Por Sergio Guerra Vilaboy

El 18 de mayo de 1895, un día antes de la caída en combate de José Martí en Cuba, nació en Niquinohomo (Masaya), Augusto C. Sandino, quien pasaría a la posteridad al encabezar la heroica resistencia de Nicaragua contra la intervención militar de Estados Unidos. La conciencia patriótica de Sandino comenzó a forjarse en 1912, cuando presenció el entierro del General Benjamín Zeledón, Héroe de Coyotepe, muerto por las tropas norteamericanas que ocupaban entonces el país.

En 1920 Sandino viajó a Honduras, Guatemala y México, donde trabajó en varios oficios. En Tampico y Veracruz, influido por masones, anarquistas, antimperialistas y marxistas, participó en el movimiento sindical fortalecido por la Revolución Mexicana. Luego de la retirada de las tropas estadounidenses de Nicaragua (1925), Sandino regresó a su patria y obtuvo empleo en la administración de una mina. Al año siguiente, al desconocer los conservadores el triunfo del liberal Juan Bautista Sacasa y desatarse la Guerra Constitucionalista, Sandino se alzó en armas. Sus sucesivas victorias militares le valieron en 1927 ser reconocido por el ejército liberal como jefe de Las Segovias, su principal zona de operaciones.

Anta la posibilidad de un triunfo de los insurrectos, los marines, llamados en su ayuda por los conservadores, volvieron a intervenir en Nicaragua e impusieron el Tratado de Tipitapa (1927), componenda aceptada por los liberales que desilusionó a la mayoría de la población. Sandino, negado a aceptar el vergonzoso acuerdo, mantuvo la resistencia armada en Las Segovias, llamando a la lucha contra los invasores extranjeros que “pretenden privarnos de nuestra Patria y nuestra Libertad”.

A partir de ese momento los sandinistas enarbolaron la tradicional bandera roja del liberalismo, a la que añadieron una franja negra para indicar la alternativa de “patria libre o morir”. A continuación, Sandino dio a conocer un Manifiesto Político y libró la batalla de Ocotal, que ocasionó el primer bombardeó de la aviación norteamericana a la población civil. Como colofón, vertebró el Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, que muy pronto devendría en todo un símbolo para los pueblos amenazados por Estados Unidos,

En 1929, como parte de una maniobra de distracción de factura norteamericana, ocupó la presidencia el antiguo jefe liberal José María Moncada, por lo que Sandino decidió viajar a México, radicándose en Mérida, Yucatán. A esta época corresponden sus cartas a varios mandatarios del continente, entre ellos el Presidente argentino Hipólito Irigoyen, y su exhortación a la unidad latinoamericana contra las imposiciones estadounidenses. Tras una entrevista con el presidente mexicano Emilio Portes Gil en 1930, el General de Hombres Libres, como le había llamado dos años antes Henri Barbusse, regresó en forma clandestina a su tierra natal para ponerse de nuevo al frente del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, que abrió una segunda etapa de mayor envergadura en sus operaciones militares (1931-1932).

El empantanamiento de la guerra en Nicaragua, la propia política de Estados Unidos que evolucionaba a la llamada “buena vecindad”, sumado a las crecientes protestas internacionales, obligaron al gobierno norteamericano a buscar fórmulas más sofisticadas para acabar con los sandinistas. Con ese propósito, fue creada la Guardia Nacional, anunciada la retirada de los marines y realizadas nuevas elecciones, en noviembre de 1932, que llevaron al poder al liberal Juan Bautista Sacasa.  El 8 de enero de 1933, seis días después de la retirada del último soldado estadounidense, se iniciaron las negociaciones entre los sandinistas y los representantes de los partidos tradicionales. Como resultado de ellas, Sandino aceptó desarmar el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y retirarse con sus hombres a las tierras que se le ofrecían junto al río Coco. 

Traicionado por sus interlocutores, Sandino fue emboscado y asesinado en la noche del 21 de febrero de 1934, por órdenes expresas del flamante jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, y del Embajador estadounidense en Nicaragua Arthur Bliss Lane. Al fusilamiento del General de Hombres Libres siguió pocas horas después la masacre de sus compañeros, acampados sin armas junto al río Coco. Este trágico desenlace, convirtió el nombre de Augusto C. Sandino, en bandera del movimiento de liberación nacional de Nicaragua y símbolo de la resistencia antimperialista en toda América Latina.

Fuente: www.informefracto.com – 18 de mayo de 2020

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