Por Sergio Guerra Vilaboy

El ascenso del fascismo tuvo enorme eco en Brasil desde los años treinta del siglo pasado, cuando aparecieron organizaciones como la Legión Mineira y la más extendida Acción Integralista Brasileña, cuyos miembros usaban camisas verdes y un brazal con la letra sigma, saludaban al modo nazi y esgrimían el lema de “Dios, Patria y Familia”. El auge del fascismo también se advertía por el incremento de la actividad de la Alemania de Hitler y sus agentes en el país.

Los nazis incrementaban sus relaciones con sus partidarios y agrupaban a los numerosos alemanes y sus descendientes en el Partido Nacional Socialista (SDAP) y otras organizaciones fascistas. Al mismo tiempo, crecían los vínculos comerciales entre Alemania y el gobierno de Brasil encabezado entonces por el rico ganadero Getulio Vargas, quien firmó un acuerdo de intercambio con el Reich. En 1937, el 24,9% de las mercancías importadas por Brasil provenía de Alemania, que era el segundo comprador de los productos brasileños (19,6%), mientras operaba en el país el Banco Alemán Trasatlántico y la empresa de aviación Cóndor, que llegó a monopolizar el transporte aéreo.

Con el fin de detener el avance del fascismo nació, en marzo de 1935, la Alianza Nacional Libertadora (ANL), impulsada por el Partido Comunista, con un programa democrático y antiimperialista que atrajo a intelectuales progresistas, militares patriotas y otras muchas personas. Esta organización tenía al frente al antiguo tenentista Luis Carlos Prestes quien, como contamos en nuestra nota anterior de Madre América, había encabezado la invicta columna militar que recorrió Brasil hasta 1927. El caballero de la esperanza, como le puso a Prestes el escritor Jorge Amado, había regresado a su patria en 1934 desde Moscú convertido en militante comunista y directivo del Komintern como “héroe popular nacional”.

El 11 de julio de 1935, el gobierno de Vargas clausuró la ANL y disolvió otras organizaciones democráticas. Las facciones de izquierda de la ANL, dominadas por los comunistas, optaron por un alzamiento militar para establecer un gobierno revolucionario de obreros, campesinos y soldados. El 23 de noviembre se inició la revuelta militar en Natal (Río Grande do Norte), donde se formó un soviet que solo se sostuvo tres días. El segundo alzamiento ocurrió en Pernambuco, pero ya el 26 la lucha terminaba en Recife, y era también dominado el levantamiento en Olinda y Natal.

El tercer y más importante pronunciamiento fue el de Río de Janeiro, que tenía por eje el III Regimiento de Infantería, acantonado en la Praia Vermelha, y la academia de aviación del ejército. Pero los soldados y oficiales que enarbolaban la bandera roja fueron cañoneados sin compasión hasta obligarlos a rendirse, mientras la sublevación en la escuela de aviación terminaba en una verdadera masacre de los rebeldes.

Heredera de las soluciones militaristas del tenentismo, la sublevación del ALN en 1935 fue derrotada por su insuficiente preparación y la mala coordinación con las organizaciones populares, allanando el camino a la dictadura de Vargas. Miles de ciudadanos y decenas de oficiales fueron detenidos, torturados o asesinados. El propio Prestes fue encarcelado durante casi diez años. Más trágico fue el final de su esposa, Olga Benario, de origen alemán, la cual, pese a estar embarazada, fue entregada a la Gestapo nazi, que la condenó a morir en un campo de concentración.

Fuente: Informe Fracto. www.informefracto.com – 24 de marzo de 2020

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