Sergio Guerra Vilaboy

Por el lugar cimero que alcanzó en la cultura cubana, y en particular en la caricatura, Nuez fue considerado una figura emblemática, del mismo modo que lo son Silvio Rodríguez en la canción, Alicia Alonso en el ballet y Eusebio Leal en la historia.
Especial para Con Nuestra América
Desde La Habana, Cuba
Izquierda: Obra de René de la Nuez. Foto: Carolina Crisorio. La Habana. 2006.

Este 16 de enero de 2015 falleció en La Habana el extraordinario artista y entrañable amigo René de la Nuez, a los 77 años de edad.

A Nuez, casi  todos lo conocimos primero como caricaturista: los más viejos desde su inolvidable personaje de El Loquito y los más jóvenes, por aquellos trazos magistrales frente a la cámara de la televisión, que pintaba en vivo muy temprano para los niños en La Revista de la Mañana.

Los primeros dibujos de René de la Nuez aparecieron en Zig Zag en febrero de 1957, semanaria humorístico donde surgió precisamente El Loquito, que sirvió para desenmascarar, con su lenguaje en clave, la sanguinaria dictadura de Fulgencio Batista.
Arriba: Sergio Guerra Vilaboy (izquierda) Rene de la Nuez (derecha). Foto: Carolina Crisorio. La Habana, 2006.
Una anécdota nos muestra su talento innato, que lo llevó a ser contratado en esa popular revista habanera, como me contara en una entrevista que le hiciera en 1998 para la revista Ko-Eyú por petición de su director Joel Atilio Cazal:
Me pusieron una prueba: hacer una caricatura allí mismo, sobre un tema de actualidad. En aquel momento se había producido la nacionalización del Canal de Suez, y el director me dio ese tema. Y se la hice rápidamente. No se me olvidará nunca esa caricatura. Era Anthony Eden, el Primer Ministro inglés, sentado frente a un televisor que sólo tenía rayitas y decía “He perdido el canal”. Al hombre le gustó tanto el dibujo que me contrató. Esa caricatura me sirvió de entrada. No fue fácil y fue fácil. Porque me pusieron una prueba y la vencí. “Venga todas las semanas y haga una caricatura” me dijo. Así empecé a trabajar en el año 1956. Fueron mis primeros dibujos políticos ya para un periódico nacional.

Desde entonces decenas de miles de sus caricaturas salieron casi diariamente en los principales periódicos cubanos, entre ellos RevoluciónGranma y otras importantes publicaciones como Bohemia, TrabajadoresPalante – popular semanario humorístico del que fue director-, La CalleLa TardeJuventud RebeldeOrbe de Prensa Latina y en La Jiribilla del Ministerio de Cultura. Durante treinta años, prácticamente hasta su jubilación, Nuez fue el caricaturista principal de la prensa revolucionaria cubana.
La fructífera y amplia obra de Nuez se caracterizó por su permanente compromiso con las causas justas y su capacidad para reflejar, con fino humor y singular sentido crítico, los problemas neurálgicos e hitos medulares de nuestro tiempo. De ello son exponentes sus caricaturas, de agudo filo político, dedicadas, entre otros muchos temas, a la lucha contra la tiranía batistiana, al conflicto histórico de Cuba y Estados Unidos –durante la crisis de octubre de 1962 las dibujó desde las mismas trincheras como miliciano-, a las guerras de Angola y Vietnam –realizó más de mil caricaturas a favor de la lucha del pueblo vietnamita y fue incluso, en determinado momento, una especie de corresponsal de guerra-, a los sucesos del Mariel, a la Revolución Nicaragüense –llegó a colaborar con la Gaceta Sandinista antes del triunfo de 1979-, a la campaña contra el burocratismo, al problema de la deuda externa, la guerra nuclear, al “periodo especial” o, más recientemente, a la causa por de los 5 patriotas cubanos presos injustamente en Estados Unidos y recién liberados.
No es posible imaginar una etapa de la Revolución Cubana en la que Nuez no haya estado presente, de una u otra manera, con sus imaginativas caricaturas, descubriendo la esencia de determinadas situaciones políticas o revelando rasgos singulares de la identidad del cubano. Así lo hizo desde  su famoso personaje de El Loquito y los que vinieron después de su mano mágica, como fueron, por ejemplo, Don  Cizaño, que representó la lucha contra la prensa reaccionaria en los años germinales de la Revolución; o Mogollón, nacido al calor de las campañas populares contra la vagancia. Su clásico dibujo de El Barbudo -con arma en ristre-, que hoy se asocia en todas partes a la Cuba revolucionaria, fue diseñada por Nuez como contrafigura de Liborio –el campesino doblegado por el Tío Sam, símbolo de la República neocolonial– y que el propio Comandante Fidel Castro mencionara en memorable discurso un primero de mayo frente a un millón de cubanos en la Plaza de la Revolución. Sobre El Barbudo me contó Nuez en la entrevista ya mencionada:
Este personaje nace en el 59, como una respuesta a Liborio, un personaje clásico, que representaba al pueblo de Cuba, pero que era muy pasivo, lo soportaba todo, no era dueño de sí mismo, ni del país, de nada, simbolizaba al pueblo que alguien gobernaba. Ya El Loquito había muerto poco después del triunfo de la Revolución. Todavía jugaría un papel en los primeros momentos, en las grandes luchas entre la prensa revolucionaria y la reaccionaria; pero ya después no había que hablar en clave, no era lógico hacerlo, se podían decir las cosas de otra forma, era un poco inoperante El Loquito, solo ocasionalmente ha salido. En Revolución hagoEl Loquito un tiempo y aquí lo sustituyo por El Barbudo, el cual he hecho desde entonces hasta hoy. Cuando quiero representar al cubano lo hago con este barbudo, que tiene un sombrero de yarey, un traje de miliciano, pues ya no es como Liborio un campesino pobre y desamparado, en todo caso es un campesino armado, no sólo con el machete, sino también con el fusil, según venga la situación.
Arriba obra de René de la Nuez. Foto. Carolina Crisorio. La Habana, 2006.
Nuez fue delegado al congreso fundacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1961, y dirigió su Sección de Artes Plásticas, organización de la que fue, por elección en 1991, vicepresidente y a cuyo consejo nacional perteneció hasta sus últimos días.  También llego a ser miembro del Secretariado Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y fue fundador del Museo y la Bienal del Humor de San Antonio de los Baños (Cuba), que puso como símbolo a El Barbudo de Nuez junto al Bobo de Abela.
Obtuvo más de cien premios nacionales e internacionales, recibió numerosas condecoraciones y fue galardonado como Profesor Honorífico de la Cátedra de Humor de la Universidad Alcalá de Henares (España). Además, en 1974, a través de la UNESCO, fue considerado entre los mejores caricaturistas del mundo. Un dibujo suyo viajó al Cosmos, hace más de treinta años, con el primer astronauta cubano y su original se encuentra en el Museo de la Cosmonáutica en Moscú. En 2010 recibió la Medalla de Oro de la Bienal de Humor Gráfico, Castilla, España. En resumen, dibujó más de cien mil caricaturas publicadas en los cinco continentes.
La vasta obra de Nuez como humorista gráfico también ha quedado recogida, junto a las publicadas en diarios y revistas y a las que en una época dibujó frente a las cámaras de la televisión en el Noticiario Nacional y luego en la Revista de la Mañana, en una veintena de libros entre los que pueden mencionarse: No hay deuda que dure cien años ni América que la resistaCuba Sí; Allí FuméEl Señor de la GuerraCuba 25Una nube de ideas; el Humor Nuez-tro de cada día;Satirichacha y otras chacharas –con textos de Pucha, su esposa-; La piedra en el camino;  Los monstruos de la globalización neoliberalCubabici, La aldea global, dibujos de humor amargo,El libro del YoEn un lugar de la tinta. Entre sus últimas publicaciones estuvo una recopilación de sus más significativos dibujos titulado El Loquito: (re) visiones, preparado por Axel Li, así como el dedicado al periodo especial, titulado irónicamente Havana Auto de Fé, con prólogo de Reynaldo González.
En los últimos años una parte apreciable de la relevante obra de Nuez se realizó en México, cuyos dibujos enviaba a diario por internet desde su casa en La Habana. En Por Esto!, que dirige Mario Menéndez Rodríguez, con quien colaboraba desde los años sesenta, cuando el periodista mexicano sacaba las revistas SucesosPor qué?Por Esto!, publicaba varias caricaturas diarias. La última, reproducida en la prensa española, salió el pasado 18 de diciembre y en su dibujo aparecían dos figuras, que representaban a Cuba y Estados Unidos, bridando con un Cuba libre “sin hielo”.
Pero una parte apreciable de la relevante producción artística de René de la Nuez se enfiló en otra dirección, que se reveló al público por primera vez en 1986, cuando expuso sesenta de sus cuadros en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana con el nombre de “Concierto Baroco”, en alusión al conocido libro de Alejo Carpentier, y que fuera inaugurada por Gabriel García Márquez. Parte de esa colección de pinturas fue expuesta después en Caracas, Barcelona, París, Galicia y Alcalá de Henares. En esta última localidad española, presentó otra exitosa serie titulada “Humor habano”, cuyo catálogo fue redactado por el desaparecido escritor español Manuel Vázquez Montalbán, contentiva de sus originales dibujos costumbristas al que incorporó antiguas etiquetas y viejas anillas de tabacos, exhibida en distintas partes de España y la ciudad de Matanzas (Cuba).
Una muestra muy exitosa de sus pinturas fue también “Son motivos”, en ocasión del centenario de Nicolás Guillén, inspirados en los versos de nuestro poeta nacional, dibujados sobre papel de música, que se expuso en la Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas. En el Movimiento por la Paz presentó otra colección que tituló “La Paloma Constante”, con trabajos pintados sobre cartones desechables para que pudieran ser usados posteriormente como pancartas en manifestaciones pacifistas.
No puedo aludir aquí a todas las exposiciones de René de la Nuez, pero no quiero dejar de mencionar, entre las más significativas, la retrospectiva de su obra en la Casa de la Cultura de Lérida y en el Colegio de Periodistas en Barcelona, ambas en España, así como la dedicada a los almendrones que ruedan por las calles de La Habana, mostrada originalmente en el Centro Cultural Pablo, que dirige el poeta Víctor Casaus. También  la muestra titulada ¿!Loco yo?!, en homenaje al cincuenta aniversario del nacimiento de El Loquito, exhibida en la Galería Villa Manuela de la UNEAC, o la que tuvo por escenario el lobby del Hotel Inglaterra y donde, por petición del propio Nuez, tuvo el privilegio de decir unas palabras en la inauguración.
Nuez también me encomendó la tarea de presentar otra exposición suya, Chacmoles en La Habana, exhibida en la Casa del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, que dirige Miguel Hernández –quien fuera compañero de estudios universitarios de Iván de la Nuéz, el hijo de René- con el cálido patrocinio del insigne maestro Eusebio Leal, Director de la Oficina del Historiador de la Ciudad.  Esta colección, en particular, es una muestra excepcional de ese otro Nuez. Catorce cuadros, cuatro de ellos especialmente concebidos para esta exposición de Chacmooles en La Habana, algunos de los cuales había sido mostrados en 2010 en la ciudad de Mérida, Yucatán, inspirados en la figura del Chacmool maya bajo la advocación martiana de “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy”.
Con estos excepcionales dibujos, Nuez nos puso ante la misteriosa conexión de José Martí con esta mítica deidad maya, pues como sabemos el Apóstol de la Independencia de Cuba fue sacudido por la singular escultura del Chacmool con la que se topó en las calles de Mérida a principios de 1877, al extremo que dibujó su propio rostro en el cuerpo de la figura precolombina. Como contó en aquella ocasión el propio caricaturista a la periodista Marina Menéndez, directora de Juventud Rebelde en una entrevista exclusiva publicada entonces en Por Esto!:
“Chac mool quiere decir hombre-leopardo”, explica. “Y aquí en la Isla, ‘ñáñigo’ (cofradía o hermandad de la cultura afrocubana) quiere decir lo mismo”.
(…) pues si Martí, que es el más grande pensador de Cuba y de América, se impresionó tanto con el Chac mool, al punto de comparársele en un autorretrato, es porque algo vio en esa figura que no hemos visto nosotros” (…) “el amor que inspira Mérida, sobre todo el pueblo y la cultura mayas. Yo siento hacia ellos una pasión extraordinaria porque la civilización maya fue muy inteligente; tenían un sentido tremendo de la energía, del movimiento de los astros y del tiempo distinto del de nosotros. Se trata de una cultura muy desarrollada. Todo eso me fue ganando”.
Por toda esta vastísima producción de alto vuelo y trascendencia, Nuez recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, correspondiente al 2007, y el Premio Nacional de Humorismo en 2008. Por el lugar cimero que alcanzó en la cultura cubana, y en particular en la caricatura, Nuez fue considerado una figura emblemática, del mismo modo que lo son Silvio Rodríguez en la canción, Alicia Alonso en el ballet y Eusebio Leal en la historia.  Al decirle ahora adiós con profundo pesar al entrañable amigo y genial artista revolucionario, lo hago con el orgullo de que me considerara, como me dijo en una ocasión, “un hijo nuevo que me ha salido del corazón”.

La Habana, 15 de enero de 2015.

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