Carta al ex Gobernador de La Habana. Comandante en el Reino de Valencia

Juan Manuel de Cagigal a izquieda

9 de abril de 1800

Mi General y muy estimado Amigo:

Con mucho gusto he recibido ayer su apreciable carta fecha en Valencia a 10 de diciembre último, y doy a V. mil gracias por el aviso y extractos de la Sentencia recientemente pronunciada en el Supremo Consejo de las Indias en favor nuestro. ¿Mas qué satisfacción quiere V. reciba yo en saber más y más las iniquidades de Don Josef de Gálvez y sus agentes, que en parte aún ignoraba? ¿Cuyas infamias se han tolerado por el gobierno Español, a lo menos por lo que a nosotros toca, el espacio de 18 años consecutivos? ¿Y que la reparación que por tan graves injurias se nos ofrece ahora, es la facultad de perseguir los hijos y viudas de aquellos, sobre una parte del caudal y honores que a costa nuestra adquirieron sus perversos maridos? ¡No amigo mío, lo que por ello debe conjeturarse en mi opinión es que la situación del hombre de bien en ese País siempre será muy precaria y que el perverso, por lo común, goza impunemente del fruto de sus maldades!

¡Lo que realmente me da gran satisfacción es el saber que mi antiguo y querido amigo Don Juan Manuel de Cagigal es aún mi verdadero y fiel amigo, sin embargo de las vicisitudes que han podido ocurrir en tan largo y singular período de tiempo!…. Nada por consecuencia me sería tan gustoso como el verlo y darle un abrazo, pero las presentes circunstancias lo impiden absolutamente.

El estado de guerra y agitación en que casi toda la Europa se halla actualmente, hacen que una persona algo conocida en el mundo político y militar apenas pueda moverse de un lugar a otro sin alarma u inconvenientes; y así más vale estarse quedo que inquietar a los demás, a menos que una evidente necesidad no lo exigiese por el bien de nuestros semejantes.

Por este propio motivo me habrá V. visto, desde nuestra separación, ya viajando y atentamente examinando una gran porción del civilizado mundo; ya encargado de los Ejércitos de la Francia, protectora entonces de la Libertad pública; ya llevado por la anarquía ante el famoso Tribunal Revolucionario; ya rehusando funciones públicas en dicha confusa República y ya por esta causa Proscrito el 18 Fructidor del año V (1797), forzándome por ello a tomar refugio en este País, donde hallé acogida favorable por cierto tiempo y sobre todo un inestimable amigo antiguo, cuya hospitalidad me ha soportado y soporta aún en el día.

¡Cuál sea el resultado de los graves eventos que se preparan, Dios lo sabe!… mas su amigo de V., ciertamente, no abandonará aquella justa regla y principios honrosos que hasta aquí le han merecido la estimación de V. y que probablemente han forzado el gobierno Español a revocar sus injustos procedimientos para devolverle (por manos de la Justicia Santa) su honor y su caudal intactos. ¡O magna vis veritatis! Quae contra hominum ingenia, calliditatem, solertiam, contraque fictas omnium insidias, facile se per seipsam defendat. Cic. Pro Calius.

Cosa singular es, por cierto, que al mismo tiempo que la España me hacía tan atroces injurias, yo fuese el único en Francia que ayudado del preponderante influjo de mis amigos (por la convicción íntima en que estábamos de que la justicia y la moderación solamente podían con prosperidad y gloria llevar adelante la noble causa de la Libertad, que fuera el objeto de la revolución), combatía con suceso la tentativa formal de revolucionar la España, a tiempo que se me confería para ello el mando de un poderoso ejército en noviembre de 1792 y luego después nombrándoseme al gobierno y Comandancia General de Santo Domingo con Ejército de 22.000 hombres y una fuerte Escuadra a fin de proclamar la Libertad e Independencia de las Colonias Hispanoamericanas… en cuyos acontecimientos me debería la España por lo menos el reconocimiento de haberle procurado un gran bien negativo, ¡pues vine a ser causa de que no se le hiciese mucho mal en Europa y de que las inocentes Américas no sufriesen tal vez perjuicios incalculables e irreparables!

Veo con pena sin embargo que los agentes del Gobierno Español en el Nuevo Mundo se obstinan a tratar mal los Americanos; y que el Gobernador, recientemente llegado a Caracas, comienza a derramar sangre con particular ferocidad y audacia. ¡Quiera Dios que semejantes violencias no traigan reatos más funestos para la Corte de Madrid, y que aquellos buenos, sencillos y desgraciados Pueblos no sean largo tiempo víctimas de la injusticia y perfidias europeas!

A Dios amigo y querido dueño mío. Sírvase V. dar mis expresiones a mi Señora doña Angela, al Señor don Juanito, al amigo don Phelipe Cagigal, al Caballero Mata, etc. Estimaría me enviase V. copia formal de la Sentencia consabida y que también la comunicase V. a la Habana y Caracas. Mi dirección aquí es la siguiente: Al General Miranda, a cargo del Señor Turnbull & Cia. Broad Street, Londres, o ponerla bajo cubierta del Señor King, embajador de los E.U. de América. Londres. De V. su siempre fiel amigo y seguro servidor.

F. de Miranda

 

Transcripción de Gloria Heriquez Uzcategui y Miren J. Basterra. Academia Nacional del Historia. Venezuela

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