Luis Vitale. Historia Social comparada de los pueblos de América Latina

Independencia y formación social republicana V

Siglo XIX. Tomo II. I Parte. Capítulo V

LA CONTINENTALIDAD DE LA REVOLUCIÓN Y LA UNIDAD DE AMÉRICA LATINA

Francisco Miranda.

La Independencia fue proyectada por los criollos más radicalizados como un proceso que debía abarcar a todo el continente, ya que eran conscientes de que el triunfo contra España sólo podría alcanzarse en la medida que se produjera un levantamiento general de los pueblos latinoamericanos. Problemas similares de opresión y dependencia, estructura social, tradición e idioma comunes condujeron a los criollos y mestizos a concebir la independencia con criterio continental. Todos formaban parte de un mismo imperio opresor al cual era necesario derrotar a través de una lucha unitaria y concertada. Desde fines del siglo XVIII la idea de coordinar la acción entre las diferentes ‘provincias’ latinoamericanas estuvo siempre presente como la herramienta más eficaz para lograr la independencia.

Los primeros que plantearon la idea de la unidad latinoamericana no eran miembros de la burguesía criolla, sino hombres de origen popular. Miranda, hijo de un mediano comerciante canario; Eugenio Espejo, nacido de padre indígena y madre mulata; Juan Bautista Picornelí, un mallorquín revolucionario: Manuel Gual y José María España, provenientes de las capas medias caraqueñas.

El más brillante fue sin duda Francisco de Miranda, cuya vida y acción hemos analizado en el capítulo sobre los precursores de la Independencia. Empezó a madurar la idea de la unidad continental hacia la década de 1780-90, en el lapso que media entre la Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa. En 1789 exponía en Inglaterra su primer esbozo de integración latinoamericana. Luego se preocupó de implementar el plan, agrupando a numerosos criollos en la logia “Gran Reunión Americana”, donde se discutía la estrategia y la táctica para terminar con el dominio colonial español. Se reunió con los jesuitas más progresistas expulsados de América y publicó un periódico en Londres con el sugestivo nombre de “El Colombiano”, que para Miranda significaba “Colombeia”, la tierra conocida por Colón.
Un aspecto relevante del plan unitario de Miranda fue su preocupación por integrar a Brasil. En tal sentido, puede afirmarse que Miranda fue el primero en considerar a Brasil como parte integrante del plan de unidad latinoamericana, a pesar de la diferencia idiomática. En 1806, vísperas de su partida para Venezuela, trató de organizar una expedición libertadora que partiría hacia Brasil desde Liverpool. Más tarde, preparó las bases políticas para la liberación de Brasil, alcanzando a redactar una proclama en la que manifestaba: “el gobierno portugués ha cesado de ser legítimo en Brasil”.(169)

Para Miranda la patria era América Latina toda, desde México hasta el cono sur, tanto las regiones de habla hispana como portuguesa y francesa. Su primera proclama al desembarcar en tierra venezolana estaba dirigida “a los habitantes del continente Américo-Colombiano”, sin distinción de razas. Su contingente militar, llamado Ejército de Colombia, luchaba por la libertad de toda la América Latina.

De las andanzas del quiteño Eugenio Espejo ya hemos hablado en páginas anteriores. Aquí solamente queremos resaltar su preocupación por mantener correspondencia con los revolucionarios de Lima y Santa Fe de Bogotá. En 1794 estuvo a punto de viajar a México, Venezuela y Argentina para estrechar relaciones con los que compartían su misma concepción continental de la revolución. Su estrategia fue denunciada por el presidente de la Real Audiencia de Quito a la corona española: Espejo ‘estaba comprometido por lo siguiente: planes para la emancipación no solamente de la Real Audiencia de Quito, sino de todas las colonias americanas (…) la necesidad de que todas las capitales de los virreynatos y audiencias diesen el grito de independencia en una misma fecha”.(170)

El llamado a la lucha unitaria del Pueblo Americano fue uno de los ejes del programa de Picornelí, Gual y España. En una de las proclamas preparadas para el momento de la insurrección, el “Comandante en Jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo Americano” convocaba a los militares y curas progresistas a incorporarse a la lucha por liberarse del yugo español. Picomelí, Gual y España luchaban no sólo por la liberación de venezuela, sino de todo el “Pueblo Americano’. No es por azar que uno de sus camaradas de celda, Cortés de Campomanes, compusiera la letra de la “Canción Americana” y de la “Caramañola Americana”, como expresión del proyecto de unidad continental”.(171)
La paciente labor de estos precursores fue soldando en un sólido bloque los diferentes aspectos de la praxis política, anticolonial. Por eso, la revolución de 1810 adquirió desde sus inicios un carácter continental. Una expresión de este proceso fue el “plan secreto de operaciones” presentado por Mariano Moreno a la Junta de Buenos Aires en julio de 1810, plan en el que se proponía inclusive alentar la rebelión de Brasil contra el imperio portugués. En uno de sus acápites manifestaba: “Jamás pudo presentarse a la América del Sud oportunidad más adecuada para establecer una República (…) El Estado americano del Sud”. Comentado el plan de Moreno, Sergio Bagó ha dicho: “la revolución hoy cercada, tiene que expandirse a todo un continente (…) No hay asomo de duda. La liberación será continental”.(172)

José Artigas propuso la formación de una Federación de Provincias o Estados Americanos. La correspondencia de Artigas con dirigentes de otras regiones hispanoamericanas y el mismo nombre que dio a su régimen de sistema americano indican que vio la revolución de las ex-colonias como un proceso único continental, orientado hacia la formación de una gran nación confederada”.(173)

Este proyecto unitario fue también planteado en Chile. En el “Catecismo Político-Cristiano” se decía: “Convocad un cabildo abierto, formad desde luego una junta provisional que se encargue del mando superior, i convocad los diputados del reino para que hagan la constitución i su dicha. La representación nacional de todas las provincias residirá donde acuerden todas’.(174) En octubre de 1810, recién instalada la Primera Junta de gobierno de Chile, Juan Egaña presentó un proyecto en el que se manifestaba: “Nosotros tenemos un sólo remedio para todas esas desgracias; pero un remedio universal, capaz de destruir todos los planes que la Europa haya formado en mil siglos: esta es la reunión de toda la América  y prestarse una defensa mutua”.(175)

La Junta chilena de gobierno, recogiendo el planteamiento formulado por Egaña, escribió a fines de 1810 a la de Buenos Aires en los siguientes términos: “Esta Junta conoce que la base de nuestra seguridad exterior y aún interior consiste especialmente en la unión de América”.(176)La unidad de América Latina fue simbolizada por José Miguel Carrera al promover bajo su gobierno la creación de un escudo de armas compuesto por siete columnas que representaban los siete Estados de la Confederación Latinoamericana. La significación de este primer escudo latinoamericano ha sido curiosamente ocultado por la mayoría de los historiadores.

La Junta Suprema de Caracas se dirigió el 19 de abril de 1810 a las otras Juntas del Continente para invitarías a contribuir “a la grande obra de la Confederación Americano-Española”.

El mismo concepto de unidad latinoamericana se refleja en las “instrucciones” del gobierno argentino, entregados por Pueyrredón a San Martín el 21 de diciembre de 1816: “Procurará hacer valer su influjo y persuasión para que envíe Chile un diputado al Congreso General de las provincias unidas a fin de que se constituya una forma de gobierno general que dé a toda la América unida en identidad de causas, intereses y objetos en una sola nación”.
Después del triunfo de Maipú, Bernardo O’Higgins reafirmaba el ideal americanista de la época: “El concurso simultáneo de nuestras fuerzas y el ascendiente de la opinión pública en el Alto Perú decidirán si es posible formar en el continente americano una gran Confederación capaz de sostener irrevocablemente su libertad”.

El chuquisaqueño Bernardo Monteagudo, partidario del ala radical de Mariano Moreno y colaborador de San Martín y Bolívar, formuló un plan de unidad continental en su “Ensayo sobre la necesidad de una Federación general de los Estados Hispanoamericanos y plan de su organización”. Los argentinos Carlos María de Alvear y Miguel Díaz Vélez viajaron a Bolivia con el fin de entrevistarse con Bolívar para invitarlo a Buenos Aires a combatir juntos contra el Imperio de Pedro I del Brasil.

En Paraguay, se propuso en junio de 1811, que la integración con Buenos Aires se aceptase como parte de una Confederación Americana.

La idea de la unidad latinoamericana había alcanzado a Brasil. Los patriotas de Pernambuco, líderes de la insurrección de 1817 contra el Emperador, esperaban que Bolívar entrase a Brasil para colaborar en el derrocamiento del imperio portugués y la proclamación de la República. A Bolívar se acercaron los exiliados, entre ellos Abreu Lima, hijo del mártir de Recife que había preconizado en el nordeste “la segunda era de liberdade Pernambucana”.

Otro campeón de la unidad latinoamericana fue el hondureño José Cecilio del Valle,(177) quien en 1822 en un escrito titulado: “Soñaba el abad de San Pedro y yo también sé soñar”, planteaba un Congreso hispanoamericano con el fin de “trazar el plan más útil para que ninguna provincia de América sea presa de invasores externos ni víctima de divisiones intestinas.(178) Del Valle llegó a proponer que el Congreso hispanoamericano elaborase un plan económico que contemplara la creación de una marina mercante y el proteccionismo para los productos del continente.
Otro centroamericayio, Rafael Francisco Osejo, dirigente independentista, planteó en 1823 la integración de Costa Rica a la Gran Colombia, decisión que comunicó a Bolívar cuando éste iba rumbo al Ecuador. Osejo perdió su propuesta y Costa Rica se integró a Guatemala.

El Congreso Federal de Centroamérica tomó la iniciativa, en noviembre de 1823, de invitar a una conferencia para “representar unida a la gran familia americana. Juan Nepomuceno Troncoso “formuló un proyecto de confederación continental, con puntos concretos, como la fundación de un banco nacional, un montepío de labradores y la apertura del Canal de Panamá”.(179)

En la región del Caribe, el patriota dominicano Núñez de Cáceres. líder de la rebelión que liberó a Santo Domingo, planteó en 1821 la integración a la Gran Colombia. Posteriormente, cuando esta parte de la isla fue ocupada por el haitiano Boyer, amigo y colaborador de Bolívar, toda la isla propuso en 1824 una aproximación a la Gran Colombia.

En Cuba y Puerto Rico se produjo en 1820 un movimiento conspirativo llamado “los soles y rayos de Bolívar”, que el Libertador no alcanzó a respaldar, aunque en Lima lo visitaron los exiliados José Agustín Arango, cubano, y Antonio Valero, puertorriqueño El mexicano fray Servando Teresa de Mier planteó una América española organizada en dos grandes departamentos: septentrional y meridional, como una forma práctica de consolidar la unidad latinoamericana.(180)

La lucha por la unidad latinoamericana en los mares: la república Amelia (Florida) y los Estados Unidos de Buenos Aires y Chile en el Caribe.

La lucha por la unidad latinoamericana se hizo no sólo en tierra firme, sino también en los mares e islas. Es un mérito del investigador argentino Edmundo Heredia haber reivindicado la gesta de los hombres libertarios del mar: “precisamente la solidaridad y acción común revolucionaria se manifestó sobre todo en la guerra en el mar; esta guerra naval fue el ejemplo más contundente de que el conflicto era de carácter internacional, y de que la complementación entre la acción de las diversas naciones era indispensable para el triunfo final (…) La magnitud de la actividad corsaria en las guerras de la independencia hispano-americana, y su trascendencia en el resultado de ellas, no han sido aún destacadas suficientemente en toda su importancia. (…) Por tanto, un mejor conocimiento de la guerra en el mar y su inserción en la generalidad de los conflictos, conducirá a un mayor reconocimiento de la internacionalización del proceso de emancipación política de las naciones hispano americanas.”(.181)

La historiadora francesa Anne Perotin-Dumon sostiene que durante la década de 1820 se incorporaron numerosos corsarios a las marinas de las nacientes repúblicas, y que la táctica de ellos fue el contrabloqueo para aliviar la presión que la flota española hacía sobre los puertos de la América latina insurgente.(182)

Algunos corsarios, como el francés Louis Michel Aury y el escocés Gregorio MacGregor, llegaron a identificarse tanto con la causa latinoamericana que contribuyeron a fundar dos efímeros repúblicas en las islas del Caribe: Amelia en 1817 y San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina en 1818.

Estas acciones libertarias en el Caribe fueron concertadas con latinoamericanos refugiados en estados Unidos, entre los cuales estaban los chilenos José Cortés de Madariaga y José Miguel Carrera, el altoperuano Vicente Pazos Silva, el venezolano Pedro Gual, el colombiano Manuel Torres y los argentinos Thompson y Aguirre. En 1316 se llegó a formar una Junta Revolucionaria en Filadelfia, encabezada por Manuel Torres y el venezolano Telésforo de Orea, cuya primera tarea fue respaldar la expedición de Francisco Javier Mina para terminar con el poder realista en México.

Varios de estos exiliados habían recorrido el continente en pro de la causa anticolonial, como el canónico chileno José Cortés de Madariaga que fue el primer representante latinoamericano a las Cortes de Cádiz y luego promotor de la Junta criolla de Caracas en 1810; consecuente luchador de la unidad de nuestros pueblos llevó el mensaje revolucionario a Santa Fe de Bogotá, donde fue apresado en 1812 por el general Monteverde y enviado a España. De allí se fugó en 1815, regresando a Cartagena para reiniciar el combate contra los colonialistas; luego pasó a Jamaica para desempeñar el papel de enlace entre los criollos refugiados en Estados Unidos y los de Sudamérica, inspirando la operación liberadora en Florida.

También es necesario destacar la figura casi olvidada del aymara Vicente Pazos Silva, oriundo del Alto Perú, decidido partidario de la República, amigo de Mariano Moreno, agudo periodista de “La Gaceta” (1811), “El Censor” y “La Crónica Argentina” (1812), editados en Buenos Aires; crítico de algunos políticos argentinos partidarios de establecer un gobierno monárquico y de sus vacilaciones ante las presiones del imperio portugués, Pazos Silva -o Pazos Kanki como firmaba en “El Censor” se vio obligado a exiliarse en Estados Unidos, donde se conectó con otros patriotas para implementar el proyecto de liberación de la Florida española.(183)
Esta acción fue concertada también con varios europeos partidarios de la independencia latinoamericana. Uno de ellos. Louis Michel Aury, nacido en París, navegaba a los 16 años por las Antillas: en 1808 adquirió una goleta que bautizó con el agresivo nombre de “Venganza’. Dos años más tarde ofrecía los servicios de su pequeña flota al gobierno republicano de Cartagena de las Indias, recorriendo el Caribe, desde el golfo de México a la isla Margarita para hostilizar a los buques españoles. En 1815 cumplió la heroica tarea de evacuar a los patriotas derrotados en Cartagena, entre los cuales se encontraban Antonio Nariño. Manuel Piar, Francisco Antonio Zea, Luis Brion y Carlos Soublette. Tres años después participaba activamente en el proyecto de la nueva república de la Florida española.(184)
Otro notable anticolonialista fue el escocés Gregorio Mac Gregor quien llegó como naturalista a Caracas, pero rápidamente se puso a las órdenes de Francisco Miranda. Derrotada transitoriamente la Junta criolla, Mac Gregor se hizo corsario. Lideró en nombre del gobierno venezolano la ocupación de la isla Amelia, próxima a la península de la Florida. El 29 de junio de 1817 designó capital del nuevo territorio liberado al puerto Fernandina, después de haber derrotado al gobernador español Francisco Morales. Su intención fue atacar San Agustín para ocupar toda la Florida. El objetivo era distraer a las fuerzas españolas, obligándolas a salir de México para proteger Cuba, favoreciendo así el proceso independentista mexicano. Al mismo tiempo, Fernandina servía de centro de abastecimiento y de puente para la compra ilegal de armamentos, además de lugar estratégico para interceptar buques realistas. Estados Unidos protestó por la ocupación de la isla, a pesar de que la Florida oriental era colonia española, llegando a acusar a Venezuela de potencia extranjera, invasora de la Florida, cuando en realidad era territorio español, al cual tenían derecho a liberar los partidarios de la independencia latinoamericana.
La decisión de fundar una nueva república fue tomada por Luis Aury a su llegada a la isla en setiembre de 1817. Al mes siguiente desembarcaba el venezolano Pedro Gual, quien de inmediato escribió a su país: “Aquí estamos haciendo algo en beneficio de Suramérica. Este es el único y exclusivo objeto que nos une a todos (…) El establecimiento de una República de Florido reclama la atención y el apoyo de todos los verdaderos amigos de Suramérica”.(185)
El 5 de noviembre Aury se dirigía a los habitantes de la isla Amelia en los siguientes términos: “Hemos venido a sembrar el árbol de la libertad, a fomentar las instituciones libres y a luchar contra el tirano español, opresor de América y enemigo de los derechos del hombre”.(186) El 19 de noviembre convocó a elecciones de la nueva república, siendo designados Pedro Gual con 151 votos, Vicente Pazos Silva con 150. Murden con 148, Luis Comte 148 y así sucesivamente hasta completar cerca de 20 candidatos. Los tres primeros quedaron encargados de redactar el programa del ‘gobierno provisorio de la república de las Floridas”, creándose tres poderes: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial; los militares quedaron subordinados a las autoridades civiles electas democráticamente; se garantizaba la libertad de prensa. que pronto fue utilizada para imprimir una Gaceta.

Uno de los principales investigadores del tema, Edmundo Heredia, de quien somos deudores en este análisis- sostiene: “la pretensión era incluir en la jurisdicción de la nueva República a la totalidad de las Floridas. Ello era un abierto desafío a los Estados Unidos, que ya por entonces negociaban su compra a España, en tanto fuerzas militares de esa nación habían ocupado ya militarmente gran parte de ella”.(187)
El 22 de diciembre de 1817 invadía la isla el general norteamericano Andrew Jackson. El comandante Aury “preguntó si los Estados Unidos obraban en nombre de España y sus aliados, y dudaba que ‘el Gobierno más libre del mundo’ llegase ‘a tal punto de degradación’. Sostuvo que su República era una prolongación de la de México, y ésta no estaba en guerra con Estados Unidos; que el territorio había sido posesión de España contra la cual luchaba por el mismo motivo por el que cuarenta años atrás las colonias angloamericanas se levantaron contra su metrópoli”.(188) Así terminaba, después de seis meses, una increíble experiencia libertaria que ilustra de manera elocuente la imaginación política y la decisión de los hombres de aquella época de luchar en cualquier parte por la liberación y unidad de América Latina.
Este revés no melló el espíritu de cruzada Libertaria de Aury; pronto comenzó a preparar otra expedición destinada a fundar una nueva república en las islas San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina, a 400 km. de las costas colombianas y a 180 km. de las nicaraguenses. Invadidas por los ingleses en 1679, habían sido recuperadas por España en 1789, pasando a integrar la Capitanía General de Guatemala.
El 10 de julio de 1818, Luis Aury y el italiano Agustín Codazzi quien luego fuera uno de los más importantes geógrafos- ocuparon las susodichas islas en nombre de los gobiernos de Buenos Aires y Chile, como lo decía taxativamente la proclama de Aury: “Los poderosos Estados Unidos de Buenos Aires y Chile, deseando cooperar, en cuanto les sea posible, a la emancipación de sus oprimidos hermanos, me han comisionado para cumplir esta noble empresa en la Nueva Granada (…) Cuartel general de la isla de Santa Catalina, a 1º de Julio de l818.”(189)
El nombre de la nueva república, “Estados Unidos de Buenos Aires y Chile”, tenía por finalidad poner de manifiesto que la ocupación de dichas islas contaba con la aprobación de esos gobiernos, hecho que nunca fue confirmado oficialmente, aunque el canónigo chileno José Cortés de Madariaga aseguró haber recibido esos poderes no sólo para la ocupación de las islas, sino también de Portobelo y Chagres. Era evidente -dice Heredia- que ni Cortés de Madariaga ni Aury tenían dicha autorización; pero esta era una cuestión formal de poco interés para aquellos hombres embarcados en la revolución anticolonial.
Aury comunicó a Santander el 8 de julio de I 820 y a Bolívar el 12 de enero de 1821 el alcance de su operación libertadora. Más aún, en carta del 18 de abril de 1821 Aury envía un largo oficio al Congreso de Colombia donde reiteraba su compromiso de luchar por la independencia entregando detalles sobre la economía, los impuestos cobrados a los buques detenidos, el comercio y la organización de las tres islas liberadas.

En 1819 se habían integrado Mac Gregor y 500 corsarios con la intención de ocupar Panamá, operación que no alcanzó a efectuarse, aunque Mac Gregor llegó a tomar por unos días Portobelo, siendo luego expulsado por las fuerzas de Hore. Esta acción de Mac Gregor, realizada sin la debida coordinación con Aury, no fue óbice para que el francés latinoamericanizado incursionara sobre el golfo de Mosquitia ocupando la ciudad de Izabal. Uno de sus lugartenientes, Constante Ferrari, logró concretar un acuerdo con el llamado “rey de los miskitos” para combatir a los españoles y liberar a toda la Capitanía General de Guatemala. En 1820, Aury atacó las ciudades de Omoa y Trujillo en Honduras, apoderándose por unos días del castillo de Omoa, pero se vio obligado a evacuarlo ante los nuevos refuerzos recibidos por los realistas.
Lamentablemente un accidente ocurrido en agosto de I 821 tronchó la vida de este notable francés, amante de la libertad de nuestros pueblos. Al año siguiente, las islas, gobernadas por el haitiano Juan Bautista Faiquere, pasaron a ser administradas por la Gran Colombia. Nadie mejor que Edmundo Heredia para cerrar este acápite sobre la trascendental y muy poco conocida lucha en los mares contra el imperio español y por la independencia y unidad de América Latina: Aury no fue sólo un corsario, sino un “revolucionario de absoluta integridad, como que se mantuvo en su ideal pese a las numerosas dificultades que debió enfrentar, a la fortuna material que alcanzó a reunir, y a los intentos de seducción que se le tendieron desde el campo contrario. El hecho de que no se encuentre en ninguna galería de héroes debe adjudicarse a que ninguna nación tiene interés en incorporarlo a su panteón, puesto que su ideal iba más allá de los intereses nacionales y se fundaba en los intereses continentales.(190)


NOTAS

169 C. PARRA-PÉREZ: Páginas de Historia y Polémica,  p. 140, Caracas, 1943.

170 ENRIQUE CARCES: Eugenio Espejo…, op. Cit,. p. 295.

171 Documentos relativos a la Revolución  de Gual y España, Inst. Panamericano de Geografía e Historia, Nº2, Caracas, 1949; CASTO FULGENCIO LOPEZ:  Juan Picornell y la conspiración  de Gual y España, pp 100 y 101, Ed. Nueva Cádiz, Caracas-Madrid, 1955.

172 SERGIO BAGU: Mariano Moreno, pp. 99 y 103, Eudeba, Buenos Aires, 1966.

173 ROBERTO  ARENS PONS: Uruguay ¿provincia o nación?,  p. 21, Ed. Coyoacán, Buenos Aires, 1961.

174 RICARDO DONOSO: Las ideas políticas en Chile, FCE, México, 1946.

175 Citado por E. ENCINA: Op. Cit.,  t. X, P. 59 y por  D. BARROS ARANA, Op. Cit., t. VIII, p. 242.

176 MANUEL ANTONIO TOCORNAL: Memoria sobre el primer gobierno nacional,  p. 223, Santiago, 1856.

177 RAFAEL HELIODORO  VALLE: Pensamiento vivo de José Cecilio del Valle, EDUCA, San José, Costa Rica, 1971. Las Obras de Del Valle fueron publicadas por la  Secretaria de Educación Política de México, 1943.

178 Citado por MANUEL MEDINA CASTRO: Estados Unidos y la América Latina. Siglo XIX,  p. 209, segunda edición, Guayaquil, 1980.

179 Citado  por RICAURTE SOLER:  Clase y Nación, P. 93, Ed. Fontamara, Barcelona, 1981. Además ver: JOSE RODRIGUEZ CERNA: Centroamérica en el Congreso de Bolívar,  Tip. Nacional, Guatemala, 1938.

180 FRAY SERVANDO TERESA DE MIER:  Escritos inéditos,  p. 415, México, 1944.

181 EDMUNDO A. HEREDIA: Los Estados Unidos de Buenos Aires y Chile en el Caribe, Ed. Culturales Argentinas, Min. De Educación y Justicia, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1984, pp. 23, 25 y 149.

182 ANNE PEROTIN-DUMON: La contribución des corsarios insurgentes a l’Independence américaine,  mimeo, citado por E. HEREDIA: Op. Cit,. P. 27.

183 HELIO  VIANNA: “El peruano-platino-bolibiano Vicente Pazos en Banda Oriental, en Brasil y en Portugal (1819-1822)”. Ponencia  al IV Congreso Internacional de Historia de América, Buenos Aires, 1966, T. III, PP 633 a 649. Ha reconstruido la vida de Pazos Silva luego de su participación en la “República de Amelia”: su detención en Brasil y Portugal, su defensa y su posición inclaudicable  en pos de la independencia hasta su regreso a la Argentina en 1850.

184 CARLOS FERRO:  Vida de Luis Aury,  Dep. de Relaciones Públicas de la Jefatura de Estado, Tegucigalpa, 1973, y  JAIME DUARTE FRENCH: América de Norte a Sur. ¿ Corsarios o Libertadores?,  Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1975.

185 Citado por J. L. SALCEDO BASTARDO:  Historia Fundamental de Venezuela, UCV, Caracas, 1979, p. 143.

186 JAIME DUARTE FRENCH; Op. Cit., p. 160.

187 EDMUNDO HEREDIA: op. Cit, P. 75.

188 Ibid., P. 77.

189 JAIME DUARTE FRENCH: Op. Cit., pp. 250 y 251.

190 EDMUNDO HEREDIA; Op. Cit., p. 150.
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