Por Sergio Guerra Vilaboy

El fracaso del golpe de estado intentado por Donald Trump la semana pasada ha llevado a algunos medios a calificar a Estados Unidos de “república bananera”. La paradoja es que esta expresión peyorativa fue creada por el escritor y caricaturista norteamericano William Sydney Porter (1862-1910), más conocido como O. Henry, para burlarse de los países de América Central y el Caribe.

El término apareció por primera vez en su libro de cuentos Coles y reyes (1904), elaborado en 1897 en Honduras, para referirse a aquellos países atrasados e inestables de la región, que dependían de compañías norteamericanas exportadoras de plátanos, gobernadas a su antojo por un solo hombre que servía los intereses de Estados Unidos

Las llamadas “repúblicas bananeras” surgieron de la agresiva política recolonizadora norteamericana sobre América Central y el Caribe, a fines del siglo XIX y principios del XX, que permitió a la United Fruit Company y otras empresas de Estados Unidos controlar en forma monopólica la producción, el transporte y la comercialización de sus rubros agrícolas más rentables, principalmente el plátano o, por excepción, el azúcar en la Mayor de las Antillas. Un negociante estadounidense, Minor C. Keith, fue el prototipo de esta desenfrenada actividad por su papel en la construcción de ferrocarriles en América Central y el fomento de plantaciones bananeras en varios países, entre ellos Guatemala, Honduras Costa Rica, Panamá y Colombia. 

Una de las características singulares de la inversión masiva estadounidense en esa región fue el sistema de enclave, que permitía el dominio por una sola empresa de una especie de feudo, donde disponía de plantaciones, ferrocarriles, puertos y otras diversas instalaciones, entre ellas hoteles, casas, almacenes, barracones, hospitales, tiendas y cuarteles de su propia policía. En la práctica, esa área operaba al margen del Estado y sus leyes, tal como demostraron Oscar Zanetti y Alejandro García en una documentada investigación: United Fruit Company: un caso del dominio imperialista en Cuba, publicada en 1976.

Pero Estados Unidos no sólo aumentó, sin contrapeso alguno, su enorme influencia sobre las débiles y atrasadas repúblicas centroamericanas y caribeñas con la intensa actividad de sus monopolios. También estableció gobiernos títeres mediante la intervención militar directa (big sitck), bajo el amparo del corolario Roosevelt a la doctrina Monroe, proclamado poco después de derrotar a España en la guerra de 1898 y apoderarse de los restos de su imperio colonial. La primera víctima del “gran garrote” fue la República Dominicana (1905), a las que seguirían muchas otras, entre ellas Cuba (1906-1909), Nicaragua (1912-1925), México (1914 y 1917), Haití (1915-1934) y la propia República Dominicana de nuevo entre 1916 y 1924. 

Este período de brutal expansionismo norteamericano coincidió con los 16 años (1897-1913) consecutivos de gobiernos republicanos de los presidentes William McKinley, Theodore Roosevelt y William H. Taft, quienes se convirtieron en verdaderos campeones del imperialismo. Como parte de esa ofensiva demoledora, Estados Unidos logró convertir al Caribe en un verdadero mare nostrumnorteamericano y a las naciones de la región en un verdadero rosario de repúblicas semicoloniales o simples eslabones de una cadena de virtuales protectorados sometidos a su absoluto control.

De esta forma, los países “independientes” de Centroamérica y el Caribe, terminaron atrapados en las redes del capital norteamericano, que los convirtió en verdaderos prolongaciones o enclaves de su propia economía, liquidando cualquier posibilidad de desarrollo propio y restringiendo o anulando su soberanía nacional; esto es, las famosas “repúblicas bananeras” ridiculizadas por O. Henry hace ya más de un siglo.

Fuente: www.informefracto.com – 12 de enero de 2021

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