Por Sergio Guerra Vilaboy

La vida de los dos primeros europeos que vivieron entre los mayas, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, no pudo ser más diferente, pues el primero estuvo con Hernán Cortés en la toma de Tenochtitlán, mientras el segundo enfrentó a los conquistadores españoles de Yucatán y Centroamérica. Nacidos en las cercanías de Sevilla y Huelva respectivamente, llegaron al llamado Nuevo Mundo a principios del siglo XVI, incorporándose a la hueste de Vasco Núñez de Balboa, a quien acompañaron, en septiembre de 1510, en la fundación de Santa María de la Antigua del Darién.

Casi un año después naufragaron en las proximidades de Jamaica cuando viajaban en un bergantín capitaneado por Juan de Valdivia, que conducía a Santo Domingo las riquezas extraídas de esa colonia española en Tierra Firme. Aguilar y Guerrero fueron los únicos sobrevivientes de los pocos tripulantes que lograron subir a un batel, que los arrastró hasta las costas meridionales de la península de Yucatán. En la tierra de los mayas cayeron prisioneros de los Tutul Xiu, de la ciudad-estado de Maní, que dominaba buena parte de ese territorio.

Aguilar, que había sido diácono en Andalucía, quedó al servicio de un sacerdote maya de Tulum, mientras Guerrero, antiguo soldado en la reconquista de Granada, devenía en instructor militar de los cheles de Ichpaatún, a quienes enseñó técnicas de combate europeas. Integrado a este pueblo maya de Chactemal, al norte de la bahía de Chetumal, llegó a formar una familia con Za’asil-Há, hija de un jefe de esta comunidad.

Las expediciones españolas que merodearon las costas de la península de Yucatán, en 1517 y 1518, encabezadas por Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva respectivamente, enviados por el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, con el propósito de capturar esclavos y buscar oro, llevaron noticias a la isla de los dos supervivientes de la embarcación de Valdivia. Por eso, el tercero de los capitanes elegidos por Velázquez para recorrer la desconocida región mesoamericana, Hernán Cortés, que partió el 10 de febrero de 1519, llevaba entre sus encomiendas rescatar a los dos conquistadores extraviados. Al arribar a la isla de Cozumel, Cortés tuvo noticias de dos hombres barbados que estaban con los mayas, a quienes envió misivas y regalos con mensajeros indígenas e incluso una embarcación para rescatarlos.

Jerónimo de Aguilar consiguió autorización de los mayas de Tulum para unirse a Cortés, a quien sería de mucha utilidad. Su dominio del maya, unido al conocimiento por la indígena Malintizin de esa lengua y del náhuatl, le permitiría al conquistador español entenderse con los mexicas. Gracias a su relevante papel en la toma de Tenochtitlan y de otros territorios de lo que llamaron la Nueva España, Aguilar recibió tierras y encomiendas de indios, que disfrutó hasta su muerte en 1531, cerca del río Pánuco. 

La vida de Gonzalo Guerrero fue totalmente opuesta a la de Aguilar. Según cuenta Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de Nueva España (1632), al conocer del mensaje de Cortés por su compañero de aventuras contestó: “Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán, cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas, ¿qué dirán de mí esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios…”.

Guerrero sobresalió en la lucha contra los conquistadores españoles de Yucatán, a los que obligó a replegarse de Chactemal y de una buena porción de la península, adentrándose después en auxilio de los mayas de Ticamaya, en la actual San Pedro Sula (Honduras). El 13 de agosto de 1536, cuando combatía a los invasores europeos cerca del río Ulúa, murió de un disparo de arcabuz. Aunque un artículo del 2020 del periódico español ABC todavía lo tilda de “traidor”, en Nuestra América Gonzalo Guerrero es reivindicado como un singular héroe anticolonialista. En su memoria se levanta una estatua en la ciudad de Mérida en Yucatán, precisamente al final de la prolongación de la avenida que lleva el nombre del conquistador español al que combatió: Paseo de Montejo. Incluso una estrofa del himno del Estado de Quintana Roo lo recuerda así: “Esta tierra que mira al oeste/cuna fue del primer mestizaje/que nació del amor sin ultraje/ de Gonzalo Guerrero y Za’asil”

Fuente: www.informefracto.com – 15 de enero de 2021

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