Por Sergio Guerra Vilaboy

Fue el escritor Rufino Blanco Fombona quien puso al dictador venezolano el mote de Juan Bisonte Gómez, como hizo el poeta comunista cubano Rubén Martínez Villena con su homólogo cubano Gerardo Machado, al que calificó de Asno con garras. La tiranía del general Juan Vicente Gómez Chacón (1858-1935), se extendió en Venezuela por casi tres décadas, favorecida por el boom petrolero. Se encaramó en el poder en 1908 después de traicionar a su viejo compañero de armas y compadre, general Cipriano Castro, líder de la llamada revolución liberal restauradora, quien como presidente resistió las intervenciones europeas y las presiones de Estados Unidos, como hemos narrado en otra nota de Madre América.

El papel de Gómez había sido clave para consolidar el triunfo del movimiento de Castro con su oportuna victoria militar en Ciudad Bolívar en 1903. Nombrado vicepresidente, aprovechó un viaje del mandatario a Europa para desalojarlo del poder con la complicidad de las elites criollas aliadas y de las potencias europeas y Estados Unidos, interesadas en el petróleo venezolano. Para satisfacer a Washington, en 1909 se firmaron los protocolos Buchanan-Gómez, que aceptaban todas las exigencias norteamericanas, rechazadas por el gobierno anterior. 

Durante su primer mandato, Gómez, favorecido por la recuperación de los tradicionales productos de exportación (café, cacao y carnes), pudo liquidar a los díscolos caudillos regionales, que desafiaban la autoridad central. A su fortaleza también contribuyó la creación de un selecto grupo armado, denominado La Sagrada, formado con sus hombres del Táchira, y la modernización del ejército, que controlaba desde su campamento en Maracay, convertido en una verdadera ciudad militar. 

Al aproximarse el fin de su primer periodo, Gómez prorrogó su mandato, lo que desencadenó las primeras protestas estudiantiles, neutralizadas con la clausura de la Universidad Central de Caracas en 1919, mientras florecían levantamientos armados y conspiraciones en su contra. Dos años más tarde, los artesanos, obreros y trabajadores tranviarios de la capital, respaldados por los universitarios, se lanzaron a las calles, lo que condujo al cierre de la principal casa de estudios hasta 1925. Algunos de los líderes estudiantiles, como Eduardo y Gustavo Machado, Salvador de la Plaza y Francisco de Paula Laguado Jaimes, encontraron refugio en Cuba-donde fundaron con Julio Antonio Mella la revista Venezuela Libre-y en México. En la isla antillana sufrieron la persecución de la dictadura de Machado–cuyos esbirros echaron a Laguado Jaimes a los tiburones-, mientras que en México tuvieron la ayuda del presidente Álvaro Obregón, por lo que Gómez rompió sus relaciones diplomáticas con este país. Fue precisamente en tierra mexicana donde se fundó en 1926 el Partido Revolucionario Venezolano (PRV), embrión del Partido Comunista Venezolano.

Reabierta la Universidad Central de Caracas, la recién fundada Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), presidida por Raúl Leoni, organizó nuevas protestas contra la dictadura gomecista que llevaron a la cárcel a sus principales figuras, entre ellas Jóvito Villalba, Pío Tamayo, Antonio Arráiz, Rómulo Betancourt, Guillermo Prince Lara, Andrés Eloy Blanco y Juan Oropeza, integrantes de la llamada “generación de 1928”. El respaldo de la población al movimiento universitario y a las manifestaciones contestarías significaron el desafío más serio a la dictadura gomecista, sumado al año siguiente al desembarco por las costas de Cumaná de la expedición del crucero Falke, en la que murió el general Román Delgado Chalbaud, uno de los más tenaces opositores del régimen. El 17 de diciembre de 1930, en el centenario de la desaparición física de Simón Bolívar, se efectuó en Caracas una gran protesta popular contra la dictadura que fue disuelta a tiros, con el saldo de varios muertos y heridos.

Pero ninguno de estos movimientos revolucionarios logró derribar a la dictadura, beneficiada con la conversión de Venezuela en el segundo productor mundial de petróleo–sólo superado por los Estados Unidos- y el primer exportador. El 17 de diciembre de 1935 Juan Vicente Gómez falleció de una enfermedad de la próstata. Se estima que su fortuna superaba los cuarenta millones de dólares, aunque todos sus bienes serían confiscados al año siguiente por decisión del congreso de la República, que las traspasó al patrimonio nacional.

Fuente: www.informefracto.com – 29 de septiembre de 2020

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