Sergio Guerra Vilaboy

Este fin de semana se reunió en Ciudad México la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), surgida en 2011 para unir a los países de la región sin la nociva presencia de Estados Unidos, como ocurre en la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA). Después de varios años de inmovilidad ante la ofensiva de gobiernos de derecha, la CELALC se reanima con el impulso dado por el presidente Andrés López Obrador y el nuevo panorama político de nuestra América.

Los orígenes de la CELAC hay que buscarlos en la crisis definitiva del colonialismo europeo a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Fue el venezolano Francisco de Miranda el primer criollo que concibió un proyecto de integración hispanoamericana, compartido por otros patriotas como Bernardo O’Higgins, Gaspar de Francia, Miguel Hidalgo, Mariano Moreno y José de San Martín. Sobre esa unidad soñada escribió Simón Bolívar en su Carta de Jamaica (1815): “Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse. ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos!”.

A esa aspiración se sumó en 1820 el mexicano fray Servando Teresa de Mier cuando propuso la convocatoria de un cónclave unionista en Panamá que contuviera “las pretensiones que pudiesen formar los Estados Unidos”. En realidad, ese fue el principal objetivo del Congreso Anfictiónico de 1826 convocado por el Libertador, al que asistieron delegados de estados que actualmente son doce repúblicas latinoamericanas, pero que no consiguió fundar la confederación hispanoamericana.

El intento de revivir ese proyecto, tras la muerte del Libertador, correspondió al gobierno peruano que, en reacción a la guerra de Estados Unidos contra México, reunió en Lima (1846) al primer congreso hispanoamericano después del de Panamá. Las continuas agresiones norteamericanas, entre ellas el robo a México de más de la mitad de su territorio (1848) y las depredaciones por Centroamérica de William Walker desde 1854, revivieron los esfuerzos unitarios. En ese ambiente, el pensador chileno Francisco Bilbao proclamó que la América Latina –comenzaba a utilizarse este término- tenía que integrarse, pues en el Norte desaparecía la civilización y emergía la barbarie.

En 1856 se firmaron dos pactos por varias repúblicas latinoamericanas, el Tratado Continental, concretado en Santiago de Chile, y el Tratado de Alianza y Confederación, acordado en Washington. En este último se preveía crear la Confederación de Estados Hispanoamericanos, propuesta por el diplomático guatemalteco Antonio José de Irisarri. La oleada colonialista de los sesenta, entre ellas la intervención francesa en México, compulsó otra vez la anhelada unión continental. En 1864 el gobierno peruano reunió otro congreso en Lima, que fue el último intento para vertebrar una confederación en la región.

En la década del ochenta, con el advenimiento del panamericanismo promovido por Estados Unidos, terminaron los esfuerzos de los gobiernos de América Latina para unirse acorde a la tradición bolivariana, aunque muchos políticos y pensadores continuaron defendiendo esa estrategia fundamentada en la identidad histórica de nuestros pueblos. Uno de sus máximos exponentes fue José Martí, quien en La América de New York, en enero de 1884, escribió sobre “aquellos que son en espíritu y serán algún día en forma, los Estados Unidos de la América del Sur.”

No fue hasta principios del siglo XXI cuando el panamericanismo comenzó a revertirse con los cambios positivos registrados con el ascenso al poder de gobiernos populares y progresistas, proceso abierto en 1999 con el triunfo de Hugo Chaves Frías en Venezuela. La fundación de la CELALC significó el nacimiento de una nueva modalidad de integración latinoamericana y caribeña, con la mira puesta en una confederación política moderna, que preserve y consolide la independencia de la región basada en el legado bolivariano y el respaldo popular, como nos los recuerdan estos hermosos versos de Pablo Neruda: “Yo conocí a Bolívar una mañana larga,/en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,/Padre le dije, ¿eres o no eres o quién eres?/Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo /“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.

Fuente: www.informefracto.com – 21 de septiembre de 2021

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