Bolívar ecuestre. Foto. Carolina Crisorio

La semana pasada, una noticia captó la atención de los medios de comunicación: en Ecuador fue hallado un documento en español que corresponde a la Carta de Jamaica, de Simón Bolívar. Se conocía de ella en la versión en inglés, pero no en español, de modo que el hallazgo tenía una importancia especial.

A Quito llegó una comisión venezolana encabezada por el exministro de Cultura de Venezuela, el historiador Pedro Calzadilla, la misma que constató la autenticidad y veracidad del texto. Por ello, el Presidente Nicolás Maduro anunció la existencia del documento e, incluso, dijo que solicitaría al presidente Rafael Correa la presentación de esa Carta en la próxima reunión de presidentes de Unasur.

De lo que hasta hoy conocemos, el texto en español es atribuido al secretario de Bolívar, que era Pedro Briceño; pero falta en el original la última página con las firmas sobre el documento. Sin embargo, su autenticidad está garantizada. De modo que el hecho de que en Ecuador se haya encontrado ese texto, reviste tanto una significación simbólica como histórica.

Simbólica, porque revive un momento de enorme significación en la vida de Simón Bolívar y de la gesta de independencia de América Latina. La Carta de Jamaica, en la versión que conocíamos, la dirigió el Libertador al comerciante inglés Henry Cullen, desde Kingston, Jamaica, el 6 de septiembre de 1815, como “Contestación de un Americano Meridional a un Caballero de esta Isla”.  Y Bolívar la hace ante el interés de su amigo inglés sobre las revoluciones que en esos días estaban ocurriendo en Hispanoamérica con miras a obtener la independencia frente a España.

En la Carta, el Libertador da cuenta del proceso independentista, lo valora y lo defiende. Ataca a España, cuya política y cuyo comportamiento ha generado el “odio” de los americanos. Reclama a Europa que no ha intervenido siquiera para interceder ante España a favor de la causa de la libertad de los pueblos situados al otro lado del Atlántico. Y sobre todo, el Libertador argumenta acerca de la condición de los americanos rebeldes, que no han podido ejercer su propio gobierno y que se hallan en una situación inédita en la historia universal.

Bolívar reconoce que es imposible determinar a dónde se encaminará esta América una vez independiente. Señala que su situación es parecida a la del antiguo imperio romano, pues cuando este se extinguió, se crearon las más variadas formas políticas de Estado en las distintas regiones en donde se había asentado.

Pero Bolívar está absolutamente convencido de que lo único que puede garantizar el futuro es la unidad: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.

De allí deriva la significación histórica del texto en español de la Carta de Jamaica. Porque reanuda, para la actualidad, el sentido de unidad, que fuera el eje del pensamiento bolivariano y que hoy se expande en Nuestra América Latina, con una nueva conciencia sobre su presente y futuro.

Fuente: El Telégrafo. 10 de noviembre de 2014

 

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