Por Sergio Guerra Vilaboy

Hace unos días, un equipo internacional dirigido por David Reich de la Facultad de Medicina de Harvard, con la colaboración del Centro Nacional de Genética Médica de Cuba y la Universidad de La Habana, reveló el resultado de sus investigaciones sobre los primeros habitantes de las islas del Caribe. Basado en el análisis de los genomas de 323 personas, considerado el estudio más numeroso de ADN humano antiguo que se ha realizado en el continente, concluyeron que hubo dos grandes oleadas de poblamiento en las Antillas, separadas por tres mil años, y muy diferentes una de otra. 

Para el arqueólogo William Keegan, del Museo de Historia Natural de La Florida, estos resultados indican que los primeros caribeños llegaron a Cuba hace unos seis mil años. En su opinión, acorde a la vieja tesis de Irving Rouse, eran originarios de América Central o del Sur, pues hay similitudes entre utensilios rudimentarios hallados en Belice y Cuba; aunque no se descarta que procedieran de Mississippi o La Florida, tras cruzar por las Bahamas. Desde la Mayor de las Antillas siguieron a Santo Domingo y las siguientes islas. A la llegada de los españoles, estos primitivos habitantes prácticamente habían desaparecido y solo subsistían unos pocos, a los que Bartolomé de Las Casas llamó guanahatabeyes, arrinconados en cavernas en las zonas occidentales de Cuba, donde vivían de la simple recolección y la pesca.

La misma investigación de Reich estima que hace unos dos mil quinientos o tres mil años comenzó la otra oleada migratoria del Caribe, conformada por pueblos aruacos o arauacos, que ya dominaban la agricultora y la alfarería, procedentes del noreste de la América del Sur. Estos nuevos pobladores, que avanzaron de isla en isla en dirección opuesta a sus predecesores hasta llegar a Cuba, no se mezclaron con los pobladores ya establecidos, que se fueron extinguiendo. A estos nuevos inmigrantes Las Casas los denominó ciboneyes y tainos, aunque hoy tienen otros nombres, acorde a los avances de las investigaciones arqueológicas. Dominaban la alfarería, cultivaban tabaco, maíz, malanga, boniato y yuca o mandioca, residían en aldeas de pequeño tamaño, ubicadas por lo general en zonas costeras o a orillas de los ríos.

Según Harold Ringbauer, miembro del equipo científico de Harvard mencionado, valiéndose de una novedosa técnica para calcular la población en el pasado con segmentos compartidos del ADN, los pueblos aborígenes diseminados por las Antillas eran a fines del siglo XV mucho menos numerosos de lo que se creía, pues no pasaban de varias decenas de miles. Por ejemplo, la investigación arrojó entre diez mil y cincuenta mil habitantes para La Española y Puerto Rico.

Fue el representante de Paraguay en Cuba, Augusto Ocampos Caballero, quien hace unos años me advirtió que los indocubanos hablaban una lengua conectada con la guaraní. Durante sus recorridos por la isla, el diplomático paraguayo se sorprendió al encontrar en la toponimia cubana y en el castellano de la Mayor de las Antillas términos parecidos al idioma nacional de su país. Recuerdo que le recomendé consultara con el lingüista cubano Sergio Valdés Bernal, quien lo apoyó en sus investigaciones que darían lugar a su enjundioso libro: Paraguay-Cuba. La historia común de guaranís, caribes y aruacos, editado en la Habana en 2006.

Para confeccionar este texto, que despertó el interés del destacado escritor paraguayo Augusto Roa Bastos y del propio Comandante Fidel Castro, el embajador Augusto Ocampos debió examinar archivos y bibliotecas de los dos países, incluyendo la obra precursora del historiador cubano Julián Vivanco, realizada a mediados del siglo pasado. Como resultado de su tesonera labor, logró identificar más de trescientas palabras usadas habitualmente en Cuba de origen guaraní, entre ellas guamá, guayaba, yaguajay, mayarí, manatí, baracoa, guáimaro, guanabacoa, jutía, mambí, yarey, bibijagua y maní, legadas por los indocubanos desaparecidos en el holocausto de la conquista española y que confirman las historias entrecruzadas de los pueblos originarios de Nuestra América.

Fuente: www.informefracto.com – 8 de enero de 2021

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