Por Sergio Guerra Vilaboy

En Bolivia las transformaciones derivadas del fin de la Segunda Guerra Mundial fueron tan complejas como en Argentina, con el ascenso de Juan Domingo Perón. En el país andino el proceso de apertura democrática comenzó en diciembre de 1943, cuando jóvenes oficiales asociados en logias, apoyados por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), liderado por Víctor Paz Estenssoro, derrocaron al gobierno oligárquico pronorteamericano y nombraron presidente al mayor Gualberto Villarroel.  Pero los Estados Unidos acusaron al MNR de inclinaciones “pro-nazis”, sobre todo porque el nuevo gobierno se oponía a los bajos precios del estaño que consideraban la contribución de Bolivia a la causa aliada. En enero de 1944 Washington logró que todos los países del hemisferio –con la excepción de Argentina- aprobaran una declaración que catalogaba a los miembros del régimen boliviano de “francamente hostiles a los propósitos de la defensa interamericana”.

Acorralado, Villarroel sacó de su gabinete al MNR, a la vez que persiguió a los residentes japoneses y alemanes, invitó a colaborar a los llamados “políticos independientes” y recibió a una misión norteamericana. Los reconocimientos diplomáticos comenzaron entonces a llegar. Dispuesto a encontrar un lugar entre los presidentes “democráticos” americanos, el presidente boliviano llamó a elecciones el 2 de julio de 1944. El triunfo del MNR –aplastante en Oruro y Potosí- sobre la derechista Unión Democrática resultó arrollador. Integrado mayoritariamente por diputados del MNR, el nuevo congreso eligió a Villarroel como presidente de la república. A continuación, se dictaron leyes progresistas y se reconoció a la Unión Soviética (URSS). Además, se expropiaron los yacimientos auríferos de una acaudalada familia de la elite minera, conocida como la rosca, y se fundó la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), que pronto sería la más fuerte y combativa organización obrera.

Además, el ministro de Hacienda, Paz Estenssoro, aumentó el porcentaje de divisas que debía entregar los grandes exportadores de minerales y preparó el primer Plan de Desarrollo Económico. Al concluir el primer congreso indígena en abril de 1945, Villarroel decretó la supresión oficial de los servicios personales que todavía debían realizar los pueblos originarios. También ofreció a los campesinos una reforma agraria, pues dijo: “No somos enemigos de los ricos, pero somos más amigos de los pobres”. Todas estas conquistas sociales fueron recogidas en el texto de la constitución aprobada en 1945.

Entonces vino la segunda andanada de Estados Unidos, que suspendió el intercambio comercial y canceló las negociaciones sobre las ventas de estaño. A la vez, la oposición arreciaba su compaña contra el gobierno y la Unión Democrática se convertía en el Frente Democrático Antifascista, aglutinando partidos de derecha e incluso uno de izquierda, todos plegados a la política estadounidense. Carentes de divisas, desacreditado a nivel internacional por las campañas norteamericanas, impotente para resolver la escasez de alimentos, el gobierno de Villarroel se fue quedando sin apoyo, sobre todo en las zonas urbanas. El 13 de junio de 1946, un comando, financiado por los barones del estaño, atacó el cuartel de Calama y la base aérea de El Alto. Frustrados los asaltos, el gobierno expropió los diarios La Razón y Última HoraDespués, el 8 de julio, los maestros fueron a la huelga. Cuando los estudiantes se sumaron al paro, la Universidad fue ocupada por el ejército.

Una manifestación salida del barrio aristocráticode Sopocachi, el 19 de julio, fue dispersada a balazos y las calles aledañas a la Plaza Murillo quedaron salpicadas de cadáveres. Finalmente, el domingo 21 se produjo el desenlace. El presidente fue obligado a expulsar a los ministros del MNR, primero, y después a renunciar. Cuando Villarroel preparada su dimisión, llegó frente al Palacio Quemadouna manifestación opositora a la cual se habían sumado militares. A las dos de la tarde, cuando el edificio era asaltado por la multitud, individuos armados ametrallaron al presidente y a varios de sus ayudantes. El cadáver de Villarroel fue arrastrado hasta uno de los balcones, lanzado a la vía pública y colgado en una de las farolas de la Plaza Murillo. Esta tragedia, contada por Augusto Céspedes en El presidente colgado, una historia boliviana (1966), cuanto se nos parece al reciente derrocamiento de Evo Morales y a los peligros que estuvo expuesto ante la furia desatada por la extrema derecha en el país que alguien llamara El Prometeo de los Andes.

Fuente: Informefracto.com 30 de enero de 2020

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