Por Sergio Guerra Vilaboy

La Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia envolvió a dos de las naciones más pobres del continente, atizadas por monopolios petroleros ingleses y norteamericanos. Empeñadas en consolidar sus zonas de influencia, esas empresas imperialistas propiciaron la contienda bélica por los hidrocarburos del Chaco, considerados entonces fabulosos. Bolivia ya estaba entonces atrapada por la dependencia de Estados Unidos, tras contraer varios onerosos empréstitos con la banca norteamericana, y cedido a la Standard Oil de New Jersey sus recursos petrolíferos. Paraguay, por su parte, postrado desde 1870 ante Inglaterra y sus socios argentinos, había tenido que entregarles millones de hectáreas en el Chaco Boreal para su explotación, mientras la compañía europea Royal Dutch Shell, afincada aquí, se oponía a la expansión de la Standard Oil.

Después de la pérdida a fines del siglo XIX de su salida al Pacífico, que pasó a manos de Chile, Bolivia comenzó a reclamar parte del Chaco, donde avanzaba la colonización paraguaya. Los crecientes litigios fronterizos explican la negativa de Paraguay a permitir el paso por su territorio del petróleo de la Standard Oil hacia el Atlántico, y la agresividad del gobierno de La Paz, confiado en su mayor poderío militar. El ejército boliviano contaba con más hombres, mejor armamento y tenía de mentor al experimentado general alemán Hans Kundt, quien inculcó a la oficialidad blanca del altiplano la arrogancia racista y el espíritu de superioridad aria que hoy vemos revivir con la dictadura golpista de Jeanine Áñez. Uno de los colaboradores del militar prusiano era el coronel nazi Ernst J. Rohm, asociado a Hitler desde el putsch de Munich y líder de las temidas camisas pardas hasta su asesinato en Alemania (1934).

En febrero de 1927 comenzaron las primeras escaramuzas entre los dos países, seguida de la ruptura de relaciones (1931), aunque el detonante fue el ataque boliviano al fortín Carlos Antonio López el 15 de junio de 1932. El escenario del conflicto fratricida, que se extendería hasta 1935, era el casi desértico Chaco Boreal, con una vegetación espinosa, suelos arenosos y temperaturas elevadas, que favorecía más a los combatientes paraguayos, arraigados en la inhóspita región y acostumbrados a su ambiente hostil, que a los soldados bolivianos, cholos e indígenas de las gélidas cumbres andinas.

La primera gran batalla se libró en Boquerón, en septiembre de 1932, con un saldo de miles de muertos y quinientos prisioneros bolivianos. El ejército paraguayo, integrado por campesinos pobres y guiado por el general José Félix Estigarribia, vertebró una sólida línea defensiva Nanawa- Gondra-Arce-Herrera-Toledo, contra las que se estrellaron los sucesivos ataques de Kundt. Nueve meses resistieron los paraguayos las persistentes embestidas bolivianas, hasta que el 11 de diciembre de 1933 pasaron a la contraofensiva, destrozando al enemigo en Campo Vía y capturando más de diez mil hombres.

La sustitución de Kundt por el general boliviano Enrique Peñaranda y las nuevas ofensivas de Bolivia desde 1934 pocos daños hicieron a los paraguayos, aunque en el Camino Lobrego consiguieron su mayor triunfo en toda la guerra. No obstante, el 15 de agosto de 1934 el ejército de Estigarribia se impuso en Picuiba y avanzó más al Norte, preludio de otras victorias a fines de ese año que compulsaron a los bolivianos a replegarse hacia el Pilcomayo y Villa Montes. En el primer semestre de 1935, las tropas paraguayas, que ya tenían a su alcance las instalaciones de la Standard Oil en Tarija y Santa Cruz, amenazaban con apoderarse de esas poblaciones y de Camiri.

Fue entonces que prosperó la mediación internacional y el 12 de junio de 1935 se firmó el armisticio. Los poderosos “padrinos” propiciaron el tratado de paz (1938), que reconocía a Paraguay, virtual vencedor, las dos terceras partes del Chaco; mientras Bolivia mantenía los territorios explotados por la Standard Oil y obtenía, además, una salida al río Paraguay: Puerto Suárez. La guerra del petróleo, como debió llamarse, dejó unas cien mil víctimas, setenta mil bolivianos y treinta mil paraguayos, y un clima de efervescencia nacionalista en los dos países, del que fueron exponentes los héroes del conflicto del Chaco, coroneles Rafael Franco (Paraguay) y Germán Busch (Bolivia), a quien ya dedicamos una nota de Madre América, llegados al poder poco después.

Fuente: www.informefracto.com – 1 de mayo de 2020

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