Carta dirigida por Cosme Argerich a Juan Andrés Pueyrredón

Buenos Aires, 22 de mayo de 1810

Mi amado J. A. (1) : Son las dos de la mañana y yo debía haberte puesto día 23, en lugar de 22; pero estoy tan de prisa, que no tengo tiempo sino para decirte que la votación de hoy en el Cabildo Abierto ha sido espléndida, y la hemos ganado totalmente. Los peninsulares no han tenido sino veintitrés votos, y nosotros todo el vecindario y el pueblo; y no creas que no hemos tenido gente de valer, pues hasta Ruiz Huidobro ha estado por la deposición de Cisneros, y lo han seguido el coronel Mosqueira, don Bernardo Lecocq y muchos otros de los principales españoles de la ciudad. Aquí hubo de haber ayer un rompimiento en nuestro partido. Chiclana, Peña, Romero, Rocha, Balcarce y muchos de nuestros mejores amigos, se plegaron a la influencia de Huidobro, y dijeron que votarían con él, porque convenía mucho que un hombre de su valor se pronunciase de nuestro lado; y porque era de muy buena política en estas circunstancias comprometerlo contra los obcecados, a fin de que en las provincias de adentro no se alarmasen. Saavedra, Martín Rodríguez, Moreno, Darregueira y los del círculo de Beruti y French consideraban esto un grande error; pero entró a mediar el capellán Ferragut y el doctor Tagle, y se concilió todo, conviniendo en que los unos votasen con Ruiz Huidobro, salvo el no votar por él si se trataba de nombrar un gobierno nuevo, y como esta salida de costado hacía desaparecer todo peligro, consiguiéndose comprometerlos y atraerse a los principales jefes españoles con él, quedamos avenidos, que en el fondo Huidobro, Saavedra, el cura Sola y Martín, que son los que arrastraban toda la votación, pedían una misma cosa: que era la destitución del virrey y la creación de un gobierno nuevo.

Huidobro tenía su esperanza clara de que siendo el militar de más rango, y habiendo sido nombrado virrey por la Junta de Galicia, depuesto Cisneros pondríamos el mando en sus manos como lo pusimos en las de Liniers cuando fue destituido Sobremonte. Pero hasta ahí no habría ido nadie. El hombre de más influjo indudablemente es Saavedra, pero la juventud ilustrada tiene más fe en Martín; así es que Rivadavia, Moreno, Darregueira, Paso, y los más de nuestro círculo lo han seguido. La proposición que se votó fue esta: Si se ha de subrogar otra autoridad a la superior que obtiene el Excmo. señor virrey, dependiente de la soberana que se ejerza legítimamente a nombre del señor don Fernando VII. y en quién. La mayoría dijo, pues, que sí y que se subrogaba el mando en el Cabildo mientras el mismo formaba la corporación o junta que debe ejercerlo, sin que quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad. Con estas o con las otras palabras, esta fue en el fondo la votación que triunfó; pero llamó la atención el voto de Pancho Planes, porque dividió el mando administrativo en el Cabildo, y el militar en Saavedra, agregando que Cisneros debía ser residenciado y juzgado por las atrocidades que mandó hacer con los patriotas de la ciudad de La Paz. Te aseguro que fue un cañonazo que nos dejó cavilosos a todos, porque nos pareció imprudente y exagerado. -Tu amigo de corazón- C. A. (¿Cosme Argerich?) – P. S. He hablado con J. M. (Juan Madera) creemos que puedes venirte: y que, andando poco y con muletas, no te sobrevendrá ningún atraso en la curación.

NOTA:
(1) ¿Juan Andrés Pueyrredón?

Vicente Fidel López:  Crónica de la Revolución de Mayo. Buenos Aires. Editorial El Quijote. 1945.

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