Por Sergio Guerra Vilaboy

El 24 de abril de 1965 estalló en República Dominicana un levantamiento cívico militar, liderado por un grupo de oficiales jóvenes, que exigía el retorno al poder de Juan Bosch, derrocado hacia año y medio por partidarios del dictador Rafael Leónidas Trujillo, asesinado en 1961. Durante su mandato de siete meses, Bosch nacionalizó las extensas propiedades trujillistas, inició repartos agrarios, hizo una administración honesta y puso en vigor la nueva constitución de1963.

 El restablecimiento de la democracia y el regreso de Bosch, eran objetivos de la oficialidad constitucionalista, aleccionada por el Coronel Rafael Fernández Domínguez. En la mañana del 25 de abril de 1965 los militares rebeldes, encabezados por los coroneles Miguel Ángel Hernando Ramírez y Francisco Caamaño Deñó, ocuparon el Palacio Presidencial y depusieron a Donald Reid Cabral. Enterado de estos sucesos, el líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez, llamó por radio a respaldar el movimiento constitucionalista. Miles de personas enardecidas se volcaron a las calles al grito de ¡Viva la Revolución!

De inmediato se estableció un gobierno provisional dirigido por Rafael Molina Ureña, Presidente de la Cámara de Diputados hasta el golpe de estado de 1963, en espera de Bosch. Pero el ex mandatario no pudo retornar al país, pues fue retenido por las autoridades norteamericanas en Puerto Rico. Por su parte, el sector derechista del ejército, atrincherado en la base de San Isidro, a las órdenes del General Elías Wessin y Wessin, verdadero poder detrás del gobierno depuesto, se opuso a los constitucionalistas y pidió ayuda a Estados Unidos. El 26 abril la fuerza aérea bajo su control, con apoyo de la marina, bombardeó el Palacio Presidencial, dando inició a los enfrentamientos. El impetuoso avance hacia la capital de las fuerzas blindadas de Wessin, unido a la postura injerencista norteamericana, sembró el desaliento entre los partidarios de Bosch. El propio Presidente Molina Ureña renunció y pidió asilo en la Embajada de Colombia, mientras varios de sus allegados se refugiaban en otras misiones diplomáticas.

Sin embargo, en la tarde del 27 de abril, la ofensiva de las tropas de Wessin se estrelló en el Puente Duarte ante la resistencia de civiles armados, dirigidos por el Coronel Caamaño, Ministro del Interior del gobierno constitucionalista, y el Capitán de Navío Manuel Ramón Montes Arache. Esta victoria defensiva, que obligó al repliegue de los tanques enemigos, dio nuevo impulso al movimiento revolucionario. A continuación, los seguidores de Caamaño, devenido en verdadero héroe nacional, consolidaron su control de Santo Domingo, incluyendo cuarteles de la policía y el fuerte Ozama. Wessin, arrinconado en San Isidro, organizó a toda carrera una Junta Militar que solicitó la intervención de Estados Unidos (28 de abril). Casi de inmediato comenzó el desembarco de los marines norteamericanos, que en dos semanas superaron los veinte mil efectivos, con la finalidad de impedir otra Cuba, como declaró sin escrúpulos el propio presidente Lyndon B. Johnson. Para intentar legitimar la violación de la soberanía dominicana, Estados Unidos consiguió formar una simbólica fuerza intervencionista de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Dispuesto a resistir a los invasores, el Coronel Caamaño fue elegido el 4 de mayo Presidente constitucional por el Congreso dominicano, formado con los restos del disuelto en 1963. Bajo su dirección, durante quince días hubo sangrientos combates con las tropas de Wessin y el propio ejército estadounidense, hasta que los marines lograron dividir la capital en dos sectores.  En uno de esos violentos choques cayo (19 de mayo) el Coronel Fernández Domínguez, destacado militar constitucionalista. Finalmente, la abrumadora superioridad estadounidense impuso una solución negociada en la llamada Acta de Reconciliación (31 de agosto), que conllevó el desarme de los patriotas y su salida del país, proceso acelerado por la emboscada tendida a fines de 1965 contra Caamaño y sus hombres en el Hotel Matum, devenido en costoso revés para sus agresores, que despertó airadas protestas populares.

Como resultado de la frustrada Revolución de Abril, Juan Bosch se radicalizó, abandono el PRD y vertebró un nuevo partido, marxista y antimperialista, mientras el Coronel Caamaño, se inclinaba por la lucha armada. Después de abandonar en secreto su cargo diplomático en Londres, el máximo líder del movimiento constitucionalista, junto a ocho fieles seguidores, desembarcó en su patria, el 2 de febrero de 1973, por playa Caracoles, donde libró algunos combates con el ejército hasta ser capturado y asesinado. El ejemplo del Coronel Francisco Caamaño Deñó, un militar que tomaba partido por su pueblo, no quedaría como algo insólito en la historia de América Latina.

Fuente: www.informefracto.com – 28 de abril de 2020

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