{"id":206,"date":"2010-02-28T21:50:34","date_gmt":"2010-03-01T00:50:34","guid":{"rendered":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=206"},"modified":"2012-07-29T19:30:17","modified_gmt":"2012-07-29T22:30:17","slug":"representacion-de-los-hacendados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=206","title":{"rendered":"Representaci\u00f3n de los hacendados. 1809."},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #339966;\">Representaci\u00f3n presentada por Mariano Moreno<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #000000;\"><a href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/02\/Mariano_Moreno.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-528\" title=\"Mariano_Moreno\" src=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/02\/Mariano_Moreno.png\" alt=\"\" width=\"302\" height=\"410\" \/><\/a>30 de septiembre de 1809<br \/>\n<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #cc3300;\"><span style=\"color: #000000;\">Buenos Aires, Virreinato del R\u00edo de la Plata <\/span><br \/>\n<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Representaci\u00f3n que el apoderado de los hacendados de las campa\u00f1as del R\u00edo de la Plata dirigi\u00f3 al Excelent\u00edsimo Se\u00f1or Virrey Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, en el expediente promovido sobre proporcionar ingresos al erario por medio de un franco comercio con la naci\u00f3n inglesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Excmo. Se\u00f1or:<br \/>\nEl apoderado de los labradores y hacendados de estas campa\u00f1as de la banda oriental y occidental del R\u00edo de la Plata, evacuando la vista que se ha servido V. E. conferirle del expediente obrado sobre el arbitrio de otorgar la introducci\u00f3n de mercader\u00edas inglesas, para que con los derechos de su importaci\u00f3n y exportaciones respectivas se adquieran fondos que sufraguen a las grav\u00edsimas urgencias del erario, dice:<!--more--> <\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Que, aunque la materia se presenta bajo el aspecto de un punto de puro gobierno, en que no toca a los particulares otra intervenci\u00f3n que la de ejecutar puntualmente las resoluciones adoptadas por la superioridad, el inmediato inter\u00e9s que tienen mis instituyentes en que no se frustre la realizaci\u00f3n de un plan capaz de sacarlos de la antigua miseria a que viven reducidos, les confiere representaci\u00f3n leg\u00edtima para instruir a V. E. sobre los medios de conciliar la prosperidad del pa\u00eds con la del erario, removiendo los obst\u00e1culos que pudieran maliciosamente oponerse a las ben\u00e9ficas ideas con que el gobierno de V. E. ha empezado a distinguirse.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las solemnes proclamaciones con que se ha dignado V. E. anunciarnos los desvelos que consagra a la felicidad de estas provincias, despertaron la amortiguada esperanza de mis representados, justamente persuadidos de que no puede ser verdadera ventaja de la tierra la que no recaiga inmediatamente en sus propietarios y cultivadores. Esta confianza, sostenida por nuevas promesas, los ten\u00eda pendientes de las variaciones que deb\u00edan dar principio a su mejora; y aunque debi\u00f3 serles horrorosa la imagen de su anterior abatimiento, desde que un conjunto de ocurrencias extraordinarias hab\u00eda hecho valer derechos despreciados tanto tiempo, continuaron sin embargo su acostumbrado sufrimiento, dejando al celo del gobierno la combinaci\u00f3n de unos bienes que causas irresistibles sacaban del olvido en que han yacido sofocados.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Ha sido \u00e9sta una moderaci\u00f3n de que s\u00f3lo en la conducta de mis instituyentes se encontrar\u00e1n ejemplos. Cualquier otro gremio menos noble, menos importante, menos \u00fatil, menos digno de las consideraciones del Gobierno, habr\u00eda alzado el grito, desde que se le proporcionaban t\u00edtulos leg\u00edtimos para redimirse de antiguos males; habr\u00eda recomendado altamente el m\u00e9rito de sus pasados sufrimientos, habr\u00eda clamado por la anticipaci\u00f3n de las ventajas que se anunciaban; y agitado por el poderoso est\u00edmulo del inter\u00e9s, habr\u00eda tocado los extremos a que provoca el deseo de libertarse de un gran mal, cuyo fin se considera como principio de mayores bienes. La costumbre de sofocar en un respetuoso silencio estos sentimientos pudo contener a mis representados en medio de las justas esperanzas que los halagan, y si hombres enemigos del bien de su pa\u00eds no los hubiesen alarmado con el aparato de una verdadera agresi\u00f3n, seguir\u00eda agit\u00e1ndose la gran causa de la Provincia sin intervenci\u00f3n de los principales autores que deben concurrir en ella.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Hall\u00e1ndose agotados los fondos y recursos de la real hacienda por los enormes gastos que ha sufrido, se encontr\u00f3 V. E. al ingreso de su gobierno sin medios efectivos para sostener nuestra seguridad. En tan triste situaci\u00f3n no se present\u00f3 otro arbitrio que el otorgamiento de un permiso a los mercaderes ingleses para que, introduciendo en esta ciudad sus negociaciones, puedan exportar los frutos del pa\u00eds, dando alguna actividad a nuestro decadente comercio con los crecidos ingresos que deben producir al erario los derechos de este doble giro; y aunque en la superior autoridad de V. E. residen sobradas facultades para la ejecuci\u00f3n de aquellas medidas, que necesidades p\u00fablicas hacen indispensables, deseoso de asegurar el acierto por conocimientos de la Provincia que a los principios de un gobierno no pueden adquirirse con bastante exactitud, se dign\u00f3 V. E. consultar sobre el asunto al Excmo. Cabildo de esta ciudad y al Tribunal del Real Consulado.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa notoria justificaci\u00f3n de V. E. no es compatible con un total olvido de los hacendados y labradores, en quienes deb\u00eda refluir principalmente el resultado de cualquiera resoluci\u00f3n: se olvidaron sus personas, porque se creyeron representadas en las dos corporaciones a que se consultaba; no se les emplaz\u00f3 a que defendieran sus derechos, porque se consideraron sostenidos por los cuerpos a quienes tocaba su defensa; y a la verdad, se\u00f1or, un jefe que recientemente ha llegado a representar al monarca en estas regiones, \u00bfc\u00f3mo pudo persuadirse que el Ayuntamiento y Consulado de este pueblo tuviesen intereses o deseos distintos de los que animan a los labradores de nuestra campa\u00f1a? La c\u00e9dula ereccional del Consulado que los llama expresamente a formar el colegio de sus jueces, la instituci\u00f3n fundamental del Cabildo sostenida en una representaci\u00f3n nunca m\u00e1s dignamente ejercida que por hombres que labran y cultivan la tierra en que nacieron, han persuadido justamente a V. E. que por la identidad de intereses y calidad de las personas no ten\u00edan necesidad los hacendados de ser o\u00eddos si\u00e9ndolo el Cabildo y Consulado que los representaban.<br \/>\nPero no, se\u00f1or, los labradores de nuestras campa\u00f1as no endulzan las fatigas de sus \u00fatiles trabajos con los honores que la benignidad del monarca les dispensa; el sudor de su rostro produce un pan que no excita la gratitud de los que alimenta; y olvidada su dignidad e importancia viven condenados a pasar en la obscuridad los momentos que descansan de sus penosas labores. Los hombres que han unido lo ilustre a lo \u00fatil, ven desmentida en nuestro pa\u00eds esta importante m\u00e1xima; y el viajero a quien se instruyese que la verdadera riqueza de esta Provincia consiste en los frutos que produce, se asombrar\u00eda cuando buscando al labrador por su opulencia, no encontrase sino hombres condenados a morir en la miseria. V. E. ha sufrido igual desenga\u00f1o, y a pesar de aquella consulta se habr\u00eda decidido la causa de los hacendados sin su intervenci\u00f3n y audiencia, si una extra\u00f1a persecuci\u00f3n no los hubiese hecho vigilantes.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nApenas se public\u00f3 el oficio de V. E. cuando se manifest\u00f3 igualmente el descontento y enojo de algunos comerciantes de esta ciudad; grupos de tenderos formaban por todas partes murmuraciones y quejas, el triste inter\u00e9s de sus clandestinas negociaciones les hac\u00eda revestir formas diferentes, que desmentidas por su anterior conducta, desvanec\u00edan el ardiente empe\u00f1o con que se sosten\u00edan. Unas veces deploraban en corrillos el golpe mortal que semejante resoluci\u00f3n inferir\u00eda a los intereses y derechos de la Metr\u00f3poli; otras, anunciaban la ruina de este pa\u00eds con la entera destrucci\u00f3n de su comercio; los unos presagiaban las miserias en que deb\u00eda envolvernos la total exportaci\u00f3n de nuestro numerario, y otros, revestidos de celo por el bien de unos gremios que miran siempre con desprecio, lamentaban la suerte de nuestros artesanos, afectando interesar en su causa la santidad de la religi\u00f3n y pureza de nuestras costumbres.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl acaloramiento con que se propagaban tan desconcertadas ideas alarm\u00f3 a aquellos hacendados, que el abatimiento de sus frutos obliga a frecuentar los zaguanes de los comerciantes poderosos; la costumbre de vivir miserables y desatendidos no hab\u00eda enervado la nobleza de sus sentimientos; ellos resolvieron sostener con energ\u00eda una causa que interesaba igualmente sus derechos que los de la Corona, y, despreciando el arbitrio rastrero de murmuraciones y hablillas, con que \u00fanicamente se sostienen las pretensiones indecentes, me confirieron sus poderes, para que present\u00e1ndome ante V. E. reclamase el bien de la patria, con demostraciones propias de la majestad del foro y dignidad de la materia.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nTales son los principios que me han constituido representante de los propietarios y labradores de estas vastas campa\u00f1as. En ejercicio de esta representaci\u00f3n, he entrado a un maduro examen del proceso de que V. E. se dign\u00f3 darme vista. En \u00e9l encuentro promovida una discusi\u00f3n, cuyos resultados influyen directamente en la prosperidad o ruina de mis instituyentes: se trata de establecer su fomento como un medio seguro de enriquecer el erario; descubre V. E. sinceros deseos de propender a miras tan ben\u00e9ficas; manifiesta urgentes necesidades capaces de allanar cuantos embarazos se pudieran oponer a su ejecuci\u00f3n. Pero estas disposiciones, que debieran haberse contestado con demostraciones p\u00fablicas de gratitud y alegr\u00eda, sufren contradicci\u00f3n, present\u00e1ndose el escandaloso contraste de individuos particulares que atacan un bien reclamado por la necesidad, la conveniencia y la justicia.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl que sepa discernir los verdaderos principios que influyen en la prosperidad respectiva de cada provincia, no podr\u00e1 desconocer que la riqueza de la nuestra depende principalmente de los frutos de sus f\u00e9rtiles campos: sobre la evidencia de esta m\u00e1xima debieran reposar las esperanzas de mis instituyentes, pues promovida por la autoridad una causa que los esfuerzos del poder sofocaron tanto tiempo, en las justificadas intenciones de V. E. se presentaba el m\u00e1s seguro garante de una disposici\u00f3n, a que los apuros del erario allanaban las dificultades que hab\u00eda sufrido en otra \u00e9poca; pero el inter\u00e9s individual nada respeta sino lo que pueda satisfacerlo, y un corto n\u00famero de comerciantes ha mirado el ben\u00e9fico plan de V. E. con un encono que nada tiene igual sino el placer con que reciben la declaraci\u00f3n de una guerra cuando sus almacenes se hallan provistos de efectos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs doloroso que el bien general de una provincia necesite abogado que lo defienda, aun cuando el primer jefe propende generosamente a su fomento; pero es al mismo tiempo muy honroso elevar ante V. E. la voz de la patria y promover su felicidad por unos medios que deben producir precisamente la reparaci\u00f3n del erario. El empe\u00f1o es arduo y superior a mis fuerzas, no tanto por la dificultad de exponer convencimientos irresistibles, cuanto por la de combinar las innumerables demostraciones que ofrece la materia; pero si no puedo coordinar tan inmensos materiales, que exigen otro tiempo y otros talentos, me contentar\u00e9 con transmitir a V. E. los votos de tantos hombres honrados, cuyas ilustradas advertencias han dado impulso y direcci\u00f3n a mis ideas.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe presenta unida la causa del real erario a la de mis constituyentes: penden las ventajas de ambos del inteligente arreglo del arbitrio propuesto; la expectaci\u00f3n p\u00fablica reposa sobre las ben\u00e9ficas intenciones que V. E. se ha dignado manifestar; y bajo estos principios pudieran los hacendados reducir su reclamaci\u00f3n a desvanecer los argumentos y aparentes dificultades que oponen los comerciantes al gran beneficio. Pero mi comisi\u00f3n exige m\u00e1s: yo debo demostrar la necesidad, la conveniencia y la justicia del plan propuesto, allanar despu\u00e9s los obst\u00e1culos y aparentes males que se derivan de \u00e9l, y \u00faltimamente analizar aquellos arreglos cuya mezquindad pudiera frustrar los efectos de esta importante empresa. Los hacendados tienen igual inter\u00e9s en todos los puntos propuestos y el orden de tratarlos se presenta en el mismo expediente, analizando, en primer lugar, el oficio de V. E.; examinando, en segundo, los males que el apoderado del Consulado de C\u00e1diz y comerciantes de esta ciudad derivan del permiso propuesto; y reformando, \u00faltimamente, por una inteligente combinaci\u00f3n las condiciones y trabas que el Consulado propone y el Excmo. Cabildo parece adoptar.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nA la imperiosa ley de la necesidad ceden todas las leyes, pues no teniendo \u00e9stas otro fin que la conservaci\u00f3n y bien de los estados, lo consiguen con su inobservancia cuando ocurrencias extraordinarias las hacen inevitable. Esta m\u00e1xima que ha convertido en ley suprema la salud de los pueblos, arma al magistrado de un poder sin l\u00edmites para revocar, corregir, suspender, innovar y promover todos aquellos recursos que en un orden com\u00fan est\u00e1n prohibidos, pero que en la combinaci\u00f3n de circunstancias imprevistas se reconocen necesarios para sostener la seguridad de la tierra y bien de sus habitantes. V. E. ha reconocido la necesidad de un libre comercio con la naci\u00f3n inglesa, para salir de apuros que no presentan otro remedio: \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s pruebas necesitamos para confesar su certeza? La situaci\u00f3n pol\u00edtica de un estado no est\u00e1 f\u00e1cilmente a los alcances del pueblo; a veces se considera en la opulencia, y el jefe que concentra sus verdaderas relaciones, lamenta en secreto su debilidad y miseria; otras veces reposa tranquilo en la vana opini\u00f3n de su fuerza, y el gobierno vela en continuas agitaciones por los inminentes peligros y males que lo amenazan. Nadie sino el que manda puede calcular exactamente las necesidades del estado, y habiendo V. E. indicado la de abrir el comercio con la Gran Breta\u00f1a, debemos sin m\u00e1s examen reconocer a favor de este proyecto los fuertes t\u00edtulos que legitiman cuanto sea conducente a nuestra conservaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSin embargo, es l\u00edcito echar la vista sobre las p\u00fablicas necesidades del Estado, ser\u00e1 preciso convenir en que no se presenta otro remedio que el arbitrio propuesto. Decir que el real erario est\u00e1 sin fondos, es decir que los v\u00ednculos de la seguridad interior est\u00e1n disueltos, que los peligros exteriores son irresistibles y que el Gobierno, d\u00e9bil por falta de recursos efectivos, no puede oponer a la ruina del pueblo sino esfuerzos impotentes. \u00a1Ojal\u00e1 no fuese \u00e9sta una verdad tan patente, y ojal\u00e1 no fuese tan exacta su aplicaci\u00f3n a nuestro actual estado! Todos saben que aniquilada enteramente la real hacienda, no presenta en el d\u00eda sino un esqueleto que, en el sistema com\u00fan, no puede revivir; que reducidos sus ingresos a las escasas remesas del Per\u00fa, ha desaparecido esta d\u00e9bil esperanza por las graves ocurrencias de aquellas provincias; y que, cifrada la conservaci\u00f3n de esta ciudad a sus propios recursos, no puede contar el Gobierno con m\u00e1s auxilios que los que ella sola pueda proporcionar.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00bfY cu\u00e1les son los que promete el sistema ordinario de rentas reales? De un pueblo que no tiene minas, nada m\u00e1s saca el erario que los derechos y contribuciones impuestas sobre las mercader\u00edas; los apreciables frutos de que abunda esta Provincia, y el consumo proporcionado a su poblaci\u00f3n, son los verdaderos manantiales de riquezas que deber\u00edan prestar al Gobierno abundantes recursos, pero, por desgracia, la importaci\u00f3n de negociaciones de Espa\u00f1a es hoy d\u00eda tan rara como en el rigor de la guerra con la Gran Breta\u00f1a, y los frutos permanecen tan estancados como entonces por falta de buques que verifiquen su extracci\u00f3n. La inercia de estos dos grandes muelles es el origen de la pobreza del erario: p\u00f3nganse en movimiento e inmediatamente la continuada circulaci\u00f3n de un giro r\u00e1pido llenar\u00e1 la Aduana de los tesoros que en otros tiempos produc\u00eda.<br \/>\nEn la imposibilidad a que nuestra Metr\u00f3poli se halla reducida de mover por s\u00ed misma estos dos \u00fanicos resortes, obra en toda su fuerza la necesidad de nuestra conservaci\u00f3n, para subrogar otros agentes que, aunque extra\u00f1os del orden regular, son los \u00fanicos que en el d\u00eda pueden remediar el apuro. \u00bfY cu\u00e1ndo hubieron motivos m\u00e1s poderosos para suplir con un golpe de autoridad lo que no pudieron prever unas leyes que las actuales circunstancias hacen impracticables? Los funcionarios p\u00fablicos exigen los sueldos de sus respectivos empleos, y su falta har\u00eda perecer unos hombres a quienes est\u00e1 vinculada la conservaci\u00f3n del orden y seguridad interior del Estado. Las tropas no pueden ser sostenidas sin ingentes sumas que deben invertirse en su subsistencia, y \u00e9ste es un gasto tan urgente como indispensable su continuaci\u00f3n.<br \/>\nLa vecindad de una potencia soberana que ha descubierto ardientes deseos de ensanchar los estrechos l\u00edmites en que est\u00e1 comprimida; el justo temor de un enemigo poderoso, cuyas vastas combinaciones podr\u00edan aprovecharse de los apuros de nuestra Metr\u00f3poli o burlar su vigilancia; la tranquilidad interior del pa\u00eds resentida notablemente por una consecuencia precisa de la situaci\u00f3n pol\u00edtica de Espa\u00f1a; todo esto presenta un triste cuadro, en que no descubre el Gobierno sino peligros inminentes que atacan directamente la seguridad de los pueblos que se le han confiado. En circunstancias tan funestas, no queda otro arbitrio que armarse V. E. de un poder respetable, capaz de resistir los primeros asomos de una funesta terminaci\u00f3n, y no pudiendo sostenerse la fuerza armada en que deben reposar nuestras esperanzas, sin ingentes caudales que el erario no tiene, la ejecuci\u00f3n de aquellos recursos que puedan producirlos queda al arbitrio de una necesidad extrema que comprometer\u00eda la seguridad de la tierra, si no fuese socorrida oportunamente.<br \/>\nJam\u00e1s se present\u00f3 en Am\u00e9rica situaci\u00f3n m\u00e1s apurada, ni hubo jefe a quien una necesidad tan notoria autorizase para obrar sin sujeci\u00f3n a los caminos de la antigua rutina; y, si en apuros inferiores a los presentes, se han hecho callar las leyes, cuyo cumplimiento embarazaba los remedios de que \u00fanicamente pod\u00eda esperarse la salud del pueblo, \u00bfc\u00f3mo se creer\u00e1 V. E. responsable de una resoluci\u00f3n sobre cuyos efectos puede \u00fanicamente contarse para asegurar la conservaci\u00f3n de esta parte de la Monarqu\u00eda? Los males que nos amenazan son demasiado graves para que no se trate de precaverlos; el peligro es muy inminente para que se repare en los medios de removerlo, y cuando V. E. informe al Monarca que las provincias de su mando est\u00e1n ricas, tranquilas y con recursos abundantes para resistir a sus enemigos, no se descubrir\u00e1n sino aciertos en las providencias que han producido un bien que atacaban tan poderosos estorbos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDebieran cubrirse de ignominia los que creen que abrir el comercio a los ingleses en estas circunstancias es un mal para la Naci\u00f3n y para la Provincia: pero, cuando concedi\u00e9ramos esta calidad al indicado arbitrio, debe reconoc\u00e9rsele como un mal necesario, que siendo imposible evitar, se dirige por lo menos al bien general, procurando sacar provecho de \u00e9l, haci\u00e9ndolo servir a la seguridad del Estado. Desde que apareci\u00f3 en nuestras playas la expedici\u00f3n inglesa de 1806, el R\u00edo de la Plata no se ha perdido de vista en las especulaciones de los comerciantes de aquella naci\u00f3n; una continuada serie de expediciones se han sucedido; ellas han provisto casi enteramente el consumo del pa\u00eds; y su ingente importaci\u00f3n, practicada contra las leyes y reiteradas prohibiciones, no ha tenido otras trabas que las precisas para privar al erario del ingreso de sus respectivos derechos, y al pa\u00eds del fomento que habr\u00eda recibido con las exportaciones de un libre retorno.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl resultado de esta constituci\u00f3n ha sido hallarse los ingleses en la privativa posesi\u00f3n de proveer al pa\u00eds de todas las mercader\u00edas que necesita, perdiendo el erario los ingentes fondos que debieran producirle tantas introducciones con su extracci\u00f3n respectiva, por el profundo respeto a unas leyes que nunca son m\u00e1s holladas y despreciadas que cuando se reclama su disposici\u00f3n a vista de la escandalosa libertad con que se violan impunemente. Porque, Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 cosa m\u00e1s rid\u00edcula puede presentarse que la vista de un comerciante que defiende a grandes voces la observancia de las leyes prohibitivas del comercio extranjero a la puerta de su tienda, en que no se encuentra sino g\u00e9neros ingleses de clandestina introducci\u00f3n?<br \/>\nEl decoro mismo de la autoridad p\u00fablica exige que no se tolere este rid\u00edculo juego con que se pretende sostener ciertas leyes, sin otro est\u00edmulo que el lucro que promete su impune violaci\u00f3n. Cuanto se diga de la apertura del comercio, podr\u00eda concederse sin riesgo de comprometer la causa que patrocino; sea un gran mal esta tolerancia, pero es un mal necesario, cuya prohibici\u00f3n nunca podr\u00eda precaver sus perniciosos efectos. V. E. ha indicado en su oficio, las dificultades que se presentan a la autoridad para llevar a debido efecto una proscripci\u00f3n cual corresponde a las negociaciones inglesas que est\u00e1n a la vista, pero si las indicadas consideraciones son un poderoso argumento derivado de las circunstancias de nuestra situaci\u00f3n, la naturaleza de estos negocios debe decidir a la superioridad, por los seguros conocimientos de las personas que se versan en ellos. Habiendo negociaciones inglesas en nuestras balizas y habiendo comerciantes en esta ciudad, entrar\u00e1n aqu\u00e9llas, a pesar de las m\u00e1s severas prohibiciones, y la vigilancia del Gobierno no servir\u00e1 sino de encarecer el efecto por los dobles embarazos que deben allanarse a su introducci\u00f3n.<br \/>\nEl apoderado del Consulado de C\u00e1diz implora la santidad de las leyes y los recursos de la autoridad, para contener estas clandestinas introducciones, pero este lenguaje, en boca de un comerciante, excita la risa de los que lo conocen; est\u00e1 muy reciente la lecci\u00f3n que hemos recibido sobre esta materia y los habitantes de Buenos Aires no ser\u00e1n deslumbrados por semejantes declamaciones. Cuando la gloriosa victoria del 5 de julio restituy\u00f3 al dominio espa\u00f1ol la plaza de Montevideo, las personas juiciosas tornaron sus miras a las ingentes negociaciones que ten\u00edan all\u00ed los enemigos; conociendo que no retornar\u00edan al pa\u00eds de su origen, propusieron ben\u00e9ficos proyectos que habr\u00edan enriquecido al erario, dado salida a los frutos estancados, y vestido, por bajos precios, una multitud de familias que lloraban la p\u00e9rdida de sus padres, esposos o hijos, al mismo tiempo que el general saqueo las hab\u00eda dejado desnudas. Estas ben\u00e9ficas propuestas se reputaron sacr\u00edlegas; por todas partes pululaban en\u00e9rgicas reclamaciones a favor de la ley prohibitiva; se usurp\u00f3 el lenguaje del celo m\u00e1s puro y se estableci\u00f3 como principio: que era el m\u00e1s grave atentado contra los intereses y derechos de la Metr\u00f3poli, abrir la puerta a la introducci\u00f3n de aquellos efectos. Las personas sensatas, conocieron muy bien el verdadero esp\u00edritu que dirig\u00eda estas exclamaciones; no se ocult\u00f3 tampoco al mismo gobierno; sin embargo, fue preciso ceder a la tenacidad de aquel empe\u00f1o y prohibir, con el \u00faltimo rigor, toda importaci\u00f3n de negociaciones existentes en la plaza reconquistada: pero \u00bfcu\u00e1l fue el efecto de esta prohibici\u00f3n? Los que m\u00e1s la fomentaron, abarcan al mismo tiempo ingentes negocios, m\u00e1s de cuatro millones fueron introducidos, y entre confiscaciones y derechos apenas recogi\u00f3 la aduana noventa y seis mil pesos, debiendo haber entrado en ella mill\u00f3n y medio; y por este medio se verific\u00f3 todo el mal que se afectaba aborrecer, con notable perjuicio de la real hacienda, e irreparable quebranto de nuestros labradores. Esta es una lecci\u00f3n pr\u00e1ctica y reciente que debe servir de regla a nuestro caso. No crea V. E. que fuese diferente su resultado; esos mismos que tanto declaman por el cumplimiento de las prohibiciones legales, introducir\u00e1n clandestinamente gruesas negociaciones, el objeto de la ley quedar\u00e1 burlado, el erario sin fondos, y los frutos sin la estimaci\u00f3n en el propuesto arreglo deben adquirir.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEsta consideraci\u00f3n convence de que el mal es irremediable, y \u00bfqui\u00e9n reprobar\u00e1 una combinaci\u00f3n que le haga producir grandes ventajas? La pol\u00edtica es la medicina de los estados y nunca manifiesta el magistrado m\u00e1s destreza en el manejo de sus funciones, que cuando corta la maligna influencia de un mal que no puede evitar, corrigiendo su influjo por una direcci\u00f3n inteligente que produce la energ\u00eda y fomento del cuerpo pol\u00edtico. Por desgracia se ve profanada esta materia entre personas cuyos alcances son muy inferiores a su conocimiento; muchos no pueden graduar estos principios sino por su resultado, pero ni este argumento falta a la justicia de mi causa, puedo lisonjear a V. E. con la segura esperanza de que la ejecuci\u00f3n de un plan tan ben\u00e9fico, le proporcionar\u00e1 pronta ocasi\u00f3n de increpar a sus opositores dici\u00e9ndoles: vuestra conducta me ense\u00f1\u00f3 el aprecio que deb\u00eda hacer de vuestras declamaciones; yo conoc\u00ed que mi vigilancia no contendr\u00eda la introducci\u00f3n de unos g\u00e9neros que \u00fanicamente pueden satisfacer las necesidades de la Provincia; he permitido lo que no pod\u00eda evitar, y el fruto de esta tolerancia ha sido asegurar vuestra tranquilidad, enriquecer el erario, fomentar la agricultura y hallarme en estado de remitir a la Metr\u00f3poli poderosos socorros.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nS\u00ed, Se\u00f1or, esta es una de las principales atenciones de V. E. y en que m\u00e1s se interesan mis representados: es necesario acopiar fondos que presenten a nuestra afligida Metr\u00f3poli oportunos consuelos: \u00e9sta es hoy d\u00eda la primera causa, la primera ley a que debe atenderse y no se podr\u00e1 conseguir tan importante objeto, si una nueva vida del comercio no aumenta los ingresos de la real hacienda por los derechos que una p\u00fablica circulaci\u00f3n puede \u00fanicamente producir. El feliz resultado de las expediciones inglesas que se han permitido en Montevideo, debe servir de extremo para graduar las grandes ventajas que reportar\u00e1 el erario, si se adopta en esta ciudad el mismo arbitrio, pudi\u00e9ndose esperar prudentemente, que no s\u00f3lo se cubrir\u00e1 el d\u00e9ficit de nuestras rentas, sino que se pondr\u00e1 el erario en estado de suplir la falta de remesas que habr\u00e1 extra\u00f1ado tanto la Metr\u00f3poli a vista de las que Montevideo se proporcion\u00f3 por este \u00fanico medio.<br \/>\nSi pudieran conseguirse estos importantes objetos por otros medios, deber\u00edan preferirse. Pero, \u00bfcu\u00e1les son los que pueden restablecer la real hacienda de su actual aniquilaci\u00f3n? Hace m\u00e1s de dos a\u00f1os que el primer asunto de este Gobierno ha sido combinar arbitrios que reparen la quiebra del erario, pero todas las especulaciones no han producido sino funestos desenga\u00f1os; el apoderado del Consulado de C\u00e1diz re\u00fane todos los proyectos tantas veces despreciados, a\u00f1adiendo algunos que provocan a risa por su ridiculez; y aunque el orden que he adoptado reserva el examen de estos arbitrios a la tercera parte de esta representaci\u00f3n, tocar\u00e9 ahora el que principalmente se propone para facilitar a V. E. los fondos de que tanto necesita el real erario.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe dice generalmente que un empr\u00e9stito bajo las seguridades que est\u00e1n a disposici\u00f3n del Gobierno, ser\u00eda capaz de remediar los presentes apuros; pero V. E. puede estar seguro de que jam\u00e1s encontrar\u00e1 esos socorros que se figuran tan asequibles y que a su consecuci\u00f3n se seguir\u00edan consecuencias tan perniciosas, que quedar\u00eda arrepentido de haberlos encontrado. Todas las naciones, en los apuros de sus rentas, han probado el arbitrio de los empr\u00e9stitos, y todas han conocido a su propia costa, que es un recurso miserable con que se consuman los males que se intentaban remediar. Esto es consiguiente a su propia naturaleza, pues debiendo satisfacerse con las primeras entradas, o se sufrir\u00e1 entonces un doble d\u00e9ficit, o faltar\u00e1n prestamistas por el descr\u00e9dito de los fondos sujetos a la satisfacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nAun siendo tan viciosa su calidad, podr\u00edan adoptarse por la gravedad de las urgencias que afligen al erario; pero, \u00bfacaso ha cre\u00eddo V. E. que encontrar\u00e1 empr\u00e9stitos suficientes si llegase a pedirlos? Esos hombres, que prefieren todo g\u00e9nero de sacrificios al ben\u00e9fico comercio que se medita, se manifestar\u00e1n insensibles a las consideraciones que ahora tanto realzan, cuando se les pida la prueba de su celo en una subscripci\u00f3n; el ego\u00edsmo que ahora los hace prorrumpir en tantos clamores, producir\u00e1 entonces un profundo silencio, y V. E. se desenga\u00f1ar\u00e1, aunque tarde, que sus verdaderas ideas son que siga el contrabando, que el erario contin\u00fae aniquilado, que los hacendados perezcan en la miseria, y que el gobierno obre milagros para que ellos disfruten tranquilamente las ganancias de un giro clandestino.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00a1Pluguiese al cielo que fuesen vanos estos temores o que aqu\u00ed parasen los males consiguientes al miserable recurso de los empr\u00e9stitos! Pero ellos van muy adelante: gu\u00e1rdese V. E. de creer que con este medio puede salir de los apuros que lo afligen y gu\u00e1rdese mucho m\u00e1s de apurar los esfuerzos de su celo hasta conseguir empr\u00e9stitos que socorran las urgencias del d\u00eda. Engre\u00eddos los prestamistas por haber salvado al Gobierno de tan peligrosa situaci\u00f3n, se contendr\u00e1n dif\u00edcilmente en los l\u00edmites de una situaci\u00f3n respetuosa; la obligaci\u00f3n en que contempla al jefe, los alentar\u00e1 a injustas pretensiones y la m\u00e1s leve repulsa producir\u00e1 quejosos y descontentos que acusen de ingratitud y pretendan castigar con el cobro de sus cr\u00e9ditos y negaci\u00f3n de nuevos auxilios, la poca consideraci\u00f3n con unos hombres que salvan el Estado con sus caudales.<br \/>\nLa elevada autoridad de V. E. no ha de mendigar de sus s\u00fabditos los medios de sostenerse: \u00e9stos deben depender de ella sin que ella dependa de nadie, y si la conservaci\u00f3n del estado ha de vincularse a los voluntarios pr\u00e9stamos de comerciantes poderosos, lloraremos las resultas de un gobierno d\u00e9bil, pues no puede haber energ\u00eda con acreedores de que se necesita. Ya el antecesor de V. E. sufri\u00f3 el siguiente reproche: \u00abpues siendo el Cabildo quien sufraga los fondos al erario, es justo que tome conocimiento de la inversi\u00f3n a que se destinan\u00bb. No permita el cielo se exponga V. E. a semejante reconvenci\u00f3n; pero siendo indispensable dar parte en la autoridad a los que la toman en los medios de sostenerla, deber\u00edamos temer las m\u00e1s tristes resultas, si no se arbitrase otro medio de sostener el Estado que los empr\u00e9stitos de una voluntaria erogaci\u00f3n. Los apuros se remediar\u00e1n con dignidad cuando la libertad del comercio abra las fuentes inagotables del r\u00e1pido c\u00edrculo que tendr\u00e1n entonces las importaciones y respectivos retornos; libre V. E. de las urgencias que ahora lo afligen y ligan, desplegar\u00e1 en toda su extensi\u00f3n las ben\u00e9ficas ideas que har\u00e1n memorable su gobierno; la Metr\u00f3poli recibir\u00e1 cuantiosos socorros y el pa\u00eds ser\u00e1 feliz, contando con recursos efectivos que aseguren interior y exteriormente su tranquilidad. \u00bfQu\u00e9 puede detener a V. E. para una resoluci\u00f3n tan magn\u00e1nima? La necesidad es notoria, es urgente y no da tregua; este arbitrio es el \u00fanico que puede remediarla; dos a\u00f1os de continuas especulaciones deben convencer a V. E. la insuficiencia de los otros medios; es preciso, pues, que las consideraciones m\u00e1s respetables se sacrifiquen a la salvaci\u00f3n de la patria. Gu\u00e1rdese la tierra para el emperador mi se\u00f1or y gobi\u00e9rnela el diablo. Esta fue la \u00faltima instrucci\u00f3n con que el Supremo Consejo regl\u00f3 los poderes del licenciado Gasca, cuando pas\u00f3 a la Am\u00e9rica a calmar las violentas convulsiones que anunciaban su ruina. La Espa\u00f1a, entonces opulenta, rica, gobernada por un rey poderoso, que era el terror de sus enemigos, confiaba a aquella prudente m\u00e1xima la conservaci\u00f3n de unas posesiones que circunstancias desgraciadas hac\u00edan peligrar; el que conozca las urgencias y riesgos consiguientes a la aniquilaci\u00f3n del erario, sabr\u00e1 graduar la gran necesidad que obliga a sacrificarlo todo para que se guarde la tierra, y aplicando aquella notable m\u00e1xima a las circunstancias del d\u00eda, respetar\u00e1 como leg\u00edtimos cuantos medios puedan contribuir a nuestra conservaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDemostrada la necesidad de proporcionar ingresos al erario, estrechado V. E. por los m\u00e1s urgentes apuros a hacer uso de las altas facultades de su autoridad, podr\u00eda haber impuesto gravosas exacciones, oblig\u00e1ndonos a cubrir los gastos que se impenden en nuestra conservaci\u00f3n y beneficio. Esta conducta que es el com\u00fan asilo de pr\u00edncipes inertes o malignos, formar\u00eda quiz\u00e1 un acopio de fondos capaz de subvenir a las urgencias del d\u00eda; pero no pudiendo ejecutarse las nuevas imposiciones sino a costa de sacrificios insoportables, sufrir\u00edan los contribuyentes males mayores que los que se intentaban evitar, y la bondad de V. E. padecer\u00eda el sensible contraste de imponer grandes contribuciones a un pueblo a quien por otra parte se privaba de medios proporcionales a su erogaci\u00f3n. Gracias a Dios que no vivimos en aquellos obscuros siglos, en que separados los intereses del vasallo de los del soberano, se reputaba verdadera opulencia el acopio de tesoros que dejaban a los pueblos en la miseria. Entonces se vio al emperador Honomiaco terciar la Calabria y la Sicilia para exigir el tributo Cefalesi\u00f3n; a Nic\u00e9foro hacer escrutinio de las haciendas de sus s\u00fabditos para imponer las dos Sicilias; a Dar\u00edo exigir tributo de las aguas, y a Miguel Paflago cobrarlo hasta del aire que respiraban sus vasallos. Si lo fu\u00e9ramos de Vespasiano, sufrir\u00edamos el tributo crisalgirio; si de Domiciano, satisfar\u00edan las mercader\u00edas el oro lustral; ; si de Alejandro Severo, pagar\u00edamos tributo por cada cabeza de ganado mayor y menor; y si de Augusto, ver\u00edamos cobrar derecho hasta de los soldados muertos. Vivimos por fortuna bajo un pr\u00edncipe benigno, nacido en tiempos ilustrados y formado por leyes suaves, que no permiten calcular el aumento de fondos p\u00fablicos sino sobre el de las fortunas y bienes de los particulares.<br \/>\nDirigido V. E. por tan luminosos principios, apenas se posesion\u00f3 del mando superior de estas provincias, cuando suprimi\u00f3 los nuevos impuestos que con nombre de contribuci\u00f3n patri\u00f3tica se hab\u00edan establecido. Fue una pobreza de ideas autorizar aquellos grav\u00e1menes sobre los comestibles y dem\u00e1s subsistencias del pueblo, cuando el estado actual del comercio y circunstancia de la Naci\u00f3n presentaban ventajosas proporciones de enriquecer el erario, formando al mismo tiempo la opulencia de la Provincia. V. E. no pudo ser insensible a la raz\u00f3n de conveniencia p\u00fablica, que se presentaba \u00edntimamente unida a la causa del Rey; trat\u00f3 de fundar el aumento de los derechos reales sobre el aumento de los bienes que deben contribuirlos, y en el empe\u00f1o de conciliar las ventajas del pa\u00eds con las de la real hacienda, \u00bfqu\u00e9 arbitrio m\u00e1s conveniente se pudo imaginar que abrir las puertas a los efectos de que carecemos, fomentando la exportaci\u00f3n de los frutos que nos sobran y se hallan estancados? Hay verdades tan evidentes, que se injuria a la raz\u00f3n con pretender demostrarlas. Tal es la proposici\u00f3n de que conviene al pa\u00eds la importaci\u00f3n franca de efectos que no produce ni tiene, y la exportaci\u00f3n de los frutos que abundan hasta perderse por falta de salida. En vano el inter\u00e9s individual opuesto muchas veces al bien com\u00fan, clamar\u00e1 contra un sistema de que teme perjuicios; en vano disfrazar\u00e1 los motivos de su oposici\u00f3n, prest\u00e1ndose nombres contrarios a las intenciones que lo animan: la fuerza del convencimiento brillar\u00e1 contra todos los sofismas, y consultados los hombres que han reglado por la superioridad de sus luces el fruto de largas experiencias, responder\u00e1n contestes que nada es m\u00e1s conveniente a la felicidad de un pa\u00eds, que facilitar la introducci\u00f3n de los efectos que no tiene y la exportaci\u00f3n de los artefactos y frutos que produce.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nElevadas hoy d\u00eda a un mismo grado las necesidades naturales y ficticias de los hombres, es un deber del gobierno proporcionarles por medios f\u00e1ciles y ventajosos su satisfacci\u00f3n: ellos la buscar\u00e1n a costa de otros sacrificios, y siendo igual al inter\u00e9s de su compra el de una venta que la escasez hace subir a precios exorbitantes, el pueblo que carece de aquellos precisos renglones sufrir\u00e1 sacrificios intolerables por la peque\u00f1a parte que pueda conseguir. Solamente la libertad de las introducciones podr\u00e1 redimirlo de esta continuada privaci\u00f3n, pues asegurada entonces la abundancia, tiene proporci\u00f3n de elegir con arreglo a sus necesidades y recursos, sin exponerse a los sacrificios que impone el monopolio en tiempo de escaseces. Los que creen la abundancia de efectos extranjeros como un mal para el pa\u00eds, ignoran seguramente los primeros principios de la econom\u00eda de los estados. Nada es m\u00e1s ventajoso para una provincia que la suma abundancia de los efectos que ella no produce, pues envilecidos entonces bajan de precio, resultando una baratura \u00fatil al consumidor y que solamente puede perjudicar a los introductores. Que una excesiva introducci\u00f3n de pa\u00f1os ingleses hiciese abundar este rengl\u00f3n, a t\u00e9rminos de no poderse consumir en mucho tiempo, \u00bfqu\u00e9 resultar\u00eda de aqu\u00ed? El comercio buscar\u00eda el equilibrio de la circulaci\u00f3n por otros ramos, envilecido el g\u00e9nero no podr\u00eda venderse sino a precios muy bajos, detenido el introductor lo sacrificar\u00eda para reparar con nuevas especulaciones el error de la primera, y el consumidor comprar\u00eda entonces por tres pesos lo que ahora compra por ocho. Fijando los t\u00e9rminos de la cuesti\u00f3n por el resultado que necesariamente debe tener, \u00bfpodr\u00eda nadie dudar que sea conveniente al pa\u00eds, que sus habitantes compren por tres pesos un pa\u00f1o que antes val\u00eda ocho, o que se hagan dos pares de calzones con el dinero que antes costaba un solo par?<br \/>\nA la conveniencia de introducir efectos extranjeros acompa\u00f1a en igual grado la que recibir\u00e1 el pa\u00eds por la exportaci\u00f3n de sus frutos. Por fortuna, los que produce esta provincia son todos estimables, de segura extracci\u00f3n, y los m\u00e1s de ellos en el d\u00eda de absoluta necesidad. \u00a1Con qu\u00e9 rapidez no se fomentar\u00eda nuestra agricultura, si abiertas las puertas a todos los frutos exportables, contase el labrador con la seguridad de una venta lucrativa! Los que ahora emprenden t\u00edmidamente una labranza por la incertidumbre de las ventas, trabajar\u00e1n entonces con el tes\u00f3n que inspira la certeza de la ganancia, y conservada siempre la estimaci\u00f3n del fruto por el vac\u00edo que deja su exportaci\u00f3n, se afirmar\u00edan sobre c\u00e1lculos fundados labranzas costosas, que a un mismo tiempo produjesen la riqueza de los cultivadores y cuantiosos ingresos al real erario. Estas campa\u00f1as producen anualmente un mill\u00f3n de cueros, sin las dem\u00e1s pieles, granos y sebo, que son tan apreciables al comerciante extranjero: llenas todas nuestras barracas, sin oportunidad para una activa exportaci\u00f3n, ha resultado un residuo ingente, que ocupando los capitales de nuestros comerciantes les imposibilita o retrae de nuevas compras, y no pudiendo \u00e9stas fijarse en un buen precio para el hacendado que vende, si no es a medida que la continuada exportaci\u00f3n hace escasear el fruto, o aumenta el n\u00famero de los concurrentes que lo compran, decae precisamente al lastimoso estado en que hoy se halla, desfalleciendo el agricultor hasta abandonar un trabajo que no le indemniza los afanes y gastos que le cuesta. A la libertad de exportar suceder\u00e1 un giro r\u00e1pido, que, poniendo en movimiento los frutos estancados, har\u00e1 entrar en valor los nuevos productos y aument\u00e1ndose las labores por las ventajosas ganancias que la concurrencia de extractores debe proporcionar, florecer\u00e1 la agricultura y resaltar\u00e1 la circulaci\u00f3n consiguiente a la riqueza del gremio que sostiene el giro principal y privativo de la Provincia. \u00bfQui\u00e9n no ha visto el nuevo vigor que toma la labranza cuando despu\u00e9s de larga guerra sucede una paz que facilita la exportaci\u00f3n, impedida antes por el temor del enemigo? Solamente el nuevo plan nos har\u00e1 gustar estos felices momentos que la paz con la Gran Breta\u00f1a no nos proporcion\u00f3 por las tristes ocurrencias que desde entonces han afligido y arruinado el comercio de nuestra Metr\u00f3poli.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa multitud de ideas que ofrece la materia no permite producirlas con la rapidez que se agolpan; todo se ha de tocar en su lugar respectivo; pero ahora solamente trato de fijar la opini\u00f3n de que la libertad en las exportaciones de los frutos del pa\u00eds es conveniente a la Provincia. Las ciencias tienen todas ciertos principios que siendo fruto de una dilatada serie de experiencias y conocimientos, se reconocen superiores a toda discusi\u00f3n y sirven de regla para derivar otras verdades por una aplicaci\u00f3n oportuna; tal es en la econom\u00eda pol\u00edtica la gran m\u00e1xima de que un pa\u00eds productivo no ser\u00e1 rico mientras no se fomente por todos los caminos posibles la extracci\u00f3n de sus producciones y que esta riqueza nunca ser\u00e1 s\u00f3lida mientras no se forme de los sobrantes que resulten por la baratura nacida de la abundante importaci\u00f3n de las mercader\u00edas que no tiene y le son necesarias.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nCons\u00faltense los economistas que escribieron con conocimiento del origen y progreso de los estados pol\u00edticos, y todos los c\u00e1lculos se reconocer\u00e1n derivados de aquel principio, rec\u00f3rrase la historia de aquellos pueblos comerciantes que llegaron a equilibrar con su opulencia la fuerza real de las naciones guerreras, y las vastas especulaciones de que nace su riqueza no se encontrar\u00e1n apoyadas sobre otra base que el f\u00e1cil expendio de sus producciones y el sobrante que \u00e9stas dejan sobre el valor de los efectos extranjeros que les son necesarios; convirt\u00e1monos a nosotros mismos, y aunque nuestro comercio no se ha reglado hasta ahora por las inteligentes combinaciones que forman la profesi\u00f3n y ciencia de los comerciantes ilustrados, tal es la fuerza de las primeras verdades que pugnando por s\u00ed mismas contra los ataques de la ignorancia, las encontraremos triunfantes y produciendo por la virtud misma de las cosas una demostraci\u00f3n que en otras partes fue fruto de las profundas meditaciones de sabios economistas.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nCortada casi del todo nuestra correspondencia con la Metr\u00f3poli en la \u00faltima guerra, no hemos podido recibir las remesas necesarias para el consumo de la Provincia; estancados todos los frutos y producciones del pa\u00eds, por imposibilidad de su exportaci\u00f3n, ha debido llegar el caso de que excediendo su n\u00famero todos los fondos que pudieran invertirse en sus acopios, ni se encontrasen los renglones de absoluta necesidad que deben entrar de fuera, ni se presentase comprador para los frutos que en el sistema actual produce el pa\u00eds anualmente. Este debi\u00f3 ser el indispensable resultado de una guerra funesta contra una naci\u00f3n poderosa, que, due\u00f1a de los mares, pudo interceptar toda comunicaci\u00f3n con la Metr\u00f3poli, que \u00fanicamente puede introducir y extraer en estas provincias; sin embargo, los frutos, aunque abatidos, han sostenido la existencia de los cultivadores, algunos de ellos han subido a un precio desconocido en anteriores tiempos, y los g\u00e9neros de una importaci\u00f3n proscripta, a pesar de mil embarazos y trabas, han llegado a una baratura de que no tenemos ejemplo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 principios han abundado g\u00e9neros de una importaci\u00f3n interceptada y se han vendido con aprecio frutos que no pueden valer sino mediante una extracci\u00f3n que ha estado prohibida? El inter\u00e9s, que puede m\u00e1s que el celo y que burla f\u00e1cilmente la vigilancia del Gobierno, abri\u00f3 puertas ocultas por donde han entrado todos los socorros; el contrabando subrog\u00f3 el lugar del antiguo comercio y la circulaci\u00f3n del pa\u00eds ha rodado sobre las especulaciones de un giro clandestino. \u00abEn este caso, dice Filangieri, la exclusiva ser\u00e1 in\u00fatil para los negociantes de la Metr\u00f3poli; pero no dejar\u00e1 de arruinar las colonias, pues el comercio clandestino solamente es \u00fatil a pocos contrabandistas codiciosos y atrevidos, que con el socorro del monopolio despojan al mismo tiempo la patria y las colonias\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nAs\u00ed se explica un fil\u00f3sofo que, meditando en la calma de las pasiones los principios y costumbres de los estados, se ha enga\u00f1ado raras veces cuando predijo sus destinos; ded\u00fazcase ahora la miseria de nuestra situaci\u00f3n al verla pendiente de los medios m\u00e1s propios para arruinarla; o m\u00e1s bien med\u00edtense los bienes que deberemos esperar, si por inteligentes combinaciones se corrigen unos defectos tan ruinosos.<br \/>\nTenemos otro ejemplo no menos reciente y que confirma m\u00e1s esta demostraci\u00f3n. Ocupada la plaza de Montevideo por las armas inglesas, se abri\u00f3 franca puerta a las introducciones de aquella naci\u00f3n y exportaciones del pa\u00eds conquistado: la campa\u00f1a gem\u00eda en las agitaciones y sobresaltos consiguientes a toda conquista; sin embargo, la ben\u00e9fica influencia del comercio se hizo sentir entre los horrores de la guerra, y los estruendos del ca\u00f1\u00f3n enemigo fueron precursores, no tanto de un yugo que la energ\u00eda de nuestras gentes logr\u00f3 romper f\u00e1cilmente, cuanto de la general abundancia, que, derramada por aquellos campos, hizo gustar a nuestros labradores comodidades de que no ten\u00edan idea. El inmenso c\u00famulo de frutos acopiados en aquella ciudad y su campa\u00f1a fue extra\u00eddo enteramente; las ventas se practicaron en precios ventajosos, los g\u00e9neros se compraron por \u00ednfimos valores, y el campestre se visti\u00f3 de telas que nunca hab\u00eda conocido, despu\u00e9s de haber vendido con estimaci\u00f3n cueros que siempre vio tirar, como in\u00fatiles, a sus abuelos.<br \/>\nV. E. ha transitado felizmente una gran parte de aquella campa\u00f1a, ha palpado las comodidades que disfrutan sus cultivadores; era necesario que hubiese igualmente honrado nuestros campos, para que la comparaci\u00f3n de sus habitantes excitase la compasi\u00f3n debida a sus miserias. Aquellos bienes son residuos de la \u00e9poca favorable en que pudieron aprovechar la benigna influencia de un libre comercio: \u00bfc\u00f3mo se podr\u00e1 borrar en mis representados la idea de conveniencia p\u00fablica cuando reclaman iguales ventajas? Conf\u00fandanse ante la respetable presencia de V. E. los agentes de la contradicci\u00f3n, que estoy desvaneciendo, cuando por estas demostraciones queden convencidos de que no tienen otro objeto sus tenaces empe\u00f1os que ligar las manos de un jefe benigno, para que no derramen entre los habitantes del pa\u00eds unos bienes que alg\u00fan d\u00eda les hicieron probar sus propios enemigos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEsta raz\u00f3n de conveniencia p\u00fablica adquiere nueva fuerza por estar \u00edntimamente unida al restablecimiento del erario. V. E. ha palpado una nueva demostraci\u00f3n de esta verdad, que influye no poco para ejecutar el arbitrio propuesto con total desprecio de los vanos clamores de los descontentos. Rota la unidad entre esta capital y Montevideo, por el establecimiento de su junta, se contaba arruinada aquella plaza por la suspensi\u00f3n de las remesas necesarias para sostenerla; la ruina habr\u00eda sido inevitable, y quiz\u00e1 se cont\u00f3 \u00e9sta entre los principales medios para reducirla; sin embargo la necesidad hizo adoptar el arbitrio de admitir la introducci\u00f3n y exportaci\u00f3n que el sistema ordinario proscribe, siendo su resultado el ingreso de m\u00e1s de setecientos mil pesos con que enriquecieron el erario real veinte negociaciones que fueron admitidas. V. E. tuvo la satisfacci\u00f3n de encontrar aquel pueblo en un estado admirable. Considerables auxilios remitidos a la Metr\u00f3poli, las tropas pagadas hasta el d\u00eda corriente, las atenciones del gobierno satisfechas enteramente, y las arcas reales con el crecido residuo de trescientos sesenta mil pesos. \u00a1Cu\u00e1n distinta era la situaci\u00f3n de la capital! El erario sin fondos algunos, empe\u00f1ado en cantidades que por un orden regular nunca podr\u00e1 satisfacer, las tropas sin pagarse en m\u00e1s de cinco meses, los ingresos enteramente aniquilados, y la Metr\u00f3poli sin haber recibido el menor socorro. Esta sencilla comparaci\u00f3n que habr\u00eda apurado la aflicci\u00f3n de V. E. m\u00e1s de una vez, basta para fijar sin riesgo alguno que la admisi\u00f3n de negociaciones inglesas es \u00fatil al pa\u00eds; y que penden de ella en igual grado la conveniencia p\u00fablica que la de la real hacienda.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nNo ser\u00eda tan penosa la tarea que me he propuesto si combatiese hombres ilustrados que, discurriendo bajo cierto orden de principios generalmente admitidos, excusan una exposici\u00f3n prolija de verdades que se manifiestan por s\u00ed mismas; pero la conveniencia p\u00fablica se ve atacada por rivales que desconocen hasta las reglas m\u00e1s sencillas, llegando al extremo de no creer conveniente el arbitrio indicado, por no ser conforme al sistema ordinario de nuestro comercio. La franqueza del comercio de Am\u00e9rica no ha sido proscripta como un verdadero mal, sino que ha sido ordenada como un sacrificio que exig\u00eda la Metr\u00f3poli de sus colonias; es bien sabida la historia de los sucesos que progresivamente fueron radicando este comercio exclusivo, que al fin degener\u00f3 en un verdadero monopolio de los comerciantes de C\u00e1diz.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLos hombres ilustrados clamaron contra un establecimiento tan d\u00e9bil, tan ruinoso, tan mal calculado; pero los males inveterados no se curan de un golpe, peque\u00f1as reformas iban preparando un sistema fundado sobre firmes principios, cuando los \u00faltimos extraordinarios sucesos variaron el ser pol\u00edtico de Espa\u00f1a, destruyendo por golpes imprevistos todos los pretextos que sosten\u00edan las leyes prohibitivas. Este nuevo orden de cosas, que la Metr\u00f3poli ha proclamado como feliz origen de una regeneraci\u00f3n que obrar\u00e1 la prosperidad nacional, ha trastornado los antiguos motivos del sistema prohibitivo; y descubierta en toda su extensi\u00f3n la conveniencia que resulta al pa\u00eds de un libre comercio, las miras pol\u00edticas que procuraron unir el bien general al remedio de necesidades urgent\u00edsimas, se convierten en un deber de justicia de que el primer magistrado no puede prescindir.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nS\u00ed, Se\u00f1or, la justicia pide en el d\u00eda que gocemos un comercio igual al de los dem\u00e1s pueblos que forman la monarqu\u00eda espa\u00f1ola que integramos. \u00abEsta deidad, dice el fil\u00f3sofo antes citado, que por desgracia de los humanos, rara vez influye en las especulaciones de las rentas, la justicia que siempre se une a los verdaderos intereses de las naciones y de los pueblos, que al que consulta sus or\u00e1culos le presenta las reglas y los medios para levantar la felicidad de los hombres de los estados, no sobre las vacilantes ruedas de los intereses privados, s\u00ed sobre los fundamentos eternos del bien com\u00fan; la justicia, digo, no puede ver sin horror un atentado tan manifiesto contra los m\u00e1s sagrados derechos de la propiedad y libertad del hombre y del ciudadano, un atentado prescripto, autorizado y legitimado por la p\u00fablica autoridad\u00bb. Las colonias sujetas al comercio exclusivo de su Metr\u00f3poli, son el digno objeto de esta en\u00e9rgica declamaci\u00f3n: nosotros tenemos m\u00e1s fuertes derechos, que elevan a un alto grado la justicia con que reclamamos un bien que a\u00fan en el estado colonial no puede privarse sin esc\u00e1ndalo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDesde que la p\u00e9rfida ambici\u00f3n de la Francia caus\u00f3 en Espa\u00f1a violentas convulsiones, terminadas a sacudir el yugo opresor que la degradaba, el noble genio de nuestra naci\u00f3n empez\u00f3 a desplegar planes ben\u00e9ficos, ideas generosas, que hicieron presentir la prosperidad a que su situaci\u00f3n la destina en medio de los males que atacaban tan poderosamente su existencia. Uno de los rasgos m\u00e1s justos, m\u00e1s magn\u00e1nimos, m\u00e1s pol\u00edticos, fue la declaraci\u00f3n de que las Am\u00e9ricas no eran una colonia o factor\u00eda como las de otras naciones, que ellas formaban una parte esencial e integrante de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola y en consecuencia de este nuevo ser, como tambi\u00e9n en justa correspondencia de la heroica lealtad y patriotismo que hab\u00edan acreditado a la Espa\u00f1a en los cr\u00edticos apuros que la rodeaban, se llamaron estos dominios a tener parte en la representaci\u00f3n nacional, d\u00e1ndoseles voz y voto en el gobierno del reino.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEsta solemne proclamaci\u00f3n, que formar\u00e1 la \u00e9poca m\u00e1s brillante para la Am\u00e9rica, no ha sido una vana ceremonia que burle la esperanza de los pueblos, reduci\u00e9ndolos al est\u00e9ril placer de dictados pomposos, pero compatibles con su infelicidad. La naci\u00f3n espa\u00f1ola, que nunca se presenta m\u00e1s grande que en los apurados males que ahora la han afligido, procedi\u00f3 con la honradez y veracidad que la caracterizan, cuando declar\u00f3 una perfecta igualdad entre las provincias europeas y americanas; sostuvo los derechos m\u00e1s sagrados cuando destruy\u00f3 los principios que pudieran conservar reliquias de depresi\u00f3n en pueblos tan recomendables; premio con la magnificencia de una naci\u00f3n grande la fidelidad y estrecha uni\u00f3n, que tan brillantemente hab\u00edan acreditado; y obr\u00f3 con la prudencia y pol\u00edticas propias de un reino ilustrado, que en el abatimiento y destrozo a que lo hab\u00edan reducido sus enemigos, no pod\u00eda considerarse en orden a su fuerza real sino como un accesorio de aquella gran parte que elevaba a la apetecida dignidad de formar un solo cuerpo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nConfirmada por tan extra\u00f1a ocurrencia una prerrogativa que, seg\u00fan las leyes fundamentales de las Indias, nunca debi\u00f3 desconocerse, \u00bfpor qu\u00e9 t\u00edtulos se nos pod\u00eda privar de unos beneficios que gozan indistintamente otros vasallos de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola, que no son m\u00e1s que nosotros? El vocal que sostenga en la Junta Central nuestra representaci\u00f3n, no contar\u00e1 distintos privilegios de los que adornan al representante de Asturias, o cualquiera otra provincia europea de las que se mantienen libres del enemigo; esta identidad debe transmitirse precisamente a los representados, y de este principio derivamos un t\u00edtulo de rigurosa justicia, para esperar de V. E. lo que no podr\u00eda negarse al \u00faltimo pueblo de Espa\u00f1a. Lejos de nosotros aquellas mezquinas ideas que tanto tiempo sofocaron nuestra felicidad: manda V. E. un gran pueblo que en nada cede al que sirvi\u00f3 de teatro a las distinguidas cualidades que garantieron a la Suprema Junta la tranquilidad y buen orden de estas vastas regiones; obre, pues, la justicia en todo su vigor para que empiecen a brillar los bienes que la naturaleza misma nos franquea pr\u00f3digamente.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl primer deber de un magistrado es fomentar por todos los medios posibles la p\u00fablica felicidad. \u00abEntonces, dice un sabio espa\u00f1ol, los pueblos, como los individuos, bendicen la mano que los hace felices, y es indudable que el amor de los vasallos es la base m\u00e1s s\u00f3lida del trono. De esta reciprocidad de intereses debe resultar el esmero de parte de los que gobiernan en fomentar la prosperidad general: su poder se consolidar\u00e1 por la gratitud p\u00fablica y las naciones coger\u00e1n el fruto de su cuidado y vigilancia\u00bb. Si la riqueza de estas provincias estuviese cifrada a los contingentes c\u00e1lculos de un giro complicado, ser\u00eda preciso una detenida reserva para no trastornar la gran cadena por la dislocaci\u00f3n de alguno de sus muelles, pero los caminos de nuestra felicidad est\u00e1n cifrados por la misma naturaleza: \u00e9sta nos ha destinado al cultivo de sus f\u00e9rtiles campa\u00f1as, y nos ha negado toda riqueza que no se adquiera por este preciso canal. Si V. E. desea obrar nuestro bien es muy sencilla la ruta que conduce a \u00e9l; la raz\u00f3n y el c\u00e9lebre Adam Smith, que seg\u00fan el sabio espa\u00f1ol que antes cit\u00e9, es sin disputa el ap\u00f3stol de la econom\u00eda pol\u00edtica, hacen ver que los gobiernos en las providencias dirigidas al bien general, deben limitarse a remover los obst\u00e1culos: \u00e9ste es el eje principal sobre que el se\u00f1or Jovellanos fund\u00f3 el luminoso edificio de su discurso econ\u00f3mico sobre la ley agraria, y los principios de estos grandes hombres nunca ser\u00e1n desmentidos; r\u00f3mpase las cadenas de nuestro giro, y p\u00f3ngase franca la carrera, que entonces el inter\u00e9s que sabe m\u00e1s que el celo, producir\u00e1 una circulaci\u00f3n que haga florecer la agricultura, de que \u00fanicamente debe esperarse nuestra prosperidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nNuestra Corte ha dado repetidas pruebas de hallarse convencida que no podemos ser felices sino por medio de la agricultura; y frecuentemente ha incitado el celo de nuestros magistrados para que protejan y fomenten un bien tan importante. En real orden de 27 de mayo de 1797 se previene que toda compra de buque extranjero para el comercio de negros, bien se verifique en el pa\u00eds del vendedor o en el del comprador, sea absolutamente libre de derechos, d\u00e1ndose por fundamento de esta disposici\u00f3n y de otras muchas expedidas sobre la materia, \u00abfacilitar, por los medios posibles y aun a costa de sacrificios, la introducci\u00f3n de brazos en este virreinato, como que sin ellos no es posible que la agricultura salga del estado de languidez en que se halla\u00bb. Reconocida por esta real orden la importancia de nuestra agricultura, confesada su decadencia, y encargado el Gobierno que no repare en sacrificios para su fomento, no podr\u00edan repelerse sin injusticia las reverentes reclamaciones con que mis representados piden a V. E. se ponga fin a un sistema destructor, empez\u00e1ndose provisoriamente un plan cuya consolidaci\u00f3n y firmeza debe esperarse de la Suprema Junta Gubernativa del Reino. El gobierno soberano de la Naci\u00f3n ha estado siempre convencido de la justicia con que nuestra decadente agricultura exig\u00eda fomento; e igualmente ha conocido el partido de oposici\u00f3n que los mercaderes han sostenido contra nuestros labradores, por aquel miserable ego\u00edsmo que mira con indiferencia la ruina de una provincia, como espere de ella el m\u00e1s peque\u00f1o lucro. Este concepto se manifiesta en la real orden de 6 de junio de 1796, que dice lo siguiente: \u00abEn consecuencia quiere S. M. que se cumplan las mencionadas \u00f3rdenes, sin eludirlas ni tergiversarlas con ning\u00fan pretexto, respecto a que ni la agricultura ni la cr\u00eda de ganados pueden prosperar, si se impide la entrada de los negros bozales, que son precisos para trabajarla y cuidar los hatos, seg\u00fan tiene acreditada la experiencia y han expuesto los hacendados en varias representaciones que se han tenido a la vista antes de comunicar dichas \u00f3rdenes, como tambi\u00e9n las que ha dictado el empe\u00f1o de algunos comerciantes oponi\u00e9ndose a la extracci\u00f3n de los cueros, anteponiendo el inter\u00e9s particular al del Reino, que necesita se proteja por todos los medios posibles la introducci\u00f3n de brazos capaces de hacer florecer la agricultura tan deteriorada por esta causa\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nGime la humanidad con la esclavitud de unos hombres que la naturaleza cre\u00f3 iguales a sus propios amos, fulmina sus rayos la filosof\u00eda contra un establecimiento que da por tierra con los derechos m\u00e1s sagrados; la religi\u00f3n se estremece y otorga forzada su tolerancia sobre un comercio que nunca pudo arrancar su aprobaci\u00f3n; sin embargo, reyes religiosos, ministros humanos y fil\u00f3sofos encargan la multiplicaci\u00f3n de nuestros esclavos, por el \u00fanico fin de fomentar una agricultura que se halla tan deca\u00edda. Se necesita causa muy justa, para que pr\u00edncipes piadosos la promuevan por medios tan violentos; y si es justo fomentar la agricultura por todos los arbitrios posibles y aun a costa de sacrificios, seg\u00fan se explican las anteriores \u00f3rdenes, es justo facilitar el expendio de los frutos que \u00fanicamente puede producir aquel fomento, sin detenerse en adoptar los nuevos caminos, que hace indispensables la absoluta imposibilidad de los antiguos.<br \/>\n\u00bfA qu\u00e9 fin tanto empe\u00f1o en el aumento de brazos para fomentar la agricultura, si los frutos de \u00e9sta han de quedar perdidos por priv\u00e1rseles el expendio que innumerables concurrentes solicitan? Que ocurrencias inevitables impidiesen al comercio de Espa\u00f1a, el consumo de nuestros frutos a que dentro de alg\u00fan tiempo podr\u00eda dar salida; que una interceptaci\u00f3n temporal estancase nuestras producciones, que una numerosa marina mercante extraer\u00eda f\u00e1cilmente apenas cesase aquel impedimento; sufrir\u00edamos entonces una estagnaci\u00f3n que aunque gravosa no pod\u00eda ser duradera, y este sacrificio transitorio se consagrar\u00eda al enlace de relaciones por donde se comunican los bienes y males del cuerpo pol\u00edtico. Trescientos a\u00f1os de uniforme conducta en esta materia presentan una prueba decisiva de que nuestras pretensiones jam\u00e1s terminar\u00edan a eludir la parte que nos toca en los males de la Naci\u00f3n; pero si \u00e9sta no tiene hoy d\u00eda en s\u00ed misma recursos suficientes para sostener aquel importante ramo de que depende nuestra subsistencia, \u00bfser\u00e1 justo que abandonemos \u00e9sta o que vinculemos nuestra conservaci\u00f3n a unos principios que no pueden producirla?<br \/>\nSi el amor a los intereses de la Metr\u00f3poli fuese el verdadero est\u00edmulo de mis opositores, excusar\u00edan una discusi\u00f3n de que no pueden esperar efectos favorables, y que s\u00f3lo sirve para excitar recuerdos lastimosos e insoportables a la sensibilidad de todo buen espa\u00f1ol. Inundada nuestra Metr\u00f3poli por unos enemigos poderosos y sanguinarios, ve concentrada su independencia en un corto n\u00famero de provincias, que m\u00e1s sirven de teatro al hero\u00edsmo, que de centro a las extensas relaciones de un comercio ultramarino. \u00bfD\u00f3nde consumir\u00e1 Espa\u00f1a los inmensos frutos que claman por una pronta exportaci\u00f3n? \u00bfCon qu\u00e9 marina podr\u00e1 extender a pa\u00edses extranjeros un giro que no puede consumar en s\u00ed sola? \u00bfNo hemos visto que la libertad de los mares en nada ha variado la antigua interrupci\u00f3n? \u00bfNo vemos interrumpidos hasta los correos mar\u00edtimos, y suspensa la circulaci\u00f3n que el inter\u00e9s agitar\u00eda, si fuesen posibles los medios de ejecutarla? Corramos, Se\u00f1or, un velo a meditaciones que anegan el coraz\u00f3n en amargura, reduzc\u00e1monos a nuestra cuesti\u00f3n, y fij\u00e1ndonos en los precisos t\u00e9rminos con que debe proponerse, preguntemos a los enemigos del ben\u00e9fico sistema: \u00bfser\u00e1 justo que se envilezcan y pierdan nuestros preciosos frutos, porque los desgraciados pueblos de Espa\u00f1a no pueden consumirlos? \u00bfSer\u00e1 justo que las abundantes producciones del pa\u00eds permanezcan estancadas porque nuestra aniquilada marina no puede exportarlas? \u00bfSer\u00e1 justo que aumentemos las aflicciones de nuestra Metr\u00f3poli con las noticias de nuestra situaci\u00f3n arriesgada y vacilante, cuando se nos brinda con un arbitrio capaz de consolidar sobre bases firmes nuestra seguridad? \u00bfSer\u00e1 justo que present\u00e1ndose en nuestros puertos esa naci\u00f3n amiga y generosa, ofreci\u00e9ndonos baratas mercader\u00edas que necesitamos y la Espa\u00f1a no nos puede proveer, resistamos la propuesta, reservando su beneficio para cuatro mercaderes atrevidos que lo usurpan por un giro clandestino? \u00bfSer\u00e1 justo que rog\u00e1ndosenos por los frutos estancados que ya no puede el pa\u00eds soportar, se decrete su ruina, jurando en ella la del erario y la de la sociedad? Los ilustrados comerciantes ingleses, que tan atentamente nos observan, fijar\u00edan en Europa un general concepto de nuestra barbarie, si aquellas reconvenciones no tuviesen otro resultado que el convencimiento de hombres impenitentes en sus errores; pero yo me lisonjeo que ellas servir\u00e1n de freno a los descontentos, y decidir\u00e1n la superioridad al plan ben\u00e9fico que la necesidad y conveniencia p\u00fablica hab\u00edan preparado.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nPara corroborar este concepto, s\u00e9ame l\u00edcito trascribir el ejemplo con que un espa\u00f1ol (de quien la posteridad se acordar\u00e1 siempre con respeto) trat\u00f3 de convencer lo injusto, mal calculado, y contrario a sus propios fines del sistema prohibitivo que estoy analizando. \u00abSupongamos que el lugar de Vallecas pertenece a un pa\u00eds extranjero; que abundan en \u00e9l pan, carne, tocinos y otros art\u00edculos de primera necesidad, y que el soberano de aquel territorio convida a los habitantes de Madrid (que no pueden lograrlos de ninguna otra parte en muchas leguas a la redonda) a que se provean de aquel abundante mercado. Supongamos igualmente que en estas circunstancias los comerciantes de C\u00e1diz o Sevilla, sorprendiendo la buena fe del gobierno con razones sof\u00edsticas, consigan que los habitantes de Madrid, aunque est\u00e9n amenazados de hambre, y aunque tengan a su puerta abundancia de pan fresco, no puedan tomar ni un solo pan, ni una libra de carne del mercado inmediato bajo las penas m\u00e1s rigurosas, sino que s\u00f3lo ellos tengan el privilegio de comprar este pan y provisiones de Vallecas, llevarlo a C\u00e1diz y Sevilla, y desde all\u00ed introducirlo en Madrid y venderlo a sus habitantes. Pregunto ahora, \u00bfc\u00f3mo llevar\u00edan esta disposici\u00f3n los vecinos de Madrid? \u00bfC\u00f3mo la mirar\u00eda la Naci\u00f3n entera? \u00bfNo la dar\u00edan la justa denominaci\u00f3n, por lo menos, de perjudicial y mal calculada? \u00bfNo representar\u00edan los vecinos que la escasez, alto precio y mala calidad de provisiones originadas de aquel sistema, al paso que los empobrec\u00eda con gran perjuicio del Estado, imped\u00eda los progresos de la poblaci\u00f3n? \u00bfHabr\u00eda un ministerio que no abriese inmediatamente los ojos sobre la injusta e inhumana ambici\u00f3n de los comerciantes de C\u00e1diz o Sevilla, que por la mezquina ganancia que les daba su intervenci\u00f3n, querr\u00edan tener constantemente en la miseria un pueblo honrado y que ten\u00eda por lo menos tanto derecho como ellos a la protecci\u00f3n del soberano?\u00bb Los ejemplos a que \u00fanicamente puede fiarse el convencimiento de hombres que no poseen los principios cient\u00edficos de la materia, presentan a la vista un horrible cuadro que hace palpar todo el mal que se afectaba desconocer: el autor del anterior logr\u00f3 retratar fielmente la injusticia de que los pueblos de Am\u00e9rica puedan ser provistos abundantemente de los renglones m\u00e1s precisos, y se les cierre su introducci\u00f3n, como \u00e9sta se verifique primeramente en C\u00e1diz o en alg\u00fan otro puerto europeo; de la horrible impresi\u00f3n que debe hacer un establecimiento tan duro y tan mal calculado, crey\u00f3 f\u00e1cil su proscripci\u00f3n; y contemplando \u00e9sta segura por la pintura que manifestaba el ejemplo propuesto, exclam\u00f3 contra los monopolistas: \u00abNo, comerciantes de los puertos; semejantes abusos no pueden continuar: Carlos IV es el padre de su pueblo; sus ministros son ilustrados y celosos; en el instante que vean vuestro retrato, se acab\u00f3 el imperio del monopolio\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe hablaba entonces de un comercio, que aunque d\u00e9bil y lleno de trabas, pod\u00eda en alg\u00fan modo sostenerse; se pretend\u00eda convencer la justicia de una libre entrada de barcos neutrales a los puertos de Am\u00e9rica; y las necesidades transitorias de una guerra se contemplaban un justo t\u00edtulo para trastornar el antiguo sistema de un monopolio, a que una continuada tolerancia parec\u00eda haber quitado su intr\u00ednseca deformidad. Nosotros pedimos menos con t\u00edtulos m\u00e1s fuertes, y en precauci\u00f3n de males cuya pintura presentar\u00eda un retrato m\u00e1s terrible que el anteriormente copiado.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nNo tratamos de una absoluta proscripci\u00f3n del sistema prohibitivo, sino que en la posibilidad de continuarlo, a que est\u00e1 reducida nuestra Metr\u00f3poli, solicitamos provisoriamente un remedio, que debemos esperar se consolide bajo principios estables, apenas la Suprema Junta sea instruida de nuestra situaci\u00f3n; los males que lo motivan no est\u00e1n cifrados a una estagnaci\u00f3n eventual, a que la terminaci\u00f3n de una guerra pueda proporcionar ventajosas indemnizaciones; son males inherentes a nuestra conservaci\u00f3n y seguridad, dependientes del trastorno general de la Europa, y a que el ojo previsor del pol\u00edtico no descubre fin alguno; claman los habitantes de la campa\u00f1a porque no se les sepulte en una miseria, que solamente deber\u00eda causar la presencia de un enemigo, que est\u00e1 por fortuna muy distante; y en el conflicto de riesgos y de apuros manifestados solamente por el mismo gobierno, se presenta el comerciante ingl\u00e9s en nuestros puertos y nos dice: mi naci\u00f3n emplea en el socorro de la vuestra gran parte de los tesoros que le proporciona un comercio bien sostenido; yo os traigo ahora las mercader\u00edas de que s\u00f3lo yo puedo proveeros; vengo igualmente a buscar vuestros frutos, que s\u00f3lo yo puedo exportar; adimitid unas mercader\u00edas que jam\u00e1s habr\u00e9is comprado tan baratas; vendedme unos frutos que nunca habr\u00e1n tenido tanto precio; es justo un tr\u00e1fico rec\u00edprocamente provechoso a vosotros y a la naci\u00f3n m\u00e1s \u00edntimamente aliada de la vuestra; no desaprobar\u00e1 vuestra Metr\u00f3poli esta innovaci\u00f3n, porque p\u00fablicamente detesta las trabas con que su antiguo gobierno arruin\u00f3 su poder, y no se opondr\u00e1n vuestros jefes, porque \u00e9ste es el \u00fanico medio de asegurar unos pueblos, cuya conservaci\u00f3n amenaza los m\u00e1s inminentes peligros.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe asombrar\u00edan las gentes ilustradas; se avergonzar\u00edan los mismos autores de la oposici\u00f3n, si a esta propuesta, que es cabalmente la que se deriva de nuestras circunstancias, se respondiese: las f\u00e1bricas espa\u00f1olas que deb\u00edan proveernos est\u00e1n arruinadas, los puertos de que depend\u00eda nuestro comercio est\u00e1n en gran parte tomados, no puede nuestra Metr\u00f3poli remitirnos g\u00e9neros que no tiene, ni llevar nuestros frutos que no puede consumir, no tiene marina mercante suficiente a subrogar a un comercio verdadero, la arrier\u00eda mar\u00edtima o el d\u00e9bil giro de mera consignaci\u00f3n: son ciertos los peligros que nos amenazan, y los derechos de la r\u00e1pida circulaci\u00f3n, que vosotros ofrec\u00e9is, armar\u00edan al gobierno de una fuerza real capaz de garantirnos de todo riesgo; \u00a1pero ah! \u00bfy el comercio de Espa\u00f1a? No: es preciso adoptar todo g\u00e9nero de sacrificios, y perezca m\u00e1s bien la tierra que&#8230; \u00a1B\u00e1rbaro lenguaje, que s\u00f3lo una disculpable ignorancia puede libertar de castigo! Sin embargo, esta es la substancia de las reclamaciones que se oponen al nuevo arbitrio, y ella me autoriza para concluir con igual reconvenci\u00f3n a la del ejemplo que estoy analizando. No, comerciantes de Buenos Aires; nuestro jefe es prudente, es ilustrado, es justo; desea el beneficio de los pueblos, y no puede ser insensible al lastimoso estado que le presentan; las necesidades del erario extienden los l\u00edmites ordinarios de su autoridad; en el momento que entienda el esp\u00edritu de vuestros clamores, desapareci\u00f3 vuestra influencia y fuisteis a ocupar el lugar que las leyes fijaron a vuestra profesi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSi las riquezas no usurpasen lastimosamente el rango debido a la virtud, no se atrever\u00edan los comerciantes a contradecir un plan a que deber\u00e1 su restauraci\u00f3n la agricultura. Todo nuevo sistema causa privaciones a los que hab\u00edan reglado por el antiguo sus c\u00e1lculos y empresas: en la necesidad de arrostrar sacrificios, la importancia de los gremios, su dignidad, su influencia en la comunidad, son t\u00edtulos de rigurosa justicia que deciden la preferencia; \u00bfy c\u00f3mo podr\u00e1n los mercaderes disputar a los labradores el eminente lugar que ocupan en la sociedad? Puesto el Gobierno en la necesidad de una operaci\u00f3n que debe perjudicar a uno de estos dos gremios, \u00bfdeber\u00e1 aplicarse el sacrificio al miserable labrador que ha de hacer producir a la tierra nuestra subsistencia, o al comerciante poderoso que el Gobierno y ciudadanos miran como una sanguijuela del Estado? La Espa\u00f1a acaba de adoptar un papel p\u00fablico, en que se trata de formar el juicio del pueblo por reglas derivadas de la naturaleza; su t\u00edtulo es, pol\u00edtica popular acomodada a las circunstancias del d\u00eda, y se encuentra en \u00e9l la siguiente m\u00e1xima: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 se inclina usted en favor del labrador? Porque recibiendo de la tierra el sustento y lo que tiene, la estima en mucho m\u00e1s; porque ocupado noche y d\u00eda en servir a la tierra y no a los hombres, es menos flexible por lo com\u00fan; porque acostumbrado a que la tierra le rinda en proporci\u00f3n a la constancia y orden con que la cultiva, se hace por precisi\u00f3n justo y severo y aborrece la arbitrariedad y el desorden. No as\u00ed los comerciantes: estudiando sin cesar los medios de hacerse con dinero, y teniendo siempre a la vista sus intereses particulares, se habit\u00faan a sufrirlo todo, y a presenciar tranquilamente la opresi\u00f3n y tiran\u00eda del mundo entero, como sus intereses se aumenten o no padezcan\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nTales son los hombres cuya suerte se interesa en el presente negocio; la justicia no puede abandonar aquellas personas que la naturaleza misma ense\u00f1\u00f3 a ser virtuosas y rectas; los deseos de mis instituyentes son puros y sencillos como sus corazones; no los agita el s\u00f3rdido inter\u00e9s de una especulaci\u00f3n envuelta en cr\u00edmenes, sino el justo anhelo de hacer \u00fatil y estimable el fruto de la tierra en que nacieron y que hicieron fecunda con sus sudores; as\u00ed, su causa es una misma con la de la Provincia, y es un enemigo de la comunidad el que ataca unos derechos que son trascendentales a ella. De aqu\u00ed esa general conspiraci\u00f3n con que todos los hombres que desean el bien de la tierra, penden en una expectaci\u00f3n sin ejemplo de la resoluci\u00f3n que se tome sobre este negocio; V. E. ha empezado a ser el objeto de sus bendiciones, porque ha puesto en movimiento los \u00fanicos resortes que podr\u00edan labrar su felicidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nNo puede tolerarse la osad\u00eda con que el s\u00edndico del Consulado se profiere, cuando en una de sus representaciones a aquel tribunal dice, que es la plebe la que se interesa con vivos deseos de que se ejecute el plan indicado; es \u00e9sta una injuria sobre que los honrados labradores e incorporaciones m\u00e1s distinguidas de esta ciudad deber\u00edan deducir formal querella, si el conocimiento del injuriante no preparase la disculpa de que ignor\u00f3 lo que se dec\u00eda: pero si la sola cualidad de tener dinero, ha de ser disposici\u00f3n para obtener ministerios que dan intervenci\u00f3n en materias que no se alcanzan, deber\u00edan por lo menos ser obligados a la elecci\u00f3n de mentores inteligentes, que evitasen la profanaci\u00f3n de negocios tan importantes con desahogos que la mayor impericia no puede disculpar. La parte m\u00e1s \u00fatil de la sociedad, la m\u00e1s noble, la m\u00e1s distinguida, eleva sus clamores a V. E. y aboga por una causa de que penden la firmeza del Gobierno y el bien de la tierra: este noble objeto est\u00e1 \u00edntimamente ligado a la prosperidad nacional y no puede ser funesto sino a cuatro mercaderes que ven desaparecer la ganancia que esperaban de clandestinas negociaciones. \u00abEl producto limpio de las colonias europeas establecidas en Am\u00e9rica, dice el mismo fil\u00f3sofo, pod\u00eda ser muy considerable, y la porci\u00f3n que pod\u00eda separarse para las contribuciones pod\u00eda importar mucho y ser de un gran alivio para las respectivas metr\u00f3polis, si las leyes hubieran procurado adelantar su comercio y sacarlas de la miseria\u00bb. Los verdaderos intereses de la naci\u00f3n que las estableci\u00f3, todas las esperanzas relativas a sus colonias, est\u00e1n fundadas en la prosperidad de \u00e9stas y en el aumento de sus riquezas. A s\u00f3lo este objeto deber\u00edan dirigirse todos los cuidados de los legisladores europeos en el nuevo hemisferio. Esto supuesto, \u00bfqui\u00e9n no ve que si los colonos tuviesen libertad de pedir al suelo todos los g\u00e9neros que puede producir, de proveerse de aquellos que le faltan de quien se los ofreciese a menor precio; de vender y de comprar a cualquiera naci\u00f3n y de aquella que m\u00e1s les acomodase; de satisfacer y acudir con la misma libertad no solamente a las primeras necesidades sino a las de puro lujo; qui\u00e9n no ve cu\u00e1nto prosperar\u00edan las colonias bajo estos auspicios; cu\u00e1nto crecer\u00edan su poblaci\u00f3n, sus fuerzas y su comercio; c\u00f3mo esta libertad dar\u00eda un nuevo valor al suelo que cultivan; c\u00f3mo se aumentar\u00eda la cantidad, el n\u00famero y el valor de sus producciones; ofreciendo de este modo el espect\u00e1culo m\u00e1s agradable de la riqueza y de la felicidad de un pa\u00eds sostenido por la agricultura, las artes y el comercio? La sola supresi\u00f3n de esta exclusiva fatal bastar\u00eda tal vez para hacer prosperar las colonias y por consiguiente la Metr\u00f3poli.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nAparezcan, Se\u00f1or, esos momentos felices que deben dar principio a la prosperidad de esta provincia, mu\u00e9vanse esos muelles poderosos que deben dar vida al erario y a la circulaci\u00f3n del comercio; \u00e1branse las puertas que con general perjuicio han estado cerradas hasta ahora; aprov\u00e9chense los tesoros que la naturaleza nos franquea con tanta abundancia; y adquiera la Espa\u00f1a con la opulencia de esta provincia, un grado de fuerza que subrogue la p\u00e9rdida de las que han sido lastimosamente devastadas. Mi imaginaci\u00f3n se transporta engolfada en la multitud de bienes con que un activo giro debe obrar nuestra felicidad: la tranquilidad ser\u00e1 inseparable de un pueblo laborioso, en que no tendr\u00e1n entrada los vicios, que solamente nacen con la molicie; el soplo vivificante de la industria animar\u00e1 todas las semillas reproductivas de la naturaleza; se facilitar\u00e1n las culturas por las creaciones del genio empe\u00f1ado con nuevos atractivos, innumerables barcos cubrir\u00e1n nuestras radas, y sus continuados retornos formar\u00e1n un puente volante que aumente nuestra comunicaci\u00f3n con la Metr\u00f3poli; por mil canales se derramar\u00e1n entre nosotros las semillas de la poblaci\u00f3n y de la abundancia. Tal es la imagen del comercio; tal ser\u00e1 la nuestra cuando V. E. nos lo conceda. \u00abEntonces, dice el m\u00e1s fecundo genio de nuestro siglo, entonces es cuando la divinidad contempla con placer sus criaturas y no encuentra motivos que la hagan arrepentir de haber creado al hombre\u00bb. Entonces, a\u00f1ado yo, se anegar\u00e1 en ternura V. E. al contemplar su obra y endulzado el ejercicio de un mando que al principio se present\u00f3 tan amargo, fijar\u00e1 en la gratitud de los pueblos un monumento indestructible, con el glorioso renombre de padre de la patria.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEste proyecto es muy lisonjero para que deje de interesar a V. E. en su ejecuci\u00f3n; sus fundamentos son irresistibles, y s\u00f3lo en un jefe de distinto car\u00e1cter al que reconocemos en la respetable persona de V. E., no obrar\u00edan imperiosamente: una necesidad urgent\u00edsima ha franqueado las barreras y estorbos que pudieran oponerse; una notoria conveniencia del pa\u00eds ha unido la causa o sus habitantes a la del erario; una reclamaci\u00f3n de rigurosa justicia hace servir la alta autoridad de V. E. a los sentimientos ben\u00e9ficos de su coraz\u00f3n. La causa se presenta tan firmemente sostenida, que no se han atrevido a atacarla sus propios contrarios; no se encuentra en todos sus escritos un solo raciocinio contra la substancia del proyecto: todos sus esfuerzos quedan reducidos a vanos temores, que afectan ser consiguientes al libre comercio, de suerte que su conducta es id\u00e9ntica a la de un ayo ignorante, que quita de las manos de un ni\u00f1o una alhaja preciosa, imprimi\u00e9ndole falso temor de que le ha de hacer da\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDebi\u00e9ramos condenar al desprecio tan pueril oposici\u00f3n, pero el inter\u00e9s de la causa exige un prolijo an\u00e1lisis de aquellos males, y es un justo homenaje a las ben\u00e9ficas intenciones de V. E. allanar todos los embarazos que maliciosamente se oponen a su celo. Por fortuna, esos graves males que tanto se ponderan, o son figurados, o son necesarios en todo sistema, deriv\u00e1ndose de esta calidad las miras pol\u00edticas de tornarlos, cuanto sea dables a nuestro beneficio. Yo voy a analizarlos uno a uno, pero como su exposici\u00f3n dimana de diferentes personas, es necesario recomendar previamente el concepto judicial que ofrece la calidad de aqu\u00e9llas por el influjo que este conocimiento debe tener para apreciar el valor de sus declamaciones. El que se ha manifestado corifeo de la oposici\u00f3n es don Miguel Ag\u00fcero, apoderado (seg\u00fan \u00e9l se denomina) del Consulado de C\u00e1diz. Un difuso papel de treinta fojas es el resultado de la compilaci\u00f3n de cuantas especies vulgares han lastimado nuestros o\u00eddos en estos d\u00edas, y deduciendo de ellas la inadmisibilidad del remedio propuesto, desciende a enumerar siete medios, con que cree llenar enteramente los apuros y deseos de esta superioridad. Las leyes han prefijado las acciones, que \u00fanicamente pueden legitimar la personer\u00eda con que se pretende intervenci\u00f3n en los negocios, y reguladas aqu\u00e9llas por el inter\u00e9s individual o por una legal representaci\u00f3n de las personas que lo tengan, es necesario instruir al magistrado de los fundamentos que hacen al demandante parte leg\u00edtima en el asunto sobre que desea ser o\u00eddo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDon Miguel Ag\u00fcero no ha presentado a V. E. esos poderes del Consulado de C\u00e1diz, con que se cree autorizado para avanzarse a los extremos que toca en su escrito, y esta manifestaci\u00f3n no solamente era indispensable para que se admitiesen sus reclamaciones, sino tambi\u00e9n para fijar los l\u00edmites de su representaci\u00f3n por los que hubiesen prescrito sus constituyentes. A la calificaci\u00f3n de estos poderes habr\u00eda sucedido una seria repulsa de la gesti\u00f3n que se pretend\u00eda fundar en ellos; porque, \u00bfcu\u00e1l es el inter\u00e9s, cu\u00e1les los derechos, cu\u00e1les los t\u00edtulos con que puede intervenir el Consulado de C\u00e1diz en el arreglo de nuestra econom\u00eda interior, en la combinaci\u00f3n de arbitrios que remedien los urgentes apuros que afligen a V. E.? El puerto de C\u00e1diz no tiene con nosotros distintas relaciones que los dem\u00e1s puertos de la Pen\u00ednsula; la generosa resoluci\u00f3n de un rey sabio cort\u00f3 de ra\u00edz la feudalidad mercantil, que una continuada serie de desgracias hab\u00eda afirmado; todos los puertos de Espa\u00f1a quedaron igualmente habilitados para el comercio de Am\u00e9rica, y no se descubrir\u00e1 un principio por donde el Consulado de C\u00e1diz pretenda una intervenci\u00f3n que los dem\u00e1s comercios no reclaman.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSi se trata de establecer ventajas sobre nuestra ruina, basta descubrir la intenci\u00f3n para que se arme contra ella el celo del Gobierno, no confiri\u00f3 el Soberano a V. E. la alta dignidad de virrey de estas provincias para velar sobre la suerte de los comerciantes de C\u00e1diz, sino sobre la nuestra; trabajen en la felicidad de aqu\u00e9llos los encargados de su gobierno, que la nuestra es obra del celo del jefe superior a quien est\u00e1 encomendada nuestra seguridad. De este rec\u00edproco contraste resulta el equilibrio y prosperidad nacional, contra la que deben influir muy poco los clamores de un gremio que ha sido siempre notado en la naci\u00f3n por sus tenaces contradicciones a los nuevos sistemas que adopt\u00f3 un gobierno ilustrado para el bien general. Era un tirano monopolio el que los comerciantes de C\u00e1diz hab\u00edan usurpado para ejercer el comercio de Am\u00e9rica con exclusi\u00f3n de los dem\u00e1s pueblos de Espa\u00f1a; trata el gobierno soberano de distribuir a toda la naci\u00f3n las ventajas de un comercio, para el que no ten\u00eda C\u00e1diz preferentes derechos, y los clamores de esta ciudad resuenan por todas partes, fomentando amargas quejas que nada m\u00e1s obtuvieron que el desprecio del monarca, y el conocimiento general del poco pundonor con que aspiraba a una riqueza usurpada a pueblos que en nada le ced\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe trata del comercio de ensayo para preparar por seguras especulaciones un s\u00f3lido fomento a la agricultura de estas provincias, y se renueva una oposici\u00f3n sostenida con el m\u00e1s terco empe\u00f1o, sin avergonzarse de contradecir a la faz del mundo la mejora de estas vastas regiones, s\u00f3lo porque no menguasen los ingresos de un injusto monopolio. Estas pretensiones han sido tan irregulares, como indecentes los medios con que se han fomentado. No crea V. E. que \u00e9ste sea un desahogo ajeno de mis principios, de las personas contra quienes se dirige, y de la alta autoridad ante quien se expone: en la real c\u00e9dula expedida en Aranjuez a 25 de abril de 1749, se revoc\u00f3 el reglamento del se\u00f1or don Felipe V, del a\u00f1o de 1735, y despu\u00e9s de indicar el goce en que se hallaba el comercio de Indias con arreglo al derecho de gentes, com\u00fan y municipal de estos reinos, a\u00f1ade: \u00abDe cuya justa posesi\u00f3n se despoj\u00f3 al comercio de estas provincias el a\u00f1o de 1729 sin hab\u00e9rsele o\u00eddo, con motivo de cierta ordenanza, que para estos y otros fines form\u00f3 el Consulado de C\u00e1diz, de la que consigui\u00f3 obrepticia y subrepticiamente real aprobaci\u00f3n por el servicio que hizo de crecida cantidad de pesos exigidos del caudal perteneciente al com\u00fan del comercio, sin haber tenido las debidas y correspondientes facultades\u00bb.<br \/>\nUn cuerpo de comercio que siempre ha levantado el estandarte contra el bien com\u00fan de los dem\u00e1s pueblos, que ha sido ignominiosamente convencido ante el monarca del abuso rastrero de comprar el mal nacional con cantidades de que no pod\u00eda disponer, \u00bfqu\u00e9 aprecio merece ante V. E. cuando se le ve ingerido en un negocio que no le toca, y que no presenta otro est\u00edmulo a su oposici\u00f3n que el terminarse a la com\u00fan prosperidad? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 lograr acogida ante V. E. la representaci\u00f3n con que el apoderado de aquel cuerpo sostiene su antiguo car\u00e1cter, avanz\u00e1ndose al extremo de entrar en una discusi\u00f3n pol\u00edtica sobre los medios y arbitrios que verdaderamente convienen a nuestra situaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n ha consultado a este desconocido economista, o qui\u00e9n le ha autorizado para abrir dictamen; sobre objetos extra\u00f1os al mismo intento, en que ilegalmente se ha ingerido? Si por pura deferencia se ha admitido su personer\u00eda en un asunto extra\u00f1o de ella, debi\u00f3 reducirla a la sencilla exposici\u00f3n de los perjuicios que pudieran resultar a su representado del arbitrio propuesto, pero de ning\u00fan modo debi\u00f3 extenderse a proponer planes y remedios que no se le han pedido; \u00bfcreer\u00e1 acaso que el Consulado de C\u00e1diz tiene inter\u00e9s y leg\u00edtima intervenci\u00f3n en el arreglo interior de esta provincia y preferente elecci\u00f3n de los recursos que pueden asegurar su felicidad?<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSostengo la causa de la patria, y no debo olvidar su honor cuando defiendo los dem\u00e1s bienes reales que espera justamente. Una discusi\u00f3n de tanta importancia excitar\u00e1 la curiosidad de los dem\u00e1s pueblos, las naciones que se interesen en su resultado desear\u00e1n averiguar los medios que lo prepararon; lectores inteligentes ser\u00e1n los jueces de esta gran causa, y persuadidos de que no habr\u00e1n intervenido en ella sujetos desnudos de los precisos conocimientos que exige la materia, lamentar\u00e1n el estado de nuestras luces cuando vean los miserables papeles que forman el expediente. No nos salvar\u00e1 el conocimiento de las personas que los suscriben; porque siendo muy distinta la inteligente formaci\u00f3n de un plan de comercio de la instrucci\u00f3n reducida a no equivocar el pa\u00f1o de Segovia con el de San Fernando, a no confundir la Breta\u00f1a de Francia con la de Hamburgo, creer\u00e1n que consultaron personas inteligentes, y se formar\u00e1n de la literatura del pa\u00eds el concepto m\u00e1s triste y menos merecido.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nM\u00e1s prudentes anduvieron los dem\u00e1s comerciantes de esta ciudad; content\u00e1ndose con susurros y privadas declamaciones, han hecho conocer a todos su pesadumbre sin atreverse a entrar en p\u00fablica discusi\u00f3n sobre los medios de redimirla; y aunque dos o tres dieron un paso atrevido, queriendo una junta general de comercio donde se pudiesen exponer libremente las razones de su oposici\u00f3n, la dificultad de encontrar mercaderes en esta ciudad con las calidades que exige la ordenanza para poder ser admitidos en aquella junta; la confusi\u00f3n y algarab\u00eda que se temi\u00f3 justamente en aquella asamblea, y el poco fruto que se esperaba de la reuni\u00f3n de clamores y argumentos que no han podido hasta ahora soportar la presencia de un hombre inteligente, desvanecieron la empresa, reduci\u00e9ndose a la expectaci\u00f3n, con que vanos temores les tienen en igual estado al que sostienen mis instituyentes las m\u00e1s justas esperanzas. As\u00ed, no se presentan los mercaderes con el car\u00e1cter de un verdadero contradictor; pero como mi plan comprende todas las dificultades y embarazos, unir\u00e9 sus quejas privadas a las que el apoderado del Consulado de C\u00e1diz sostiene p\u00fablicamente.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl primer reparo con que se pretende asustar, y contener el ben\u00e9fico proyecto, es el perjuicio y ruina del comercio nacional, especialmente del de C\u00e1diz. \u00a1Ojal\u00e1 fuese fundada esta reconvenci\u00f3n y nos pusiese en embarazos para contestarla, pues el riesgo de no adquirir el gran bien que se nos anuncia se templar\u00eda con el justo consuelo de sacrificarlo a verdaderas ventajas de nuestra Metr\u00f3poli! \u00bfPero cu\u00e1les son \u00e9stas, ni cu\u00e1l el comercio que resulta perjudicado por nuestro beneficio? Cuando se me nombra comercio nacional, entiendo aquella circulaci\u00f3n de los objetos de cambio, con que el espa\u00f1ol europeo conduce a la Am\u00e9rica las mercader\u00edas espa\u00f1olas que \u00e9sta no tiene, y lleva en retorno la plata y dem\u00e1s frutos que producen estas regiones; esta es la idea de un leg\u00edtimo comercio, y todo lo que se separe de un rec\u00edproco giro fundado sobre aquellos principios, queda excluido del concepto inherente a esta voz comercio nacional.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nAhora, pues, \u00bfcu\u00e1les son las mercader\u00edas con que Espa\u00f1a puede hoy d\u00eda proveer nuestras necesidades, o las que el comercio de C\u00e1diz puede remitirnos? \u00bfCu\u00e1l el consumo que la Metr\u00f3poli ofrece a nuestros frutos, o la activa exportaci\u00f3n con que pueda suplirlo? Los pueblos que sosten\u00edan principalmente las relaciones ultramarinas gimen bajo la opresi\u00f3n del enemigo: casi todas las obras de manos espa\u00f1olas que circulaban entre nosotros se derivaban de Catalu\u00f1a, Vizcaya, las Castillas y Galicia; en estos reinos estaban concentradas casi todas las f\u00e1bricas capaces de vivificar el comercio; pero ellos son hoy d\u00eda el teatro de una guerra sangrienta que consumar\u00e1 la ruina empezada por una ocupaci\u00f3n destructora. No hay f\u00e1bricas en el d\u00eda ni podr\u00e1 haberlas en mucho tiempo; porque los pueblos que han resistido el yugo opresor est\u00e1n todos ocupados en sostener su libertad y en conseguir a toda costa la de sus hermanos; y cuando la independencia de toda la Monarqu\u00eda ponga un t\u00e9rmino glorioso a tan terrible lucha, tornar\u00e1 la Espa\u00f1a al orden que la naturaleza ha puesto a todos los pueblos. Ella atender\u00e1 a su agricultura, y por este verdadero camino de toda s\u00f3lida grandeza, recuperar\u00e1 su antigua opulencia, al paso que por la misma senda obremos nosotros la nuestra.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nPero mientras llegan estos felices momentos, que el tiempo ha de preparar lentamente, \u00bfqui\u00e9n nos proveer\u00e1 de los efectos que anualmente consume esta provincia? El apoderado del Consulado de C\u00e1diz presenta al comercio de aquella ciudad con medios para sostener las relaciones nacionales, pero no produci\u00e9ndose cosa alguna en aquel pueblo, siendo sus comerciantes unos meros interventores de los cambios, que s\u00f3lo pueden proporcionar las otras provincias, no alcanzo c\u00f3mo conserven el giro de unos efectos que la naci\u00f3n ha dejado de producir. Si sus miras son constituirse un conducto preciso por donde compre y venda el extranjero lo que puede vendernos y comprarnos en derechura, mu\u00e9strenos su podatario los t\u00edtulos que legitiman esta traba destructora, nosotros reclamaremos contra ella la perfecta igualdad que debe haber entre pueblos que integran esencialmente un solo reino, y el apoderado del Consulado de C\u00e1diz sufrir\u00e1 la rebaja de la representaci\u00f3n que compete al podatario de unos factores del comercio extranjero.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nC\u00e1diz decaer\u00e1 de su antigua riqueza; pero esta es la suerte de todo pueblo que se eleva por especulaciones mercantiles sin apoyarlas en propias producciones; su comercio se ver\u00e1 reducido a un estrecho c\u00edrculo; pero esto es una triste consecuencia de una guerra injusta, que ha llevado la devastaci\u00f3n a aquellas fuentes de que antes se derivaba la grandeza gaditana. Entran los ej\u00e9rcitos franceses al abrigo de la m\u00e1s negra perfidia, inundan aquellas f\u00e9rtiles provincias que prestaban las materias primeras y el verdadero comercio que fomentaban la circulaci\u00f3n de aquel entrepuerto: resulta por consiguiente un gran vac\u00edo en el antiguo giro, de que no debe culparse sino a la p\u00e9rfida conducta de la Francia y a los desgraciados sucesos de nuestra Metr\u00f3poli; \u00bfqu\u00e9 culpa tiene Buenos Aires de que C\u00e1diz no pueda remitirle las producciones nacionales que estaba en posesi\u00f3n de importar, o de que no pueda distribuir en el Reino los frutos que antes se repart\u00edan por aquel conducto?<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No puede tolerarse la satisfacci\u00f3n con que se asienta que el comercio con los ingleses destruir\u00eda las manufacturas de Espa\u00f1a. Las f\u00e1bricas nacionales jam\u00e1s pudieron proveer enteramente el consumo de Am\u00e9rica; jam\u00e1s bastaron para las necesidades de la Pen\u00ednsula, y aunque se subrog\u00f3 el arbitrio de comprar manufacturas extranjeras y estamparles nueva forma para espa\u00f1olizarlas, pocos hombres han podido decir que todos los g\u00e9neros que vest\u00edan eran nacionales. En vano mand\u00f3 el rey que la tercera parte de todo cargamento fuese de industria nacional; los comerciantes se valieron del fraude para eludir esta orden, obrando no tanto la malicia cuanto la imposibilidad de que nuestras f\u00e1bricas correspondiesen a todas las demandas. Ello es que la mayor parte del consumo de Am\u00e9rica ha sido siempre de efectos extranjeros, sin que se pueda alcanzar por qu\u00e9 principios el comercio de la naci\u00f3n haya reservado su celo para cuando no pueda ministrar ni aun aquella peque\u00f1a parte que antes sufragaba.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs tal el aturdimiento con que los contrarios se producen, que aun cuentan entre los golpes del comercio nacional, el que creen indispensable a la agricultura de Espa\u00f1a. Por fortuna, la agricultura inglesa en nada puede competir con la de Espa\u00f1a, pues la diversidad de clima produce diversidad de frutos en ambos pa\u00edses, quedando a favor de los de la Pen\u00ednsula la preferencia debida a su calidad: \u00bfcon qu\u00e9 podr\u00e1n perjudicar los ingleses los vinos de Espa\u00f1a, aceites y dem\u00e1s frutos que se acomodan a nuestro consumo? Aun las pocas f\u00e1bricas espa\u00f1olas no recibir\u00e1n perjuicios por una concurrencia que no lograr\u00e1 envilecer el valor de sus artefactos. Los pa\u00f1os espa\u00f1oles, los sombreros y dem\u00e1s efectos propios de la Pen\u00ednsula se han vendido con estimaci\u00f3n en medio de la baratura que ocasion\u00f3 la introducci\u00f3n clandestina de negociaciones inglesas. Yo dir\u00eda m\u00e1s bien que el libre comercio con los ingleses es el \u00fanico medio que le queda a la Espa\u00f1a para reparar sus quebrantos y precaver la entera ruina de su comercio, pues vali\u00e9ndose de buques ingleses podr\u00e1 sostener un giro que en el d\u00eda est\u00e1 cortado por falta de marina mercante que no tiene.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nAun cuando se intente un sacrificio constituyendo a C\u00e1diz entrepuerto de los extranjeros, ser\u00e1 \u00e9ste infructuoso, porque el contrabando subrogar\u00e1 por v\u00edas ocultas las introducciones que en aquel sistema deben obrarse con intolerable lentitud. El giro directo quedar\u00e1 entonces tan d\u00e9bil y tan interrumpido como ahora; y nuestros apuros llegar\u00e1n al extremo que V. E. est\u00e1 obligado a evitar; C\u00e1diz no reportar\u00e1 provecho alguno con nuestra ruina, y las privaciones que le produzca el nuevo sistema ser\u00e1n consagradas a la integridad nacional. Se arruinar\u00e1 el comercio de C\u00e1diz: este peligro es de ninguna consideraci\u00f3n cuando se trata de salvar una gran parte del estado; gu\u00e1rdese \u00e9ste a costa del comercio de un solo pueblo, que tiempos m\u00e1s favorables proporcionar\u00e1n medios leg\u00edtimos de una s\u00f3lida reparaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl segundo mal que se deduce de la libre admisi\u00f3n de negociaciones inglesas es la ruina del comercio de esta ciudad; \u00e9ste es el perjuicio que se reclama con m\u00e1s ardor, y que alarma a nuestros mercaderes, consider\u00e1ndose v\u00edctimas de una ruina inevitable; pero si quiere V. E. desvanecer este grande argumento, que comparezcan los que lo proponen, que sean preguntados; \u00bfqu\u00e9 entienden por comercio del pa\u00eds? y los ver\u00e1 V. E. confundidos sin atinar con una verdadera inteligencia, con una juiciosa demostraci\u00f3n de los males que lamentan. Los mercaderes que nos venden g\u00e9neros, no son el comercio; \u00e9ste se distingue substancialmente de las personas que intervienen en su circulaci\u00f3n, y las privaciones personales inherentes a todo nuevo plan, jam\u00e1s han contenido la ejecuci\u00f3n de aquellos arbitrios, que felices circunstancias preparan para inmortalizar la \u00e9poca de un gobierno ben\u00e9fico. La siguiente explicaci\u00f3n desvanece las equivocaciones con que los mercaderes han sostenido una representaci\u00f3n usurpada a la agricultura; ella es tomada del mismo sabio espa\u00f1ol antes citado, quien la transcribi\u00f3 de un franc\u00e9s, por su oportunidad para el presente caso.<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 viene a ser el comercio? Es el movimiento o circulaci\u00f3n de los objetos de cambio, por el que nos deshacemos de nuestros sobrantes, y adquirimos lo que nos hace falta. \u00bfQui\u00e9nes son los que contribuyen m\u00e1s al comercio, y, por consiguiente, sus partes esenciales? Son los creadores de los objetos de cambio naturales o manufacturados: son los agricultores y artesanos. Vosotros, comerciantes de los puertos de mar, vosotros no sois sino los corredores, los trajineros del comercio; m\u00e1s, en muchos casos sus mayores enemigos, por el precio exorbitante que pon\u00e9is a vuestra intervenci\u00f3n. \u00bfMir\u00e1is en vuestras operaciones el bien del estado? No; el oro es vuestro dios y el objeto de vuestras diligencias, como lo prueba el que siempre os he visto contentos de la escasez y pesarosos de la abundancia. \u00abDec\u00eds que proteg\u00e9is al labrador y al artesano: \u00bfpero c\u00f3mo los proteg\u00e9is? Adelant\u00e1ndoles socorros de poca monta sobre su cosecha o su trabajo, con condiciones tan usurarias, que en lugar de sacarles del ahogo, vuestro socorro les sumerge m\u00e1s y m\u00e1s en la pobreza. \u00bfSe declara la guerra entre vuestro soberano y otra potencia? jam\u00e1s tom\u00e1is una parte activa en la querella; \u00bfqu\u00e9 os importan las disputas de corona a corona? El comerciante, como vosotros dec\u00eds, es cosmopolita o ciudadano del universo. \u00bfCu\u00e1les son vuestras miras en vuestro comercio con las colonias? Estrujar y aniquilar de tal suerte a los colonos, que en cuatro o seis a\u00f1os pod\u00e1is contar con una fortuna hecha, y que no hubierais podido formar por un comercio de ganancias moderadas en quince o veinte. En consecuencia, \u00bfc\u00f3mo trat\u00e1is al comercio? Como un viajero trata los muebles de un cuarto alquilado. Nada prueba m\u00e1s, a\u00f1ade, que dos cosas no son id\u00e9nticas, como el que puedan considerarse abstractamente separadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00abSupongamos que el labrador vendiese \u00e9l mismo sus cosechas, y que el artesano las comprase en derechura con el fruto de su industria; en este caso existir\u00eda en realidad un comercio, y es evidente que no existir\u00eda el comerciante. Esta proposici\u00f3n es puramente te\u00f3rica, confieso que la multitud y rapidez de los cambios requiere otras manos interventoras; pero siempre prueba que el comercio y el comerciante no son la misma cosa. En una palabra, es tan rid\u00edculo en los comerciantes pretender ser el comercio, como en los cl\u00e9rigos pretender ser la religi\u00f3n.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEsta demostraci\u00f3n es muy brillante, para que a su vista contin\u00faen nuestros mercaderes usurpando la voz y representaci\u00f3n del comercio; el inter\u00e9s de \u00e9ste consiste esencialmente en la activa circulaci\u00f3n que termina por el fomento de la agricultura; y el bien de \u00e9sta, trascendental a todos los ramos que dependan de ella, no puede sacrificarse al inter\u00e9s particular de sus corredores. Aun este peque\u00f1o mal es aparente e inverificable, pues no puede prosperar el comercio fundamental de la Provincia, sin que sus interventores participen de las ventajas consiguientes a un giro que debe practicarse por medio de ellas. Un comercio d\u00e9bil y vacilante no ofrece al mercader sino especulaciones limitadas, que no se atreve a extender por las incertidumbres del \u00e9xito: una circulaci\u00f3n activa hace suceder r\u00e1pidamente las negociaciones, y no es menos lucrativa a los que sostienen las fuentes originales del giro, que a las manos intermediarias que manejan y dirigen la circulaci\u00f3n.<\/span><span style=\"color: #000000;\">\u00bfPor qu\u00e9 misterio resisten nuestros mercaderes un comercio activo de cuyo provecho deben participar ellos mismos? \u00bfAcaso porque cargados de efectos de Espa\u00f1a, temen que la baratura consiguiente a la introducci\u00f3n de negociaciones inglesas, haga quebrar las existencias de anteriores importaciones? No, Se\u00f1or: los estados de la Aduana, la vista de los almacenes y tiendas, la m\u00e1s constante notoriedad deponen que los mercaderes de Buenos Aires no tienen g\u00e9neros espa\u00f1oles; que las d\u00e9biles remesas de la Metr\u00f3poli no cubren la d\u00e9cima parte de nuestro consumo; y que por este respecto no pueden temer perjuicio alguno del nuevo arreglo. Los seguros conocimientos que me asisten sobre esta materia me deciden a hacer a V. E. la siguiente proposici\u00f3n: mis constituyentes bajo las seguridades y fianzas de todas sus propiedades y posesiones abonan a los mercaderes de Buenos Aires todas las negociaciones espa\u00f1olas, que acrediten haber introducido por la Aduana, d\u00e1ndoles de aumento un cincuenta por ciento, como se les faculte para recoger de los almacenes y tiendas todos los g\u00e9neros de clandestina introducci\u00f3n. El comerciante honrado, que no debe su fortuna a negociaciones envueltas en delitos, no puede resistirse a esta proposici\u00f3n; pero comun\u00edquesela V.E. a los quejosos, y esto s\u00f3lo bastar\u00e1 para ahuyentarlos de su presencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Es este un convencimiento irresistible, que descubre los verdaderos motivos de la oposici\u00f3n de nuestros mercaderes. Los que han conservado la dignidad y pureza de un buen comerciante, propenden con sinceridad a la ejecuci\u00f3n de un arbitrio que siendo \u00fatil al pa\u00eds debe ser lisonjero a todo hombre de bien; de aqu\u00ed un gran partido entre los comerciantes de primer rango a favor del libre comercio, habi\u00e9ndose hecho notable en el pueblo que solamente se empe\u00f1an en contradecirlo los que se ven pendientes de gruesas negociaciones de introducci\u00f3n clandestina. Estos son los opositores al arbitrio propuesto por V. E.; \u00e9stos los que claman por los perjuicios de que se ven amenazados: \u00bfpero qu\u00e9 aprecio merecen sus clamores, o qu\u00e9t\u00edtulos pueden alegar para empe\u00f1ar al Gobierno a que los redima del mal que los amenaza?<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nUn negociante a quien la suerte de sus asuntos prepara un gran quebranto, es acreedor a la protecci\u00f3n del gobierno y compasi\u00f3n de sus conciudadanos; es justo se le dispense todo g\u00e9nero de consideraciones, como no se comprometa el bien general a que debe sacrificarse toda fortuna privada; pero el que se ve amenazado de una quiebra, que no sufriera si no hubiese quebrantado la ley, reportar\u00eda provecho de su propio fraude, si tuviese acci\u00f3n para ser protegido. Un comerciante imprudente a quien sorprende una paz con considerables empleos en tiempo de guerra, llora su ruina, sin que pretenda turbar el placer con que rebosa la comunidad por la cesaci\u00f3n de tantos males; los mercaderes que contradicen nuestro beneficio, no sufren en la quiebra que padezcan las resultas de una imprudencia, sino el castigo de un grave delito: despreciaron la ley porque pudieron comprar su impunidad; sufran ahora el castigo que se les habr\u00eda impuesto si no hubiesen conseguido burlar la vigilancia del gobierno; y averg\u00fc\u00e9ncense de implorar ante la respetable autoridad de V. E. que se sacrifique el pueblo para que ellos gocen tranquilamente el fruto de sus delitos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa seguridad de estos conocimientos destruye los abultados males que se derivan de la libre circulaci\u00f3n contra el comercio del pa\u00eds, y descubiertos los verdaderos motivos de esta queja, podr\u00eda repetirse la contestaci\u00f3n que en estos tiempos se dio a igual reclamo. Los \u00fanicos perjuicios que sufrir\u00e1 el pa\u00eds con el libre comercio son:<br \/>\n<\/span><\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"color: #000000;\">Primero: que decaer\u00e1 el giro clandestino, porque nadie preferir\u00e1 sus riesgos a la seguridad de una p\u00fablica importaci\u00f3n.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"color: #000000;\"> <\/span><span style=\"color: #000000;\">Segundo: los ocultos introductores que se llaman contrabandistas, carecer\u00e1n de este honroso modo de pasar la vida y tendr\u00e1n que tomar un fusil o aguja.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"color: #000000;\">Tercero: los dependientes del resguardo no ser\u00e1n necesarios en tanto n\u00famero, ni tendr\u00e1n tan crecidas obvenciones.<\/span><span style=\"color: #000000;\"> <\/span><\/li>\n<li><span style=\"color: #000000;\">Cuarto: los subdelegados y dem\u00e1s part\u00edcipes en los comisos quedan perjudicados.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"color: #000000;\">Quinto: decaer\u00e1 el esp\u00edritu militar sin las continuas batallas de los contrabandistas.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"color: #000000;\">Sexto: los presidios no estar\u00e1n tan llenos si se evita el grande ingreso de los defraudadores, y los curiales perder\u00e1n mucho, falt\u00e1ndoles causas de esta especie, que les son tan lucrativas.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Un gobernador, que era entonces el \u00eddolo de su pueblo, y cuya literatura se recordar\u00e1 siempre con respeto, repeli\u00f3 con esta ir\u00f3nica zumba la importunidad de los comerciantes de C\u00e1diz, que sosten\u00edan un empe\u00f1o enteramente igual al de los nuestros; y este es seguramente el lenguaje m\u00e1s propio para contestar semejantes pretensiones.<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El tercer mal que m\u00e1s se pondera, y con que se pretende asustar a todas las gentes, es la total absorci\u00f3n y falta de numerario: se clama que el comercio con los ingleses producir\u00e1 una entera extracci\u00f3n de nuestra moneda, de que resultar\u00e1 un gran vac\u00edo que sea tan funesto al Gobierno como a la Provincia; pero si se medita bien este punto se conocer\u00e1n los vanos temores en que se funda tan errado pron\u00f3stico, deduci\u00e9ndose de una inteligente discusi\u00f3n que esa misma extracci\u00f3n de numerario, que los mercaderes lamentan, es un verdadero bien del pa\u00eds, que presagian desolado. Esta proposici\u00f3n parecer\u00e1 paradoja; pero yo emprendo su exposici\u00f3n con formal advertencia de que por ahora prescindo de los mercaderes que se me oponen, pues los sublimes principios de la ciencia econ\u00f3mica ni se aprenden, ni se emplean dignamente en el mostrador de una tienda. Los extranjeros nos llevar\u00e1n la plata: esto es lo mismo que decir nos llevar\u00e1n los cueros, el sebo, la lana, la crin y dem\u00e1s producciones de esta provincia: la plata es un fruto igual a los dem\u00e1s, est\u00e1 sujeto a las mismas variaciones, y la alteraci\u00f3n de su valor proporcionalmente a su escasez o abundancia, sostiene en ambos casos la reciprocidad de los cambios, subrogando equivalentes del numerario que en s\u00ed mismo no es de uso ventajoso para el comercio. \u00bfSer\u00e1 un mal para el pa\u00eds, que los frutos de su privativa producci\u00f3n se exporten con una celeridad propia de la circulaci\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida? La soluci\u00f3n que se d\u00e9 a esta pregunta satisfar\u00e1 los temores, que se fundan en la extracci\u00f3n de numerario consiguiente al comercio extranjero.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa plata no es riqueza, pues es compatible con los males y apuros de una extremada miseria; ella no es m\u00e1s que un signo de convenci\u00f3n con que se representan todas las especies comerciables: y sujeta a todas las vicisitudes del giro, sube o baja de precio en el mercado seg\u00fan su escasez o abundancia, siempre que por otra parte no crezcan o disminuyan las dem\u00e1s especies, que son representadas por ella. De aqu\u00ed es que su extracci\u00f3n en concurrencia de los dem\u00e1s frutos del pa\u00eds es indispensable para su prosperidad, pues estancada en n\u00famero excesivo al que exige la circulaci\u00f3n, bajar\u00eda su valor, y refluyendo en el de las dem\u00e1s cosas vendibles, se preferir\u00eda la compra del dinero por ser m\u00e1s barato que los dem\u00e1s renglones.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEstos son principios elementales de la ciencia econ\u00f3mica, y ellos garantizan al pa\u00eds de los abultados males que se quieren derivar de la saca de dinero: cuando ella fuese tan crecida que hiciese escasear este fruto de signo, aumentar\u00eda en valor lo que disminuyese en n\u00famero, y puesto en estado de ser preferible la compra de otros frutos por el excesivo precio de aqu\u00e9l, se sostendr\u00e1 la circulaci\u00f3n por el equilibrio dimanado del mucho valor a que hab\u00eda ascendido el poco n\u00famero. Entonces suceder\u00e1 lo que con cualquier otro fruto; pues si el sebo escasease, por ser el m\u00e1s apreciable, hasta el extremo de retraer al comprador por los riesgos de su especulaci\u00f3n, se convertir\u00e1 a los otros frutos, que la concurrencia al primero habr\u00e1 hecho decaer; y por este medio se conservar\u00e1 el giro fomentado con la alternativa de subida y decadencia en los efectos que son la fuente inagotable de los rec\u00edprocos empleos.<br \/>\nDada a nuestro comercio la actividad y vida consiguientes a la libertad de importar y extraer, no hay riesgo alguno de que falte el numerario para las atenciones del estado y necesidades del ciudadano: el dinero necesario para la circulaci\u00f3n interior de un pa\u00eds nunca se consume, porque est\u00e1 ligado por la misma reciprocidad de los cambios, y el inmediato inter\u00e9s que todos tienen en no desprenderse de la parte precisa para la correspondencia de los negocios, y satisfacci\u00f3n de las urgencias privadas. El se\u00f1or don Victoriano de Villalba demostr\u00f3, por conocimientos apoyados en experiencias y doctrinas de sabios economistas, que para la conservaci\u00f3n del giro interior de un pueblo comerciante basta una cantidad muy inferior a la que vulgarmente se cree; y que fijada \u00e9sta por los respectivos extremos de la circulaci\u00f3n, no hay riesgo de que por motivo alguno desaparezca. Esto es consiguiente al inter\u00e9s que mueve la gran m\u00e1quina del comercio, pues por mucho empe\u00f1o que ponga el extranjero en extraer una moneda de que espera provecho, siempre lo pondr\u00e1 igual el del pa\u00eds en conservar un signo de que necesita para continuar sus especulaciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEstos principios son muy superiores a las vulgares ideas que han formado hasta ahora un comercio de factor\u00eda y corretaje; pero no por eso son menos ciertos; y si a pesar de ellos se insiste en que la saca de numerario que haga el extranjero es un verdadero mal, responder\u00e9 que estamos tan habituados a \u00e9l, que debemos ya perderle el miedo: \u00bfQu\u00e9 extracci\u00f3n de plata puede haber mayor a la que sufrimos perpetuamente? B\u00fasquese un peso del se\u00f1or Felipe V, o del se\u00f1or don Fernando VI, y no se hallar\u00e1; aun del se\u00f1or don Carlos III, se encontrar\u00e1n muy pocos, y comparados los estados anuales de la casa de moneda de Potos\u00ed, que casi exclusivamente nos provee de numerario, con los registros de remisiones hechas a Espa\u00f1a, resultar\u00e1 un peque\u00f1o residuo, el muy preciso para mantener la circulaci\u00f3n, y que ning\u00fan esfuerzo extranjero ser\u00e1 capaz de extraerlo cuando los de nuestros comerciantes no han podido conseguirlo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSi V. E. desea evitar la extracci\u00f3n considerable de numerario que se ha practicado en estos \u00faltimos tiempos, no tiene otro arbitrio que abrir las puertas del comercio, para que el negociante ingl\u00e9s pueda extenderse a todo g\u00e9nero de exportaciones. Es funesta consecuencia del contrabando poner al introductor en la precisi\u00f3n de extraer en dinero efectivo los valores importados. Aunque su verdadero inter\u00e9s est\u00e1 ligado al retorno de frutos sobre que pueda girar una nueva especulaci\u00f3n, los riesgos consiguientes a una prohibici\u00f3n severa le hacen renunciar las mayores ventajas, y prefiriendo la seguridad de la moneda, que nunca puede conciliarse con unos frutos voluminosos, sacan en aqu\u00e9lla todos sus valores, priv\u00e1ndose del lucro que justamente se prometen de una nueva negociaci\u00f3n, y privando al pa\u00eds del beneficio que reportar\u00eda con la continuada exportaci\u00f3n de sus apetecidos frutos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe calculan prudentemente seis millones de mercader\u00edas inglesas introducidas en el R\u00edo de la Plata desde el a\u00f1o de 1806; la mayor parte de estos considerables valores ha sido extra\u00edda en numerario, porque prohibida la exportaci\u00f3n de nuestros frutos no quedaba otro arbitrio para sacar sus caudales; algunos atropellaron los riesgos y embarcaron frutos a pesar de su absoluta prohibici\u00f3n; pero un embarque clandestino de especies tan voluminosas nunca pudo ser considerable, bastando apenas para la precaria existencia de los hacendados, que en el caso de una franca exportaci\u00f3n habr\u00edan llegado a la opulencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEl riesgo a que todo introductor ha expuesto una parte de su fortuna, cargando algunos frutos en medio de las dificultades casi insuperables que los rodeaban, es una prueba de la activa exportaci\u00f3n que lograr\u00e1 el pa\u00eds si se rompen las cadenas que han estorbado la salida.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSe manifiesta muy estrecho el c\u00edrculo de las ideas de nuestros mercaderes cuando creen que el resultado de una franca exportaci\u00f3n ser\u00e1 la aniquilaci\u00f3n de nuestra moneda. El verdadero comerciante no quiere dinero cuando puede llevar su importe en especies comerciables; un peso nunca ser\u00e1 m\u00e1s que ocho reales, y su valor reducido a frutos naturales o de industria, puede ser diez, doce o veinte reales, seg\u00fan la combinaci\u00f3n y destino a que sea conducido. Cuando este superior Gobierno compr\u00f3 el bergant\u00edn ingl\u00e9s llamado ahora \u00abFernando VII\u00bb, se promovieron dudas sobre si podr\u00eda permitirse al vendedor la extracci\u00f3n de veinte mil pesos en que fue celebrada la compra: el comerciante ingl\u00e9s comprendi\u00f3 que el apego al numerario era el origen de aquellos embarazos, y se present\u00f3 renunciando todo dinero efectivo con tal que se le permitiese sacar en frutos del pa\u00eds el valor del buque vendido.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs digna de leerse esta representaci\u00f3n, que existe en la Escriban\u00eda de Superintendencia, porque en ella se advierten rasgos de un verdadero comerciante, que se conduele de la poca instrucci\u00f3n que notaba en el pa\u00eds sobre materias de comercio. El ense\u00f1a que no es la plata el objeto m\u00e1s apreciable a un comerciante inteligente, sino los frutos y mercader\u00edas sobre que puede extenderse en especulaciones bien calculadas; a\u00f1adiendo que como el Gobierno abriese las puertas de estas provincias traer\u00eda mil barcos del T\u00e1mesis, cuyos due\u00f1os remitir\u00edan gustosos fondos considerables en numerario para comprar nuestros frutos, que les son m\u00e1s apreciables. As\u00ed se explican los individuos de aquella naci\u00f3n, que es hoy d\u00eda la primera del mundo en materias de comercio; y V. E. puede estar seguro que su conducta no desmentir\u00eda sus promesas, debi\u00e9ndose esperar que las lecciones de su manejo producir\u00edan en los tristes mercaderes de la oposici\u00f3n conocimientos que no tienen, e ideas generosas que en el estado presente los asustan.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nConcluyamos este punto con la graciosa invectiva de un pol\u00edtico moderno, que hall\u00e1ndose en igual empe\u00f1o de convencer que el libre comercio no expon\u00eda a una perjudicial y ruinosa extracci\u00f3n del numerario, dice: \u00abLos sectarios del antiguo sistema mercantil, que s\u00f3lo aprueban restricciones del trato humano, cuando afectan tener miedo al vac\u00edo del dinero, que creen consiguiente a la franca comunicaci\u00f3n con los pueblos civilizados, se parecen a la secta de peripat\u00e9ticos que afectaba tener igual miedo al vac\u00edo f\u00edsico, perdiendo por este vano horror el conocimiento de las leyes de la naturaleza, y estorbando siglos enteros los progresos del esp\u00edritu humano. Solamente debe mirarse con horror el vac\u00edo de los mejores trabajos productivos del pa\u00eds; el vac\u00edo que de ah\u00ed resulta en los bienes s\u00f3lidos que proveen los art\u00edculos de subsistencia y las materias de las artes; y finalmente, el vac\u00edo en el conocimiento de los verdaderos principios de la econom\u00eda pol\u00edtica, que influyen en el progreso de la riqueza y prosperidad de las naciones\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEstos son los vac\u00edos que debieran temer nuestros mercaderes, y no el de un dinero que nadie arrancar\u00e1 de sus manos, y que bajo el sistema prohibitivo nunca podr\u00e1 influir en la verdadera riqueza de la Provincia. Tales son los principales perjuicios que los mercaderes derivan del nuevo establecimiento: ellos son de tal naturaleza que una sencilla exposici\u00f3n ha bastado para convencer que son figurados, o necesarios; y en ambos casos no deben detener a V. E. para el ben\u00e9fico arbitrio con que medita el remedio de apuros urgent\u00edsimos. Los otros males que igualmente se reclaman como consecuencia precisa del franco comercio, son tan d\u00e9biles que no merecen una contestaci\u00f3n detenida; as\u00ed me reducir\u00e9 a ligeras indicaciones de los que se aparentan m\u00e1s graves, y del verdadero concepto que debe formarse de estas ponderaciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa agricultura llegar\u00e1 al \u00faltimo desprecio. Estaba reservado al apoderado del Consulado de C\u00e1diz este gran descubrimiento. La libre exportaci\u00f3n de los frutos se contempla ruinosa para la agricultura que los produce. \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 entonces el medio de fomentarla? Seg\u00fan los principios de nuestros mercaderes deber\u00e1 ser que los frutos est\u00e9n estancados, que falten compradores por la dificultad de extraerlos adonde deben consumirse, y que despu\u00e9s de aniquilar al labrador por no indemnizarle los costos de su cultivo y cosecha, se pierdan por una infructuosa abundancia, teniendo por \u00faltimo destino llenar las zanjas y pantanos de nuestras calles. S\u00ed, Se\u00f1or: a este grado de abatimiento ha llegado nuestra agricultura en estos \u00faltimos a\u00f1os; se han cegado con trigo los pantanos de esta ciudad; pero tan miserable constituci\u00f3n, que enternece a los hombres patriotas y escandaliza a todas las gentes, es la suerte precisa de un pueblo, en que, trat\u00e1ndose de aliviar tama\u00f1os males, se atreven a gritar los mercaderes: se arruina la agricultura si a los frutos se les proporciona estimaci\u00f3n y pronta salida.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLas artes y la industria quedar\u00e1n arruinadas. Era necesario en los mercaderes un empe\u00f1o tan extraordinario como el presente para que se oyesen de su boca palabras favorables a nuestros artistas; pero el favor que les dispensan es tan sincero, como las intenciones con que lo producen. Fomentada la agricultura, enriquecida la tierra, deben enriquecer igualmente los artesanos. \u00abCuando los propietarios de terrenos son ricos, dice Filangieri, es rico el estado; si \u00e9stos son pobres, el estado tambi\u00e9n es pobre. Todas las clases de la sociedad deben confesar que su suerte est\u00e1 unida a la de los propietarios de los terrenos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00abEl artista que les viste, que fabrica sus casas, que construye sus muebles, que trabaja los utensilios necesarios a la cultura de sus tierras; en una palabra, que provee a su necesidad y a su lujo; el mercenario que les sirve, el abogado que los defiende, el mercader que comercia por ellos, el marinero y el arriero que transportan sus productos, todos estos individuos que trabajar\u00e1n m\u00e1s y ser\u00e1n mejor pagados por los propietarios de los terrenos, cuando ellos vendan m\u00e1s caros sus productos. Si los que no son propietarios deben pagarlos a m\u00e1s alto precio, tambi\u00e9n a m\u00e1s alto precio deben ser pagadas sus obras por los propietarios.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs muy vergonzoso el rastrero manejo que algunos comerciantes han ejercido alarmando a nuestros artesanos con abultados temores de un total abatimiento y ruina de sus obras. \u00a1Qu\u00e9 concepto tan desfavorable formar\u00e1n los dem\u00e1s pueblos de nuestros comerciantes, cuando sepan que, puestos en el empe\u00f1o de influir sobre un proyecto econ\u00f3mico relativo al comercio del pa\u00eds, no encontraron gremio a quien asociarse, o que se dignase tomar parte en su demanda sino el de los herreros y zapateros! \u00a1Qu\u00e9 mengua ser\u00eda tambi\u00e9n para nuestra reputaci\u00f3n si llegase a suceder que en los establecimientos econ\u00f3micos de que pende el bien general, y en que deben apurarse los conocimientos de los mayores hombres, se introdujesen a discurrir los zapateros!<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa circunspecci\u00f3n de V. E. nos libertar\u00e1 de este borr\u00f3n; y la docilidad de nuestros artistas no ser\u00e1 sorprendida. \u00a1Artesanos de Buenos Aires! Yo os exhorto a nombre del gremio que represento, que no os dej\u00e9is deslumbrar sobre unas ventajas, que si\u00e9ndolo del pa\u00eds, deben refluir en vosotros. No cre\u00e1is a los seductores que os precipitan, y estad seguros de que no necesit\u00e1is otra prueba para desconfiar de sus promesas, que ver el celo con que protegen vuestra causa.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00bfQui\u00e9n creer\u00e1 a los mercaderes de Buenos Aires sinceramente consagrados al bien de los artistas del pa\u00eds? Cuando os digan que los ingleses traer\u00e1n obras de todas clases, respondedles que hace tiempo se est\u00e1n introduciendo innumerables clandestinamente, y que si esto es un gran mal, ellos solos han sido sus autores. Si os dicen que no podr\u00e9is competir con los artistas extranjeros, replicad que \u00e9ste es un mal a que siempre hab\u00e9is estado expuestos, pues las leyes los toleran y admiten francamente. Si insisten en que traer\u00e1n muebles hechos, decid que los dese\u00e1is para que os sirvan de regla y adquirir por su imitaci\u00f3n la perfecci\u00f3n en el arte, que de otro modo no podr\u00e9is esperar; que aunque entonces valgan menos vuestras obras har\u00e9is m\u00e1s con su producto, pues podr\u00e9is proveeros f\u00e1cilmente de los renglones que hoy no alcanz\u00e1is sino a costa de sacrificios; y \u00faltimamente, respondedles que por lo que hace a la concurrencia con vuestras obras, os es indiferente que vengan de Espa\u00f1a o de un reino extranjero; y despu\u00e9s de recordarles la libre y abundante introducci\u00f3n de obras de mano que prove\u00eda la Metr\u00f3poli, conducidlos a sus propias casas, y las encontrar\u00e9is adornadas con muebles que no hab\u00e9is trabajado.<br \/>\nLas provincias interiores se arruinar\u00e1n. El apoderado del Consulado hace este fatal presagio, que lo extiende hasta creer arriesgada la uni\u00f3n que nos relaciona con estrechos v\u00ednculos; pero al verlo persuadido de que los tucuyos de Cochabamba se consumen en Chile, se descubre que no tiene conocimientos de los pa\u00edses sobre que discurre. Las telas de nuestras provincias no decaer\u00e1n, porque el ingl\u00e9s nunca las proveer\u00e1 tan baratas ni tan s\u00f3lidas como ellas; las f\u00e1bricas groseras de los pa\u00edses que recientemente nacen para el comercio, tienen su aprecio y preferente consumo entre las gentes de aquellas provincias: los telares de las nuestras no decaer\u00e1n por el franco comercio; pero sobre este punto expondr\u00e9 en la tercera parte consideraciones que acreditar\u00e1n que no somos insensibles al bien de nuestros hermanos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa consideraci\u00f3n en que m\u00e1s insiste el apoderado del Consulado de C\u00e1diz, y que hasta los pulperos repiten entre dientes, es que concedido a los ingleses el comercio con las Am\u00e9ricas, es de temer que a vuelta de pocos a\u00f1os veamos rotos los v\u00ednculos que nos unen con la Pen\u00ednsula espa\u00f1ola. Aunque para producir tama\u00f1o atentado se toma el disfraz de atribuir este peligro a la codicia de los extranjeros, se penetra muy bien que el verdadero esp\u00edritu de esta injuriosa invectiva es suponer arriesgada la fidelidad de los americanos con el trato extranjero; pero esta es la \u00faltima prueba de lo que es capaz un comerciante agitado por la insaciable sed de la codicia.<br \/>\nPor lo que hace a los ingleses, nunca estar\u00e1n m\u00e1s seguras las Am\u00e9ricas, que cuando comercien con ellas, pues un naci\u00f3n sabia y comerciante detesta las conquistas y no gira las empresas militares sino sobre los intereses de su comercio. Por lo que hace a nosotros, es una injuria que solamente podr\u00eda esperarse de un mercader en los transportes de la avaricia. Es demasiado notoria la fidelidad de los americanos; la historia nos ense\u00f1a que jam\u00e1s ha necesitado la Espa\u00f1a de otra garante para la seguridad y conservaci\u00f3n de estas provincias; y la \u00e9poca presente nos ha proporcionado pruebas que deben envidiarnos hasta los pueblos de Espa\u00f1a. Los ingleses mirar\u00e1n siempre con respeto a los vencedores del cinco de julio y los espa\u00f1oles no se olvidar\u00e1n que nuestros hospitales militares no quedaron cubiertos de mercaderes, sino de hombres del pa\u00eds que defendieron la tierra en que hab\u00edan nacido, derramando su sangre por una dominaci\u00f3n que aman y veneran.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs esta una materia sobre que no quiero discurrir, para evitar transportes a que provoca la gravedad de la injuria: as\u00ed, perm\u00edtame V. E. transcribir lo que dice el gran Filangieri sobre este punto: \u00abNo se me oponga que estas colonias, si llegaban a ser ricas y poderosas, desde\u00f1ar\u00edan de estar dependientes de su madre. La carga de la dependencia solamente se hace insoportable a los hombres, cuando va unida con el peso de la miseria y de la opresi\u00f3n. Las colonias romanas, tratadas con aquel esp\u00edritu de moderaci\u00f3n que hab\u00edan inspirado el inter\u00e9s y la pol\u00edtica del Senado, lejos de aborrecerla se gloriaban de una dependencia que constitu\u00eda su gloria y su seguridad. Su condici\u00f3n era envidiada aun de aquellas ciudades que, incorporadas con Roma y bajo el importante nombre de municipios, hab\u00edan juntado todas las prerrogativas de ciudadanos romanos con la conservaci\u00f3n de sus usos particulares, de su culto y de sus leyes. Muchas de estas ciudades procuraron el t\u00edtulo de colonia, y aunque sus prerrogativas eran muy diversas, no obstante, bajo el imperio de Adriano no se sab\u00eda cu\u00e1l era la que llevaba la ventaja. Su prosperidad no las hizo jam\u00e1s rebeldes, ni les inspir\u00f3 la ambici\u00f3n de la independencia. Lo mismo suceder\u00eda con las colonias modernas: felices bajo su metr\u00f3poli, no se atrever\u00edan a sacudir un yugo ligero y suave para buscar una independencia, que las privar\u00eda de la protecci\u00f3n de su madre, sin quedar aseguradas de poder defenderse o de la ambici\u00f3n de un conquistador, o de las intrigas de un ciudadano poderoso o de los peligros de la anarqu\u00eda. No ha sido el exceso de las riquezas y de la prosperidad el que ha hecho rebelar a las colonias anglicanas; ha sido el exceso de la opresi\u00f3n el que las ha llevado a volver contra su madre aquellas mismas armas, que tantas veces hab\u00edan empe\u00f1ado en su defensa\u00bb. \u00bfConvendr\u00e1n a las potencias europeas posesiones ultramarinas? pregunta el marqu\u00e9s de Saint Aubin. Algunos creen que no; porque si las conservan d\u00e9biles no sacan provecho de ellas, y si las hacen prosperar se exponen a su p\u00e9rdida. \u00a1Ideas miserables! exclama aquel gran pol\u00edtico: deben tenerse estas posesiones, pues en el actual estado son indispensables para la prosperidad europea; pero es necesario labrarles su felicidad, para que la gratitud y el convencimiento de su propia conveniencia sean v\u00ednculos indestructibles de una estrecha uni\u00f3n con su madre patria. El apoderado del Consulado pod\u00eda haber sido instruido que ese mismo C\u00e1diz, de cuyos intereses se manifiesta tan celoso, solicit\u00f3 del pueblo romano el t\u00edtulo de colonia, prefiri\u00e9ndolo al de municipio por el suave gobierno de aquella metr\u00f3poli; y cuando ignorase esto (porque seguramente no tiene motivo para saberlo) pod\u00eda en los a\u00f1os que lleva de Am\u00e9rica, haber conocido el car\u00e1cter de nuestras gentes y abstenerse de inferir tan alta injuria a la fidelidad de unos hombres que desde los primeros a\u00f1os del descubrimiento de las Am\u00e9ricas se glorian de haber dado constantemente lecciones de subordinaci\u00f3n a los mismos europeos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nYo me voy exaltando insensiblemente al ver la grave injuria que reciben estos pueblos por la menor sospecha de su fidelidad: disculpemos las expresiones del contrario; quiz\u00e1 no fue su intenci\u00f3n inferir a la Am\u00e9rica tama\u00f1o agravio, o quiz\u00e1 sent\u00f3 aquella proposici\u00f3n para otros fines sin alcanzar todo el veneno que encerraba. Me inclino a este benigno partido, porque el apuro de compilar argumentos ha sido tan grande, que no se ha dudado interesar en la causa hasta la santidad de nuestra religi\u00f3n y pureza de nuestras costumbres. La navecilla de la Iglesia ha padecido en estos borrascosos tiempos violentos contrastes, pero deber\u00edamos temer que el divino piloto hubiese abandonado su tim\u00f3n si vi\u00e9semos confiada la defensa de sus sacrosantos derechos a los cat\u00f3licos esfuerzos del apoderado del comercio de C\u00e1diz.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nDon Miguel Ag\u00fcero no tiene representaci\u00f3n para promover acciones que no competen a sus instituyentes; \u00e9l clama que peligran nuestra religi\u00f3n y buenas costumbres por el libre trato con los ingleses, pero si este peligro es bastante para cortar su comunicaci\u00f3n, reciben un terrible golpe sus poderdantes, pues su existencia pol\u00edtica depende hoy, principalmente, de las \u00edntimas relaciones y libre trato que sostienen con ingleses, moros, jud\u00edos y hombres de toda secta. \u00bfCreer\u00e1 acaso el apoderado que la fe de los de C\u00e1diz tiene una firmeza de que carece la nuestra? Si se hablase de las monta\u00f1as de Santander podr\u00eda haberse deslumbrado por el glorioso dictado de cristianos viejos, pero esto no compete a los de C\u00e1diz con preferencia a los de la Am\u00e9rica. A\u00fan no hab\u00eda ca\u00eddo enteramente el imperio de Mahoma en las Andaluc\u00edas, cuando empez\u00f3 a caer el del sol en estas regiones. Lleg\u00f3 a predicarse en Buenos Aires que pecaban gravemente los padres de familia que permit\u00edan a sus hijos viajar por pa\u00edses extranjeros; el papel del apoderado gira sobre principios enteramente an\u00e1logos a aquella m\u00e1xima, pero el gobierno, sin condenar los esfuerzos de un celo que puede ser laudable por los principios que lo inspiran, obra libremente en la combinaci\u00f3n de las relaciones pol\u00edticas a que est\u00e1 vinculada la felicidad y firmeza de los imperios.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00bfA qu\u00e9 extremos no conduce el empe\u00f1o de sostener una mala causa? Desesperados los mercaderes al ver que las relaciones m\u00e1s respetables no pueden hacerse servir al inter\u00e9s personal que los anima, prorrumpen en visibles desconciertos, llegando hasta el punto de exclamar que se llenar\u00e1 la tierra de efectos que no podr\u00e1n consumirse en muchos a\u00f1os. Si el anuncio fuese fundado, si fuesen ciertos los males que se derivan de \u00e9l, deber\u00edan recaer todos en los comerciantes ingleses, pues no podr\u00edan vender sus excesivas importaciones; pero no, Se\u00f1or, el comerciante ingl\u00e9s sabe sobradamente, y no necesita que el nuestro le ilumine y precava sus errores; \u00e9l no traer\u00e1 sino lo que pueda vender, y el pa\u00eds no le comprar\u00e1 sino lo que pueda consumir. El consumo se aumentar\u00e1, porque enriquecida la campa\u00f1a e incitado el lujo naciente de unos hombres que jam\u00e1s han probado comodidades, se multiplicar\u00e1n \u00e9stas por la facilidad que resulta de la abundancia y baratura de buenos g\u00e9neros y de las mayores facultades para proporcion\u00e1rselos.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nLa estrechez del tiempo no me permite dar la debida extensi\u00f3n a mis ideas: si V. E. gusta que se publique este escrito, podr\u00e9 entonces agregar las reflexiones que ahora suprimo: ellas servir\u00e1n de un baluarte inexpugnable contra los tiros que la audaz ignorancia prepara a la justificaci\u00f3n del proyecto. Lo expuesto hasta aqu\u00ed es bastante para que, descubierto el gran fantasma que solamente asustaba a los que no se acercaban a reconocerlo, obre imperiosamente la necesidad que ha provocado al nuevo arbitrio; influya en \u00e9ste la conveniencia p\u00fablica a que est\u00e1 unido \u00edntimamente, y se sostengan por t\u00edtulos de rigurosa justicia unos derechos atacados por consideraciones tan fr\u00edvolas como las que se han empleado en aterrarnos. La oposici\u00f3n estriba en tan d\u00e9biles fundamentos, que ha sido bastante acercarnos a su examen para contar con su triunfo; pero \u00e9ste no ser\u00e1 completo, si por una inteligente combinaci\u00f3n no se precaven los males negativos que la mezquindad en el arreglo podr\u00eda producirnos. Esta es la obra del gobierno, a cuyo celo deferimos gustosos nuestra suerte; pero habi\u00e9ndose propuesto arbitrios y arreglos por el apoderado de C\u00e1diz y el Real Consulado, los indicar\u00e9 con rapidez, notando su oportunidad o inconducencia. Con esta operaci\u00f3n llenar\u00e9 la tercera parte de mi representaci\u00f3n, para la cual reserv\u00e9 expresamente el examen de los medios con que el apoderado Ag\u00fcero pretende libertar de apuros a V. E., sac\u00e1ndolos, en obsequio de la claridad, del primer art\u00edculo de la primera parte a que por un orden riguroso correspond\u00edan con m\u00e1s propiedad. Primer arbitrio del apoderado de C\u00e1diz: la apertura de una subscripci\u00f3n por v\u00eda de empr\u00e9stito, bajo la seguridad no s\u00f3lo de las Rentas Reales, sino tambi\u00e9n de los fondos del Consulado y Cabildo de esta ciudad, a\u00f1adiendo que, para estimular a los prestamistas, se les declare un premio que pueda llegar hasta un doce por ciento. Sobre el recurso de los empr\u00e9stitos se ha reflexionado suficientemente en la primera parte de este escrito; solamente a\u00f1adir\u00e9 que el triste resultado del empr\u00e9stito abierto por el Excmo. Cabildo por medio de una solemne proclamaci\u00f3n y el peque\u00f1o fruto de las activas y exquisitas diligencias practicadas por el comerciante don Benito Iglesias, son la medida por donde debe graduarse lo que sacar\u00e1 V. E. de la repetici\u00f3n de tan desenga\u00f1ado recurso.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nNada se avanza en favor de este arbitrio con las hipotecas de la Real Hacienda, fondos del Consulado y Cabildo. El antiguo d\u00e9ficit ascend\u00eda a un mill\u00f3n y doscientos mil pesos; a esta cantidad debe agregarse mill\u00f3n y medio que dejar\u00e1 el Per\u00fa de remitir, y para unas cantidades tan exorbitantes, \u00bfqu\u00e9 garant\u00eda presentan los indicados fondos? Si no tienen suficientes ingresos para responder, nada se aventaja con su hipoteca, pues los prestamistas desconfiar\u00e1n justamente; si sus fondos se consideran bastantes, h\u00e1ganse cargo de aliviar directamente los apuros. Lo cierto es, que s\u00f3lo en el caso de ser segura la garant\u00eda, puede contemplarse oportuna su propuesta, y entonces no se combinan los sentimientos religiosos del apoderado, pues un doce por ciento de premio sobre capitales asegurados, dice muy mal con el elevado celo que prefiere la p\u00e9rdida de la tierra a un remoto peligro de que la her\u00e9tica pravedad la contagie.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs el segundo medio la imposici\u00f3n de nuevos grav\u00e1menes al comercio de ensayo, y aun al de la Metr\u00f3poli, a los caldos de Mendoza y San Juan y a todos los dem\u00e1s ramos, como se hizo poco ha con la carne. \u00a1Qu\u00e9 recurso tan pobre, tan triste, tan miserable! \u00a1Pretender imposiciones sobre ramos nacientes o aniquilados, cuando por un general fomento se presentan f\u00e1cilmente ventajosos resultados que nunca pueden esperarse de aquel arbitrio! Causa l\u00e1stima, Se\u00f1or Excmo., echar la vista sobre los comerciantes de caldos de San Juan y Mendoza; casi todos est\u00e1n arruinados por el enorme peso de unas contribuciones que progresivamente han crecido hasta hacerse insoportables. Por la cruel petici\u00f3n de que se aumenten sus grav\u00e1menes, deben regular nuestros labradores y artistas la buena fe con que el apoderado de C\u00e1diz se conduce, cuando aparenta lamentar su suerte, interes\u00e1ndola en el feliz \u00e9xito de su oposici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nTercer medio: imposici\u00f3n de grav\u00e1menes a todas las propiedades y venta de las temporalidades y dem\u00e1s bienes de la Corona. Contribuciones a un pueblo que gime en la miseria, y a quien repetidas calamidades han reducido a la imposibilidad de satisfacerlas, es el medio m\u00e1s aparente para anticipar la ruina que se desea precaver. \u00a1Qu\u00e9 recursos tan abundantes se presentan a V. E. en la venta de bienes reales cuyo valor apenas alcanzar\u00e1 para los gastos de un solo mes! La supresi\u00f3n que hizo esta superioridad de los derechos patri\u00f3ticos, es un argumento de que no los crey\u00f3 convenientes, y su nueva propuesta no debe considerarse tanto un error cuanto un exceso de los alcances e intervenci\u00f3n a que deb\u00eda reducirse.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nCuarto arbitrio: el cerc\u00e9n de los sueldos de los empleados desde la una hasta las dos tercias partes de su importancia regular. Lastimados est\u00e1n ya nuestros o\u00eddos, se\u00f1or Excmo., con los repetidos clamores contra los sueldos de los empleados: en vano se ha demostrado por mil modos diferentes, que sus escasas dotaciones no son susceptibles de la menor defraudaci\u00f3n; en vano se ha calculado el peque\u00f1o auxilio que reportar\u00eda el erario por este deficiente remedio; las demostraciones m\u00e1s justas no calmaban la conspiraci\u00f3n contra los sueldos y el resultado de una generosa deferencia, con que los empleados abdicaron gustosos una parte de sus dotaciones, no produjo otro efecto que envolver a sus familias en amargas privaciones, sin que el erario respirase de las urgencias con que se ve\u00eda apurado.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\n\u00bfQu\u00e9 resultar\u00eda de la minoraci\u00f3n o retenci\u00f3n de unos sueldos que en esta ciudad son todos insuficientes para sostener el rango de sus respectivos empleos? Se ver\u00eda V. E. afligido con un mal m\u00e1s de los que causan hoy tanta amargura a su coraz\u00f3n. \u00bfAcaso han cre\u00eddo nuestros mercaderes que la sustentaci\u00f3n de los funcionarios p\u00fablicos es un objeto de poca importancia para el gobierno? Los peligros que atacan la seguridad interior del pa\u00eds no interesan menos al Estado, que los riesgos exteriores de un enemigo poderoso: el orden p\u00fablico, la administraci\u00f3n de justicia, el manejo de rentas reales, son los medios por donde dejando de ser un grupo de hombres que se destruir\u00edan mutuamente formamos una sociedad estable y regular: y cuando V. E. ha manifestado los apuros del erario real, no ha pedido consejo para no pagar los empleados, sino arbitrios para sostener con ellos las bases fundamentales del orden social. \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s propio de un mercader, que aparenta tanto celo por el bien general, ofrecer al Gobierno una o las dos tercias partes de sus mercader\u00edas? <\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQuinto arbitrio: Oficiar a los gobiernos de Lima y Chile, para que proporcionen fondos de aquellas rentas, que deber\u00e1n remitirse por la seguridad de la justa inversi\u00f3n que le dar\u00e1 V. E. Si este medio fuese asequible, mucho tiempo hace que pudo haberse ejecutado; pero aquellos gobiernos (cuya situaci\u00f3n no es la m\u00e1s ventajosa) necesitan para sus propias atenciones los fondos que all\u00ed se acopian, y cuando puedan lograr algunos sobrantes, les dar\u00e1n el preferente destino de auxiliar a la Metr\u00f3poli, guard\u00e1ndose muy bien de dar a aquellos caudales una direcci\u00f3n excedente de los objetos y facultades a que deben ce\u00f1irse en su manejo. Cuando vi que el apoderado de C\u00e1diz trataba de hacer venir fondos para nuestro socorro desde provincias remotas, cre\u00ed que el arbitrio se reduc\u00eda a ofrecer alguna gran suma a nombre del Consulado que representa, pues no teniendo los poderes del virrey de Lima o presidente de Chile, era excusada toda oferta de las rentas que gobiernan aquellos jefes; que tampoco puede tolerarse en clase de una advertencia, por no ser de su representaci\u00f3n ni alcances hacerlas al Gobierno sobre la conducta y correspondencia privada que debe guardar con otros gobiernos igualmente superiores e independientes.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El sexto arbitrio se reduce a establecer una gran loter\u00eda a semejanza de la real de Madrid o de la de M\u00e9jico, en que se designen algunas suertes de buena fortuna, como desde trescientos hasta dos mil o tres mil pesos, capaces de lisonjear el inter\u00e9s de pobres, ricos y viudas. Agotados todos los fondos del real erario, empe\u00f1ado en crecidos gastos de que no puede prescindir, apurado por urgencias y peligros que amenazan los fundamentos del estado, baja V. E. de la elevaci\u00f3n de su empleo, y se digna consultar arbitrios prontos y eficaces, que puedan sostener esta gran m\u00e1quina que se presenta vacilante; y cuando la importancia del objeto y dignidad de las personas encargadas de su remedio, parec\u00edan suficientes a excitar el celo y conocimientos con que el genio apurado inventa milagros, capaces de prevenir una ruina que ya se consideraba inevitable, sale el apoderado del Consulado de C\u00e1diz con la invenci\u00f3n de una loter\u00eda, que ni por los resultados del m\u00e1s feliz establecimiento, ni por el tiempo necesario a su organizaci\u00f3n, puede jam\u00e1s considerarse como un auxilio oportuno para los urgentes y graves apuros que se tratan de remediar.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las necesidades de los estados han producido raras invenciones, que unas veces los han salvado, otras han precipitado su ruina; pero \u00e9sta ser\u00e1 la vez primera que se haya considerado el arbitrio de una loter\u00eda digno de ocupar la atenci\u00f3n del gobierno y entrar en las profundas especulaciones a que la ciencia econ\u00f3mica de los estados f\u00eda su conservaci\u00f3n en semejantes circunstancias. Si en una tertulia privada se hubiese propuesto semejante arbitrio se habr\u00eda reputado un pasatiempo, que alg\u00fan genio festivo habr\u00eda extendido a la habilitaci\u00f3n de pulper\u00edas, caf\u00e9s, canchas y otros recursos enteramente an\u00e1logos al de la loter\u00eda: pero proponer semejantes medios ante la respetable presencia de V. E. es un atentado contra la decencia y la justa veneraci\u00f3n que debe llevarse por gu\u00eda en semejantes discusiones. Lo cierto es que apenas han trascendido al p\u00fablico semejantes propuestas, ha resultado una variaci\u00f3n en las ideas que se ha hecho muy notable: los hacendados se han tranquilizado de las zozobras que antes les causaba la pendencia de un bien tan importante; porque han cre\u00eddo segura su consecuci\u00f3n al ver la debilidad de los obst\u00e1culos con que se pretende entorpecer; los mercaderes de la oposici\u00f3n han deca\u00eddo de \u00e1nimo al verla sostenida de una defensa, que con s\u00f3lo publicarse ha quedado desvanecida antes de ser atacada; y de aqu\u00ed una firme opini\u00f3n en todas las gentes de que ha llegado el feliz momento de ver realizadas las solemnes promesas con que V. E. se ha dignado anunciar nuestra felicidad.<br \/>\nEl \u00faltimo remedio que propone el apoderado del comercio de C\u00e1diz, como radical y capaz por s\u00ed solo de aliviar los apuros, y precaverlos para lo sucesivo, es la puntual observancia de las leyes, y la doble vigilancia en el exterminio del contrabando, hasta desterrar enteramente las introducciones clandestinas, que en estos \u00faltimos tiempos se han practicado con esc\u00e1ndalo. Si don Miguel de Ag\u00fcero se manifiesta, en varios lugares de su escrito, asombrado de la conducta que han guardado en esta materia el Excmo. Cabildo y el Real Consulado, sus lectores deber\u00e1n asombrarse, con m\u00e1s justicia, cuando observen, que avanz\u00e1ndose por grados en su representaci\u00f3n, entra en reconvenciones extra\u00f1as a su persona y ofensivas de los altos respetos de esta superioridad.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La observancia de las leyes est\u00e1 encomendada a la elevada autoridad de V. E., y pendiendo de conocimientos muy profundos el prudente arbitrio, con que en ocurrencias extraordinarias puede aflojarse su rigor, es un desacato igual a su infracci\u00f3n querer el s\u00fabdito reglar por sus conceptos privados la intenci\u00f3n y justicia de aquellas urgentes causas que obligan muchas veces a una suspensi\u00f3n provisoria. \u00bfFue posible tal debilidad en el apoderado del comercio de C\u00e1diz que se creyese con suficiente instrucci\u00f3n para abrir dictamen ante V. E. sobre el influjo que podr\u00eda tener en la seguridad del estado la observancia o relajaci\u00f3n temporal de ciertas leyes, de que penden los recursos indispensables a nuestra conservaci\u00f3n? \u00bfFue posible tal valent\u00eda, que manifest\u00e1ndose el Gobierno estrechado por las m\u00e1s graves urgencias, exponiendo que no se le presentaba otro recurso para salvar al estado que la suspensi\u00f3n de aquellas leyes, dirigi\u00e9ndose a dos corporaciones respetables de esta ciudad para asegurar el acierto por actos de que la elevada autoridad de V. E. pudo prescindir, se ingiera oficiosamente un comerciante particular, sin otro t\u00edtulo que la fe de su palabra, con que se supone apoderado del Consulado de C\u00e1diz, y tomando un tono superior a su representaci\u00f3n, diga: el Consulado y el Cabildo no han sostenido con dignidad sus respectivos deberes; si V. E. se halla en apuros, guarde las leyes, que esto solo remediar\u00e1 los males que lo afligen?<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Se\u00f1or: El orden p\u00fablico exige que cada ciudadano guarde los l\u00edmites que le fij\u00f3 en la sociedad su respectiva carrera: hoy se dirige a V. E. un mercader abri\u00e9ndole dictamen oficiosamente sobre el cumplimiento de las leyes, y modo con que el gobierno superior debe conducirse acerca de ellas: ma\u00f1ana representar\u00e1 un artesano sobre los dem\u00e1s reglamentos econ\u00f3micos que medite V. E para la felicidad de estas provincias. \u00bfQu\u00e9 resultar\u00eda de este trastorno? Envilecida la dignidad de estas materias, no terminar\u00edan sus resultas en su profanaci\u00f3n, y los errores consiguientes al manejo de negocios superiores a los alcances de los que usurpaban su intervenci\u00f3n ser\u00eda el menor mal de los innumerables a que estar\u00eda expuesto el orden social.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No son vanos estos temores y V. E. encuentra una prueba de ellos en la reconvenci\u00f3n que el apoderado del Consulado de C\u00e1diz le dirige sobre la puntual observancia de nuestras leyes. Manifiesta V. E. la aniquilaci\u00f3n del erario, y consulta si ser\u00e1 conveniente abrir el comercio de los extranjeros para que los derechos de la circulaci\u00f3n proporcionen ingresos capaces de sufragar las atenciones del Gobierno; el apoderado se hace cargo de los t\u00e9rminos de esta consulta y la resuelve diciendo, que el medio verdadero de aumentar las rentas, remediar los apuros presentes y precaverlos para lo venidero es observar las leyes prohibitivas del comercio extranjero, y celar el contrabando con la mayor vigilancia. \u00bfPudo nunca presumirse semejante respuesta si no se viese estampada?<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">No se admita el comercio, imp\u00eddase rigurosamente el contrabando, y se aumentar\u00e1n nuestras rentas: \u00bfpor qu\u00e9 medios pueden influir en este aumento aquellas medidas? Que por unos recursos, que V. E. confiesa no tener, pero que al apoderado de C\u00e1diz le parecen muy f\u00e1ciles, se consiguiese alejar del R\u00edo de la Plata a los buques ingleses; que el celo m\u00e1s vigilante cortase toda introducci\u00f3n clandestina: se evitar\u00edan los males del contrabando, pero no se aumentar\u00edan nuestras rentas. Crecer\u00e1n \u00e9stas cuando en virtud de un franco permiso entren por la aduana aquellas negociaciones que antes se introduc\u00edan clandestinamente; pero observ\u00e1ndose una general proscripci\u00f3n, no habr\u00e1n ingresos algunos, porque tampoco habr\u00e1 la importaci\u00f3n y exportaci\u00f3n, que \u00fanicamente puede producirlos; a no ser que el apoderado suponga tanta fuerza en la declamaci\u00f3n con que se dirige a los comerciantes ingleses, que espere por fruto de ella que aquellos negociantes paguen derechos al tiempo de retirarse, por el honor de haber pisado en nuestras playas.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Unas inconsecuencias tan visibles demuestran que no es un verdadero celo el que inspira esta tenaz oposici\u00f3n; ser\u00eda una ilaci\u00f3n m\u00e1s leg\u00edtima si hubiera dicho: arrojo V. E. de nuestras balizas a todos los barcos ingleses, c\u00e9lese con el posible rigor toda introducci\u00f3n clandestina, que entonces la gruesa negociaci\u00f3n de g\u00e9neros ingleses que llena mis almacenes producir\u00e1 la grande ganancia que no podr\u00e9 conseguir en otro caso. Me he violentado, Se\u00f1or Excmo., deteni\u00e9ndome contra mi car\u00e1cter en una personalidad tanto m\u00e1s extra\u00f1a, cuanto es mayor el aprecio que dispenso a don Miguel Ag\u00fcero; es necesario precaverse contra las impresiones que pudieran formarse a la distancia, pues tal vez se me retrate en C\u00e1diz como un enemigo de aquel comercio, opuesto a los celosos esfuerzos de su representante; pero mis \u00faltimas exposiciones fijar\u00e1n un leg\u00edtimo concepto; ellas descubrir\u00e1n que no soy enemigo de aquel comercio, sino amigo del bien nacional; y manifestar\u00e1n igualmente el verdadero esp\u00edritu con que el apoderado ha promovido estas gestiones, cuando sepan que \u00e9ste es el mismo individuo que agenci\u00f3 en Madrid el permiso de introducir tres negociaciones extranjeras en esta ciudad a que se refiere la real orden de 17 de junio de 1801: que se transfiri\u00f3 a Lisboa para su env\u00edo, y que siendo de los portugueses, se recibieron a comisi\u00f3n, y se vendieron en su propia casa en esta ciudad por los mismos extranjeros.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pasando a los arreglos que el Consulado propone, encontramos en ellos excelentes medidas que, giradas sobre el concepto de un mal necesario, a cuya tolerancia abren la puerta apuros irresistibles, tratan de tornar en nuestro beneficio toda la influencia que sin estas precauciones podr\u00eda resultar en nuestro da\u00f1o. Tales son los medios que propone a V. E. en su representaci\u00f3n; mis representados los adoptan y reproducen; pero expondr\u00e1n al mismo tiempo las observaciones convenientes a evitar trabas perjudiciales, incapaces de otro efecto que menguar un plan generoso con notorio riesgo de frustrar una gran parte de la felicidad a que se destina.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El Consulado quiere que las negociaciones inglesas no puedan girarse y expenderse sino en cabeza de comerciantes espa\u00f1oles matriculados: la matr\u00edcula no ser\u00eda un embarazo si se hubiese observado en esta ciudad; pero por un general desprecio de las formalidades y reglas a que las leyes y ordenanzas vinculan el fuero mercantil, ha producido en esta ciudad una general escasez de comerciantes matriculados, deposit\u00e1ndose todo el giro de su comercio en personas que no por aquella falta dejan de estar adornadas de las cualidades que asegurar\u00edan su matr\u00edcula. En semejantes circunstancias no parece verificable la condici\u00f3n de que los consignatarios sean precisamente matriculados, g\u00edrense las negociaciones por manos espa\u00f1olas, que con esto s\u00f3lo se obtendr\u00e1 todo el bien que puede esperarse de aquella m\u00e1xima.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Aun m\u00e1s perjudicial ser\u00eda la otra condici\u00f3n que exige el mismo tribunal, queriendo que los cueros y dem\u00e1s frutos, adem\u00e1s de los derechos reales y municipales, paguen los de entrada en Espa\u00f1a, y salida al extranjero. Todos los derechos claman, Se\u00f1or Excmo., contra este gravamen; se interesa en su exterminio el bien de la tierra; que no manche el glorioso mando de V. E. una disposici\u00f3n tan contraria a los principios de la ciencia econ\u00f3mica, y a la ilustraci\u00f3n que debe presidir al gobierno de los pueblos. Todos los hombres conocen que no prosperar\u00e1 un pa\u00eds mientras no se faciliten las exportaciones de sus frutos por el alivio o entera libertad de los derechos que pudieran dificultarlas. V. E. trata de nuestra prosperidad, y \u00e9sta exige que cuando no se minoren los derechos, no pasen tampoco de la cuota establecida para la extracci\u00f3n y retorno de los buques negreros.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQuiere igualmente el Consulado que los apoderados espa\u00f1oles no puedan menudear, ni poner baratillos de g\u00e9neros ingleses, ni vender sino por pacas, cajones, barricas, etc. Esta es otra traba igualmente ruinosa que las anteriores: admitidas las negociaciones inglesas, hechos nuestros los g\u00e9neros por la licitud de su introducci\u00f3n, debe dejarse obrar libremente al inter\u00e9s y al c\u00e1lculo, que sabr\u00e1n reglar la circulaci\u00f3n mejor que todos los establecimientos. Nadie, dice el se\u00f1or Jovellanos, puede meditar con arreglo tan bien combinado como el que resulta naturalmente a esfuerzos del deseo de la ganancia; d\u00e9jese obrar a los mercaderes seg\u00fan les convenga, que ellos nivelar\u00e1n el giro con beneficio com\u00fan por la rapidez de las especulaciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQue los apoderados no puedan tener compa\u00f1\u00eda con otros espa\u00f1oles, ni remitir directamente negocios a las provincias interiores. Cuando fuese asequible esta condici\u00f3n, me detendr\u00eda en impugnarla como gravosa: \u00bfpero qui\u00e9n podr\u00e1 conseguir que se ejecute? El inter\u00e9s sabe practicar impunemente las m\u00e1s implicadas combinaciones: \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 estorb\u00e1rsele una simulaci\u00f3n tan obvia y tan sencilla? El apoderado de un ingl\u00e9s no pierde por serlo los privilegios y derechos de todo espa\u00f1ol; no se le ligue, pues, a condiciones gravosas, que agravian su car\u00e1cter, ofenden su persona, atacan su fortuna, y pueden ser burladas f\u00e1cilmente.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQue se proh\u00edba toda ropa hecha, muebles, coches, etc. Esta es otra traba tan irregular como las anteriores: un pa\u00eds que empieza a prosperar no puede ser privado de los muebles exquisitos que lisonjean el buen gusto, que aumentan el consumo. Si nuestros artistas supiesen hacerlos tan buenos, deber\u00edan ser preferidos, aunque entonces el extranjero no podr\u00eda sostener la concurrencia; \u00bfpero ser\u00e1 justo que se prive comprar un buen mueble s\u00f3lo porque nuestros artistas no han querido contraerse a trabajarlo bien? \u00bfNo es escandaloso que en Buenos Aires cueste veinte pesos un par de botas bien trabajadas? Adm\u00edtanse todas las obras y muebles delicados que se quiera introducir: si son inferiores a los del pa\u00eds, no causar\u00e1n perjuicio; si son superiores excitar\u00e1n la emulaci\u00f3n, y precisar\u00e1n a nuestros artistas a mejorar sus obras para sostener la concurrencia; y en todo caso, fijado el equilibrio bajo el nuevo aspecto que introducir\u00e1 la baratura de aquellos renglones, cuyo excesivo valor ha hecho subir a igual grado a todos los dem\u00e1s, no tendr\u00e1n reparo los artesanos en bajar de precio unas obras cuyo menor valor debe serles m\u00e1s ventajoso que el antiguo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nMis instituyentes se guardar\u00edan de anticipar el juicio de V. E., prefijando arreglos que son propios de esta superioridad: pero reduciendo la materia a las relaciones que tiene con el fomento de la agricultura, hacen a V. E. la siguiente s\u00faplica:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nPrimera: Que la admisi\u00f3n del franco comercio se extienda al determinado tiempo de dos a\u00f1os, reservando su continuaci\u00f3n al juicio soberano de la Suprema Junta, con arreglo al resultado del nuevo plan.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSegunda: Que las negociaciones inglesas se expendan precisamente por medio de espa\u00f1oles, bajo los derechos de comisi\u00f3n, o rec\u00edprocos pactos que libremente estipulasen.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nTercera: Que cualquiera persona, por el solo hecho de ser natural del Reino, est\u00e9 facultada para estas consignaciones, si\u00e9ndole libre la elecci\u00f3n de cualesquiera medios para ejecutar las ventas, como asimismo remitir a las provincias las negociaciones que les acomodasen.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nCuarta: Que en la introducci\u00f3n de los efectos paguen los derechos en la misma forma y cantidad que para los permisos particulares que se han introducido.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQuinta: Que todo introductor est\u00e9 obligado a exportar la mitad de los valores importados en frutos del pa\u00eds: siendo responsables al cumplimiento de esta obligaci\u00f3n los consignatarios espa\u00f1oles a cuyo cargo giran las expediciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nSexta: Que los frutos del pa\u00eds, plata, y dem\u00e1s que se exportasen paguen los mismos derechos establecidos para las extracciones que practican en buques extranjeros por productos de negros; sin que se extienda en modo alguno esta asignaci\u00f3n por el notable embarazo que resultar\u00eda las exportaciones, con perjuicio de la agricultura, a cuyo fomento debe convertirse la principal atenci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nS\u00e9ptima: Que los lienzos ordinarios de algod\u00f3n que en adelante puedan entorpecer o debilitar el expendio de los tucuyos de Cochabamba, y dem\u00e1s f\u00e1bricas de las provincias interiores que son desconocidos hasta ahora entre las manufacturas inglesas, paguen un veinte por ciento o m\u00e1s de los derechos del c\u00edrculo, para equilibrar de este modo su concurrencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nQue de los dos sujetos que se elijan por esta superioridad para veedores e interventores en los reconocimientos de los g\u00e9neros, y dem\u00e1s concerniente al nuevo arreglo, sea uno hacendado precisamente, reserv\u00e1ndose el apoderado de este gremio pasar a V. E. una lista de los principales hacendados sobre quienes puede recaer el nombramiento, que deber\u00e1 tambi\u00e9n practicarse para la plaza de Montevideo.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEstos son los puntos que influyen principalmente en la prosperidad de la agricultura, cuyos derechos represento en las personas de los cultivadores: el superior discernimiento de V. E. sabr\u00e1 reglar por una inteligente combinaci\u00f3n los diferentes extremos que se deben reunir, para afirmar sobre principios estables el gran beneficio. El presentimiento de una felicidad cercana ha empezado a variar el triste aspecto que presentaban estas provincias, cuando V. E. se posesion\u00f3 de su mando: el pa\u00eds se cree ya feliz, porque sabe que trata V. E. de su prosperidad; \u00bfy c\u00f3mo podr\u00edan burlarse tan justas esperanzas cuando la causa del rey se halla \u00edntimamente unida al bien de la tierra? Yo congratulo a mis conciudadanos, porque a los peligros que amenazaban su seguridad, va a suceder el tranquilo goce de todos los bienes que hacen feliz a un pueblo: congratulo igualmente a V. E., pues las aflicciones que sufri\u00f3 al principio su coraz\u00f3n por el estado vacilante de este virreinato, no han durado m\u00e1s que lo muy preciso para abrir las sendas que el respeto de antiguas preocupaciones manten\u00eda cerradas.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><br \/>\nEs muy glorioso para V. E. que estuviese reservada al tiempo de su mando la organizaci\u00f3n de un plan que va a dar al Gobierno un poder real de que antes carec\u00eda y a la Provincia una existencia que s\u00f3lo por c\u00e1lculos posibles era antes conocida: doscientos mil brazos fecundar\u00e1n nuestros f\u00e9rtiles campos, y derramando una general abundancia atraer\u00e1n sobre V. E. la gratitud y bendiciones de todos los pueblos. En la gaceta de Baltimore, del mes de marzo de este a\u00f1o, se anunci\u00f3 solemnemente el aviso del caballero Foronda de que estaban autorizados todos los c\u00f3nsules espa\u00f1oles para otorgar patentes a los buques angloamericanos que quisiesen comerciar en Puerto Rico, Cuba, Habana, Maracaibo, Guaira y San Agust\u00edn de la Florida; dentro de poco se leer\u00e1 igualmente en los papeles ingleses la relaci\u00f3n mercantil que ha establecido V. E. con aquella naci\u00f3n; y esta noticia har\u00e1 extensiva a la Metr\u00f3poli los buenos efectos de una resoluci\u00f3n tan justa y bien calculada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada es hoy tan provechoso para la Espa\u00f1a como afirmar por todos los v\u00ednculos posibles la estrecha uni\u00f3n y alianza de la Inglaterra. Esta naci\u00f3n generosa que conteniendo de un golpe el furor de la guerra franque\u00f3 a nuestra Metr\u00f3poli auxilios y socorros de que en la amistad de las naciones no se encuentran ejemplos, es acreedora por los t\u00edtulos m\u00e1s fuertes, a que no se separe de nuestras especulaciones el bien de sus vasallos. No puede ser hoy d\u00eda buen espa\u00f1ol el que mire con pesar el comercio de la Gran Breta\u00f1a: recu\u00e9rdense aquellos fatales momentos, en que desquiciada nuestra monarqu\u00eda, no encontraba en s\u00ed misma recursos que anticipadamente hab\u00eda arruinado un astuto enemigo. \u00a1Con qu\u00e9 ternura se recibieron entonces los generosos auxilios con que el genio ingl\u00e9s puso en movimiento esa gran m\u00e1quina que parec\u00eda inerte y derrumbada! \u00a1Con cu\u00e1nto j\u00fabilo se celebr\u00f3 su alianza, y se anunci\u00f3 la gran fuerza que se nos agregaba con la amistad y uni\u00f3n de naci\u00f3n tan poderosa! Es una vileza vergonzosa que apenas se ha tratado de reglar un comercio que \u00fanicamente puede salvarnos, y que no puede practicarse sino por medio de nuestros aliados, se les mire por nuestros mercaderes con una execraci\u00f3n injuriosa a comerciantes tan respetables, e incompatible con el placer que antes manifestaban por sus grandes beneficios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acreditamos ser mejores espa\u00f1oles cuando nos complacemos de contribuir por relaciones mercantiles a la estrecha uni\u00f3n de una naci\u00f3n generosa y opulenta, cuyos socorros son absolutamente necesarios para la independencia de Espa\u00f1a. Sabemos que en la guerra de sucesi\u00f3n consigui\u00f3 la Francia un libre comercio con las Am\u00e9ricas espa\u00f1olas, y nos avergonzar\u00edamos de negar a la gratitud lo que entonces arranc\u00f3 la dependencia y el temor; en la necesidad de obrar nuestro bien, no nos arrepintamos de que tenga parte en \u00e9l una naci\u00f3n a quien debemos tanto, y sin cuyo auxilio ser\u00eda imposible la mejora que meditamos. Estos son los votos de veinte mil propietarios que represento, y el \u00fanico medio de establecer con la dignidad propia del car\u00e1cter de V. E. los principios de nuestra felicidad, y de la reparaci\u00f3n del erario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Publicado por ADHILAC Internacional \u00a9 www.adhilac.com.ar<\/strong><\/p>\n<p>Si Ud. desea asociarse de acuerdo a nuestros Estatutos\u00a0<a title=\"(ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=263\">(ver)<\/a> complete el siguiente formulario<a title=\"(ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=3194\">(ver)<\/a><\/p>\n<p>E-mail: info@adhilac.com.ar<strong> <\/strong><\/p>\n<p>Twitter: @AdhilacInfo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #669966;\"><br \/>\n<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Representaci\u00f3n presentada por Mariano Moreno 30 de septiembre de 1809 Buenos Aires, Virreinato del R\u00edo de la Plata Representaci\u00f3n que el apoderado de los hacendados de las campa\u00f1as del R\u00edo de la Plata dirigi\u00f3 al Excelent\u00edsimo Se\u00f1or Virrey Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, en el expediente promovido sobre proporcionar ingresos al erario por medio de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_crdt_document":"","footnotes":""},"categories":[6,8],"tags":[16,24],"class_list":["post-206","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-biblioteca","category-fuentes-testimonios","tag-emancipacion","tag-virreinato-del-rio-de-la-plata"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/206","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=206"}],"version-history":[{"count":33,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/206\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":220,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/206\/revisions\/220"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=206"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=206"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/adhilac.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=206"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}