La clase obrera en América Latina fue creciendo a fines del siglo XIX en países como México bajo el “porfiriato” (1876- 1911), aunque en la mayoría de las naciones sólo aparecerá con el avance del siglo XX.

Las jornadas extenuantes (de 10 hasta 16 horas diarias y 7 días a la semana), los salarios bajos y la ausencia de derechos laborales, acompañaron al nacimiento del capitalismo en América Latina.

Las pésimas condiciones de vida urbana y de trabajo, provocaron el surgimiento de gremios, mutualidades y sindicatos, que pronto enfilaron contra los patronos, con demandas por la elevación de salarios, disminución de las jornadas, seguridad, indemnizaciones, etc. Y penetraron influencias políticas del obrerismo mundial, derivadas del triunfo proletario de 1917 en la URSS, donde nació el primer Estado socialista.

Las reivindicaciones obreras, frecuentemente tenidas como “comunistas”, fueron constantemente rechazadas por patronos y gobiernos defensores de sus intereses. En Valparaíso (1903), Santiago (1905) y Santa María de Iquique (1907) se produjeron represiones terribles con centenares y miles de trabajadores asesinados por tropas enviadas a sofocar las   huelgas o movilizaciones. Hubo matanzas similares en México (1907); o durante la “Semana trágica” en Argentina (1919) y contra huelguistas de las estancias ganaderas (1921).

En Ecuador el movimiento obrero también despegó desde 1910, aunque concentrado en Guayaquil, eje de un incipiente capitalismo, pero en medio de un país agrario y un Estado oligárquico-terrateniente y plutocrático. En esa ciudad, la Confederación Obrera del Guayas (1905) y la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE, 1922) concentraron las aspiraciones obreras de los numerosos sindicatos.

En octubre de 1922 los ferrocarrileros de Durán, a través de una huelga, consiguieron atención a sus reivindicaciones salariales y por la jornada de 8 horas, burlada desde 1916, cuando se la adoptó en el país. Su éxito despertó huelgas y movilizaciones de otros trabajadores, que llegaron a paralizar Guayaquil. El 15 de noviembre de 1922, la marcha de miles de trabajadores por las calles de la ciudad fue reprimida a bala, lo que provocó la horrorosa matanza de centenares de obreros. Los responsables de semejante acto fueron el gobierno de José Luis Tamayo (1920-1924) y la elite oligárquica de la ciudad, que en adelante sostuvieron que las tropas habían disparado contra hampones y saqueadores.

Sobre la memoria de esa masacre obrera, la Revolución Juliana (1925) y sus gobiernos fue la primera en imponer los intereses nacionales del Estado a la poderosa oligarquía cacaotera y a la bancocracia de la época; además de ser pionera en generar los principios sociales y laborales que quedaron fijados en la Constitución de 1929.

Pero la historia obrera en América Latina merece reforzarse y difundirse. De modo que al recordar el 15 de noviembre de 1922 en Ecuador, se valoran los orígenes del movimiento obrero nacional, sobre cuyas raíces se levantaron los derechos y garantías laborales del presente.

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Fuente: El Telegrafo. Ecuador. 17 de noviembre de 2014.