Por Sergio Guerra Vilaboy

La historia de la dominación holandesa en Pernambuco (1630-1654) comenzó con el desplazamiento de los portugueses de muchas de sus posesiones en Asia y África, a raíz de la unión de las coronas de España y Portugal (1580-1640).

El cierre de los puertos ibéricos, decretada por Felipe II en 1594 contra los Países Bajos, impulsó sus ataques a las colonias lusitanas, sobre todo después de recrudecida la guerra desde 1621. Las primeras incursiones holandeses en América, entre 1624 y 1629, fueron contra Bahía, ocupada por varios meses, Paraiba, Ceará y Pará.

Otro fue el desenlace en Pernambuco, entonces el enclave azucarero más rico del mundo. En 1630, una gran armada de los Países Bajos se apoderó de las villas costeras de Olinda y Recife, a pesar de la enconada resistencia encabezada por el gobernador Matías de Albuquerque. Imposibilitados de prolongar indefinidamente la lucha, muchos senhores de engenho se desanimaron y negociaron con los invasores. Debilitado el frente opositor, los holandeses pudieron ocupar siete de las doce capitanías portuguesas originarias: Río Grande do Norte. Paraiba, Itamaracá, Pernambuco, Ceará y Sergipe.

Después del revés sufrido en julio de 1635 en el campamento del Bom Jesús, el exgobernador Albuquerque y cientos de sus seguidores, entre los que se encontraban algunos plantadores con sus dotaciones, colonos y aborígenes, se retiraron al sur de Pernambuco, hasta las márgenes del río Sao Francisco. Aquí continuaron la desigual resistencia, que pronto adquirió un marcado carácter popular liderada por el negro Henrique Días, el cacique indígena Poti y el propio Albuquerque. 

El primer gobernante oficial de los Países Bajos en Brasil fue el príncipe de la Casa de Orange Johan Maurits, conde de Nassau-Siegen, quien llegó a Pernambuco en 1637. Durante su mandato, la villa de Recife, capital de toda la colonia holandesa, creció mucho a costa de la semidestruida Olinda. Para redondear la reactivación del negocio azucarero, los Países Bajos conquistaron las posesiones portuguesas de Guinea (1638) y Angola (1641), de donde sacaban los esclavos que necesitan en sus plantaciones brasileñas, apoyándose en la isla caribeña de Curaçao, ocupada desde 1634.

La separación de los tronos de España y Portugal en 1640, y el ascenso a la Corona lusitana del duque de Bragança, proclamado como Joao IV, fue el preludio del fin de la dominación holandesa en Brasil. A ello también contribuyó la salida del príncipe de Orange de Pernambuco, cuatro años después, quien había desarrollado una política conciliadora con los grandes propietarios portugueses y criollos, lo que volvió a avivar las contradicciones con los Países Bajos. En junio de 1648 estalló la rebelión encabezada por Joao Fernández Vieira, apodado el “Gobernador de la Libertad”, quién consiguió arrinconar a los holandeses en sus fortificaciones del litoral de Recife, Río Grande do Norte, Paraiba e Itamaracá. Aunque los sublevados ganaron las dos batallas de los Guararapes, en abril de 1648 y febrero de 1649, para sellar la victoria definitiva debieron esperar el arribo en 1653 de una poderosa flota lusitana. El ataque conjunto de ambas fuerzas, iniciado el 15 de enero del año siguiente, arrolló las defensas holandesas, que capitularon.

Este resultado reveló, el poderío de los senhores de engenho capaces de vertebrar un vasto movimiento popular contra los ocupantes extranjeros, sin necesidad del auxilio de las autoridades portuguesas. En esa lucha ocuparon sitio todas las clases y grupos sociales de la colonia, en particular los explotados trabajadores negros y pueblos originarios. De esa forma, la guerra contra los holandeses contribuyó a ir forjando cierta comunidad de intereses entre todos los habitantes del noreste, antecedente de la sociedad criolla en formación, y del creciente deslinde entre portugueses y los naturales de Brasil. Pero el despertar de la conciencia nacional estaba lejano todavía, pues los criollos mezclaban su fidelidad a la Corona con el apego al suelo patrio.

Fuente: www.informefracto.com – 1 de diciembre de 2020

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