Un primer paso desde la utopía

Cuando en 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner descubrió que la Argentina podía perder las dos posiciones geoestacionarias: 71,8 grados de longitud oeste y la de 81 grados oeste porque la empresa que prestadora no estaba dispuesta a continuar brindando el servicio, dispuso revocar el contrato, alquilar otro servicio y, al mismo tiempo iniciar el desarrollo de un proyecto nacional.

Ayer, el 16 de octubre de 2014, la Argentina logró coronar con éxito la primera compleja fase de desarrollar, construir y probar íntegramente en la bella Bariloche, en el sur argentino. Junto a China, Estados Unidos, Japón, Rusia y la Unión Europea, el país sudamericano, gracias a la fuerte decisión del estado argentino ha dado un primer paso. En los próximos días los técnicos desde la provincia de Buenos Aires continuaran manejando a distancia el satélite hasta posicionarlo en el punto elegido para cubrir bastas áreas que hasta ahora permanecen marginadas de cobertura. Esto favorecerá la llegada de la TV digital y de internet. Su hermano ARSAT 2 ya esta casi listo para iniciar las pruebas que permitan lanzarlo en 2015, y en poco tiempo se iniciara la construccion de ARSAT 3. El plan es construir satélites para la venta de posibles clientes.

Quienes experimentamos el sabor de compartir las primeras aventuras espaciales desde el sputnik al hombre en la luna, tuvimos una especial emoción de ver partir esa extraordinaria maquina medio cohete (por su forma) medio transformer (por su capacidad de desplegarse). No era El verano del cohete de las Crónicas marcianas (The Martian Chronicles) de Ray Bradbury, ni estabamos al Filo del futuro (The Edge of Tomorrow) de Howard Fast, ni llegábamos al misterioso planeta de Solaris de Stanislaw Lem y poéticamente llevado al cine por Andrei Tarkovski.

¿Qué generaba una turbación tan imposible de acallar? El hermoso regalo de descubrir el silencioso trabajo realizado por unos seiscientos científicos, técnicos y operarios, que superaron el desafío de colocar un “bichito” electrónico, con paneles solares que desplegado alcanza alrededor de 20 metros. ¿Es posible entonces? ¿Se puede soñar con ir más allá? Los que no renunciamos a construir la Patria Grande, superando obstáculos y contradicciones intrínsecas al ser humano no tenemos que renunciar a las utopías. Es difícil romper con la dependencia económica, como con la dependencia cultural pero NO IMPOSIBLE. Durante 15 años el ARSAT 1 suspendido sobre el cono sur ayudara a nuestra comunicación, que las propuestas sean mejores y superadoras y no una vuelta atrás.

 

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