José Roberto do Amaral Lapa (1929-2000)

Historiador brasileño, fundador de ADHILAC

En la tarde del día 16 de junio de 1974, en la última sesión del I Encuentro de Historiadores Latinoamericanos, tuvimos la oportunidad de presentar una propuesta para asegurar la continuidad del trabajo y del diálogo, que desde hacía cinco días veníamos realizando gracias a la histórica iniciativa que tuvieran nuestros colegas mexicanos al convocar a los historiadores de esta parte del continente para un primer Encuentro, en el cual se proponía una evaluación crítica de nuestro trabajo, de las diferencias que nos separan y de las aproximaciones que nos identifican.

Esta propuesta, que fue discutida entonces en forma acalorada, acabó siendo aprobada y resultó en la creación de la ADHILAC.

Con la reciente realización en Querétaro, en México, del 30 de mayo al 3 de junio de 1994 del VI Encuentro Internacional y del V Encuentro Nacional de la Sección México de la ADHILAC, esta se reafirmó como el mayor fórum de debates de la comunidad de historiadores de América Latina y del Caribe. A su proyección y vitalidad, la fuerza organizativa que muestran algunas secciones nacionales, inclusive promoviendo encuentros periódicos, como el caso de México, Cuba y Ecuador, para citar aquellas de las cuales nos llegan más noticias, los propósitos de la nueva Directiva Internacional que acaba de asumir, nos convencen de la consolidación de esta Asociación, que ya pasó su adolescencia y ahora ingresa en la madurez.

Sin embargo, transcurridos ahora 20 años de su existencia, se hace necesario una reflexión a propósito de cómo se presenta en sus esfuerzos de congregar, fortalecer y proyectar el trabajo, la producción, la enseñanza, la conciencia y la práctica social de nuestra comunidad de historiadores latinoamericanos y caribeños.

¿Cuál es el balance que podemos hacer de la ADHILAC, en el momento en que de nuevo la América Latina y el Caribe, bajo la regencia de nuestro vecino mayor, se intenta integrar sectorial y económicamente, cuando apenas acabamos de completar cinco siglos de nuestro permanente redescubrimiento? ¿Qué lugar nos esta reservado, o nos estamos reservando, nosotros los historiadores, en este final de milenio delante de los desafíos en que estamos colocados?

En esta dirección, nos gustaría hacer esta reflexión sobre algunos problemas que enfrenta la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe.

Llamaremos la atención sobre cuatro grandes cuestiones de naturaleza estructural y funcional que reclaman nuestra acción:

  • 1. Rotación

Los encuentros significan sin duda una revitalización de la ADHILAC, pues en cada nuevo Encuentro se produce la incorporación a su membresía de una significativa cantidad de historiadores, en la cual siempre los naturales del país sede del Encuentro representan la mayoría.

Si por una parte, este refuerzo trae nuevas ideas, experiencias, iniciativas y prácticas para nuestro trabajo de docencia, investigación y divulgación, enriqueciendo los proyectos de la Asociación, y sin dejar de ser por tanto altamente deseables, por otro lado nos pone ante una cuestión delicada, debido a que los que asisten y participan en el Encuentro no son los mismos del Encuentro anterior, lo que de cierta manera secciona la deseada continuidad de nuestras ideas y prácticas, y nos obliga, muchas veces, a volver sobre soluciones ya discutidas y acuerdos adoptados.

Si hubieramos intentado hacer una prueba en el último Encuentro de México podríamos haber comprobado que muy pocos de los congresistas allí presentes habían estado en el Encuentro anterior de Brasil y muchos menos todavía serían los miembros de ADHILAC que consiguieron participar en todos los seis Encuentros realizados hasta hoy. Por las naturales dificultades dictadas por las distancias, engorros de viaje, limitaciones institucionales y salariales de los historiadores que trabajan en nuestras universidades, se entiende perfectamente esa falta de continuidad en relación con su Asociación mayor.

Sin embargo, por esas características de los asistentes a los congresos de ADHILAC estamos obligados a rescatar de nuestra memoria la historia de cada Encuentro, muchas veces desconocida para las personas que se nos van a incorporar.

Ese contrapunto acaba en ciertos casos por escaparse de nuestras manos, comprometiendo la revitalización que nuevos colegas y compañeros traen consigo, al no saber muchas veces preservar nuestra propia identidad asociativa.

  • 2. Periodicidad

La periodicidad de nuestros encuentros ha sido bastante irregular. Entre el I y el II pasaron 3 años, entre el II y el IIIllevaron 4 años, entre el III y el IV pasaron sólo dos años, frecuencia que, sin embargo, no se repitió entre el IV y el V, cuando el tiempo que los separó llegó a 7 años, para regresar ahora al intervalo de cuatro años, gracias a la capacidad movilizadora de los organizadores mexicanos que nos ofrecieron el VI Encuentro, que por segunda vez no se realizó en una capital.

Estas irregularidades acaban por afectar nuestro ánimo. Tenemos los encuentros regionales por país y vemos con satisfacción que la Sección de México ya realizó cinco de ellos, lo que debe colocarla al frente de todas las secciones nacionales. Sin embargo, estos encuentros tienen un alcance menor, debido a que, por otro lado, los países que se ofrecen a ser sedes del próximo Encuentro internacional, cuando son consultados para ello, no siempre posteriormente confirman su disposición a responsabilizarse para un evento de tal envergadura.

  • 3. Las distancias

Las distancias geográficas dificultan las comunicaciones afectando nuestro trabajo. Los que tienen el poder de decisión en la ADHILAC deben vencer esas dificultades con la efectividad y el conveniente uso de ese poder.

Una Directiva con miembros en cada extremo del continente, no funciona en la práctica. Pero, por otro lado, no podemos caer en un regionalismo hegemónico. Debemos asegurar la representatividad de países y áreas, haciendo que los circuitos de comunicación sean ágiles, pues las reuniones de la Directiva central de ADHILAC se producen prácticamente en ocasión de los Encuentros, por las naturales dificultades del costo de los viajes de sus miembros.

En este sentido, nos hace falta la edición de una publicación periódica que circule en todos los países miembros, lo que ha sido intentado por cubanos y mexicanos a través de boletines que, sin embargo, no consiguen mantenerse o tienen una circulación muy irregular, al margen de que su difusión ha sido más bien regional.

La posibilidad de proyectos de investigación internacional con equipos formados por nuestra comunidad no debe ser descartada, bien a través del intercambio de profesores y becarios con el patrocinio de agencias financiadoras y las propias universidades en que laboramos.

Desconocemos mutuamente lo que se enseña de Historia de América en nuestro continente. En este sentido, es necesario intercambiar nuestras experiencias y formar grupos de estudio que puedan optimizar este espacio –el de la enseñanza de la historia de América- que en mi país tiene poca tradición y está afectada por grandes limitaciones. La historiografía latinoamericana y caribeña que en cada nuevo Encuentro presenta considerables avances, ofrece la posibilidad de proyectos de historia comparada, en los cuales la enseñanza e investigación pueden y deben ser incrementados. Nosotros mismos iniciamos un proyecto que tuvo una excelente aceptación por parte de los colegas hispanoamericanos que consultamos a través de un cuestionario, ofreciendo sus resultados en la ponencia que presentamos en ocasión del II Encuentro, realizado en Caracas en marzo de 1977.

Como no seguimos con ese proyecto, podemos colocar el material recogido a disposición de los colegas que les interese; aunque sabemos que en Cuba y en Brasil hay investigadores ya trabajando en esta misma dirección.

En el discurso de posesión del nuevo Presidente de ADHILAC Internacional fueron enunciados varios objetivos que están en consonancia con estas consideraciones y con seguridad, una vez concretados, podrán llevar a nuestra Asociación a tener un alcance mucho mayor, legitimándola como una entidad de prestigio en la comunidad internacional de historiadores.

Así, aplaudimos en el discurso del Profesor Enrique Semo intenciones como la de abrir la ADHILAC a otras instituciones, como la UNESCO, preservando siempre su carácter progresista y sus posiciones de vanguardia. También la necesidad de un directorio informatizado, a fin de que podamos saber al final cuanto somos, que somos, donde estamos, lo que nos permita medir nuestra fuerza e incrementar nuestra interacción.

  • 4. Alto costo operacional

La ADHILAC lucha con crónicos problemas de orden financiero. A pesar de todo el esfuerzo que las diferentes directivas internacionales han desarrollado, las contribuciones de socios son pocas, exactamente porque los servicios ofrecidos son pocos también.

Es necesario por tanto cambiar la retórica y la práctica de nuestra relación de historiadores con la Asociación, bajo el riego de continuar nuestra intermitencia entre la euforia de un Encuentro y el marasmo de sus imprevisibles intervalos.

Hasta hoy, sólo conseguimos ver publicados los Anales de uno de los Encuentros, el de Venezuela. Parte de las comunicaciones presentadas al V Encuentro de Brasil fueron publicadas en Ecuador, gracias al trabajo desarrollado por el anterior Presidente de ADHILAC Internacional Profesor Jorge Nuñez.

Es preciso transformar este panorama por la vía de nuestras universidades y agencias financiadoras, o los mismos organismos internacionales vinculados a la cultura, para poder asegurar la publicación de los Anales de cada Encuentro, o por lo menos de una selección de los mejores trabajos presentados.

La Sección Brasileña de ADHILAC durante algunos años y bajo nuestra presidencia desarrolló con su directiva un intenso trabajo de composición de la nómina de sus asociados, programando actividades y procurando ser interlocutora de la Directiva Internacional, con las cuales colaboramos activamente, participando en más de uno de los encuentros internacionales. Sin embargo, por varios motivos ligados a otros compromisos universitarios que debimos asumir, y a pesar de todos los esfuerzos que hicimos para entregar su dirección a otros compañeros asociados a la ADHILAC, promoviendo por supuesto la correspondiente elección para ello, la Sección Brasileña acabó siendo desactivada, presentando todavía todas las condiciones para su revitalización mediante su afiliación a la Asociación Nacional de Profesores Universitarios de Historia (ANPUH), lo que creemos será su mejor camino. Por lo tanto, el Profesor John Monteiro, que fue reelecto en México para una de las vicepresidencia de ADHILAC Internacional, como representante de Brasil, seguro conseguirá conducir la Sección Brasileña a una nueva y promisora fase.

Las mesas redondas del VI Encuentro escogieron temas que nos permiten una evaluación crítica del desempeño de los historiadores y del propio conocimiento científico que producimos al servicio de América Latina y el Caribe. Aunque forzosamente se entablen debates académicos, podemos a partir de sus conclusiones conferir una dimensión social y cultural activa a nuestro trabajo y la ADHILAC es el espacio natural para su implementación.

En esta dirección es preciso salirnos de la retórica parlamentaria y diplomática que muchas veces marca nuestras asambleas para dar paso a una efectiva y democrática acción, que trasforme al historiador en un instrumento eficiente de concientización de nuestros estudiantes, sean ellos indios, negros o blancos.

Tenemos una historia marcada por los golpes y dictaduras, pero también por la revolución sangrienta; unos y otros, sin embargo, no han conseguido hacernos superar nuestras propias limitaciones y contradicciones. Trabemos una batalla permanente en nombre de la realidad que sensibiliza a nuestra inteligencia y nuestros sentidos. Una realidad que muchas veces no existe y que puede vivir y existir.

Para reordenar ese real empírico, construyendo metáforas de nosotros mismos, necesitamos muchas veces desmontar la realidad para conocerla mejor. Observar otras realidades y no sólo aquella, una tarea que puede ser seductora.

Si para Borges y Cortazar la realidad no es reducible al conocimiento y tampoco comprensible para la razón, fue por eso mismo que se rebelaron contra la realidad histórica y crearon otras realidades, sin inmovilizarlas.

No tengamos pudor en aprender un poco con esos artistas, sin dejar de ser científicos que es nuestra vocación.

Para nuestro objeto común de estudio –la América Latina- los artistas consiguieron asombrar al mundo, valiéndose de sus componentes mágicos y fantásticos.

La ADHILAC debe ser el espacio privilegiado que nos permita, a nosotros historiadores latinoamericanos y caribeños, partir de esa realidad, para que con nuestro conocimiento científico podamos contribuir a que sean incluidas en la historia y tratadas con dignidad y respeto las multitudes de miserables, de menores abandonados, de indios y negros que claman en las puertas de la historia y en las puertas de los historiadores.

Ese clamor que sopla como un viento fuerte sobre nuestros sueños seculares, por la ética y contra la corrupción, contra la alianza del crimen organizado con el narcotráfico y el clamor por los derechos humanos. Es el clamor que laADHILAC también debe escuchar, pues ella es una de las voces por la que habla la Historia.

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