Por Sergio Guerra Vilaboy

Es muy significativo que la expresión América Latina surgiera en rechazo a los Estados Unidos. La aparición del novedoso nombre para designar a los países al sur del río Bravo estaba vinculado al resultado de las luchas por la independencia (1791 a 1826), cuando tras la emancipación pasaron a segundo plano las contradicciones con las antiguas metrópolis europeas y, en su lugar, se alzaron las agudas pugnas con la emergente potencia norteña, que iniciaba entonces su voraz política expansionista.

La creciente contradicción con los Estados Unidos se fue relacionando con las evidentes diferencias-culturales, religiosas, lingüísticas, étnicas, etc.- que separaban la América del norte, de origen anglosajón, de los territorios sureños del continente, con un importante componente latino. La búsqueda de las causas de este diferendo en una distinta matriz étnica fue prácticamente simultánea, como demostrara Arturo Ardao, al surgimiento de la idea de la latinidad de la Europa meridional y por extensión de las antiguas colonias ibéricas.

Uno de los primeros autores que se refirió a estas diferencias fue Alexander von Humboldt, quien ya en 1825 escribió en su Viaje a las regiones equinocciales: “Hoy, la parte continental del Nuevo Mundo se encuentra como repartida entre tres pueblos de origen europeo: uno, y el más poderoso, es de raza germánica; los otros dos pertenecen por su lengua, su literatura y sus costumbres, a la Europa latina.” Otro escritor europeo que tuvo un importante papel en este proceso fue el escritor francés Michel Chevalier quien una década después contrapuso la latinidad de las antiguas colonias de España, Portugal y Francia a la América sajona.

Alexander von Humboldt por Joseph Karl Stieler (1843)

En rigor, la paternidad del término América Latina corresponde a dos escritores hispanoamericanos residentes entonces en París: el chileno Francisco Bilbao y al neogranadino José María Torres Caicedo. Ellos fueron los primeros que adoptaron ese nombre que terminaría popularizándose, como ya contamos en nota anterior de Madre América, después que el de Colombia fuera utilizado desde 1861 como denominación de una república americana. Bilbao empleó el novedoso vocablo, por primera vez, en una conferencia en la capital francesa el 24 de junio de 1856 con el título de Iniciativa de la América, donde también se valió del gentilicio “latino-americano“. Al mismo tiempo, el escritor chileno defendió, en varios textos, a la “raza latino-americana” frente al expansionismo anglosajón, añadiendo además que la “América latina” ha de integrarse, pues en el Norte desaparece la civilización y emerge la barbarie. Tres meses después de Bilbao, el neogranadino Torres Caicedo también lo utilizó, el 26 de septiembre de 1856, en la primera estrofa de la parte IX de su poema Las dos Américas: “Más aislados se encuentran, desunidos, /Esos pueblos nacidos para aliarse:/La unión es su deber, su ley amarse:/Igual origen tienen y misión; /La raza de la América latina, /Al frente tiene la sajona raza,/Enemigo mortal que ya amenaza/Su libertad destruir y su pendón.

A impulsar el uso de América Latina, contribuyó la intervención de Napoleón III en México, pues los franceses se valieron de su proclamado panlatinismo para intentar encubrir su aventura imperialista, lo que explica que algunos le atribuyeran este origen. El término América Latina fue extendiéndose y cada vez usado con mayor frecuencia por destacados pensadores y figuras del hemisferio y terminaría imponiéndose sobre otras muchas propuestas –Miguel Rojas-Mix habla de Los cien nombres de América (1991)-, entre ellas Nuestra América, Eurindia, Indoamérica, Afroamérica, América Morena, Espérica. Abya Ayala, América Indo-íbera o América indoespañola.

A pesar de las muchas objeciones que se le han hecho, el término de América Latina se consolidó, pues como advirtiera Roberto Fernández Retamar: “Creo que en esto del nombre que nos corresponde adolecemos del mal del definicionismo. Es verdad que tanto “Estados Unidos de América” como “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas” son nombres y también definiciones. Pero esto no es regla, sino excepción.  El propio Martí no fue remiso a hablar a veces, por ejemplo, de “América Latina”, o de “América” a secas, aun cuando estuviera refiriéndose a “nuestra América”. Ni los hombres que se llaman león son leones, ni las mujeres que se llaman Rosas son rosas.

Fuente: www.informefracto.com – 27 de octubre de 2020

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