Sergio Guerra Vilaboy

El general Pancho Villa (1878-1923) fue el protagonista de la única invasión militar latinoamericana contra Estados Unidos, realizada durante la Revolución Mexicana.

Las contradicciones de Villa con el poderoso vecino del norte se avivaron desde que el 19 de octubre de 1915 Washington reconociera de facto al gobierno de Venustiano Carranza, al que combatían los villistas, después que el mandatario mexicano enviara un memorándum al Departamento de Estado garantizando la propiedad y la vida de los extranjeros en México.

Estas nuevas circunstancias, explican lo sucedido en Agua Prieta, junto a la frontera norteamericana, donde Villa libraba, al frente de la antigua División del Norte, un enfrentamiento decisivo contra las fuerzas de Carranza el 1 de noviembre de 1915. En medio del combate, Estados Unidos dejó pasar por su territorio a tres mil soldados carrancistas procedentes de Coahuila, los que pudieron sorprender a los villistas por la retaguardia y ganar la batalla.

Estos acontecimientos, unido al embargo de armas dispuesto antes por Estados Unidos, explican la violenta reacción de Villa y sus airadas declaraciones a los doctores Thigpen y Miller: “A partir de este momento dedicaré mi vida a matar a cada gringo en que pueda poner las manos y a destruir todas sus propiedades.” En cumplimiento de estas fuertes amenazas, el 10 de enero de 1916 un destacamento villista detuvo un tren en la localidad de Santa Isabel (Chihuahua) y fusiló a dieciocho pasajeros norteamericanos. Dos meses después, el 8 de marzo, el propio Villa atacó con quinientos hombres el poblado de Columbus, Nuevo México, en pleno territorio de Estados Unidos, incursión en la que murieron una veintena de sus habitantes.

Estas acciones no eran una simple venganza de Villa contra los norteamericanos, sino el fruto de una meditada estrategia dirigida a cambiar la desfavorable correlación de fuerzas. Para conseguirlo, pretendía formar un amplio frente nacional contra Estados Unidos que de paso le permitiera derrotar a los carrancistas, como prueba Friedrich Katz en su documentada obra Pancho Villa (1998). Por eso, el 5 de noviembre de 1915, el jefe de la División del Norte había lanzado un manifiesto en Naco, publicado en el periódico Vida Nueva, donde anunciaba su postura hacia el gobierno de Woodrow Wilson “que atropella la independencia de un pueblo amigo y que viola la soberanía de los estados de Arizona y Texas permitiendo que su suelo sea cruzado por tropas constitucionalistas. Esto no implica ningún sentimiento de animosidad ni de odio contra el pueblo, el verdadero pueblo de los Estados Unidos del Norte, a quien respeto y admiro por sus tradiciones gloriosas”.

La represalia norteamericana ante las acciones villistas fue el envío, el 16 de marzo de 1916, de la llamada expedición punitiva del general John J. Pershing. Con total desprecio por la soberanía de México, seis mil soldados de Estados Unidos, con apoyo de aviación, penetraron más de 500 kilómetros en persecución de Villa, que debió esconderse herido. Como resultado de la intervención militar estadounidense, se desató una ola de sentimientos antinorteamericanos en el país.

A mediados de ese año, Villa reapareció al frente de sus hombres. Ya en octubre, hizo otro llamado a la resistencia nacional contra los invasores norteamericanos. Convertido de nuevo el estado de Chihuahua en el centro de sus operaciones, y con un ejército estimado en más de cinco mil hombres, devino en un verdadero azote a la estabilidad del gobierno carrancista. Paradójicamente, la intervención norteamericana daba un segundo aire a Villa, pues su prestigió creció como líder nacional enfrentado a la intervención extranjera, lo que explica que sus fuerzas se recuperaran tan rápido en los últimos meses de 1916. En noviembre y diciembre de ese año, logró incluso tomar transitoriamente las ciudades de Torreón y Chihuahua.

Pero esta vez, el vertiginoso ascenso de Pancho Villa no duraría mucho tiempo, a lo que contribuyó el cierre de la frontera decretado por Estados Unidos a principios de 1917, que cortó su fuente tradicional de aprovisionamiento. Su decadencia comenzó al ser sorprendido por fuerzas carrancistas en la hacienda Babícora, en abril de ese año, aunque gracias a su experiencia guerrillera logró mantenerse en actividad hasta 1920, cuando finalmente depuso las armas. Tres años después, el 20 de julio, el legendario jefe de la División del Norte fue asesinado en Parral (Durango). En 1976 sus restos fueron trasladados al Monumento a la Revolución en la ciudad de México.

Fuente: www.informefracto.com – 30 de marzo de 2021

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