Sergio Guerra Vilaboy

La revolución boliviana de 1952 irrumpió como rayo luminoso en el oscuro panorama continental dominado por el macartismo, la guerra fría, y el repliegue de las fuerzas progresistas. La enclaustrada república andina era uno de los países más atrasados y empobrecidos de América Latina, dependiente de la exportación minera, controlada por los barones del estaño, esto es, la gran oligarquía criolla atada al capital foráneo que inspiró a Augusto Céspedes su novela Metal del diablo (1946).

El desconocimiento del triunfo del candidato presidencial del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Víctor Paz Estenssoro, en las elecciones de 1951 fue la chispa que prendió la sublevación popular del 9 de abril del año siguiente, encabezada por los mineros. Después de tres días de sangrientos combates en La Paz, el ejército tuvo que capitular, algo que sólo había ocurrido una vez en la historia latinoamericana (México, 1910-1914), remplazado por milicias obreras y campesinas devenidas en el efímero Ejército de la Revolución.

Después que cayó la junta militar, el gobierno de Paz Estenssoro firmó varias leyes sociales, entre ellas un aumento salarial del 40%, y otorgó la plena ciudadanía a los indígenas al implantar el sufragio universal. Por otro lado, se vertebraba la combativa Confederación Obrera de Bolivia (COB), que exigía la recuperación del estaño, y se organizaban los primeros sindicatos rurales–del que saldría en 1954 la Confederación Nacional de los Trabajadores Campesinos (CNTCB)-con la consigna de la tierra a quien la trabaja, incitando a los pueblos originarios marginados a ocupar las grandes haciendas.

Desbordado por los acontecimientos, el MNR tuvo que llevar a la práctica medidas más radicales, comenzando por la expropiación de la gran minería en octubre de 1952. Pese a que Paz Estenssoro proclamó con demagogia la llamada Acta de Independencia Económica, en realidad el país siguió dependiendo de las fundiciones de Inglaterra y Estados Unidos, que imponían a Bolivia las cuotas y precios de exportación.

En agosto de 1953 se promulgó la reforma agraria, que sólo afectó una porción de las tierras de los grandes hacendados enfeudados para fomentar la pequeña propiedad campesina. En una década se repartieron casi tres millones de hectáreas a una quinta parte de la población rural. Al no transformar las arcaicas estructuras del agro boliviano, los beneficiados quedaron atados a una economía de subsistencia, mientras que a los trabajadores agrícolas sin tierras sólo les quedaba la opción de colonizar el despoblado oriente.

La visita a Bolivia en 1953 de Milton Eisenhower, hermano del presidente norteamericano, inició la neutralización de la revolución boliviana por Estados Unidos con la firma de un convenio de asistencia económica, que otorgó jugosas concesiones a empresas estadounidenses. La política entreguista fue continuada por el gobierno de Hernán Siles, quien en 1956 aceptó un plan neoliberal del Fondo Monetario Internacional (FMI), que conllevó la devaluación de la moneda, el fin de los controles y subsidios estatales, junto a la congelación de los sueldos de los trabajadores. Paralelamente, el país fue invadido por un enjambre de “asesores” norteamericanos y se restablecía el ejército profesional.

En 1960 Paz Estenssoro regresó a la presidencia y consiguió reelegirse cuatro años después, con una política cada vez más moderada. El 6 de noviembre de 1964 fue desalojado del poder, mediante un incruento golpe de Estado, dirigido por el general derechista René Barrientos, que dio vuelta atrás a la historia de Bolivia, poniendo punto final a una revolución que ya estaba muerta. Che Guevara, quien sólo tres años después daría su vida por la verdadera liberación de este agobiado país, comentó al conocer el derrocamiento de Paz Estenssoro: “En todo caso, para gente como ésta, que no sabe caer con dignidad, vale la pena recordar lo que le dijo, creo que la madre del último califa de Granada a su hijo que lloraba al perder la ciudad: Haces bien en llorar lo que no supiste defender como hombre.”

Fuente: www.informefracto.com – 10 de julio de 2020

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