Por Sergio Guerra Vilaboy

La sublevación de los marinos negros y mulatos tuvo lugar en Brasil durante la República Velha (1889-1930), una época caracterizada por las pugnas entre la reacción monárquica, los jefes militares artífices del derrocamiento del emperador Pedro II y las distintas fuerzas republicanas. Al margen de los agudos conflictos políticos estallaban por todas partes protestas campesinas y las primeras luchas obreras, que recogían las reivindicaciones del pueblo brasileño.

Pero el empobrecido sertao y los centros fabriles no fueron los únicos lugares donde se manifestó la efervescencia social durante aquella república de “café con leche”, como también se le conoció, pues el descontento alcanzó hasta las propias fuerzas armadas. Ejemplo de ello fue la singular rebelión de los marinos en la bahía de Guanabara, todos negros y mulatos, obligados a servir en la armada en condiciones de verdaderos esclavos, mediante una especie de leva que databa de la época imperial, pese a que la abominable institución había sido abolida doce años atrás. El detonante de la revolta da chivata, o revuelta del latigazo en español, fue el brutal castigo recibido por el marinero negro Marcelino Menezes, a quien se le dieron más de doscientos azotes por una indisciplina.

La noche del 22 de noviembre de 1910 los marinos se apoderaron por la fuerza de cuatro barcos de guerra surtos en la bahía de Guanabara, tras someter a la oficialidad blanca y eliminar todo conato de resistencia. Al frente del movimiento sobresalió un joven marino hijo de esclavos, nombrado Joao Candido Felisberto, al que la prensa calificó, por su habilidad al mando del moderno acorazado Minas Geraes, recién adquirido en Inglaterra, como “el almirante negro”. La poderosa flotilla, enarbolando banderas rojas, se movió por toda la bahía y amenazó con bombardear el Palacio del Catete y otras instalaciones gubernamentales en Rio de Janeiro si no eran aceptadas sus modestas demandas: eliminación de los castigos corporales, aumento de sueldo, mejor alimentación y creación de un sistema de instrucción adecuado para ellos en la armada. En su ultimátum al presidente, mariscal Hermes da Fonseca, escribieron “Los marineros, ciudadanos brasileños y republicanos, no pudiendo soportar más la esclavitud en la Marina brasileña, la protección que la Patria no nos da, rompemos el negro velo que nos cubría ante los ojos del patriótico y engañado pueblo. Estando todos los barcos en nuestro poder, manteniendo a bordo prisioneros a todos los oficiales, que han sido los causantes de que la Marina brasileña no sea tan grandiosa, mandamos este mensaje a Su Excelencia [que …] tiene plazo de doce horas para enviarnos una respuesta satisfactoria, so pena de ver a la patria aniquilada. Firmado: Los marineros”.  

El gobierno y la alta oficialidad aristocrática de la armada se sintieron humillados, pero no tenían posibilidad de atacar a los barcos rebeldes, que eran vitoreados desde la costa por la población humilde de Río de Janeiro. Sin alternativa, el 26 de noviembre el congreso amnistió a los marinos sublevados y fueron suprimidos los castigos corporales. Aplacado el movimiento, las autoridades se valieron de diferentes subterfugios legales para incumplir sus promesas y arrestar después a dos decenas de marinos.

Los rumores sobre nuevas detenciones despertaron de nuevo la intranquilidad en la armada. El 9 de diciembre los marinos se volvieron a insurreccionar, pero en esta oportunidad el movimiento fracasó y los rebeldes se rindieron bajo el fuego del ejército y una parte de la propia escuadra. Muchos participantes murieron o fueron fusilados, mientras los prisioneros eran enviados a realizar trabajos forzados en plantaciones insalubres de caucho en el Acre o en la construcción del ferrocarril Madeira-Mamoré. Por su parte, Joao Candido, fue expulsado de la marina y encerrado en abril de 1911 en una mazmorra de la IIha das Cabras. Liberado en noviembre de 1912, pasó muchas necesidades y sólo consiguió trabajo de estibador y luego vendió pescado en un mercado de Rio de Janeiro

La fecha del alzamiento naval de los marinos negros y mulatos se conmemora en Brasil, desde el 22 de noviembre de 2003, como Día de la Ciudadanía y de la Lucha contra la Discriminación. Cinco años después, el presidente Luis Inacio da Silva (Lula) inauguró en Rio de Janeiro una estatua del marino João Cândido (1880-1969), líder de la llamada “Revolta da Chibata” y promulgó una ley de amnistía póstuma para el jefe de ese movimiento y sus participantes, a pesar de la resistencia del alto mando de la armada brasileña.

Fuente: www.informefracto.com – 5 de marzo de 2021

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