Por Sergio Guerra Vilaboy

El punto culminante de la exitosa ofensiva final del Ejército Rebelde, comandado por Fidel Castro, contra la dictadura de Fulgencio Batista fue la batalla por la ciudad de Santa Clara, dirigida por Ernesto Che Guevara. Esta urbe, capital de Las Villas, provincia central de Cuba, estaba defendida por el Regimiento 3, cuyo jefe, el general Alberto del Rio Chaviano, había sido remplazado, el 26 de diciembre del 1958, por el general José Eleuterio Pedraza. Los efectivos gubernamentales en Santa Clara lo componían más de mil soldados y una compañía de tanques ligeros, a los que se sumaban 300 hombres de la Guardia Rural y una cifra similar de policías, estos últimos acuartelados en su jefatura, con dos tanques y dos tanquetas. Además, estaban los soldados evacuados del resto de la provincia ante el empuje insurgente y algunos refuerzos llegados desde La Habana por vía aérea.

En medio del retroceso en todos los frentes militares del régimen batistiano, el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, uno de los abastecedores de armamento a su homólogo cubano –con miles de carabinas, municiones, así como morteros ligeros-, ofreció el desembarco en las provincias de Las Villas y Oriente de seis batallones de su ejército regular, unos cinco mil hombres, con todo su equipamiento. La propuesta, confirmada en La Habana por el general dominicano Arturo Espaillat, fue considerada inviable por Batista.

El 27 de diciembre de 1958 el cuartel de Palma Soriano en Oriente capituló. Allí el Ejército Rebelde hizo más de 250 prisioneros y obtuvo centenares de armas, en lo que fue considerado el más grande botín de guerra obtenido hasta entonces en una sola batalla. Ese mismo día se rendían en la propia provincia oriental las guarniciones batistianas de Cayo Mambí y Cueto, obligando al ejército gubernamental a replegarse a Holguín. Tras la liberación de estos poblados, así como de Sagua de Tánamo, la ofensiva rebelde en la zona enfiló a Mayarí, rendida el 31 de diciembre. En Camagüey, el enemigo tuvo que enviar refuerzos desde Ciego de Ávila y la capital de esa provincia para socorrer la plaza de Jatibonico, asediada por la columna del comandante Ramiro Valdés, mientras otras fuerzas insurgentes conquistaban Puerto Padre y Jobabo. Otras populosas ciudades orientales, como Holguín, Tunas y Guantánamo, quedaban cercadas, las dos primeras por las fuerzas del IV Frente de Delio Gómez Ochoa y la segunda por las del II de Raúl Castro.

Por fin, el 30 de diciembre, tras veinte días de terca resistencia, se rindió la fuerza batistiana acantonada en Maffo ante el propio Fidel Castro. Aquí fueron hechos más de un centenar de prisioneros y ocupadas decenas de armas y municiones de diversos calibres, por lo que pudo cerrarse el cerco a Santiago de Cuba, la segunda ciudad del país, donde se esperaba un cruento enfrentamiento contra los más de cinco mil soldados gubernamentales. Entretanto, en la provincia de Las Villas, el comandante Camilo Cienfuegos cercaba el cuartel de Yaguajay, que demoró su rendición hasta el último día del año. 

En ese contexto se desarrolló la toma de Santa Clara. El 29 de diciembre, las tropas del Che, que había ocupado la Universidad Central de Las Villas, penetraron por el noroeste de esa ciudad, mientras las fuerzas aliadas del Directorio Revolucionario, tras liberar Trinidad, lo hacían por el sur, bajo el azote de la aviación enemiga. Ante la irrupción rebelde en la capital villareña, los batistianos se refugiaron en la estación de policía, varios edificios públicos, incluido el Gran Hotel, así como en el propio cuartel del Regimiento 3. Ese mismo día, los guerrilleros del Che propinaron, con el apoyo de la población, un golpe demoledor al enemigo al descarrilar un tren blindado artillado –dos locomotoras con casi treinta vagones- que transportaba cerca de 400 soldados y 36 oficiales, enviado apresuradamente desde La Habana para reforzar la estratégica plaza de Santa Clara. Su rendición proporcionó el más formidable armamento de toda la guerra. Los numerosos prisioneros fueron entregados a la marina de guerra para que los trasladara de Caibarién a La Habana, lo que finalmente se hizo por Isabela de Sagua, no sin reticencia del mando enemigo, temeroso de seguir minando la moral de sus tropas

El 1 de enero de 1959 el Che logró la capitulación del último jefe del Regimiento batistiano en Santa Clara, coronel Cándido Hernández, pues los anteriores habían desertado. En horas de la madrugada de ese día, Batista, al conocer en la base militar de Columbia en La Habana la noticia de la inminente capitulación de la ciudad, huyo del país con sus colaboradores más allegados. Había triunfado la Revolución Cubana.

Fuente: www.informefracto.com – 31 de diciembre de 2020

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