Por Sergio Guerra Vilaboy

La Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia envolvió a dos de las naciones más pobres del continente, atizadas por monopolios petroleros ingleses y norteamericanos. Empeñadas en consolidar sus zonas de influencia, esas empresas imperialistas propiciaron la contienda bélica por los hidrocarburos del Chaco, considerados entonces fabulosos. Bolivia ya estaba entonces atrapada por la dependencia de Estados Unidos, tras contraer varios onerosos empréstitos con la banca norteamericana, y cedido a la Standard Oil de New Jersey sus recursos petrolíferos. Paraguay, por su parte, postrado desde 1870 ante Inglaterra y sus socios argentinos, había tenido que entregarles millones de hectáreas en el Chaco Boreal para su explotación, mientras la compañía europea Royal Dutch Shell, afincada aquí, se oponía a la expansión de la Standard Oil.

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