Por Sergio Guerra Vilaboy

En la Feria del Libro de La Habana 2020, la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) organizó una mesa panel sobre las repercusiones de las revoluciones liberales de España y Portugal en nuestro continente, a propósito de su bicentenario. En el debate un nombre salió a relucir, el del cubano Joaquín Infante, una figura olvidada de la historia, a quien dedicamos nuestra nota en Madre América.

Nacido en Bayamo (Cuba) en 1775 y doctorado en Derecho en la Universidad de La Habana, Joaquín Infante se encontraba en España al estallar la revuelta española contra los ocupantes franceses, retornando a la isla desde Cádiz en 1810. En la capital cubana se involucró en la conspiración, dirigida porRomán de la Luz y Juan Francisco Bassave, que agrupó algunos hacendados y miembros de las milicias de pardos y morenos, como el artesano José Antonio Aponte. El propósito era formar una Junta de Gobierno defensora de los derechos de Fernando VII, semejante a las del resto de Hispanoamérica. Abortado el movimiento juntista en octubre de ese año, Infante escapó a Estados Unidos y luego a Venezuela.

En Caracas revalidó su título de abogado y apoyó a la I República. Aquí elaboró el Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba, publicado en la capital venezolana a principios de 1812. De marcado acento americanista, la primera propuesta de carta magna para su tierra natal, preservaba la esclavitud y la religión católica e incluía la abolición de diezmos, estancos, alcabalas, capellanías y mayorazgos, así como el reparto de tierras incultas. Entre mayo y junio de ese año, Infante fue Auditor de Guerra y Marina en Puerto Cabello, por recomendación del propio Francisco de Miranda, y estuvo a las órdenes del entonces coronel Simón Bolívar. Por su implacable persecución a los realistas, a los que encarcelaba en la mayor fortaleza venezolana, fue llamado “Segundo Robespierre”. Perdida la plaza por una traición, tuvo que huir en un bote junto a Bolívar, aunque tras la caída de la I República en julio de 1812 fue hecho prisionero y deportado a La Habana. Arribó a Cuba en agosto de 1813, donde fue juzgado como enemigo de la Corona y partidario, según las acusaciones en su contra, de ideas “sediciosas a las que llamaba Derechos del Hombre”.

Pese a estar encarcelado, pudo sacar en la prensa habanera sus experiencias en Venezuela. No se sabe cuándo escapó a Cartagena, donde entre 1814 y 1815 ejerció su profesión y restableció sus contactos con Bolívar. Después de la reconquista de Morillo, se refugió con patriotas neogranadinos y venezolanos en varias islas del Caribe. En 1816 se encontraba en Estados Unidos, enrolándose como Auditor de Guerra en la expedición del liberal español Francisco Javier Mina. En abril de 1817, tras breve escala en Haití, desembarcó en México, como muestra la película de Antonio Eceiza Mina, viento de libertad (1977), donde Infante es representado por el desaparecido actor cubano Sergio Corrieri. Capturado en junio por los realistas en el fuerte de Soto La Marina, donde editaba el Boletín de la División Auxiliar de la República y compuso su Canción Patriótica, sufrió prisión, con sus compañeros José Sarda, Francisco Millares y Rafael Castillo, en San Juan de Ulúa, La Habana, Cádiz y, por último, en Ceuta.

A partir de entonces la información sobre su extraordinaria actividad revolucionaria se hace más confusa. Liberado por la revolución de Riego (1820), publicó en Cádiz Solución a la cuestión de derecho sobre la emancipación de América, alegato a favor del reconocimiento de España a la independencia, reeditado en 1821 en Caracas. Durante el trienio liberal (1820- 1823) intentó volver a Cuba, pero las autoridades españolas se lo impidieron, hasta que en 1825 lo hizo en forma clandestina. Algunos historiadores lo sitúan ese mismo año en Nueva Orleans y en diciembre de 1825 en Cartagena, desde donde envió una carta a Bolívar, que el Libertador contestó en marzo de 1826. De la etapa final de la asombrosa vida de Joaquín Infante no se sabe casi nada, ni siquiera la fecha y el lugar donde murió este singular patriota de Nuestra América, que fuera considerado por las autoridades coloniales “el mayor revolucionario que puede pisar el territorio cubano”.

Fuente: www.informefracto.com – 2 de octubre de 2020

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