Industrias culturales y populares en Colombia

Jorge Enrique Elías-Caro

Foto: Barranquilla, Colombia. Carolina Crisorio

No todo lo que suena con la música vallenato en Colombia y el mundo entero es para “rumbear y mamar ron” -como dijera El Ñato en la canción carnavalera del Burro Mocho-; éste ritmo permite, además, conocer la geografía del mundo caribeño de este país, pues sus canciones y melodías nos hacen volar con la imaginación por los bellos paisajes de la región, a través del extenso recorrido que hacen los autores y arreglistas con sus rítmicas y poéticas composiciones; o por sus letras románticas y pegajosas cargadas de identidad regional, o sencilla y llanamente por la cantidad de saludos y dedicatorias aburridas que hacen los cantantes a medio mundo.

En un estudio realizado hace pocos días, y derivado de una investigación -llevada a cabo por dos cesarences- para optar el título de magíster en Desarrollo Empresarial de la Universidad del Magdalena, se demostró que las virtudes de la valletomanía como negocio no es sólo un pilar fundamental para el fomento del patrimonio cultural de nuestra región, sino también sirve -y de gran manera- para promover una acelerada dinámica del desarrollo socioeconómico del país, básicamente por el crecimiento empresarial que jalona, los encadenamientos y tejidos productivos que conforma, la economía de escala que ostenta, las redes sociales empresariales que registra, el empleo que genera, la circulación del capital que presenta, y  la diversificación y exclusivismo, a la vez, de proyectos lucrativos que se emprenden, ya sea desde la producción de bienes o de servicios especializados.

 

Dentro de los resultados obtenidos, la investigación ilustra de forma clara que los aportes que brinda este tipo de música al desarrollo empresarial de Valledupar y el Caribe colombiano en general son inmensos. Las redes empresariales que se han formado, basadas en este ritmo, han fortalecido el sector de la industria cultural, hasta el punto de llevarlo a una esfera de localización global (glocalización), que le ha permitido tener un reconocimiento y un prestigio internacional, ubicándolo como uno de los ritmos más escuchados hoy en día. Además de que, alrededor de él, se creen y establezcan una serie de negocios y empresas que se articulan de forma conjunta para fortalecer su actividad económica, y con ello, conservar el patrimonio y la identidad cultural que representa la música vallenata.

 

Actualmente el vallenato como clúster muestra una dinámica comercial intensa; su cadena productiva genera riquezas para algunos compositores, cantautores, intérpretes, músicos, productores, managers y otros profesionales que participan de forma activa en la elaboración del producto final; es un producto masificado por las disqueras del país y tiene una fuerte presencia en los medios de comunicación. En esta emprendedora industria cultural se conjuga la música con la poesía popular y las fuertes influencias de la oralidad, de donde justamente recibe su mayor fuerza; posee una amplia aceptación popular en todas las ciudades y zonas rurales y/o pueblerinas. Las zonas costeras del Caribe colombiano, han visto en los últimos años cómo ha tomado auge su música y su folclor, los cuales se han convertido en una mayúscula fuente de ingresos para gran parte de su población. Durante todo el año en las ciudades se están organizando eventos  que de una u otra forma están influenciados por la cultura y la música vallenata. Los turistas que llegan, muchas veces lo hacen en busca de esa cultura y hospitalidad que siente al llegar a estas tierras, hecho que se ha convertido en sinónimo de ser el epicentro de eventos culturales, académicos y grandes negocios a nivel local y nacional.

 

Este bien intangible de la región es altamente demandado como producto, tanto al interior del país como en el exterior, lo que hace no sea marginal o un actor pasivo de la economía, por el contrario es sumamente activa, al punto que aporta al PIB y contribuye a la satisfacción de las necesidades de la población. El referido estudio permitió identificar y caracterizar los diferentes negocios que se originan a partir de la música vallenata y la  relación  que existente entre  estos y el desarrollo empresarial.

 

En la conformación del tejido empresarial basado en las redes o cadenas del vallenato están las instituciones públicas como las alcaldías municipales, gobernaciones, Ministerios de Cultura e Industria, Comercio y Turismo, entidades como Sayco y acinpro, organizaciones sin ánimo de lucro, es el caso de las Fundaciones de la Leyenda Vallenata, del Carnaval de Barranquilla, y de los festivales Cuna de Acordeones y del Dividivi, las emisoras y demás medios de comunicación, los empresarios organizadores de eventos y espectáculos, las agencias de viajes, los representantes de artistas, las casas disqueras, los centros de grabación, los hoteles, las fábricas de licores y cervezas, las industrias gráficas, de CD, las fábricas y tiendas de instrumentos musicales, las empresas de transportes, los almacenes de mercancías, licores y abarrotes, las confecciones alegóricas, camisetas, gorras, artesanías, los músicos, los compositores, los arreglistas y productores musicales, las escuelas de músicas, los billares, las cantinas, los bares, las discotecas, los restaurantes, los bancos, las aseguradoras, las empresas de consultoría y asesorías especializadas, los centros de mantenimiento y reparación, y lo que no podía faltar, las universidades y el SENA.

 

La investigación demostró además el papel fundamental que cumplen las mipymes  en términos de generación de empleo y desarrollo en los municipios; según datos de Confecámaras, en el 2011, el 96% de las empresas existentes corresponden a microempresas, establecimientos estos que de alguna u otra manera están asociados de forma directa e indirecta a los negocios que genera el mundo del Vallenato. Así pues que, “ay hombe…, que viva la yuca carajo”.

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