba desde 1994. En esa condición, organizó en Caracas la memorable mesa de En defensa de la Memoria, de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad (2004).

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La primera vez que me encontré con Arístides Medina Rubio fue en 1991 en un Encuentro Trilateral de Historiadores de Cuba, Venezuela y México organizado en La Habana por la Sección Cubana de ADHILAC, entonces presidida por Nydia Saravia. Allí, con la complicidad de José Napoleón Guzmán, de Michoacán, y del cubano Salvador Morales, Arístides se comprometió a publicar una revista de la ADHILAC, que se denominó Nuestra Historia, y de la que salieron dos números (1991 y 1992). Con esa finalidad, llevé en esos días a Medina Rubio a la casa de Digna Castañeda, tesorera de la Sección Cubana, en busca de recursos para ese noble empeño.

Cuando estuve en Caracas en abril de 1999, Arístides fue un anfitrión de lujo. Me organizó un curso de posgrado en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la UCV y una conferencia en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, instituciones entonces a su cargo, y tuvo la deferencia de sentarse entre el público asistente. Desde esa fecha, como buen sibarita, cada vez que nos veíamos terminábamos en un restorán, donde entrábamos al mediodía y no salíamos hasta bien avanzada la noche. En una ocasión en que me acompañaba Carlos Oliva, después de una de esas largas tertulias, a la que siempre se incorporaban otras personas, nos dejó en el hotel ya pasada la medianoche, pero a las 7 de la mañana volvió puntual para llevarnos a las actividades programadas, a pesar de que su casa, rotulada “Villa Nancy” por el nombre de su esposa, estaba muy lejos, en la cima de un cerro en el estado Miranda.

En 2006 compartimos en un evento internacional en Coro, por el bicentenario del desembarco de Francisco de Miranda, y al regresar en su coche a Caracas, conocimos por una inesperada llamada telefónica que se le acababa de otorgar el Premio Nacional de Cultura Mención Humanidades. Todavía lamento mucho no haber podido participar en el Congreso Nacional de historiadores venezolanos del año pasado, donde se honró como se merecía a mi inolvidable Arístides Medina Rubio con el Premio Nacional de Historia de la República Bolivariana de Venezuela.

Publicado por INFORME FRACTO. Madre America: Venezuela. 7 de octubre de 2019. informefracto.com

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