Por Sergio Guerra Vilaboy

Tras el fracaso de la huelga de abril de 1958 se inició la ofensiva militar de la dictadura de Fulgencio Batista contra los revolucionarios alzados en la Sierra Maestra, denominada Plan FF (Fin de Fidel o Fase Final). El 24 de mayo de ese año comenzaron los enfrentamientos de los casi doce mil efectivos movilizados por el gobierno, estructurados en 14 batallones de infantería y 7 compañías independientes, contra los 300 hombres armados del Ejército Rebelde.

En forma previsora, el comandante Fidel Castro había replegado sus columnas hacia La Plata, con la excepción de la que se encontraba en el más alejado II Frente Oriental, en la Sierra Cristal, guiada por su hermano Raúl. Las fuerzas reagrupadas en las cumbres de la Sierra Maestra estaban dispuestas a dar la batalla decisiva, que el máximo líder rebelde consideraba determinaría el curso ulterior de la contienda. Terminaba la etapa de lucha guerrillera, iniciada en diciembre de 1956, y comenzaba la guerra de posiciones y movimientos.

Después de 74 días de encarnizados enfrentamientos, el Ejército Rebelde, rodeado de efectivos muy superiores, y sin abastecimientos del exterior, venció en más de 30 combates y 6 batallas de envergadura a las más selectas tropas de la dictadura, que disponían de modernos recursos bélicos, entre ellos artillería y aviación. Las bajas gubernamentales representaban el 10% de sus efectivos, alrededor de mil hombres. La Sierra Maestra quedó en poder de los insurgentes, que sólo perdieron treinta combatientes, entre ellos un comandante y cuatro capitanes, y tuvieron medio centenar de heridos. Los casi 400 prisioneros del Ejército Nacional fueron entregados a la Cruz Roja.

En la batalla de Santo Domingo, entre el 26 y 29 de junio, el Ejército Rebelde emboscó a los soldados batistianos, deteniendo su avance, lo que dio un giro a las operaciones militares en la Sierra Maestra. A continuación, entre el 11 y 21 de julio, se libró la batalla más importante en Jigüe, a diez kilómetros del Pico Turquino. Este lugar, un pequeño valle rodeado de alturas, devino en ratonera para el batallón 18, comandado por José Quevedo, que fue obligado a rendirse a las tropas de Fidel Castro. Fue el comienzo de la contraofensiva rebelde.

Tras el desastre de la ofensiva militar batistiana, Fidel Castro decidió enviar columnas insurgentes fuera de la Sierra Maestra, identificadas, además de por su numeración, con nombres de héroes o mártires. Las dos primeras partieron a fines de agosto, una integrada por ochenta hombres, comandados por Camilo Cienfuegos, con la intención de llegar al extremo occidental (Pinar del Río); y la otra, compuesta de ciento cuarenta combatientes, a las órdenes del argentino Ernesto Che Guevara, que debería liberar la provincia de Las Villas, al centro de la isla. Después partieron otros destacamentos rebeldes a diferentes partes de Oriente, con el plan de aislar simultáneamente las principales ciudades de la provincia. La columna de Juan Almeida se desplazó a los alrededores de Santiago de Cuba, considerado el III Frente Oriental.

A fines de septiembre, en los frentes orientales I y III, fueron derrotados dos batallones en menos de dos días. El primero fue vencido en Paraná por las tropas de los comandantes Juan Almeida y Guillermo García, ocasionándole más de veinte bajas al enemigo y apresando a cinco soldados y al propio jefe teniente coronel Nelson Carrasco, el oficial de más alto rango capturado en combate durante toda la contienda. El segundo ocurrió a muchos kilómetros de distancia, cerca Estrada Palma, donde otro batallón protegido por tanques Sherman, ametralladores cincuenta, morteros y cañones, fue vapuleado por las fuerzas guiadas personalmente por Fidel Castro.

Por su parte, las columnas del Che Guevara y Camilo Cienfuegos, tras recorrer pantanos y llanuras, sorteando el hostigamiento enemigo y muy adversas condiciones climáticas, alcanzaron desde octubre el centro de la isla. Para combatirlos, el gobierno despachó dos mil soldados, apoyados por ocho tanques y la aviación. En la Sierra del Escambray, el Che firmó el 1 de diciembre el Pacto del Pedrero con el comandante Rolando Cubela, en nombre del jefe de las guerrillas del Directorio Revolucionario Faure Chomón, que desde principios de año operaban en esas montañas de la región central cubana. Aunque nada parecido al Pacto del Pedrero se consiguió con el autodenominado “II Frente Nacional” de Eloy Gutiérrez Menoyo, separado del Directorio, el 12 de diciembre se llegó también a una especie de acuerdo entre estos y el Che para coordinar las operaciones militares, precisamente cuando se acercaba el principio del fin de la dictadura de Batista.

Publicado en informefracto.com 24 de diciembre de 2019

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