Sergio Guerra Vilaboy

A lo largo de la historia, Cuba y la República Dominicana han intercambiado población, incluso mucho antes de que el cacique taino Hatuey cruzara el Paso de los Vientos para alertar a sus hermanos aborígenes de la Mayor de las Antillas de la invasión europea que se les venía encima. Durante el periodo colonial hubo varias migraciones de Santo Domingo a Cuba, desde que a principios del siglo XVI salieran los primeros conquistadores españoles para dominarla en nombre de los Reyes Católicos, alguno de los cuales se quedaron a vivir en territorio cubano después de doblegados los aztecas.

En la siguiente centuria muchos habitantes del interior de La Española se mudaron a Cuba, empujados por la orden de la Corona que los obligaba a dejar sus casas y tierras de la costa norte y del oeste para reconcentrarse más cerca de la capital. Los que entonces se trasladaron al oriente cubano fueran perseguidos por las autoridades coloniales y en especial por el oidor Francisco Alonso de Contreras. A fines de 1606 el funcionario se personó en Santiago de Cuba, pero la enconada resistencia de los recién llegados y la aceptación por España de un perdón real solicitado por el cabildo de esa villa, volvieron infructuosas sus gestiones.

La siguiente oleada de Santo Domingo a Cuba ocurrió a fines del siglo XVIII, como resultado de los acuerdos de la Paz de Basilea (1795), firmados entre Madrid y París. Mediante este tratado, el gobierno de España debió entregar a Francia su colonia primada de América, la que se hizo efectiva desde 1801 con la ocupación de los ejércitos de Toussaint Louverture a nombre de la república francesa. El arribo a Cuba de muchos de los habitantes del este de La Española se tradujo en una inyección vital, que permitió sustanciales aportaciones al desarrollo de la economía, la cultura y la sociedad cubanas, de lo que darían muestras en el campo científico técnico figuras como Alejandro Olivan, Wenceslao Urrutia y Manuel José Monteverde.

La propia Audiencia Real de Santo Domingo tuvo que ser trasladada a Puerto Príncipe (hoy Camagüey), con jurisdicción entonces sobre Puerto Rico, Luisiana y La Florida. Además, fue enviada a Cuba toda la documentación y objetos de valor existentes en la colonia vecina, incluyendo los restos de Cristóbal Colón, llegados a principios 1796 y depositados en la catedral de La Habana, desde donde a su vez serían remitidos a Sevilla en 1898, al comenzar la ocupación de Estados Unidos, tema todavía hoy controvertido.

Para facilitar el asentamiento de los nuevos colonos, el gobernador Luis de las Casas autorizó un subsidio temporal a cada familia blanca que llegara de Santo Domingo, a la vez que limitaba la entrada de pardos, negros libres y esclavos, temeroso de su impacto en las dotaciones. Por esa misma razón, también prohibió, como ya contamos en Informe Fracto, la entrada a las Tropas Auxiliares Negras que habían combatido al servicio de la Corona española contra Francia, las que no pudieron desembarcar en 1796.

El primer contingente de evacuados de Santo Domingo llegó al puerto de La Habana en diciembre de 1795 y el último lo hizo diez años después, aunque el mayor ingreso se registró en 1801. En los primeros cuatro barcos llegaron varios cientos de personas, entre ellos muchos religiosos, como las monjas del convento de Santa Clara y sus servidores, aunque la mayoría se radicó en Baracoa y otras villas orientales, más de cuatro mil personas, según estiman los autores del libro Dominicanos en Cuba (2002), encabezados por Luis Céspedes, obra que contó con la colaboración de los destacados investigadores de este país Domingo Andrés L. Mateo y Rubén Silié. Muchos de los recién llegados dejaban detrás valiosas propiedades, como José Gusmán “Barón de San Miguel de la Atalaya en la Ysla de Santo Domingo”, quien para un trámite legal declaró que al contraer matrimonio había aportado algunos bienes heredados de su padre que según “calculo prudencial pasaban estos de un millón de pesos, cuyos bienes existen en la Ysla de Santo Domingo, que por la revolución de aquel País casi todos se han perdido.

Fuente: www.informefracto.com – 27 de agosto de 2021

Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC (ver) complete el siguiente formulario (ver)

E-mail: info@adhilac.com.ar

Twitter: @AdhilacInfo

Ver Presentación de ADHILAC