Por Sergio Guerra Vilaboy

La cruel represión desatada en 1935 contra la sublevación de la Alianza Nacional Libertadora en Brasil, que contamos en una nota de Madre América, desarticuló a las organizaciones democráticas y posibilitó un repunte de los partidos tradicionales con vistas a las próximas elecciones, que podrían permitir un regreso al esquema oligárquico de la Republica Velha. Esta posibilidad, unido a los obstáculos para la reelección presidencial, llevaron al gobierno de Getulio Vargas, en el poder desde 1930, a organizar una conspiración con el partido fascista Acción Integralista.

La atmósfera favorable al golpe militar fue preparada en septiembre de 1937 con la divulgación de un falso complot comunista: el Plan Cohen. El supuesto levantamiento marxista, proporcionó a Vargas el pretexto que necesitaba para declarar el estado de guerra interno. El 10 de noviembre, con la activa colaboración de los integralistas, convertidos en verdaderas tropas de choque al estilo nazi, Vargas clausuró el Congreso, disolvió los partidos y destituyó a los gobernadores opositores. Esa noche, el flamante dictador anunció por la radio el contenido de la nueva Constitución del Estado Novo.

El llamado Nuevo Estado, basado en una carta magna al estilo fascista, permitió someter al movimiento obrero a una estructura burocrática, calcada de la carta del trabajo de Mussolini (1927), amoldando a la colaboración de clases a los combativos sindicatos. A las organizaciones proletarias, encabezadas ahora por líderes designados por el gobierno, apodados pelegos, se les prohibieron las huelgas, protestas, así como los contratos colectivos, reduciéndose su labor a actividades recreativas y de asistencia social.

La implantación del autoritario Estado Novo vino también acompañada de una férrea censura, la creación de un aparato oficial de propaganda, que presentaba a Vargas como “el padre de los pobres”. Pero la luna de miel con los integralistas, que veían al mandatario como una especie de Hindenburg, al que debían desplazar, duró poco tiempo. El 11 de mayo de 1938 los envalentonados nazis criollos atacaron el Ministerio de Marina, la Radio Mayrink Veiga y el Palacio del Catete en Guanabara, en donde estuvieron a punto de apresar al propio mandatario y su familia. Después de cinco horas de intenso tiroteo, los atacantes fueron derrotados y Vargas se consolidó en el poder.

La coyuntura económica internacional contribuyó a cimentar la dictadura varguista, pues con la Segunda Guerra Mundial los precios del café y las materias primas subieron, mientras la creciente orientación bélica de la industria europea y norteamericana creaba posibilidades inesperadas para el aumento y diversificación de la producción autóctona. Además, como parte del Estado Novo se fundaron empresas estatales en sectores claves –acero, energía, transporte, etc.-, que no eran atractivos para los capitalistas privados o tenían una importancia estratégica.

Pero la Segunda Guerra Mundial tuvo también otro efecto: puso fin a los coqueteos de Vargas con los regímenes fascistas. Desde 1942, ante el curso adverso a los nazis que tomaba el conflicto y los indiscriminados ataques alemanes a los mercantes brasileños, Vargas se inclinó a los aliados. El 21 de agosto de ese año, Brasil declaró la guerra al Eje fascista, confiscó las propiedades del Reich y organizó a fines de 1944 la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), cuyos 25 mil hombres desembarcaron con los aliados en el frente italiano.

Nada de esto pudo impedir el fin del Estado Novo, desacreditado por la creciente ola democratizadora internacional al acercarse el fin de la Segunda Guerra Mundial. Presionado por todas las fuerzas políticas, entre ellas la recién creada Unión Democrática Nacional, Vargas tuvo que permitir el regreso de los exiliados y la excarcelación de más de seiscientos presos políticos, entre ellos el legendario Luis Carlos Prestes, ahora secretario general del Partido Comunista. La posibilidad de una convocatoria a una constituyente, que le podía permitir al mandatario continuar en el poder, caldearon los ánimos de la oposición y precipitaron el golpe de Estado que lo derrocó el 29 de octubre de 1945.

Fuente: www.informefracto.com – 15 de mayo de 2020

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