{"id":2531,"date":"2010-09-21T19:41:34","date_gmt":"2010-09-21T22:41:34","guid":{"rendered":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=2531"},"modified":"2012-07-15T05:43:28","modified_gmt":"2012-07-15T08:43:28","slug":"bicentenario-en-chile-la-celebracion-de-una-laboriosa-construccion-politica-sergio-grez-toso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=2531","title":{"rendered":"Bicentenario en Chile. La celebraci\u00f3n de una laboriosa construcci\u00f3n pol\u00edtica. Sergio Grez Toso"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #339966;\">Bicentenario en Chile. <\/span><\/h3>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><strong>La celebraci\u00f3n de una laboriosa construcci\u00f3n pol\u00edtica<\/strong><\/span><\/p>\n<p><em>Sergio Grez Toso*<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el Estado de Chile empieza a conmemorar su Bicentenario, los intelectuales y los ciudadanos con conciencia cr\u00edtica no pueden dejar de formularse una serie de interrogantes sobre el sentido profundo de estas celebraciones. Entre muchas otras: \u00bfQu\u00e9 se est\u00e1 celebrando?, \u00bfqu\u00e9 tipo de pa\u00eds se ha construido durante estos doscientos a\u00f1os?, \u00bfde qu\u00e9 modo Chile ha llegado a ser lo que es?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para hacerme cargo de algunas de estas preguntas me remontar\u00e9 a los comienzos de la era republicana, para luego centrarme en el siglo XX.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque la constituci\u00f3n del primer gobierno aut\u00f3nomo de la aristocracia criolla (el 18 de septiembre de 1810) que procur\u00f3 llenar el vac\u00edo de poder dejado por la prisi\u00f3n del rey de Espa\u00f1a Fernando VII fue solo el inicio de un proceso que desembocar\u00eda ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde en la Declaraci\u00f3n de Independencia (12 de febrero de 1818) y en su consolidaci\u00f3n en la batalla de Maip\u00fa (5 de abril de 1818), por razones de diversa \u00edndole que no es del caso evocar en esta ocasi\u00f3n, salvo el car\u00e1cter puramente elitista (sin apoyo ni movilizaci\u00f3n popular) de la organizaci\u00f3n de la Primera Junta de Gobierno, lo cierto es que a partir de 1837, durante el primero de los decenios de gobiernos conservadores, el 18 de septiembre se constituy\u00f3 en la fecha oficial de celebraci\u00f3n del Estado y de la \u201cchilenidad\u201d, quedando inscrita en la memoria de los habitantes del pa\u00eds como s\u00edmbolo patri\u00f3tico y de identidad nacional(1).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el sentimiento nacional no aflor\u00f3 espont\u00e1neamente en la poblaci\u00f3n que qued\u00f3 viviendo al interior de las imprecisas y muy cambiantes fronteras de la Rep\u00fablica de Chile en el siglo XIX. Durante las guerras de la Independencia (que tuvieron un verdadero car\u00e1cter de guerra civil) la reacci\u00f3n mayoritaria de la gran masa popular fue el indiferentismo, la huida y la deserci\u00f3n (para escapar de las levas forzosas que practicaban ambos bandos, especialmente el ej\u00e9rcito patriota), o su uni\u00f3n con montoneras realistas en la zona sur (despu\u00e9s de las derrotas de las tropas leales al rey en la batalla de Maip\u00fa) (2). Aunque a partir de la Reconquista espa\u00f1ola se observ\u00f3 cierto grado de adhesi\u00f3n a la causa independentista entre sectores del campesinado y del artesanado de la regi\u00f3n central, es evidente que el patriotismo de la poblaci\u00f3n \u201cchilena\u201d no surgi\u00f3 de un proceso \u201cnatural\u201d o preexistente masivamente antes de que una facci\u00f3n de la clase dirigente criolla decidiera desplazar a la burocracia espa\u00f1ola, gobernarse por si sola y echar las bases de un Estado nacional independiente. El historiador brit\u00e1nico John Lynch al referirse a la actitud de los sectores populares frente al movimiento de emancipaci\u00f3n pol\u00edtica en Chile, ha sostenido con convicci\u00f3n que como estos \u201cno ten\u00edan nada que ganar en la naci\u00f3n, carec\u00edan de sentido de nacionalidad\u201d(3). Lo que ha sido refrendado por numerosos estudios historiogr\u00e1ficos realizados desde entonces, que han servido de base para que Julio Pinto y Ver\u00f3nica Valdivia en una reciente investigaci\u00f3n acerca de la construcci\u00f3n social de la naci\u00f3n chilena entre 1810 y 1840, concluyan que durante las guerras de la Independencia \u201cel bajo pueblo no se demostr\u00f3 particularmente entusiasta frente a un proyecto que no le ofrec\u00eda beneficios muy tangibles, y s\u00ed en cambio sacrificios m\u00e1s que evidentes\u201d(4). El conocimiento historiogr\u00e1fico acumulado permite afirmar con bastante certeza que el \u201cbajo pueblo\u201d fue incorporado a estas luchas m\u00e1s por la represi\u00f3n y coacci\u00f3n que por convicci\u00f3n o persuasi\u00f3n pol\u00edtica, y tambi\u00e9n que la \u201csoberan\u00eda popular\u201d condujo a lo que la pareja de historiadores reci\u00e9n citados define como una \u201cficci\u00f3n democr\u00e1tica\u201d ya que \u201cen la idealidad el mundo pol\u00edtico se ampliaba, aunque en realidad una gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n no cumpliera con las condiciones para ser ciudadanos activos. En esas condiciones, el poder real segu\u00eda radicando en los grupos dirigentes, los que asum\u00edan los intereses de la sociedad toda, levant\u00e1ndose como encarnaci\u00f3n simb\u00f3lica de dicha soberan\u00eda\u201d(5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Empero, es preciso constatar que en cuesti\u00f3n de algunas d\u00e9cadas, gracias a la temprana conformaci\u00f3n de lo que el historiador conservador Alberto Edwards denomin\u00f3 el \u201cEstado en forma\u201d(6), al eco del ideario republicano entre algunos estratos populares como el artesanado urbano y a la implementaci\u00f3n de una estrategia de disciplinamiento social, en un contexto de cierta homogeneidad geogr\u00e1fica y cultural en el llamado \u201cChile hist\u00f3rico\u201d o \u201cChile central\u201d(7), fue surgiendo entre vastos sectores de la poblaci\u00f3n la lealtad patri\u00f3tica anhelada por la clase dirigente. Cabe destacar que los mecanismos de disciplinamiento de los sectores populares fueron muy variados. Entre los puramente coercitivos destacaban los trabajos forzados, las penas de azotes, los carros rodantes como prisi\u00f3n ambulante para los condenados a trabajos forzados, el sistema de papeletas para controlar los desplazamientos de los peones mineros y la instalaci\u00f3n de jefes militares sobre la jurisdicci\u00f3n de los principales yacimientos mineros del Norte Chico. Otros eran de tipo m\u00e1s \u201cpedag\u00f3gico\u201d como la celebraci\u00f3n de ciertas festividades nacionales, la difusi\u00f3n de los s\u00edmbolos \u201cpatrios\u201d (bandera, escudo e himno nacional), y la utilizaci\u00f3n en una perspectiva nacionalista del poder ya legitimado de la Iglesia Cat\u00f3lica. Tambi\u00e9n existieron dispositivos como el servicio obligatorio en las filas de la Guardia Nacional, que combinaban coerci\u00f3n y \u201ceducaci\u00f3n patri\u00f3tica\u201d(8). La acci\u00f3n convergente de estos mecanismos dio los resultados esperados por la elite dirigente. Cuando en la d\u00e9cada de 1880 el Estado de Chile culmin\u00f3 su expansi\u00f3n conquistando el territorio mapuche de la Araucan\u00eda, la provincia peruana de Tarapac\u00e1 y la provincia boliviana de Antofagasta, el sentimiento nacionalista ya era una realidad indesmentible en la mayor parte de la poblaci\u00f3n, como pudo apreciarse en la Guerra del Pac\u00edfico, cuando los enrolados voluntariamente en las Fuerzas Armadas chilenas superaron a los reclutas forzados(9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de un siglo de guerras internas y externas, sucedidas de per\u00edodos de refundaci\u00f3n, reacomodo y negociaci\u00f3n regulada entre sus facciones, la clase dominante chilena logr\u00f3 consolidar uno de los Estados nacionales m\u00e1s poderosos de Sudam\u00e9rica. Luego de las guerras de la Independencia, transcurri\u00f3 un per\u00edodo de variados ensayos pol\u00edticos que cubrieron desde el cesarismo hasta el liberalismo doctrinario m\u00e1s radical. Durante la d\u00e9cada de 1820 los representantes de esta tendencia (los llamados \u201cpipiolos\u201d), que no rechazaban te\u00f3ricamente la posibilidad de hacer de los sectores populares actores pol\u00edticos con derechos y deberes ciudadanos, intentaron echar las bases de una comunidad nacional m\u00e1s inclusiva e integrada, especialmente a partir de la Constituci\u00f3n liberal de 1828, en base a los principios de libertad individual, rechazo al despotismo y la \u201canarqu\u00eda\u201d, \u201cpreferencia por instancias colegiadas como los congresos, las representaciones regionales y provinciales, libertad de expresi\u00f3n y derechos civiles, valoraci\u00f3n del sufragio, aunque censitario, aspirando a la construcci\u00f3n futura de un pueblo real capaz de asumir el destino nacional en sus manos\u201d(10) . Sin embargo, estas medidas sumadas al relajamiento de los controles sociales que produjeron las guerras de Independencia y las disputas en el seno de la elite, terminaron exacerbando la paciencia de la clase dominante de la regi\u00f3n central cuya cabecera estaba en la ciudad de Santiago. El desfase entre la elite gobernante \u2013 que representaba aspiraciones liberales e incluso democr\u00e1ticas-y las conservadoras clases dominantes en el terreno de la propiedad, se hizo evidente(11) . Entonces una vigorosa reacci\u00f3n de estas \u00faltimas puso t\u00e9rmino, mediante una breve guerra civil, a las veleidades liberalizadoras de los ide\u00f3logos m\u00e1s avanzados de la clase pol\u00edtica y de las provincias extremas (Copiap\u00f3 y Concepci\u00f3n) que luchaban por zafarse de la dominaci\u00f3n centralista santiaguina(12). El triunfo conservador en la batalla de Lircay fue la base del poder constituyente que en 1833 dio sustento legal a la dominaci\u00f3n omn\u00edmoda y excluyente de esa misma facci\u00f3n de la elite a trav\u00e9s de la Constituci\u00f3n de 183313 .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este r\u00e9gimen pol\u00edtico \u2013cuyo inspirador y principal constructor fue el ministro Diego Portales-engendr\u00f3 nuevas guerras civiles, en 1851 y 1859, que lo debilitaron considerablemente. A pesar de las derrotas militares de los contestatarios, a comienzos de la d\u00e9cada de 1860 se dio inicio a una transici\u00f3n pol\u00edtica que apuntaba a la constituci\u00f3n de lo que Tom\u00e1s Mouli\u00e1n ha caracterizado como un \u201cestado de compromiso olig\u00e1rquico\u201d y que culmin\u00f3, luego de otra guerra civil, en 1891, en la instauraci\u00f3n de un sistema regulado y competitivo de \u201cdemocracia olig\u00e1rquica\u201d con cierta capacidad de integraci\u00f3n y cooptaci\u00f3n de ciertas expresiones pol\u00edticas populares (como el Partido Democr\u00e1tico). Del sistema pol\u00edtico olig\u00e1rquico profundamente excluyente imperante durante la Rep\u00fablica Conservadora (1830-1860) se pas\u00f3 -luego de dos guerras civiles y un complejo proceso de negociaciones y apertura pol\u00edtica-a un sistema igualmente olig\u00e1rquico, pero abierto a todas las facciones de la clase dominante, crecientemente competitivo y capaz de practicar una peque\u00f1a apertura en direcci\u00f3n de algunos estratos del mundo popular mediante la supresi\u00f3n del censo o requisito de riqueza para acceder a la \u201cciudadan\u00eda activa\u201d, dejando como \u00fanica exigencia el saber leer y escribir, lo que equival\u00eda al establecimiento del sufragio universal masculino, aunque de manera muy acotada dado las altas tasas de analfabetismo imperantes en el mundo popular. El resultado fue, en el decir de Mouli\u00e1n, una \u201cdemocracia elitaria de negociaci\u00f3n\u201d, que entre 1861 y 1890 efectu\u00f3 pac\u00edficamente reformas liberales como la reci\u00e9n mencionada adem\u00e1s de la reforma de la ley de imprentas y el voto de las llamadas leyes laicas (de registro civil, matrimonio civil y cementerios laicos). No obstante, el acto final de este proceso fue de una violencia superior a lo vivido en los conflictos intestinos anteriores. En 1891, nueva guerra civil mediante(14), el presidencialismo \u201cportaleano\u201d fue completamente anulado y sustituido por una forma de negociaci\u00f3n entre las elites pol\u00edticas \u2013el parlamentarismo-que hasta 1924 asegur\u00f3 a las distintas facciones olig\u00e1rquicas un reparto pac\u00edfico de las cuotas de poder y de la riqueza salitrera a trav\u00e9s del control colectivo y regulado del aparato estatal(15 ).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cabo de un siglo de guerras civiles, guerras externas, expansi\u00f3n territorial, negociaciones y apertura pol\u00edtica controlada, en medio de la bonanza econ\u00f3mica que el salitre aport\u00f3 al Fisco y a la oligarqu\u00eda, el Estado de Chile se aprest\u00f3 a celebrar con gran pompa su primer Centenario. Pero desde mucho antes de 1910 la celebraci\u00f3n estuvo opacada por la irrupci\u00f3n sangrienta de la \u201ccuesti\u00f3n social\u201d: la miseria popular en los campos y ciudades, la insalubridad de los ranchos, conventillos y \u201ccuartos redondos\u201d, la proliferaci\u00f3n de mort\u00edferas enfermedades y epidemias, las alt\u00edsimas tasas de mortalidad, especialmente infantil (las m\u00e1s altas del mundo occidental), la alarmante expansi\u00f3n del alcoholismo y la prostituci\u00f3n, la cesant\u00eda y la emergencia de un movimiento obrero y popular de orientaci\u00f3n clasista que abrazaba las banderas del anarquismo y del socialismo, eran los s\u00edntomas m\u00e1s evidentes de un profundo drama que desgarraba a la sociedad chilena (16). Y por sobre todo, impactaba a los contempor\u00e1neos, especialmente extranjeros, la gran desigualdad social, descrita en 1910 por el m\u00e1s afamado de los ensayistas chilenos del Centenario, como \u201cel contraste entre la gente adinerada y la clase trabajadora; porque en Chile hay solo dos clases sociales, ricos y pobres, esto es, explotadores y explotados; no existe la clase media: los que no somos ricos ni menesterosos y aparentemente formamos el estado llano, somos gente de tr\u00e1nsito, salida del campo de los explotados y en camino para el de los opulentos\u201d (17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El r\u00e9gimen parlamentario \u2013sostiene Gabriel Salazar-no hab\u00eda entrado en escena para resolver el conflicto econ\u00f3mico-social \u201csino, m\u00e1s espec\u00edficamente, para asegurar la sobrevida de las elites mercantiles (portalianas) ante la agudizaci\u00f3n de la crisis y tras el colapso de la dictadura constitucional que esas elites hab\u00edan establecido en 1833\u201d (18). De aqu\u00ed que el parlamentarismo, pese a la modernizaci\u00f3n que involucraba, no inaugur\u00f3 siquiera una consistente pol\u00edtica desarrollista sino t\u00edmidos ajustes econ\u00f3mico-nacionalistas y dram\u00e1ticas reediciones de la pol\u00edtica represiva contra las masas (19). Otros historiadores han aseverado que la elite de la Rep\u00fablica Parlamentaria tampoco se preocup\u00f3 mayormente por incorporar a los trabajadores en un sistema consensual, quiz\u00e1 porque contaba con la s\u00f3lida base electoral de los campesinos. Ello explicar\u00eda que frente al creciente conflicto social, la reacci\u00f3n de esa elite fuera muy dura, sin intentar distinguir y negociar con los elementos m\u00e1s conciliadores del mundo popular(20). Un ciclo de luctuosas masacres obreras entre 1903 y 1907 fue la respuesta del Estado y la clase dominante ante una \u201ccuesti\u00f3n social\u201d cuya existencia era negada incluso por pol\u00edticos \u201cprogresistas\u201d como el patriarca radical Enrique Mac-Iver(21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, en v\u00edsperas del primer Centenario de la Independencia nacional, las elites pol\u00edticas e intelectuales comenzaron a intuir que era necesario una reingenier\u00eda pol\u00edtica, pero ya no solo en las f\u00f3rmulas para regular el conflicto y repartir el poder entre distintas facciones olig\u00e1rquicas sino, sobre todo, para contener, morigerar y canalizar adecuadamente el descontento proveniente de las clases populares. Luego de la masacre de la escuela Santa Mar\u00eda de Iquique (1907), la clase pol\u00edtica percibi\u00f3 m\u00e1s claramente la necesidad de un cambio (22). El proceso que llev\u00f3 a la adopci\u00f3n de la legislaci\u00f3n social en 1924 y a la Constituci\u00f3n de 1925 como bases del \u201cEstado de compromiso\u201d y \u201cEstado de bienestar a la chilena\u201d, fue largo y sinuoso. La tard\u00eda decisi\u00f3n de las elites pol\u00edticas de la clase dominante explica, sin duda, la combatividad y organizaci\u00f3n de los trabajadores chilenos desde el siglo XIX y su precoz conversi\u00f3n en \u201cclase\u201d, en el sentido m\u00e1s cl\u00e1sico del t\u00e9rmino, lo que les dar\u00eda un perfil singular en Latinoam\u00e9rica. Este fen\u00f3meno ha sido subrayado por el historiador trasandino Luis Alberto Romero, quien ha afirmado que, \u201ca diferencia de la Argentina, por ejemplo, los trabajadores chilenos casi no transitaron la v\u00eda de la negociaci\u00f3n, animaron centrales obreras politizadas y fuertemente enfrentadas con el Estado y dieron vida a partidos de tradici\u00f3n marxista tan vigorosos que en el siglo XX se convirtieron en alternativas de poder\u201d(23). Solo nuevas convulsiones sociales y pol\u00edticas, recurrentes crisis salitreras a partir de 1914, grandes movilizaciones populares (como las de 1918 y 1919), nuevas masacres obreras (entre 1919 y 1921) y la en\u00e9rgica irrupci\u00f3n de los militares en el escenario pol\u00edtico terminaron por convencer a los representantes de la elite pol\u00edtica que era inevitable un redise\u00f1o estrat\u00e9gico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la nueva f\u00f3rmula ciertas concesiones a los trabajadores, la cooptaci\u00f3n de sus dirigentes, las leyes sociales, los mecanismos de conciliaci\u00f3n y arbitraje para impedir o resolver las huelgas, el di\u00e1logo y la seducci\u00f3n jugar\u00edan un rol m\u00e1s destacado que la pura represi\u00f3n. A cambio de ello, los trabajadores deber\u00edan comprometerse a despolitizar sus organismos gremiales, aceptar los mecanismos institucionalizados, dejar la huelga solo como \u00faltimo recurso, reconocer el orden sociopol\u00edtico y expresarse a trav\u00e9s de sus canales institucionalizados. Las leyes de contrato de trabajo para obreros y empleados, de sindicatos y cooperativas, de Seguridad Social (seguros de enfermedad, invalidez y accidentes del trabajo), de conciliaci\u00f3n y arbitraje, de prohibici\u00f3n del trabajo de los menores y de creaci\u00f3n de la Direcci\u00f3n General del Trabajo, aprobadas a mediados de la d\u00e9cada de 1920, fueron el paso decisivo de un proceso iniciado casi dos d\u00e9cadas antes cuando empezaron a discutirse y a votarse las primeras -muy t\u00edmidas e imperfectas-leyes sociales (24). La legislaci\u00f3n social fue, como la ha definido con toda propiedad Juan Carlos Y\u00e1\u00f1ez, \u201cel \u00faltimo mecanismo de control del mercado laboral, cuando ya no eran efectivas las formas tradicionales de disciplinamiento de la mano de obra\u201d(25). La historiograf\u00eda chilena ha conceptualizado los cambios en las funciones del Estado que se consumaron durante esa d\u00e9cada como un paso del \u201cEstado olig\u00e1rquico\u201d u \u201colig\u00e1rquico liberal\u201d a los comienzos del \u201cEstado asistencial\u201d \u201cintervencionista\u201d o \u201cde compromiso\u201d. Sin negar esas caracter\u00edsticas en las nuevas funciones del Estado, pero introduciendo matices muy sugerentes, el historiador Enrique Fern\u00e1ndez Darraz ha formulado la hip\u00f3tesis de una extensi\u00f3n del \u201cEstado excluyente\u201d, a trav\u00e9s de su expansi\u00f3n territorial y social que implic\u00f3 asumir nuevas funciones y una nueva relaci\u00f3n con amplios sectores de la poblaci\u00f3n, especialmente los sectores populares, que hasta entonces hab\u00edan vivido pr\u00e1cticamente en sus m\u00e1rgenes. La expansi\u00f3n del \u201cEstado excluyente\u201d habr\u00eda significado acercarlo a los trabajadores que se convirtieron en objetos positivos de las pr\u00e1cticas pol\u00edticas, administrativas y legales de la elite. Este proceso habr\u00eda constituido \u2013seg\u00fan Fern\u00e1ndez Darraz-una paradoja olig\u00e1rquica, ya que al aproximar el \u201cEstado excluyente\u201d a los obreros, estos lo vieron como una buena posibilidad de soluci\u00f3n de sus propios problemas, socavando las bases del monopolio pol\u00edtico de los grupos olig\u00e1rquicos (26).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquiera sea la interpretaci\u00f3n que se suscriba respecto de estos fen\u00f3menos, es incuestionable que el tal\u00f3n de Aquiles del nuevo sistema sigui\u00f3 siendo el orden socioecon\u00f3mico ya que hasta bien avanzada la d\u00e9cada de 1930, tal como afirma Gabriel Salazar, la nueva democracia liberal no dio pasos para la construcci\u00f3n de un \u201cEstado Empresarial Fabril\u201d ni uno \u201cSocial Benefactor\u201d sino un nuevo sistema pol\u00edtico de equilibrio que permitiera capear una crisis centenaria, lo que explica las altas y cr\u00f3nicas dosis de violencia estatal, en particular contra los movimientos populares cuando estos rebasaban los l\u00edmites impuestos por el C\u00f3digo del Trabajo (27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con todo, luego de una d\u00e9cada de grav\u00edsima crisis econ\u00f3mica, especialmente durante los a\u00f1os de la Gran Depresi\u00f3n, y de gran inestabilidad pol\u00edtica, en que se vivi\u00f3 el ascenso y ca\u00edda de la dictadura populista del general Carlos Ib\u00e1\u00f1ez del Campo, la sucesi\u00f3n de varios gobiernos de corta duraci\u00f3n incluyendo una brev\u00edsima \u201cRep\u00fablica Socialista\u201d resultante de un putsch militar populista que goz\u00f3 de cierto apoyo de masas, y otros dram\u00e1ticos acontecimientos como un amotinamiento de la mariner\u00eda y el levantamiento conjunto de mapuches y campesinos pobres chilenos en Ranquil (Alto B\u00edo-B\u00edo), el \u201cEstado de compromiso\u201d logr\u00f3 echar bases y gozar de cierta estabilidad (28). La legislaci\u00f3n laboral empez\u00f3 a hacerse efectiva y desde la llegada del Frente Popular al gobierno en 1938 se desarroll\u00f3 una estrategia de sustituci\u00f3n de importaciones. Las diversas f\u00f3rmulas frentepopulistas implementadas entre 1938 y 1947 contribuyeron notablemente al logro de esta estabilidad y gobernabilidad sist\u00e9mica, trazando una ruta que se prolongar\u00eda durante varias d\u00e9cadas, con algunos quiebres, discontinuidades y reformulaciones, m\u00e1s all\u00e1 de la experiencia original del Frente Popular. Desde mediados de la d\u00e9cada de los a\u00f1os 30 y hasta inicios de los 70, el movimiento obrero y popular march\u00f3 mayoritariamente por la v\u00eda institucional, parlamentaria y gradualista escogida por los partidos mayoritarios de la izquierda. Durante los a\u00f1os de aplicaci\u00f3n de la pol\u00edtica de Frente Popular, a cambio del impulso a la industrializaci\u00f3n dentro del sistema capitalista, la ampliaci\u00f3n de las libertades civiles y pol\u00edticas, el perfeccionamiento de la legislaci\u00f3n social y algunos beneficios materiales para los sectores populares urbanos, la izquierda socialista y comunista opt\u00f3 por sacrificar los intereses del campesinado (posponiendo indefinidamente la reforma agraria y el derecho a la sindicalizaci\u00f3n de los trabajadores agr\u00edcolas), y reafirm\u00f3 el tr\u00e1nsito exclusivo por la institucionalidad y el respeto irrestricto de los intereses de la \u201cburgues\u00eda nacional\u201d, que recibi\u00f3 un fuerte apoyo estatal a trav\u00e9s de los planes de industrializaci\u00f3n de la coalici\u00f3n gobernante compuesta esencialmente por radicales, socialistas y comunistas (29).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El compromiso parec\u00eda funcionar. La construcci\u00f3n de una naci\u00f3n m\u00e1s integrada asom\u00f3 m\u00e1s posible que nunca. Pero antes de una d\u00e9cada esta pol\u00edtica de colaboraci\u00f3n de clases empez\u00f3 a hacer agua y, a fin de cuentas, el balance de la experiencia frente populista fue magro. Como bien acota Tom\u00e1s Moulian, \u201cesas coaliciones promovieron el crecimiento industrial pero no produjeron una \u2018revoluci\u00f3n capitalista\u2019, [y] generaron una mayor democratizaci\u00f3n de oportunidades pero no una \u2018revoluci\u00f3n democr\u00e1tica\u2019\u201d(30). Dos factores pesaron decididamente en su contra: el incipiente agotamiento del modelo de sustituci\u00f3n de importaciones, que por ser dependiente de la maquinaria y la tecnolog\u00eda importada no logr\u00f3 generar un c\u00edrculo virtuoso capaz de arrastrar al conjunto de la econom\u00eda chilena para sacarla de su end\u00e9mico subdesarrollo, y el estallido de la \u201cGuerra Fr\u00eda\u201d entre Estados Unidos y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y sus respectivos aliados, clausur\u00e1ndose la \u201cGran Alianza\u201d que estas potencias hab\u00edan contra\u00eddo durante la Segunda Guerra Mundial para hacer frente al nazi-fascismo. La ilegalizaci\u00f3n del Partido Comunista de Chile y la persecuci\u00f3n de sus militantes y de los dirigentes del movimiento obrero de su \u00e1rea de influencia, provocada por la aplicaci\u00f3n de la \u201cLey de Defensa de la Democracia\u201d restringi\u00f3 sustantivamente el consenso social y pol\u00edtico durante una d\u00e9cada(31). El \u201cEstado de compromiso\u201d pareci\u00f3 definitivamente arruinado entre 1948 y 1952.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la elecci\u00f3n de Carlos Ib\u00e1\u00f1ez del Campo a la Presidencia de la Rep\u00fablica en base a un programa populista y de saneamiento moral, signific\u00f3 una transici\u00f3n hacia una reedici\u00f3n del pacto social y pol\u00edtico que hab\u00eda asegurado la gobernabilidad hasta fines de la d\u00e9cada anterior. La derogaci\u00f3n de la ley que proscrib\u00eda las actividades comunistas y algunas reformas destinadas a hacer m\u00e1s transparente los procesos electorales (32) permitieron que entre 1958 y 1973 la democracia chilena alcanzara, por primera vez, standares m\u00e1s adecuados. Esa fue la \u201c\u00e9poca de oro\u201d del sistema democr\u00e1tico en Chile, per\u00edodo que ha nublado la visi\u00f3n de muchos analistas que han proyectado retrospectivamente el clima resultante de la democratizaci\u00f3n pol\u00edtica y social de estos lustros hacia el resto del siglo XX e incluso hasta el siglo XIX.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero nuevamente el alabado sistema pol\u00edtico chileno mostr\u00f3 sus grandes debilidades. La crisis econ\u00f3mica golpeaba a la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n bajo la forma de una inflaci\u00f3n cr\u00f3nica y elevadas tasas de desocupaci\u00f3n. Entonces, a medida que los sectores populares hicieron uso de los espacios democr\u00e1ticos y de las libertades conquistadas a lo largo de un siglo de luchas sociales, el orden pol\u00edtico comenz\u00f3 a crujir. Durante la d\u00e9cada de 1960, las administraciones de Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva hicieron frente a un creciente malestar popular utilizando cada vez m\u00e1s frecuentemente la represi\u00f3n. Las masacres de la poblaci\u00f3n Jos\u00e9 Mar\u00eda Caro de Santiago (1962), del mineral de El Salvador (1966), y de Pampa Irigoin en Puerto Montt (1969) (33), junto a la irrupci\u00f3n militar del \u201ctacnazo\u201d (1969) pusieron en evidencia la fragilidad de la institucionalidad consensuada entre las clases dominantes y los representantes pol\u00edticos de los trabajadores. El sistema institucional respond\u00eda cada vez m\u00e1s mal al ascenso de las luchas populares que desde 1967 se expandieron y generalizaron considerablemente. Sistema pol\u00edtico fragilizado, inflaci\u00f3n cr\u00f3nica, creciente efervescencia social en un panorama internacional marcado por grandes tensiones entre la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y Estados Unidos y el ascenso de los movimientos de liberaci\u00f3n nacional (especialmente africanos) y de los movimientos revolucionarios anticapitalistas en el mundo occidental y antiburocr\u00e1ticos en los pa\u00edses de Europa Oriental, fueron los principales elementos del contexto en que se enmarc\u00f3 la victoria electoral que llev\u00f3 a Salvador Allende a la Presidencia de la Rep\u00fablica como abanderado de una coalici\u00f3n pol\u00edtica \u2013la Unidad Popular-que se propon\u00eda iniciar la transici\u00f3n al socialismo a trav\u00e9s de la v\u00eda pac\u00edfica institucional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sistema pol\u00edtico chileno mostr\u00f3 su m\u00e1xima elasticidad entre septiembre de 1970 y julio de 1971, esto es, desde la elecci\u00f3n de Allende hasta la nacionalizaci\u00f3n del cobre aprobada un\u00e1nimemente por el Congreso Nacional. Sin embargo, desde mediados de 1971 el conflicto social y pol\u00edtico se agudiz\u00f3 progresivamente hasta alcanzar niveles sin precedentes desde la guerra civil de 1891. El centro pol\u00edtico fue absorbido por la derecha golpista y se sum\u00f3 a su estrategia. Los mecanismos institucionales fueron incapaces de regular el conflicto. Pero esta vez no se trat\u00f3 de una disputa en el seno de las elites de la clase dirigente sino de un enfrentamiento social y pol\u00edtico que tuvo las caracter\u00edsticas de una lucha de clases que dividi\u00f3 a la sociedad chilena en dos bloques m\u00e1s o menos equivalentes. De un lado, el conjunto de la burgues\u00eda y de otros sectores que marcharon bajo sus banderas: terratenientes, gran burgues\u00eda comercial e industrial, la mayor\u00eda de las clases medias y algunas franjas del mundo popular, especialmente aristocracia obrera. En la orilla opuesta, un combativo conglomerado popular compuesto por la mayor\u00eda de la clase obrera y del campesinado, m\u00e1s significativos sectores del estudiantado, de la intelectualidad y de las clases medias asalariadas. La fr\u00e1gil construcci\u00f3n pol\u00edtica democr\u00e1tica colaps\u00f3 producto de este enfrentamiento y de la intervenci\u00f3n del imperialismo norteamericano (34).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La institucionalidad democr\u00e1tica mostr\u00f3 sus l\u00edmites cuando los sectores populares intentaron hacer realidad sus sue\u00f1os de justicia social mediante el cumplimiento del programa ofrecido por los partidos pol\u00edticos de izquierda. El gobierno de la Unidad Popular ha sido considerado retrospectivamente por muchos analistas como una experiencia condenada al fracaso. No obstante, habr\u00eda que preguntarse si acaso esa no fue la \u00faltima oportunidad en el siglo XX de haber echado los cimientos de una naci\u00f3n integrada en base a un compromiso social progresista. Pero las clases dominantes no ten\u00edan ni la disposici\u00f3n, ni la madurez, ni la sensibilidad para ser parte de un proceso donde el conflicto no estaba excluido, pero uno de cuyos resultados podr\u00eda haber sido una naci\u00f3n m\u00e1s inclusiva. La dictadura terrorista de Pinochet fue el medio escogido por estos sectores y el imperialismo para quebrar la espina dorsal del movimiento obrero y popular y clausurar la posibilidad de un juego de alternativas de proyectos de sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una nueva ingenier\u00eda pol\u00edtica se gest\u00f3 en la fase de declive del r\u00e9gimen de Pinochet como resultado de las transacciones entre los representantes de la dictadura y de la oposici\u00f3n moderada conformada por la Democracia Cristiana y buena parte de la dirigencia de izquierda que hab\u00eda sostenido la experiencia de la Unidad Popular. De ello result\u00f3 un sistema pol\u00edtico de \u201cdemocracia protegida\u201d o restringida, con m\u00e1s limitantes, cortapisas y restricciones que la que existi\u00f3 entre 1958 y 1973 y con mucho menos admisibilidad de la disidencia y del conflicto social. Por ello, en nuestros d\u00edas los movimientos de protesta social son sistem\u00e1ticamente negados en su legitimidad y reprimidos por el Estado (35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gobernabilidad y estabilidad de este nuevo orden se bas\u00f3 durante veinte a\u00f1os en la contenci\u00f3n por parte de la coalici\u00f3n gobernante (la Concertaci\u00f3n de Partidos por la Democracia) de las demandas sociales mediante una h\u00e1bil pol\u00edtica de desmovilizaci\u00f3n popular, pr\u00e1ctica del clientelismo sectorial, correctivos \u201csociales\u201d al modelo neoliberal y represi\u00f3n de los movimientos de protesta social cuando estos desbordan los estrechos m\u00e1rgenes de tolerancia existentes en el Chile postdictatorial. La pol\u00edtica aplicada ha sido descrita con precisi\u00f3n sint\u00e9tica por el soci\u00f3logo Tom\u00e1s Moulian como la consagraci\u00f3n por el bloque concertacionista de \u201cla limitaci\u00f3n del Estado a roles reguladores, un amplio espacio para la iniciativa privada y la definici\u00f3n de los empresarios como los sujetos hist\u00f3ricos de la nueva sociedad\u201d (36). El contrapunto de la diversificaci\u00f3n de las exportaciones, las tasas de crecimiento econ\u00f3mico sostenidas, la alta inversi\u00f3n extranjera y el reconocimiento internacional de Chile como un pa\u00eds modelo es la mercantilizaci\u00f3n total de la previsi\u00f3n y de las empresas de \u201cservicios p\u00fablicos\u201d (agua, electricidad, gas y tel\u00e9fono), \u201cuna amplia mercantilizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n y de la salud y la total transformaci\u00f3n de la fuerza de trabajo en una mercanc\u00eda como cualquier otra, cuyo precio no es la resultante de la capacidad de organizaci\u00f3n y de fuerza pol\u00edtica sino es colocada por un mercado que demanda cada vez m\u00e1s flexibilidad\u201d (37). A lo que habr\u00eda que agregar la irreductible mantenci\u00f3n de la desigualdad social, que ubica a Chile \u2013a pesar del progreso econ\u00f3mico-como uno de los pa\u00edses con peor distribuci\u00f3n del ingreso del mundo (38).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La asimilaci\u00f3n de la ideolog\u00eda neoliberal por parte de los antiguos opositores a Pinochet que asumieron el gobierno a partir de 1990, su pol\u00edtica de coadministraci\u00f3n con la Derecha cl\u00e1sica y la legitimaci\u00f3n por parte de la Concertaci\u00f3n Democr\u00e1tica del modelo neoliberal y del gran empresariado como el principal sujeto hist\u00f3rico, terminaron por borrar las diferencias entre los bloques hegem\u00f3nicos en la conciencia de vastos sectores de la poblaci\u00f3n. Un resultado de esta pol\u00edtica ha sido la elecci\u00f3n a la Presidencia de la Rep\u00fablica de uno de los principales magnates chilenos en brazos de la alianza de derecha tradicional, que por primera vez en m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os logr\u00f3 ungir a uno de los suyos en la m\u00e1xima magistratura de la Rep\u00fablica por medio del sufragio universal (39).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este contexto, el Bicentenario ofrece algunas similitudes fundamentales con la situaci\u00f3n imperante en el Centenario. Al igual que entonces, la econom\u00eda chilena no logra escapar al patr\u00f3n primario exportador y el Estado y las clases dominantes gozan de una prosperidad sin par. Aunque en la actualidad los niveles de pobreza son muy inferiores a los que exist\u00edan en 1910 y los \u00edndices de calidad de vida de la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n son muy superiores a los de hace un siglo, la desigualdad social se mantiene inalterable y se cierne como una sombra sobre la tan anunciada unidad nacional. A decir verdad, fuera del \u00e1mbito simb\u00f3lico, la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n del Estado naci\u00f3n Rep\u00fablica de Chile no tiene razones objetivas para celebrar los doscientos a\u00f1os de una arquitectura pol\u00edtica resultante de imposiciones de la fuerza militar, concili\u00e1bulos y transacciones de las c\u00fapulas pol\u00edticas sin participaci\u00f3n significativa de la ciudadan\u00eda, salvo en situaciones excepcionales cuya repetici\u00f3n desea ser descartada a toda costa por la clase pol\u00edtica (40). El Bicentenario es, por excelencia, la festividad de los principales beneficiarios del sistema econ\u00f3mico y pol\u00edtico: las clases dominantes y los administradores del sistema pol\u00edtico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gran masa popular ser\u00e1, sin duda, convocada y se sumar\u00e1 al jolgorio inducido por los medios de comunicaci\u00f3n y los aparatos de propaganda del Estado y de otras instituciones interesadas en la operaci\u00f3n pol\u00edtica denominada Bicentenario. Cuando hace cien a\u00f1os Chile se aprestaba a festejar el primer Centenario del Estado naci\u00f3n, el m\u00e1s destacado dirigente obrero de aquella \u00e9poca, Luis Emilio Recabarren nos dej\u00f3 una descripci\u00f3n de una situaci\u00f3n que veremos repetirse en nuestros d\u00edas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cPero, decidme la verdad, \u00bfen qu\u00e9 consiste la participaci\u00f3n del pueblo en todas las grandes festividades? \u00a1Ah!, vacil\u00e1is para confesaros la verdad! La mayor cuota que el pueblo aporta en estas festividades consiste en embriagarse al comp\u00e1s del canto y en embriagarse hasta el embrutecimiento que los conduce a todas las locuras. Pero esa embriaguez es un progreso. Si ella proporciona al pueblo abundancia de miserias en cambio a los productores de licor y a los intermediarios les produce torrentes de oro ganado a costa de la corrupci\u00f3n. \u00a1Verdad que esto es muy triste Es por todo esto que he dicho que yo no siento entusiasmo espont\u00e1neo para festejar el centenario de la Rep\u00fablica que ning\u00fan bien de verdadero valor moral ha producido para nosotros. Que se regocijen y se entusiasmen los que han aprovechado y aprovechar\u00e1n del progreso y que sean siempre felices son mis votos\u201d (41).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>A modo de conclusi\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reflexi\u00f3n de Recabarren en el Centenario guarda mucha validez en el Chile actual. Sus votos para que en el segundo siglo de vida de esta Rep\u00fablica fuera una era de verdaderos progresos morales que aseguraran el triunfo de la igualdad social, no surtieron efecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar del discurso oficial del \u00e9xito econ\u00f3mico y de la modernizaci\u00f3n, a\u00fan no se encuentran las bases materiales, culturales, institucionales y pol\u00edticas para lograr una naci\u00f3n m\u00e1s inclusiva. El pa\u00eds construido en el siglo XX (y en lo que va corrido del siglo XXI) se parece en muchos aspectos al del siglo XIX. La naci\u00f3n sigue viviendo un porfiado desgarramiento estructural. Chile est\u00e1 muy lejos de alcanzar niveles aceptables de cohesi\u00f3n social42. En vez de la democracia olig\u00e1rquica de comienzos del siglo XX, existe una democracia liberal de baja intensidad que convoca a sus ciudadanos solo para legitimar decisiones tomadas en un marco de restricciones interiorizadas por el ejercicio del poder tutelado. La apat\u00eda y rechazo de la poblaci\u00f3n chilena a la pol\u00edtica institucional y los pol\u00edticos profesionales, expresada en todas las encuestas de opini\u00f3n p\u00fablica y en los millones de ciudadanos no inscritos en los registros electorales, se explica esencialmente porque las soluciones a los problemas econ\u00f3micos y sociales han sido despojadas de su contenido pol\u00edtico, present\u00e1ndose como eminentemente t\u00e9cnicas ya que los fines de la sociedad no pueden ser cuestionados o discutidos43 . Los movimientos sociales (exceptuando el movimiento nacional mapuche) a\u00fan son d\u00e9biles y dispersos, no son solidarios entre s\u00ed y su nivel de politizaci\u00f3n es, por regla general, muy bajo44. Solo las campa\u00f1as electorales provocan ef\u00edmera y d\u00e9bilmente la ilusi\u00f3n de que la pol\u00edtica vuelve por sus fueros a nivel de la masa ciudadana. Pero es solo un espejismo. Los poderes f\u00e1cticos y los administradores del sistema velan porque todo se mantenga as\u00ed. Una vez m\u00e1s la ingenier\u00eda pol\u00edtica parece haber dado en el clavo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya van veinte a\u00f1os de estabilidad de la nueva arquitectura pol\u00edtica, lo que hace proclamar a muchos analistas el \u00e9xito de esta laboriosa f\u00f3rmula. Si bien es cierto que desde 1925 Chile no conoci\u00f3 un per\u00edodo tan largo sin intervenci\u00f3n militar, sin dictadura o sin leyes de excepci\u00f3n que declaren ilegales a ciertas organizaciones pol\u00edticas, las dos \u00faltimas d\u00e9cadas de democracia tutelada de baja intensidad representan apenas dos tercios del per\u00edodo que medi\u00f3 entre 1860 y la guerra civil de 1891 y un porcentaje a\u00fan menor del que transcurri\u00f3 entre el desenlace de ese conflicto y 1924, cuando la fuerza armada nuevamente dirimi\u00f3 la disputa pol\u00edtica. La actual construcci\u00f3n pol\u00edtica a\u00fan no ha pasado por pruebas muy dif\u00edciles. Sus principales beneficiarios se aprestan a festejar tranquilos el Bicentenario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong>*Profesor del Departamento de Ciencias Hist\u00f3ricas de la Universidad de Chile.<br \/>\n1 Paulina Peralta, \u00a1Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre (1810-1837), Santiago, Lom Ediciones, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 V\u00e9ase entre otros, Mario Vald\u00e9s Urrutia, \u201cLa deserci\u00f3n en el ej\u00e9rcito patriota durante la guerra de Independencia de Chile: 1813-1818. Notas para su comprensi\u00f3n\u201d, en Revista Chilena de Historia y Geograf\u00eda, N\u00ba164, Santiago, 1998, p\u00e1gs. 103-126; Gladys Varela y Carla Manara, \u201cEn un mundo de frontera. La guerrilla realista-chilena en territorio pehuenche\u201d, en Revista de Estudios Trasandinos, N\u00ba4, Santiago, julio de 2000, p\u00e1gs. 341-363 y \u201cTiempos de transici\u00f3n en las fronteras surandinas: de la Colonia a la Rep\u00fablica, en Susana Bandieri, Cruzando la Cordillera\u2026 La frontera argentino-chilena como espacio social, Neuqu\u00e9n, Universidad Nacional del Comahue, 2002, p\u00e1gs. 31-63; Ana Mar\u00eda Contador, Bandidaje y guerrilla. Los Pincheira: un caso de bandidaje social 1817-1832, Santiago, Bravo y Allende, 1998; Leonardo Le\u00f3n, \u201cReclutas forzados y desertores de la Patria: el bajo pueblo chilena en la Guerra de la Independencia, 1810-1814\u201d, en Historia, N\u00ba35, Santiago, 2002, p\u00e1gs. 31-63; \u201cLa otra guerra de la Independencia: el \u00e9xodo patriota de Penco, 1817-1818\u201d, en Estudios Coloniales, N\u00ba4, Santiago, 2005; Sergio Grez Toso, De la \u201cregeneraci\u00f3n del pueblo\u201d a la huelga general. G\u00e9nesis y evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago, RIL Editores, 2007, 2\u00aa ed., p\u00e1gs. 189-209.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 John Lynch, Las revoluciones hispanoamericanas 1810-1826, Barcelona, Editorial Ariel, 1926, p\u00e1g. 149; Julio Pinto Vallejos y Ver\u00f3nica Valdivia Ortiz de Z\u00e1rate, \u00bfChilenos todos? La construcci\u00f3n social de la naci\u00f3n (1810-1840), Santiago, Lom Ediciones, 2009, p\u00e1gs. 120-144.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Pinto y Valdivia, op. cit., p\u00e1g. 334. El concepto de \u201cficci\u00f3n democr\u00e1tica\u201d ha sido tomado por estos historiadores de Fran\u00e7ois-Xavier Guerra, Modernidad e independencia, M\u00e9xico, Mapfre\/FCE, 1992. Los trabajos sobre la actitud popular en el proceso de emancipaci\u00f3n pol\u00edtica est\u00e1n citados en la nota 2.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Op. cit., p\u00e1g. 81.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6 Alberto Edwards, La Fronda Aristocr\u00e1tica en Chile, Santiago, Imprenta Nacional, 1928.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7 El territorio comprendido desde la zona de Copiap\u00f3 hasta el r\u00edo B\u00edo-B\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8 V\u00e9ase, entre otros: Grez, op. cit., p\u00e1gs. 233-248; Mar\u00eda Ang\u00e9lica Illanes, \u201cAzote, salario y ley. Disciplinamiento de la mano de obra en la miner\u00eda de Atacama (1817-1850)\u201d, en Proposiciones, N\u00ba19, Santiago, julio de 1990, p\u00e1gs. 90-123; Marco Antonio Le\u00f3n, \u201cEntre el espect\u00e1culo y el escarmiento: el presidio ambulante en Chile (1836-1847), en Mapocho, N\u00ba43, Santiago, primer semestre de 1998, p\u00e1gs. 183-209; Peralta, passim; Pinto y Valdivia, op. cit., p\u00e1gs. 144-151, 195-205, 227-240 y 279-297.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9 Sobre la reacci\u00f3n patri\u00f3tica de vastos sectores populares chilenos durante la Guerra del Pac\u00edfico, v\u00e9ase Grez, op. cit., p\u00e1gs. 565-570.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10 Pinto y Valdivia, op. cit., p\u00e1g. 157.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11 Tom\u00e1s Mouli\u00e1n, Contradicciones del desarrollo pol\u00edtico chileno 1920-1990, Santiago, Lom Ediciones, 2008, p\u00e1gs. 10 y 11. Este autor ha subrayado el desencuentro existente entre la clase pol\u00edtica (liberal) predominante durante la d\u00e9cada de 1820 y la clase de los grandes propietarios (conservadora), lo que convert\u00eda a la primera en una intelectualidad \u201cinorg\u00e1nica\u201d, sin base material de clases, \u201cdesfasada de la oligarqu\u00eda terrateniente que aspiraba al nivel pol\u00edtico a reproducir el orden paternalista aristocr\u00e1tico de la hacienda, en cuanto formadora de la matriz cultural\u201d. Ibid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12 El historiador que mayor \u00e9nfasis ha puesto en la posibilidad de construir una comunidad pol\u00edtica m\u00e1s incluyente entre 1823 y 1829 ha sido Gabriel Salazar Vergara, Construcci\u00f3n de Estado en Chile (1800\u00ad1860). Democracia de los \u201cpueblos\u201d. Militarismo ciudadano. Golpismo olig\u00e1rquico, Santiago, Editorial Sudamericana, 2005. Una visi\u00f3n m\u00e1s matizada en Pinto y Valdivia, op. cit., p\u00e1gs. 159-205.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13 Salazar, Construcci\u00f3n de Estado\u2026, op. cit., p\u00e1gs. 322-327. Una visi\u00f3n distinta sobre el r\u00e9gimen pol\u00edtico conservador, interpretado como \u201cuna fusi\u00f3n del legado autoritario del imperio espa\u00f1ol (incluidas sus apariencias) con buena parte de la sustancia del constitucionalismo republicano liberal\u201d, se encuentra en la obra del historiador brit\u00e1nico Simon Collier, Chile. La construcci\u00f3n de una rep\u00fablica 1830-1865. Pol\u00edtica e ideas, Santiago, Ediciones de la Universidad Cat\u00f3lica de Chile, 2008, 2\u00aa ed., p\u00e1gs. 57-83.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14 La bibliograf\u00eda sobre la guerra civil de 1891 es muy abundante. Entre las numerosas publicaciones que aparecieron con motivo del centenario de dicho conflicto destacan, por la variedad de enfoques y puntos de vista, tres obras colectivas: Dimensi\u00f3n Hist\u00f3rica de Chile, N\u00ba8, Santiago, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educaci\u00f3n, 1991; Diversos autores, La \u00e9poca de Balmaceda, Santiago, Direcci\u00f3n de Bibliotecas, Archivos y Museos \u2013 Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1992; Luis Ortega (editor), La guerra civil de 1891. Cien a\u00f1os hoy, Santiago, Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile, 1993.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15 Mouli\u00e1n, op. cit., p\u00e1gs. 12-19. Cf. Julio Heise Gonz\u00e1lez, El per\u00edodo parlamentario 1861-1925, Tomo II Democracia y gobierno representativo en el per\u00edodo parlamentario, Santiago, Editorial Universitaria, 1982, especialmente p\u00e1gs. 23-112. Un relato y an\u00e1lisis pormenorizado de la crisis de la Rep\u00fablica Conservadora y de la transici\u00f3n hacia el r\u00e9gimen pol\u00edtico liberal (1851-1864) fue desarrollado por Simon Collier, op. cit., p\u00e1gs. 249-317. Desde una perspectiva m\u00e1s cr\u00edtica, Gabriel Salazar ha se\u00f1alado que el \u201csistema portaleano\u201d (1830-1891) \u201cha sido el \u00fanico r\u00e9gimen que incub\u00f3 y experiment\u00f3 varias guerras civiles: una en su origen (1829-30), dos en su apogeo (1851 y 1859) y una en su declinaci\u00f3n (1891). Tambi\u00e9n ha sido el \u00fanico que involucr\u00f3 al pa\u00eds en tres guerras exteriores\u201d. Gabriel Salazar, La violencia pol\u00edtica popular en las \u201cGrandes Alamedas\u201d. La violencia en Chile 1947-1987 (Una perspectiva hist\u00f3rico popular), Santiago, Lom Ediciones, 2006, 2\u00aa ed., p\u00e1g. 70.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16 Sobre la \u201ccuesti\u00f3n social\u201d y sus consecuencias, v\u00e9ase entre otros, James O. Morris, Las \u00e9lites, los intelectuales y el consenso. Estudios de la cuesti\u00f3n social y el sistema de relaciones industriales en Chile, Santiago, Editorial del Pac\u00edfico, 1967; Gonzalo Vial Correa, Historia de Chile (1891-1973), Santiago, Editorial Santillana del Pac\u00edfico, 1981, vol. I, tomo II, p\u00e1gs. 495-551 y 745-782; Ximena Cruzat y Ana Tironi, \u201cEl pensamiento frente a la cuesti\u00f3n social en Chile\u201d, en Mario Berr\u00edos et al., El pensamiento en Chile 1830-1910, Santiago, Nuestra Am\u00e9rica Ediciones, 1987; Julio Pinto Vallejos, \u201cLa caldera del desierto. Los trabajadores del guano y los inicios de la cuesti\u00f3n social\u201d, en Proposiciones, N\u00b019, Santiago, julio de 1990, p\u00e1gs. 123-141 y \u201c\u00bfCuesti\u00f3n social o cuesti\u00f3n pol\u00edtica? La lenta politizaci\u00f3n de la sociedad popular tarapaque\u00f1a hacia el fin de siglo (1889-1900)\u201d, en Julio Pinto Vallejos, Trabajos y rebeld\u00edas en la pampa salitrera. El ciclo del salitre y la reconfiguraci\u00f3n de las identidades populares (1850-1900), Santiago, Editorial, Universidad de Santiago, 1998, p\u00e1gs. 251-312; Sergio Grez Toso, La \u201ccuesti\u00f3n social\u201d. Ideas y debates precursores (1804-1902), Santiago, DIBAM \u2013 Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17 Dr. J. Vald\u00e9s Cange (Alejandro Venegas), Sinceridad. Chile \u00edntimo en 1910, Santiago, Ediciones CESOC, 1998, p\u00e1gs. 223 y 224.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18 Salazar, La violencia pol\u00edtica\u2026, op. cit., p\u00e1g. 72. Cursivas en el original.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. Ibid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20 Luis Alberto Romero, \u00a1Qu\u00e9 hacer con los pobres? Elites y sectores populares en Santiago de Chile 1840\u00ad1895, Santiago, Ariadna Ediciones, 2007, p\u00e1gs. 232 y 233.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21 Enrique Mac-Iver, \u201cDiscurso sobre la crisis moral de la Rep\u00fablica\u201d, en Grez, La \u201ccuesti\u00f3n social\u201d\u2026, op. cit., p\u00e1gs. 519-528.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22 Esta matanza obrera ha quedado inscrita en la memoria del pueblo chileno como un paradigma de la respuesta represiva del Estado y las clases dominantes ante las reivindicaciones de los trabajadores. El trabajo m\u00e1s completo sobre este tema es el libro de Eduardo Dev\u00e9s, Los que van a morir te saludan. Historia de una masacre: Escuela Santa Mar\u00eda de Iquique, 1907, Santiago, Lom Ediciones, 2002, 4\u00aa ed. V\u00e9ase tambi\u00e9n, Varios autores, A 90 a\u00f1os de los sucesos de la Escuela Santa Mar\u00eda de Iquique, Santiago, Lom Ediciones \u2013DIBAM \u2013 Universidad Arturo Prat, 1998; Sergio Grez Toso, \u201cLa guerra preventiva: Santa Mar\u00eda de Iquique. Las razones del poder\u201d, en Mapocho, N\u00b050, Santiago, segundo semestre de 2001, p\u00e1gs. 271-280; Pablo Artaza Barrios, Sergio Gonz\u00e1lez Miranda y Susana Jiles Castillo, A cien a\u00f1os de la masacre de Santa Mar\u00eda de Iquique, Santiago, Lom Ediciones, 2009.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23 Romero, op. cit., p\u00e1g. 234.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24 V\u00e9ase, entre otros, Sergio Grez Toso, \u201cEl escarpado camino hacia la legislaci\u00f3n social: debates, contradicciones y encrucijadas en el movimiento obrero y popular (Chile: 1901-1924)\u201d, en Cuadernos de Historia, N\u00b021, diciembre de 2001, p\u00e1gs. 119-182, y \u201c\u00bfAutonom\u00eda o escudo protector? El movimiento obrero y popular y los mecanismos de conciliaci\u00f3n y arbitraje (Chile, 1900-1924)\u201d, en Historia, vol. 35, Santiago, 2002, p\u00e1gs. 91-150; Julio Pinto V. y Ver\u00f3nica Valdivia O., \u00bfRevoluci\u00f3n proletaria o querida chusma? Socialismo y Alessandrismo en la pugna por la politizaci\u00f3n pampina (1911-1932), Santiago, Lom Ediciones, 2001; Juan Carlos Y\u00e1\u00f1ez Andrade, Estado, consenso y crisis social. El espacio p\u00fablico en Chile (1900-1920), Santiago, DIBAM \u2013 Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2004, y La intervenci\u00f3n social en Chile y el nacimiento de la sociedad salarial: 1907-1932, Santiago, RIL Editores, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25 Y\u00e1\u00f1ez, La intervenci\u00f3n social\u2026, op. cit., p\u00e1gs. 307 y 308.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26 Enrique Fern\u00e1ndez Darraz, Estado y sociedad en Chile, 1891-1931: el Estado Excluyente, la l\u00f3gica estatal olig\u00e1rquica y la formaci\u00f3n de la sociedad, Santiago, Lom Ediciones, 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27 Salazar, La violencia pol\u00edtica\u2026, op. cit., p\u00e1g. 75-78.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28 Una extensa revisi\u00f3n de los acontecimientos del per\u00edodo 1925-1938 fue realizada por Gonzalo Vial, Historia de Chile (1891-1973), Santiago, Zig-Zag, vol. IV, 1996 y vol. V, 2001. Sobre la insurrecci\u00f3n de 1931 de la mariner\u00eda chilena, puede consultarse el prolijo ac\u00e1pite dedicado a estos sucesos en un libro sobre un tema m\u00e1s amplio escrito por Jorge Magasich, Los que dijeron \u201cNo\u201d. Historia de los marineros antigolpistas de 1973, Santiago, Lom Ediciones, 2008, vol. I, p\u00e1gs. 149-187.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29 Tom\u00e1s Moulian, \u201cViolencia, gradualismo y reformas en el desarrollo pol\u00edtico chileno\u201d, en Adolfo Aldunate, \u00c1ngel Flisfich y Tom\u00e1s Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, p\u00e1gs. 13-68. La idea del \u201cgran viraje\u201d de la izquierda est\u00e1 expuesta m\u00e1s espec\u00edficamente en p\u00e1gs. 49 y 50. V\u00e9ase tambi\u00e9n del mismo autor, Fracturas. De Pedro Aguirre Cerda a Salvador Allende (1938-1973), Santiago, Lom Ediciones, 2006, p\u00e1gs. 19-142 y Contradicciones\u2026, op. cit., p\u00e1gs. 27-39; Pedro Milos, Frente Popular en Chile. Su configuraci\u00f3n: 1935-1938, Santiago, Lom Ediciones, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30 Moulian, Contradicciones\u2026, op. cit., p\u00e1g. 40.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31 Carlos Hunneus, La Guerra Fr\u00eda chilena: Gabriel Gonz\u00e1lez Videla y la Ley Maldita, Santiago, Random House Mondadori S. A., 2009.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32 Las reformas electorales de 1958 incluyeron la instituci\u00f3n de una c\u00e9dula \u00fanica confeccionada por el Registro Electoral (que hizo casi imposible la compra de votos y el control electoral), la prohibici\u00f3n de los pactos a nivel provincial y la exigencia de pactos nacionales refrendados por las directivas m\u00e1ximas de los partidos, el castigo del cohecho con prisi\u00f3n inconmutable y la revalidaci\u00f3n de los electores borrados por la Ley de Defensa de la Democracia. Moulian, Fracturas\u2026, op. cit., p\u00e1gs. 169 y 170.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33 \u00c1ngela Vergara Marshall, \u201cRepresi\u00f3n y violencia estatal contra pobladores y mineros bajo el gobierno de la Democracia Cristiana: El Salvador (1966) y Puerto Montt (1969)\u201d (in\u00e9dito). Agradezco a su autora la gentileza de darme a conocer su manuscrito antes de publicarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34 La experiencia del gobierno de la Unidad Popular ha sido objeto de numeros\u00edsimos estudios en todo el mundo. Ante la imposibilidad de citar siquiera una peque\u00f1a parte de dichos trabajos, nos limitamos a mencionar tres libros en los cuales el lector interesado en prolongar las reflexiones realizadas en este texto encontrar\u00e1 elementos interesantes: Tom\u00e1s Moulian, Chile actual: anatom\u00eda de un mito, Santiago, Lom Ediciones, 1997, 1\u00aa ed.; Luis Corval\u00e1n M\u00e1rquez, Los partidos pol\u00edticos y el golpe del 11 de septiembre, Santiago, Ediciones ChileAm\u00e9rica Cesoc, 2000; Julio Pinto Vallejos (Coordinador-editor), Cuando hicimos Historia. La experiencia de la Unidad Popular, Santiago, Lom Ediciones, 2005.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35 El an\u00e1lisis global m\u00e1s incisivo sobre la sociedad chilena  posdictatorial es la c\u00e9lebre obra de Tom\u00e1s Moulian, Chile actual:  anatom\u00eda de un mito, op. cit. Este libro, r\u00e1pidamente convertido en un  cl\u00e1sico, ha sido objeto de m\u00e1s de treinta reimpresiones<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36 Moulian, Fracturas\u2026, op. cit., p\u00e1g. 272.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37 Ibid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38 Seg\u00fan el informe 2009 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la relaci\u00f3n entre el ingreso per c\u00e1pita del 10% m\u00e1s rico de los hogares y el ingreso del 10% m\u00e1s pobre de los hogares chilenos, es 26,2 veces. Traducido en los t\u00e9rminos del \u00cdndice de Gini, que fluct\u00faa entre 0 y 100, representando el 0 la l\u00ednea hipot\u00e9tica de igualdad total y el 100 la desigualdad total, Chile se sit\u00faa en un coeficiente de 52,2, uno de los peores del mundo. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe sobre Desarrollo Humano 2009. Superando barreras: Movilidad y desarrollo humanos, Madrid Mundi-Prensa Libros, 2009, p\u00e1g. 209. La versi\u00f3n electr\u00f3nica se encuentra disponible en:<br \/>\nhttp:\/\/hdr.undp.org\/en\/media\/HDR_2009_ES_Complete.pdf<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39 Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era, el nuevo Presidente de la Rep\u00fablica elegido en enero de 2010, es due\u00f1o de una fortuna evaluada en unos 1.200 millones de d\u00f3lares, lo que lo sit\u00faa en el puesto 701 de las personas m\u00e1s ricas del mundo seg\u00fan la clasificaci\u00f3n Forbes 2009.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40 Sobre el car\u00e1cter no democr\u00e1tico de los procesos constituyentes en la historia de Chile, v\u00e9ase, Sergio Grez Toso, \u201cLa ausencia de un poder constituyente democr\u00e1tico en la historia de Chile\u201d, en el libro de diversos autores, Asamblea Constituyente. Nueva Constituci\u00f3n, Santiago, Editorial A\u00fan creemos en los sue\u00f1os, 2009, p\u00e1gs. 35-58.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41 Luis Emilio Recabarren, Ricos y pobres a trav\u00e9s de un siglo de vida republicana, Texto de una conferencia dictada en Rengo -Chile en la noche del 3 de septiembre de 1910, en ocasi\u00f3n del centenario de la independencia de Chile, Santiago, Imprenta New York, 1910. Este folleto se encuentra reproducido \u00edntegramente en Cristi\u00e1n Gazmuri (editor), El Chile del Centenario, los ensayistas de la crisis, Santiago, Instituto de Historia Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile, p\u00e1gs. 262-285. La versi\u00f3n electr\u00f3nica est\u00e1 disponible en: http:\/\/www.marxists.org\/espanol\/recabarren\/3-ix-1910.htm 42 Poco despu\u00e9s de presentada esta reflexi\u00f3n se produjo el terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010, que revel\u00f3 con particular dramatismo la falta de cohesi\u00f3n social de la poblaci\u00f3n chilena. La mayor\u00eda de los an\u00e1lisis cr\u00edticos han explicado la participaci\u00f3n de numerosas personas en los saqueos que se produjeron poco despu\u00e9s de los movimientos s\u00edsmicos como la resultante directa de la gran desigualdad social y de la dr\u00e1stica aplicaci\u00f3n modelo neoliberal, que ha promovido un individualismo exacerbado y ha destruido las redes asociativas populares, anulando de este modo los controles sociales m\u00e1s efectivos, resultantes del libre consentimiento. V\u00e9ase, entre otros, el art\u00edculo de Jos\u00e9 Luis Ugarte, \u201cNuestros b\u00e1rbaros\u201d, La Naci\u00f3n Domingo, Santiago, del 7 al 13 de marzo de 2010; y el excelente texto de los integrantes del Centro de Alerta e Investigadores del Observatorio Chileno de Pol\u00edticas Educativas (OPECH) \u2013 Universidad de Chile, Daniel Brzovic, Rodrigo Cornejo, Juan Gonz\u00e1lez, Rodrigo S\u00e1nchez y Mario Sobarzo, \u201cQue se derrumben los sentidos comunes y se reconstruyan las comunidades: Reflexiones a partir del terremoto y maremoto en Chile\u201d, Santiago, 11 de marzo de 2010, en<br \/>\nhttp:\/\/www.piensachile.com\/content\/view\/6797\/5\/<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43 Desde fines de la d\u00e9cada de 1990 cada vez menos personas participan en las elecciones y 31% de los chilenos en edad de votar ni siquiera est\u00e1n inscritos en los registros electorales. 44 Una reflexi\u00f3n sobre los movimientos sociales en la actualidad en Pedro Armendaris, \u201cEntrevista a Sergio Grez, \u00bfHay movimiento popular en Chile?\u201d, en Punto Final, N\u00ba691, Santiago, 7 al 20 de agosto de 2009, p\u00e1gs. 20 y 21. Versi\u00f3n electr\u00f3nica disponible, entre otros sitios web en:<br \/>\nhttp:\/\/www.elclarin.cl\/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=17865&amp;Itemid=2729<\/p>\n<p><strong>Publicado por ADHILAC Internacional \u00a9 www.adhilac.com.ar<\/strong><\/p>\n<p>Si Ud. desea asociarse de acuerdo a nuestros Estatutos\u00a0<a title=\"(ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=263\">(ver)<\/a> complete el siguiente formulario<a title=\"(ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=3194\">(ver)<\/a><\/p>\n<p>E-mail: info@adhilac.com.ar<strong><\/strong><\/p>\n<p>Twitter: @AdhilacInfo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bicentenario en Chile. La celebraci\u00f3n de una laboriosa construcci\u00f3n pol\u00edtica Sergio Grez Toso* Cuando el Estado de Chile empieza a conmemorar su Bicentenario, los intelectuales y los ciudadanos con conciencia cr\u00edtica no pueden dejar de formularse una serie de interrogantes sobre el sentido profundo de estas celebraciones. 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