Por Sergio Guerra Vilaboy

Hace unos días, el embajador de Perú en La Habana, Guido Toro, me sugirió escribiera sobre el apoyo a la independencia de Cuba del presidente peruano Mariano Prado (1826-1901) y sus hijos Leoncio, Grocio y Justo.

Las primeras manifestaciones a favor de la emancipación cubana de este mandatario peruano aparecieron asociadas a los planes para la emancipación de la Mayor de las Antillas del chileno Benjamín Vicuña Mackenna.

Los proyectos revolucionarios tenían que ver con la guerra contra España de Perú y Chile –después se sumaron Ecuador y Bolivia-, desatada en 1866 por la ilegal ocupación por una escuadra hispana de las islas Chinchas, valiosas por sus yacimientos de guano. La agresión de la antigua metrópoli condujo a los dos países sudamericanos aliados a promover la independencia de Cuba y con esa finalidad el gobierno de Chile nombró a Vicuña Mackenna su agente en Estados Unidos. En cumplimiento de esa misión, el representante chileno propuso al presidente Prado organizar una expedición conjunta, a la que el mandatario peruano contestó que “La causa de Cuba es una causa santa, la causa de la redención americana. Cuba es América y América es mi patria, y ¿qué no haría yo por América, qué no haría yo por mi patria?” Según el propio Prado reveló al patriota cubano Francisco Vicente Aguilera, para este propósito disponía de los monitores Atahualpa y Manco Cápac, así como veinte mil fusiles y artillería.

Fue al presidente José Balta, al frente del gobierno peruano desde enero de 1868, a quién se debe el reconocimiento de la beligerancia de los patriotas cubanos, tras el estallido el 10 de octubre de ese mismo año de la insurrección armada. Su decreto del 12 de junio de 1869 también autorizaba a los consulados de Perú a prestar protección y ayuda a los combatientes antillanos. Más lejos llegó el propio mandatario unos meses después, al firmar un nuevo decreto, el 13 de agosto de ese mismo año, que reconocía “la independencia de la Isla de Cuba de la dominación española, como igualmente al Gobierno Republicano establecido en ella”, que convirtió a Perú en el primer país de América Latina en dar ese paso, que sólo seguiría Guatemala.

Aunque después Balta se negó a recibir al representante oficial cubano, fue el siguiente presidente peruano, Manuel Pardo, en el poder entre 1872 y 1876, quien se reunió con el enviado de la República de Cuba en Armas, Manuel Márquez Sterling, y nombró a varios patriotas de la isla como cónsules del Perú. A pesar de las graves dificultades financieras del país andino, el propio gobernante entregó recursos que servirían para la malograda expedición del Uruguay, en la que se enrolaron tres hijos del expresidente Prado: Leoncio, Grocio y Justo. Varados en New York, al fracasar el plan del Uruguay, los dos últimos hermanos Prado lograrían su propósito de luchar por la independencia cubana, uniéndose a su Ejército Libertador. Uno de ellos, Grocio, combatió junto a Máximo Gómez hasta el final de la contienda independentista (1878).

Por su parte, Leoncio Prado, después de infructuosos intentos de obtener un buque para artillarlo y dedicarlo a hostilizar a España, se apoderó por la fuerza del vapor hispano Moctezuma, cuando salía de Puerto Plata (República Dominicana), el 7 de noviembre de 1876. Leoncio, acompañado de sólo diez cubanos, mantuvo en jaque a la marina española que lo perseguiría hasta enero del año siguiente. Ante la imposibilidad de poder mantener navegando el buque, sus tripulantes quemaron el Céspedes, nuevo nombre dado a la embarcación, frente a las costas centroamericanas y se refugiaron en Honduras. Leoncio volvió entonces a New York a hacer campaña a favor de Cuba y fue ascendido a coronel del Ejército Libertador, hasta que la proximidad de la guerra de su país con Chile lo obligó a regresar a su patria, en la que peleó heroicamente en la batalla de Huamachuco (1883). Herido y postrado en una cama, fue fusilado por los invasores.

Uno de las últimas acciones peruanas a favor de la causa cubana durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878) provino precisamente del mencionado presidente Prado, quién en 1876, vísperas de ocupar por segunda vez la jefatura del estado, declaró: “Demos al mundo un hermoso ejemplo ayudando y auxiliando a nuestros hermanos de Cuba en sus sacrificios por la patria.” El propio mandatario invitó a un representante de la República de Cuba en Armas al Congreso de Jurisconsultos Americanos de Lima (1877), argumentado que “Para el gobierno del Perú, que hace largo tiempo reconoció la independencia de Cuba, ha entrado ya, esta importante fracción de la América, en el rol de los Estados soberanos; y, no obstante, las circunstancias en que se halla colocada esa nueva nacionalidad, por efecto de la heroica lucha que aún sostiene, cree de su deber convocarla, como tiene el honor de hacerlo por mi conducto, a tomar parte en la formación de ese Congreso.”

Fuente: www.informefracto.com – 11 de diciembre de 2020

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