Por Sergio Guerra Vilaboy

En la invasión de William Walker a Nicaragua a mediados del siglo XIX, a la que dedicamos nuestra nota anterior en Madre América, participaron varios cientos de aventureros estadounidenses y europeos, así como un nutrido grupo de cubanos. Muchos de ellos fueron enrolados por el empresario Domingo Goicuría, también de la mayor de las Antillas, quien había estado vinculado a los fracasados planes del venezolano Narciso López para anexar Cuba a Estados Unidos -que le costaron la vida en 1851- y a un proyecto similar del general sureño John A. Quitman (1855).

Después de esos reveses, Goicuría contactó con William Walker, quien ya había escrito en el The Daily Crescent de Nueva Orleáns: “Ansiosamente aguardamos que Cuba sea parte de la Unión […] El Golfo [de México] será el centro del comercio más rico que el que podría jamás presumir el Mediterráneo; Nueva Orleáns será la Alejandría y Habana la Constantinopla de nuestro imperio, mucho más poderoso y extenso que el romano”.

En enero de 1856, un cercano colaborador de Goicuría, su paisano Francisco A. Lainé, sobreviviente de la última expedición lopista (1851), firmó en su nombre con Walker un acuerdo para que, a cambio del apoyo que los cubanos le brindarían en Nicaragua, el aventurero norteamericano se comprometía a preparar en el futuro una expedición anexionista a la Isla. El ambiente en el sur de los Estados Unidos era muy favorable a estas acciones, pues como apareció en un editorial del Daily Delta de Nueva Orleans el 18 de abril de 1856: “El destino de Cuba depende del destino de Nicaragua y el destino del Sur depende del de Cuba”. 

El primer contingente militar reunido por Goicuría en Estados Unidos había arribado a Nicaragua el 9 de marzo de ese mismo año y de inmediato se unió a las tropas del filibustero sureño, donde jugaría un papel relevante en su consolidación en el poder en el país centroamericano. El propio Goicuría, designado en un inicio gobernador y comandante militar de la ciudad de Granada, apoyó a Walker en la destitución del mandatario nicaragüense y en su proclamación como “presidente” de Nicaragua, por lo que fue retribuido con el grado de brigadier y nombrado intendente de Hacienda.

Goicuría también gestionó la compra de mil uniformes en Estados Unidos para el ejército del aventurero sureño, semejantes a los utilizados por López en su malograda expedición a Cuba. Además, promovió la ruptura de la Iglesia nicaragüense con el Vaticano y reprimió con extrema crudeza a las guerrillas opositoras en Chontales, donde fusiló a varios de los insurrectos. Otros cubanos también ocuparon puestos destacados en el Estado Mayor de Walker, a quien llamaban en público la esperanza de Cuba.

Eso explica que en la toma de posesión del filibustero como “presidente” de Nicaragua, el 12 de julio de 1856, la ceremonia estuviera engalanada no sólo con las banderas de Nicaragua y Estados Unidos –cuyo representante diplomático John H. Wheeler estaba presente-, sino también por el pabellón cubano, inspirado en el de Texas, y enarbolado por primera vez en Cárdenas por Narciso López en 1851. Incluso la Guardia de Honor del “presidente” Walker estaba formada por cubanos, pues como el mismo anotara en sus memorias, eran “unos cincuenta hombres, y por el conocimiento que estos tenían de los dos idiomas, el español y el inglés, sus servicios eran valiosos”.

La guardia de corps estaba dirigida por los coroneles cubanos Manuel Francisco Pineda y Francisco A. Lainé, quien fue el encargado de traducir al español el discurso del aventurero estadounidense en su toma de posesión. Aunque Goicuría terminó por romper con Walker cuando volvió a Estados Unidos, debido a las contradicciones del filibustero con su antiguo patrocinador Cornelius Vanderbilt por el manejo de la ruta transoceánica, la mayoría de los cubanos lo acompañó durante toda la campaña en América Central.

Uno de ellos fue el mencionado Lainé, hecho prisionero por tropas costarricenses en Diriomo, cerca de Granada, el 12 de octubre de 1856. El alto oficial cubano fue ejecutado por la espalda –por traidor a la causa hispanoamericana-, por orden del coronel guatemalteco José Víctor Zavala. En esa ciudad los combatientes ticos se apoderaron como trofeo de guerra, en el cuartel general de Walker, del pendón nacional de Cuba que todavía hoy se exhibe en el museo histórico de Alajuela en Costa Rica. Los historiadores consideran esa bandera cubana la segunda más antigua existente.

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