POR SERGIO GUERRA VILABOY

Uno de los episodios menos conocidos de la Revolución Haitiana es el papel jugado por las Tropas Auxiliares Negras al servicio de la Corona española y que aludimos en dos notas anteriores de Madre América. Esta historia comenzó con la gran sublevación de esclavos que estalló en la posesión francesa de Saint Domingue en 1791.

El alzamiento se extendió por todo el norte, la parte más rica de la colonia, aunque su influencia fue menor al sur y el oeste, protegida del contagio revolucionario por puestos fortificados levantados por los plantadores. A los primeros éxitos de los esclavos siguieron varias derrotas después que las tropas francesas se reagruparon y los obligaron a replegarse a la zona fronteriza con la colonia española de Santo Domingo.

La situación militar se mantuvo con altibajos hasta que Francia entró en guerra con las potencias realistas después del derrocamiento de la monarquía en París y la ejecución de Luis XVI el 21 de enero de 1793. Previendo este curso de los acontecimientos, las autoridades hispanas entraron en contacto con los principales jefes negros para atraerlos, prometiéndoles tierras, grados militares y su libertad. Los esfuerzos desplegados por los comandantes españoles en la frontera y el sacerdote José Vázquez, párroco de Dajabón, tuvieron éxito y el Gobernador de Santo Domingo Genaro García pudo informar a Madrid que los antiguos esclavos a las órdenes de Toussaint Louverture, George Biassou, Jean-Francois y otros jefes negros estaban ahora bajo su mando.

A partir de entonces, las Tropas Auxiliares Negras, como se denominó a los efectivos de ex esclavos al servicio de España, se destacaron en la ofensiva militar y permitieron a los españoles apoderarse de numerosas ciudades y poblaciones de Saint Domingue. En particular, la victoria de Port Margot, a principios de 1793, les trajo a los principales jefes de las Tropas Auxiliares Negras valiosos reconocimientos y ascensos militares, superados los violentos choques entre los seguidores de Jean Francois y Biassou. No obstante, en el primer semestre de 1794, el prestigio e importancia de estas fuerzas aliadas de España se afectó por la injustificada masacre cometida por las tropas de Jean Francois, tras la rendición de la fortaleza de Dauphin (Bayajá); así como por el sorpresivo respaldo a Francia de las fuerzas de Toussaint Louverture y de sus oficiales, entre ellos Jean Jacques Dessalines y Henri Christophe, tras la abolición de la esclavitud en todas las colonias francesas. A partir de ese momento, solo permanecieron las Tropas Auxiliares Negras comandadas por los generales Jean Francois, Jorge Biassou y Gil Narciso.

El 18 de octubre de 1795 se conoció en Santo Domingo la noticia del Tratado de Basilea, por el que España tenía que a ceder a Francia su colonia primada de América y estipulaba un año para su evacuación a Cuba. Pero las autoridades de la vecina isla, encabezadas por su Gobernador Luis de las Casas, se negaron a aceptar a las Tropas Auxiliares Negras, que consideraban “víboras venenosas”, por temor al ejemplo que podía tener sobre la población esclava. La negativa obligó a la Corona a dispersarlos en la Florida, Guatemala, Campeche, Portobelo, Trujillo y la propia España. Por eso el barco que conducía a Jean Francois no se les permitió desembarcar en La Habana a principios de 1796 y debió continuar a Cádiz, a donde llegó con doce oficiales y un crecido número de sus familiares. Se sabe que no se le reconoció su rango militar, ni recibieron compensaciones económicas, por lo que sufrieron muchas penurias. En 1813, el Consejo de Regencia acordó remitirlos a Yucatán y Centroamérica, pero el general Jean Francois, hacía dos años que había fallecido. A este último destino también fue enviado el General Gil Narciso, quien tampoco pudo pisar La Habana en 1796 ni en 1811, cuando pudo retornaba a Santo Domingo tras el restablecimiento de la soberanía española.

Un final diferente fue el de Jorge Biassou. Impedido también de desembarcar en La Habana debió seguir viaje a San Agustín en La Florida, acompañado de su esposa y más de veinte personas entre familiares y oficiales. Convertido en la figura de más alto rango y jerarquía en esta relegada colonia española, sólo detrás del propio gobernador, disfrutó de una vida holgada, aunque continuamente hizo reclamaciones financieras a la Corona. Al morir en San Agustín, el 2 de julio de 1802, Jorge Biassou, uno de los líderes de la gran sublevación de esclavos de Saint Domingue y Brigadier General de los Reales ejércitos de España, fue enterrado con honores militares en el cementerio local.

Fuente: informefracto.com 3 de febrero de 2020

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