Por Sergio Guerra Vilaboy

Como contamos en Madre América, al morir el dictador haitiano François Duvalier en 1971, le sucedió su hijo Jean Claude (1951-2014), conocido como Baby Doc, en alusión al apodo de su padre: Papa Doc. Para ello fue necesario modificar la constitución y realizar un amañado plebiscito, pues era menor de edad, proceso apoyado por Estados Unidos al impedir el retorno de los exiliados.

El rechazó a la sucesión se expresó de muchas maneras, entre ellas con el secuestro del embajador norteamericano Clinton Knox, cuyo papel había sido decisivo en el relevo dictatorial y el expedito reconocimiento estadounidense. El compromiso de Washington con la nueva tiranía también se manifestó mediante una cuantiosa ayuda militar y la modernización de su ejército, incluyendo al cuerpo de esbirros de los Tontons Macoutes, ahora reciclados como Leopardos.

En lo fundamental, el gobierno del segundo Duvalier no difería de la criminal satrapía de su progenitor, aunque en sus inicios trató de hacer cambios cosméticos, bajando el tono al autoritarismo y la corrupción. La engañosa liberalización vino acompañada de ciertas reformas presupuestarias y judiciales, del rejuvenecimiento del gabinete, la liberación de presos políticos, el alivio de la censura de prensa y la promesa de democratizar las instituciones. Como colofón, anunció pomposamente: “mi padre hizo la revolución política, yo haré la revolución económica”. 

La anunciada transformación no era otra cosa que una mayor entrega de los recursos nacionales al capital extranjero a cambio de préstamos, donaciones y créditos. Lo más singular fue el fomento de la manufactura ligera, con la apertura de unas 300 pequeñas fábricas o maquiladoras de textiles, juguetes y piezas electrónicas, destinadas al mercado norteamericano. En su momento de mayor expansión, a principios de los setenta, representó el 40% de las exportaciones haitianas y el capital foráneo invertido fue de 125 millones de dólares (1975), 45 millones más de los existentes en 1968.

La descomunal corrupción y la impericia gubernamentales frustraron cualquier mejoría. En 1977 la crisis económica recrudeció, sólo paliada por el incremento de las remesas de los de miles de haitianos que habían huido a Estados Unidos en endebles embarcaciones, para escapar del terror duvalierista y la pavorosa miseria del país. Ante la fuerte presión internacional, y el crecimiento de los atentados y sublevaciones, a comienzos de los ochenta Baby Doc ensayó nuevos cambios de imagen con otra constitución, el reconocimiento de partidos de oposición y la convocatoria a elecciones legislativas (1984). En esos comicios, sus partidarios del Comité de Acción Jeanclaudista (CONAJEC) arrasaron, pues la mayoría de los contrincantes fueron encarcelados, perseguidos o asesinados.

A potenciar el descontento contribuyó el enorme desprestigio de Duvalier II, que era amante de los placeres mundanos y descarnado depredador de la hacienda pública, con la ayuda de su joven esposa, Michele Bennet, de la elite mulata, con la que se había casado en una boda fastuosa en 1980. Su creciente importancia atemorizó a la burguesía negra, preocupada con la posible recuperación del poder del ala rival mestiza. Para colmo, Baby Doc no tuvo escrúpulo en aprobar la presidencia vitalicia en un referéndum con el 99.98% de la votación.

En 1984 estallaron violentas protestas y motines, que dejaron decenas de personas muertas por la represión, repetidas al año siguiente al grito de ¡Preferimos morir de pie que vivir de rodillas! El punto culminante de las manifestaciones opositoras se alcanzó en 1986, al incorporarse los campesinos y sumarse la iglesia católica, cuya influencia había crecido gracias a sus extendidas comunidades de base. El 7 de febrero de ese año, Baby Doc no pudo resistir más y huyó con toda su familia a Francia, en un avión militar proporcionado por Estados Unidos, después de conocer la retirada del apoyo de Washington y del golpe militar que se orquestaba en su contra.

Tras su estampida a la costa azul francesa, el dictador se dedicó a dilapidar, en gastos suntuarios, juergas y caprichos, las riquezas obtenidas a costa de la miseria del pueblo haitiano. Retenido por las autoridades de Francia, a solicitud del gobierno de Haití, acusado del robo de 120 millones de dólares de los fondos estatales, se abrió un largo proceso judicial que logró la devolución de 5,7 millones de sus cuentas en Suiza. Arruinado, el 16 de enero de 2011 Baby Doc se apareció por sorpresa en Haití, después del devastador terremoto ocurrido en Port-au-Prince, con la trasnochada idea de recuperar el poder. Enfrentado a varias causas judiciales por crímenes y latrocinio, pasó los últimos años de su vida encerrado en una lujosa mansión, hasta que murió de un infarto el 4 de octubre de 2014.

Fuente: www.informefracto.com – 8 de septiembre de 2020

Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC (ver) complete el siguiente formulario (ver)

E-mail: info@adhilac.com.ar

Twitter: @AdhilacInfo

Ver Presentación de ADHILAC