{"id":9382,"date":"2014-04-18T08:05:49","date_gmt":"2014-04-18T11:05:49","guid":{"rendered":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=9382"},"modified":"2014-04-26T17:29:59","modified_gmt":"2014-04-26T20:29:59","slug":"pablo-neruda-y-su-aceptacion-del-premio-nobel-de-la-literatura-en-1971","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/adhilac.com.ar\/?p=9382","title":{"rendered":"Pablo Neruda y su aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de la literatura en 1971"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #339966;\">Una ardiente paciencia<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><a href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Pablo-Neruda-01.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-9383\" title=\"Pablo Neruda 01\" src=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Pablo-Neruda-01.jpg\" alt=\"\" width=\"324\" height=\"216\" srcset=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Pablo-Neruda-01.jpg 600w, https:\/\/adhilac.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Pablo-Neruda-01-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 324px) 100vw, 324px\" \/><\/a>Discurso pronunciado con ocasi\u00f3n de la entrega del Premio Nobel de Literatura (1971)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi discurso ser\u00e1 una larga traves\u00eda, un viaje m\u00edo por regiones, lejanas y ant\u00edpodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi pa\u00eds. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros limites el Polo Sur, que nos parecemos a la geograf\u00eda de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por all\u00ed, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en s\u00ed mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi pa\u00eds con Argentina. Grandes bosques cubren como un t\u00fanel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, acept\u00e1bamos tan s\u00f3lo los signos m\u00e1s d\u00e9biles de la orientaci\u00f3n. No hab\u00eda huellas, no exist\u00edan senderos y con mis cuatro compa\u00f1eros a caballo busc\u00e1bamos en ondulante cabalgata -eliminando los obst\u00e1culos de poderosos \u00e1rboles, imposibles r\u00edos, roquer\u00edos inmensos, desoladas nieves, adivinando mas bien el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompa\u00f1aban conoc\u00edan la orientaci\u00f3n, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse m\u00e1s seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aqu\u00ed y all\u00e1 las cortezas de los grandes \u00e1rboles dejando huellas que los guiar\u00edan en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino. Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin m\u00e1rgenes, en aquel silencio verde y blanco, los \u00e1rboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de a\u00f1os, los troncos semi-derribados que de pronto eran una barrera m\u00e1s en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de fr\u00edo, nieve, persecuci\u00f3n. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misi\u00f3n. A veces segu\u00edamos una huella delgad\u00edsima, dejada quiz\u00e1s por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignor\u00e1bamos si muchos de ellos hab\u00edan perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A cada lado de la huella contempl\u00e9, en aquella salvaje desolaci\u00f3n, algo como una construcci\u00f3n humana. Eran trozos de ramas acumulados que hab\u00edan soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos c\u00famulos de madera para recordar a los ca\u00eddos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron all\u00ed para siempre debajo de las nieves. Tambi\u00e9n mis compa\u00f1eros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descend\u00edan sobre nosotros desde la altura de las con\u00edferas inmensas, desde los robles cuyo \u00faltimo follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y tambi\u00e9n yo fui dejando en cada t\u00famulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00edamos que cruzar un r\u00edo. Esas peque\u00f1as vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energ\u00eda y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comenc\u00e9 a mecerme sin sost\u00e9n, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. As\u00ed cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompa\u00f1aban me preguntaron con cierta sonrisa:<br \/>\n\u00bfTuvo mucho miedo?<br \/>\nMucho. Cre\u00ed que hab\u00eda llegado mi \u00faltima hora, dije.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00cdbamos detr\u00e1s de usted con el lazo en la mano me respondieron. -Ah\u00ed mismo \u2013agreg\u00f3 uno de ellos\u2013 cay\u00f3 mi padre y lo arrastr\u00f3 la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted. Seguimos hasta entrar en un t\u00fanel natural que tal vez abri\u00f3 en las rocas imponentes un caudaloso r\u00edo perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: m\u00e1s de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espl\u00e9ndido, el dif\u00edcil camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. S\u00fabitamente, como singular visi\u00f3n, llegamos a una peque\u00f1a y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las monta\u00f1as: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de rios y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ning\u00fan follaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed nos detuvimos como dentro de un c\u00edrculo m\u00e1gico, como hu\u00e9spedes de un recinto sagrado: y mayor condici\u00f3n de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que particip\u00e9. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compa\u00f1eros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me un\u00ed a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrar\u00edan pan y auxilio en las \u00f3rbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis r\u00fasticos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extra\u00f1a danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por all\u00ed cruzaron antes. Comprend\u00ed entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compa\u00f1eros, que exist\u00eda una comunicaci\u00f3n de desconocido a desconocido, que hab\u00eda una solicitud, una petici\u00f3n y una respuesta a\u00fan en las m\u00e1s lejanas y apartadas soledades de este mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejar\u00edan por muchos a\u00f1os de mi patria, llegamos de noche a las \u00faltimas gargantas de las monta\u00f1as. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitaci\u00f3n humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vac\u00edos. Entramos a uno de ellos y vimos, al calor de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitaci\u00f3n, cuerpos de \u00e1rboles gigantes que all\u00ed ard\u00edan de d\u00eda y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo ml humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yac\u00edan algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canci\u00f3n que, naciendo de las brasas y la oscuridad, nos tra\u00eda la primera voz humana que hab\u00edamos topado en el camino. Era una canci\u00f3n de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde ven\u00edamos, hacia la infinita extensi\u00f3n de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ellos ignoraban quienes \u00e9ramos, ellos nada sab\u00edan del fugitivo, ellos no conoc\u00edan mi poes\u00eda ni mi nombre. O lo conoc\u00edan, nos conoc\u00edan? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A trav\u00e9s de ellos pasaba una corriente termal, agua volc\u00e1nica donde nos sumergimos, calor que se desprend\u00eda de las cordilleras y nos acogi\u00f3 en su seno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Chapoteamos gozosos, cav\u00e1ndonos, limpi\u00e1ndonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los \u00faltimos kil\u00f3metros de jornadas que me separar\u00edan de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los monta\u00f1eses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos sali\u00f3 al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un adem\u00e1n. Nos hab\u00edan servido y nada m\u00e1s. Y en ese \u00abnada m\u00e1s\u00bb en ese silencioso nada m\u00e1s hab\u00eda muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sue\u00f1os.<br \/>\nSe\u00f1oras y Se\u00f1ores:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo no aprend\u00ed en los libros ninguna receta para la composici\u00f3n de un poema: y no dejar\u00e9 impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de m\u00ed alguna gota de supuesta sabidur\u00eda. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasi\u00f3n y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveraci\u00f3n necesaria, la f\u00f3rmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a m\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquella larga jornada encontr\u00e9 las dosis necesarias a la formaci\u00f3n del poema. All\u00ed me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poes\u00eda es una acci\u00f3n pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acci\u00f3n, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelaci\u00f3n de la naturaleza. Y pienso con no menor fe que todo esta sostenido -el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesia en una comunidad cada vez m\u00e1s extensa, en un ejercicio que integrar\u00e1 para siempre en nosotros la realidad y los sue\u00f1os, porque de tal manera los une y los confunde. Y digo de igual modo que no s\u00e9, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, si aquellas lecciones que recib\u00ed al cruzar un vertiginoso r\u00edo, al bailar alrededor del cr\u00e1neo de una vaca, al ba\u00f1ar mi piel en el agua purificadora de las m\u00e1s altas regiones, digo que no s\u00e9 si aquello sal\u00eda de m\u00ed mismo para comunicarse despu\u00e9s con muchos otros seres, o era el mensaje que los dem\u00e1s hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento. No s\u00e9 si aquello lo viv\u00ed o lo escrib\u00ed, no s\u00e9 si fueron verdad o poes\u00eda, transici\u00f3n o eternidad los versos que experiment\u00e9 en aquel momento, las experiencias que cant\u00e9 m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todo ello, amigos, surge una ense\u00f1anza que el poeta debe aprender de los dem\u00e1s hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicaci\u00f3n de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicaci\u00f3n y el silencio para llegar al recinto m\u00e1gico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancol\u00eda; mas en esa danza o en esa canci\u00f3n est\u00e1n consumados los m\u00e1s antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino com\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En verdad, si bien alguna o mucha gente me consider\u00f3 un sectario, sin posible participaci\u00f3n en la mesa com\u00fan de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Despu\u00e9s de todo, ning\u00fan poeta administr\u00f3 la poes\u00eda, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pens\u00f3 que podr\u00eda gastarse la vida defendi\u00e9ndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicci\u00f3n es que s\u00f3lo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos. Digo que los enemigos de la poes\u00eda no est\u00e1n entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ah\u00ed que ning\u00fan poeta tenga m\u00e1s enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los m\u00e1s ignorados y explotados de sus contempor\u00e1neos; y esto rige para todas las \u00e9pocas y para todas las tierras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El poeta no es un \u00abpeque\u00f1o dios\u00bb. No, no es un \u00abpeque\u00f1o dios\u00bb. No est\u00e1 signado por un destino cabal\u00edstico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expres\u00e9 que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada d\u00eda: el panadero m\u00e1s pr\u00f3ximo, que no se cree dios. \u00c9l cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada d\u00eda, con una obligaci\u00f3n comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podr\u00e1 tambi\u00e9n la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesan\u00eda, de una construcci\u00f3n simple o complicada, que es la construcci\u00f3n de la sociedad, la transformaci\u00f3n de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercader\u00eda: pan, verdad, vino, sue\u00f1os. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su raci\u00f3n de compromiso, su dedicaci\u00f3n y su ternura al trabajo com\u00fan de cada d\u00eda y de todos los hombres, el poeta tomar\u00e1 parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sue\u00f1o de la humanidad entera. S\u00f3lo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poes\u00eda el anchuroso espacio que le van recortando en cada \u00e9poca, que le vamos recortando en cada \u00e9poca nosotros mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me condujeron al error, unos y otras no me permitieron -ni yo lo pretend\u00ed nunca- orientar, dirigir, ense\u00f1ar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura. Pero s\u00ed me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificacion. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen m\u00e1s tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformaci\u00f3n, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitaci\u00f3n tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta m\u00e1s pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contempl\u00e1bamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicaci\u00f3n opresiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensi\u00f3n americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso. Somos conscientes de nuestra obligaci\u00f3n de pobladores y -al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicaci\u00f3n critica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores, sentimos tambi\u00e9n el compromiso de recobrar los antiguos sue\u00f1os que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de r\u00edos que cantan como sue\u00f1os. Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez \u00e9sa sea la raz\u00f3n determinante de mi humilde caso individual: y en esa circunstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi ret\u00f3rica, no vendr\u00edan a ser sino actos, los m\u00e1s simples, del menester americano de cada d\u00eda. Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendi\u00f3 ser un instrumento \u00fatil de trabajo: cada uno de mis cantos aspir\u00f3 a servir en el espacio como signos de reuni\u00f3n donde se cruzaron los caminos, o como fragmento de piedra o de madera con que alguien, otros que vendr\u00e1n, pudieran depositar los nuevos signos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus \u00faltimas consecuencias, decid\u00ed que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida deb\u00eda ser tambi\u00e9n humildemente partidaria. Lo decid\u00ed viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprend\u00ed, metido en el escenario de las luchas de Am\u00e9rica, que mi misi\u00f3n humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasi\u00f3n y esperanza, porque s\u00f3lo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posici\u00f3n levantara o levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles pa\u00edses, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que a\u00fan no han aprendido a leernos ni a leer, que todav\u00eda no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los m\u00e1s ed\u00e9nicos, los m\u00e1s puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las \u00e9pocas terribles del colonialismo que a\u00fan existe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanza solitarias. En todo hombre se juntan las \u00e9pocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, qu\u00e9 ser\u00eda de m\u00ed si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquiera forma al pasado feudal del gran continente americano? C\u00f3mo podr\u00eda yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una m\u00ednima parte en la transformaci\u00f3n actual de mi pa\u00eds? Hay que mirar el mapa de Am\u00e9rica, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad c\u00f3smica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo escog\u00ed el dif\u00edcil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoraci\u00f3n hacia el individuo como sol central del sistema, prefer\u00ed entregar con humildad mi servicio a un considerable ej\u00e9rcito que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada d\u00eda enfrent\u00e1ndose tanto a los anacr\u00f3nicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no s\u00f3lo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetr\u00eda, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino tambi\u00e9n con las \u00e1speras tareas humanas que incorpor\u00e9 a mi poes\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace hoy cien a\u00f1os exactos, un pobre y espl\u00e9ndido poeta, el m\u00e1s atroz de los desesperados, escribi\u00f3 esta profec\u00eda: <em>A l\u2019aurore, arm\u00e9s d\u2019une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes<\/em>. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia entraremos en las espl\u00e9ndidas ciudades.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo creo en esa profec\u00eda de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un pa\u00eds separado de todos los otros por la tajante geograf\u00eda. Fui el m\u00e1s abandonado de los poetas y mi poes\u00eda fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perd\u00ed jam\u00e1s la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aqu\u00ed con mi poes\u00eda, y tambi\u00e9n con mi bandera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En conclusi\u00f3n, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espl\u00e9ndida ciudad que dar\u00e1 luz, justicia y dignidad a todos los hombres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed la poes\u00eda no habr\u00e1 cantado en vano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Entrevista entre\u00a0Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y Pablo Neruda<\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n transcribimos la conversaci\u00f3n mantenida por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez en Par\u00eds en 1971 cuando Pablo Neruda recibi\u00f3 el Premio Nobel de la literatura (VER). Esta grabaci\u00f3n fue \u00a0realizada con la presentaci\u00f3n de Augusto Olivares para la Televisi\u00f3n Nacional de Chile.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/youtu.be\/1520QZIclmI\">Entrevista de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez a Pablo Neruda<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ricardo Eli\u00e9cer Neftal\u00ed Reyes Basoalto (1904-1973) en 1921 eligi\u00f3 llamarse Pablo Neruda. A continuaci\u00f3n transcribimos el discurso pronunciado al recibir el premio de la Academia sueca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La extensa producci\u00f3n del artista fue publicada en vida y tras su fallecimientos:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crepusculario. Santiago, Ediciones Claridad, 1923.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veinte poemas de amor y una canci\u00f3n desesperada. Santiago, Editorial Nascimento, 1924.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tentativa del hombre infinito. Santiago, Editorial Nascimento, 1926.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Anillos. Santiago, Editorial Nascimento, 1926. (Prosa po\u00e9tica de Pablo Neruda y Tom\u00e1s Lago.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hondero entusiasta. Santiago, Empresa Letras, 1933.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El habitante y su esperanza. Novela. Santiago, Editorial Nascimento, 1926.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Residencia en la tierra (1925\u20131931). Madrid, Ediciones del \u00c1rbol, 1935.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Espa\u00f1a en el coraz\u00f3n. Himno a las glorias del pueblo en la guerra: (1936\u20131937). Santiago, Ediciones Ercilla, 1937.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuevo canto de amor a Stalingrado. M\u00e9xico, 1943.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tercera residencia (1935\u20131945). Buenos Aires, Losada, 1947.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Canto general. M\u00e9xico, Talleres Gr\u00e1ficos de la Naci\u00f3n, 1950.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los versos del capit\u00e1n. Imprenta L&#8217;Arte Tipografica, Napoli, 1952, 184 pp.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo el amor. Santiago, Editorial Nascimento, 1953.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las uvas y el viento. Santiago, Editorial Nascimento, 1954.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Odas elementales. Buenos Aires, Editorial Losada, 1954.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuevas odas elementales. Buenos Aires, Editorial Losada, 1955.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tercer libro de las odas. Buenos Aires, Losada, 1957.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estravagario. Buenos Aires, Editorial Losada, 1958.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Navegaciones y regresos Buenos Aires, Editorial Losada, 1959.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cien sonetos de amor. Santiago, Editorial Universitaria, 1959.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Canci\u00f3n de gesta. La Habana, Imprenta Nacional de Cuba, 1960.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poes\u00edas: Las piedras de Chile. Buenos Aires, Editorial Losada, 1960.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Piedras de Pablo NerudaCantos ceremoniales. Buenos Aires, Losada, 1961.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Memorial de Isla Negra. Buenos Aires, Losada, 1964. 5 vol\u00famenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arte de p\u00e1jaros. Santiago, Ediciones Sociedad de Amigos del Arte Contempor\u00e1neo, 1966.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fulgor y muerte de Joaqu\u00edn Murieta. Santiago, Zig-Zag, 1967. La Barcarola. Buenos Aires, Losada, 1967.Las manos del d\u00eda. Buenos Aires, Losada, 1968.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comiendo en Hungr\u00eda. Editorial Lumen, Barcelona, 1969. (En co-autor\u00eda con Miguel \u00c1ngel Asturias)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fin del mundo. Santiago, Edici\u00f3n de la Sociedad de Arte Contempor\u00e1neo, 1969. Ilustraciones de Mario Carre\u00f1o, Nemesio Ant\u00fanez, Pedro Millar, Mar\u00eda Martner, Julio Esc\u00e1mez y Oswaldo Guayasam\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan. Editorial Nascimento, Santiago, 1969.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maremoto. Santiago, Sociedad de Arte Contempor\u00e1neo, 1970. Xilograf\u00edas a color de Carin Oldfelt Hjertonsson.La espada encendida. Buenos Aires, Losada, 1970.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las piedras del cielo. Editorial Losada, Buenos Aires, 1970.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Discurso de Estocolmo. Alpignano, Italia, A. Tallone, 1972.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Geograf\u00eda infructuosa Buenos Aires, Editorial Losada, 1972.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La rosa separada. \u00c9ditions du Dragon, Par\u00eds, 1972. Grabados de Enrique Za\u00f1artu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incitaci\u00f3n al Nixonicidio y alabanza de la revoluci\u00f3n chilena. Santiago, Empresa Editora Nacional Quimant\u00fa, Santiago, 1973.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mar y las campanas. Buenos Aires, Losada, 1973.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Geograf\u00eda de Pablo Neruda. Editorial Aym\u00e1, Barcelona, 1973.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mar y las campanas. Editorial Losada, Buenos Aires, 1973<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2000. Editorial Losada, Buenos Aires, 1974<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eleg\u00eda. Editorial Losada, Buenos Aires, 1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El coraz\u00f3n amarillo. Editorial Losada, Buenos Aires, 1974<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jard\u00edn de invierno. Editorial Losada, Buenos Aires, 1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Confieso que he vivido. Memorias. Barcelona, Seix Barral, 1974. (autobiograf\u00eda)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Libro de las preguntas. Editorial Losada, Buenos Aires, 1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cartas de amor de Pablo Neruda. Ediciones Rodas, Madrid, 1975.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para nacer he nacido. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1978.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cartas a Laura. Centro Iberoamericano de Cooperaci\u00f3n, Madrid, 1978.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poes\u00edas escogidas. Biblioteca Premios Nobel. Aguilar S.A. de ediciones, 1980.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El r\u00edo invisible Editorial Seix Barral, Barcelona, 1980.Neruda\/Eandi,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Correspondencia durante Residencia en la tierra. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1980.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fin del viaje. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuadernos de Temuco. Buenos Aires, Planeta, 1996.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antolog\u00eda fundamental, pr\u00f3logo de Jaime Quezada y selecci\u00f3n de Jorge Baroos, Andr\u00e9s Bello, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda, Discursos Parlamentarios. (1945-1948). Editorial Ant\u00e1rtica, Santiago, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda, Cuadernos de Temuco Seix Barral, Buenos Aires.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda, Pr\u00f3logos. Editorial Sudamericana, Santiago, 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda, Epistolario viajero. (1927-1973), Editorial RIL, Santiago, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda en O\u2019Cruzeiro Internacional. Editorial Puerto de Palos, Santiago, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda. Yo respondo con mi obra: Conferencias, Discursos, Cartas, Declaraciones. (1932 &#8211; 1959). Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, Espa\u00f1a, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">David Bautista. Yo respondo con mi obra: tus ojos, Discursos, Cartas, Declaraciones. (1932 &#8211; 1959). Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, Espa\u00f1a, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo Neruda, J.M. Coetzee, W. Faulkner, Doris Lessing, G.G. M\u00e1rquez, Discursos, Alpha Decay, Barcelona, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antolog\u00eda General, Real Academia Espa\u00f1ola, Asociaci\u00f3n Chilena del Libro y Hern\u00e1n Loyola, Alfaguara, Santiago de Chile, 2010.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La piel extensa, antolog\u00eda dirigida a un p\u00fablico juvenil, re\u00fane cincuenta y cinco poemas en siete apartados tem\u00e1ticos; compilaci\u00f3n de Gerardo Beltr\u00e1n y Abel Murcia. Ilustraciones de Adolfo Serra; Edelvives, Madrid, 20132011 &#8211; Rayden.<\/p>\n<p><strong>Publicado por ADHILAC Internacional \u00a9 www.adhilac.com.ar<\/strong><\/p>\n<p>Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC\u00a0<a title=\"(ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=263\">(ver)<\/a> complete el formulario correspondiente\u00a0<a title=\"(Ver)\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/?page_id=4779\" target=\"_blank\">(ver)<\/a><\/p>\n<p>E-mail:\u00a0<a title=\"info@adhilac.com.ar\" href=\"https:\/\/adhilac.com.ar\/info@adhilac.com.ar\" target=\"_blank\">info@adhilac.com.ar<\/a><strong> <\/strong><\/p>\n<p>Twitter: @AdhilacInfo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una ardiente paciencia Discurso pronunciado con ocasi\u00f3n de la entrega del Premio Nobel de Literatura (1971) Mi discurso ser\u00e1 una larga traves\u00eda, un viaje m\u00edo por regiones, lejanas y ant\u00edpodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi pa\u00eds. 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