28 de febrero de 1813

Después de haber llegado a mi cuartel general de San Cayetano los pertrechos y retaguardia y ciento veintiséis hombres de la Unión, al mando de los Capitanes Uscátegui y Ramírez, pasamos ayer tarde el río Zulia, y al amanecer de este día nos pusimos en marcha hacia esta Villa Capital de Cúcuta, y cuartel general del enemigo. Aún no eran las nueve de la mañana cuando nos encontramos posesionados de la altura que dominaba el Valle, desde donde empezamos a batir al enemigo acampado fuera de la Villa, a tiro de fusil de la cima del monte. Inmediatamente que nos presentamos, una partida de 100 hombres quiso tomarnos la espalda por nuestra derecha, pero en vano porque nuestros movimientos los hicieron desistir de su proyecto. Entonces varió su tentativa y se apoderó de las alturas que estaban a nuestra izquierda de donde fue desalojado violentamente y bien a su costa. Mientras tanto mi centro, al mando del coronel Francisco José Ribas, sostenía un fuego horrible contra el enemigo que se defendía con una ciega obstinación, ganándole palmo a palmo el terreno y obligándolo a tomar cada instante nuevas posiciones que él sostenía con el grueso de sus tropas y toda su artillería y caballería. Viendo que nuestros soldados se llenaban de tanto más ardor cuando era mayor el peligro, di orden al coronel Rivas y al resto de las tropas que tomasen al asalto la Villa y el campo. Así lo ejecutaron a pesar del vivo fuego que por todas partes nos llovía, así de artillería como de fusilería, avanzando paso a paso; y cansado ya de 4 horas de combate, entramos a la bayoneta, por habérsenos casi acabado las municiones de caballería. El enemigo sobrecogido en este momento de un terror pánico, se escapó precipitadamente, dejando a nuestro poder plaza, artillería, pertrechos, fusiles, víveres y cuantos efectos pertenecían al gobierno español y sus cómplices. Hemos alcanzado la más completa victoria, apoderándonos de sus fuertes posiciones y de estos floridos valles que ellos oprimían matándoles o hiriéndoles una multitud de soldados y oficiales, inclusive el mismo comandante Correa, que lo han recogido del campo de batalla gravemente herido en la cabeza, siendo por nuestra parte la pérdida tan desproporcionada que solo tenemos que deplorar dos hombres muertos y 14 heridos, entre ellos el valeroso teniente de las tropas de la Unión, ciudadano Concha. Todos nuestros soldados, oficiales se han cubierto de gloria pero muy particularmente el coronel Rivas, que mandaba todas las tropas de vanguardia y a quien la patria debe en este día una gran parte de su triunfo; como igualmente se señalaron el mayor Narvárez, el capitán Vidal, comandante de la retaguardia; el capitán Lino Ramírez, comandante de las tropas de Pamplona; el comandante de vanguardia, el bizarro ciudadano Pedro Guillen; el ayudante Ribón; y por no hacer una larga enumeración diré en una palabra que todos, hasta los últimos soldados, han llenado honrosamente su deber. Jamás el enemigo logró hacernos retroceder un solo paso, no obstante sus ventajas en artillería y caballería y posiciones dentro de la Villa”.

Simón Bolívar

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