Sergio Guerra Vilaboy

En el Virreinato de Nueva Granada, hoy Colombia, estalló a fines del siglo XVIII una de las más significativas revoluciones populares de la época colonial.  Nos referimos a la sublevación de los comuneros de la villa del Socorro, motivada por reivindicaciones económicas despertadas por la instrucción de la monarquía borbónica del 12 de octubre de 1780, transmitida por el regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres.

La disposición, comunicada a la población del Socorro mediante un edicto real en marzo de 1781, elevaba impuestos y tributos que afectaban a todos los productores y comerciantes locales sin diferenciar condición social o étnica.

El día 16 de ese mes, algunos vecinos se concentraron en la plaza central del Socorro, en un concurrido día de mercado, para protestar por los nuevos gravámenes y monopolios de la Corona establecidos con el pretexto de sufragar sus guerras coloniales. Una de las más enardecidas fue una vendedora de frutas nombrada Manuela Beltrán. El movimiento de desacato pronto devino en abierta rebelión al grito de !Viva el Rey, pero no queremos pagar la armada de Barlovento!. Las airadas protestas obligaron al cabildo a suspender el cobro de los nuevos tributos, lo que no impidió que el movimiento contestatario se extendiera a las localidades cercanas de Simacota, Barichara, Charalá, Mogotes y San Gil, mientras en el propio Socorro la casa del estanco era atacada y destruidos los almacenes reales de aguardientes y tabaco.

El 17 de abril, una masiva concentración de los habitantes del Socorro escogió como jefes del movimiento comunero a ricos hacendados y comerciantes criollos, entre ellos Juan Francisco Berbeo y Salvador Plata. Enterado del levantamiento, el virrey regente Gutiérrez de Piñeres huyó de la capital hacia Honda, perseguido por un grupo armado a las órdenes del campesino mestizo, nombrado capitán, José Antonio Galán. A continuación, los comuneros de Socorro, Tunja, Pamplona y Casanare vertebraron en forma espontánea un verdadero ejército puesto, a las órdenes del propio Berbeo, el cual venció a las fuerzas coloniales en Puente Real de Vélez (8 de mayo).

Las noticias de este triunfo militar, que abría la posibilidad de ocupar la capital virreinal, entusiasmó a los comuneros y provocó levantamientos indígenas en Paya, Támara, Pita y otros poblados atendidos por misioneros jesuitas hasta su expulsión. En Cundinamarca, los pueblos originarios rebeldes proclamaron a Ambrosio Pisco, indígena adinerado y lejano descendiente del zipa, como cacique y se unieron a los comuneros. A mediados de mayo, el ejército guiado por Berbeo ocupó Zipaquirá, donde fue redactado un pliego de reivindicaciones, que las autoridades virreinales se vieron obligadas a aceptar para aplacar a los alzados. Entre las demandas, recogidas en 35 cláusulas, se incluía la abolición de impuestos y estancos, disminución de tributos y preferencia laboral a los criollos.

A las capitulaciones de Zipaquirá, firmadas con premura el 8 de junio de 1781 por el arzobispo de Bogotá, Antonio Caballero y Góngora, en ausencia del virrey, se opuso infructuosamente un ala radical del movimiento comunero, nutrida de indígenas, peones y ex esclavos y liderada por Galán. Diez días después, el caudillo popular declaró abolida la esclavitud en los territorios neogranadinos por donde pasaban sus fuerzas (Facatativá, Villeta, Guaduas y el valle del Magdalena), mientras en Ambalema repartía tierras entre los desposeídos, así como mercancías y otros bienes de la Corona. A la par, continuaron los levantamientos de indígenas y esclavos en Tolima, Cauca y Antioquia.  Lograda la pacificación, el virrey tomó represalias. Galán respondió continuando la lucha mediante guerrillas de indígenas y ex esclavos negros; pero las divisiones en el bando criollo dieron al traste con sus planes. Capturado cuando se dirigía con algunos de sus hombres a los Llanos Orientales, el 1 de septiembre de 1781, fue remitido encadenado a la capital virreinal.

Después de un amañado proceso, Galán fue ejecutado y descuartizado, junto con tres de sus lugartenientes, el 2 de febrero de 1782. Otros quince de sus seguidores fueron desterrados a África. Unas pocas semanas después, el 18 de marzo, la Real Audiencia y el regente anunciaron a pregón batiente, la anulación de las capitulaciones firmadas con los comuneros. Aunque la sublevación del Socorro no se proponía la independencia de España, era una expresión del creciente descontento de la población americana contra el orden colonial y el preludio de las luchas emancipadoras de principios del siglo XIX.

Fuente: www.informefracto.com – 19 de marzo de 2021

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