América Latina y la Independencia de Cuba

Sergio Guerra Vilaboy

Ultimo esfuerzo bolivariano para la emancipación antillana

Cofre de Bolívar. Museos venezolanos. Caracas. Foto: Carolina Crisorio

A pesar de conocer la intransigente posición de Estados Unidos, todavía en 1827 Bolívar insistía en los intentos para la independencia de Cuba y Puerto Rico, ilusionado con la coyuntura favorable creada por la supuesta guerra que creía había estallado entre España e Inglaterra. Como relata el General Páez en sus Memorias, después de la entrada triunfal de Bolívar en Caracas, el 10 de enero de 1827, tras más de seis años de ausencia: “Uno de los principales asuntos de que me habló el Libertador en 1827, fue el de la libertad de Cuba y Puerto Rico”. (70)

Se proponía Bolívar poner a Páez al frente de varios miles de hombres de infantería y mil de caballería.  Lo transportaría la escuadra de Colombia y se contaría con el auxilio de México. Para llevar a efecto sus planes Bolívar escribió a Sucre, el 5 de febrero de ese año, el siguiente texto que, con pequeñas variaciones, también remitió a otros generales como Andrés de Santa Cruz y Pedro Briceño Méndez:

Después de las primeras noticias que se han recibido sobre la guerra entre Inglaterra y España no hemos tenido ninguna otra.  Estos son, pues, los momentos que debemos aprovechar para enviar una expedición a Puerto Rico, que ya estoy preparando.  Constará de 5 a 6,000 hombres, todos veteranos y mandados por el general Páez.  Padilla mandará la marina. Yo creo que poco nos costará apoderarnos de Puerto Rico. Después veremos qué es lo que se puede hacer sobre la Habana. (71)

Sin duda se trataba del último intento bolivariano para conseguir la independencia de Cuba y Puerto Rico junto al resto de las antiguas colonias de España en América.  Ahora el Libertador no tenía las dudas que lo habían asaltado en determinadas circunstancias anteriores sobre la posible repetición de los sucesos de Haití y tampoco le preocupaba la posibilidad de arriesgar el reconocimiento de España a la emancipación hispanoamericana.(72)  Se sabe que incluso llegó a solicitar a México el ataque o bloqueo de La Habana, para facilitar las acciones iniciales sobre Puerto Rico.  Al entusiasmo manifestado por Bolívar ante la aparentemente factible empresa libertadora antillana contestó Santander en su condición de Vicepresidente de la gran Colombia:

Magnífico y oportuno es el proyecto de expedicionar a Puerto Rico. Por la memoria de la guerra se comunica todo lo que pienso ordenar inmediatamente para cooperar a la proyectada expedición.  Dispongo de preferencia del batallón Girardot.  Aquí está el general Valero, que es puertoriqueño. Cuando lo vea pienso aguijonearle para que pueda ir.(73)

Pero los cálculos hechos por Bolívar, a partir del posible apoyo inglés, se desvanecieron al confirmarse la falsedad de las noticias sobre la guerra con España.  Al problema de la invariable correlación de fuerzas internacionales adversas se sumó la inesperada sublevación de las tropas colombianas en Lima (26 de enero de 1827) y la reiterada oposición de Estados Unidos a cualquier expedición libertadora a Cuba y Puerto Rico.  Así lo evaluó Páez en sus Memorias:

Era Bolívar hombre de talla para ejecutar lo que repetidamente me recordaba, y hubiéralo puesto en planta si una complicación de circunstancias conjuradas contra nuestro final y grandioso proyecto, no hubiera venido a dar con él por tierra.  Fué la primera desgracia el levantamiento de Bustamante en el Perú, motivo que obligó á contramarchar las tropas que bajaban de los Andes para la expedición sobre Cuba.

Obstáculo muy grave encontró por otra parte, y el más inesperado para nosotros, un proyecto que parecía llamado á no ser combatido sino por los españoles solamente.  El Gobierno de Washington –lo digo con pena– se opuso de todas veras á la independencia de Cuba [...] (74)

Sin duda este último factor fue decisivo para frenar los proyectos libertadores.  La mejor confirmación de que esta fue la verdadera causa del fracaso del último intento del Libertador para conseguir la independencia de las Antillas españolas procede del testimonio de un cubano, el incansable José Aniceto Iznaga que, junto a otros compatriotas, lo viera en aquellos días en su ciudad natal:

En ese mismo año de 1826 [error debe decir 1827, (SGV)] dijo Bolívar con pesaroso acento a la comisión de cubanos que le visitó en Caracas, las siguientes palabras: “No podemos chocar con el Gobierno de los Estados Unidos, quien, unido al de Inglaterra, está empeñado en mantener la autoridad de España en las islas de Cuba y Puerto Rico, no obstante que esa determinación nos ha de mantener en constante alarma y nos causará gastos crecidos, a fin de repeler cualquier tentativa desde esas islas por nuestro tenaz enemigo”.

De esta manera ‑prosigue Iznaga en su relato‑ se frustró una empresa tan magna como las glorias del héroe que la concibió: la grandiosa obra de la redención americana. La República del Norte de América, dirigida por su Presidente John Quincy Adams, se opuso a la invasión de Cuba, y su poder e influencia destruyeron la expedición.(75)

La presencia de Iznaga en Caracas en febrero de 1827 era el resultado de un nuevo plan libertador fraguado en Jamaica.  Allí se habían congregado el camagüeyano Alonso Betancourt y el Coronel peruano Juan José de Salas, tras el fracaso de la llamada Expedición de los Trece (76),  con los hermanos José Aniceto y Antonio Abad Iznaga y el Coronel colombiano José Concha.  Para buscar recursos Salas marchó a New York y José Aniceto Iznaga a Colombia, a donde llegó a fines de 1826, a la vez que se enviaba otro emisario a México.  Enterado de la presencia de El Libertador en Caracas, Iznaga marchò a verlo con una carta de recomendación del General José Padilla fechada el 5 de enero de 1827, donde este señalaba:

Mi respetable Jefe y querido General: El señor Aniceto Iznaga, portador de ésta, es mi amigo, y sujeto apreciable por sus buenas cualidades y muy entusiasta por la libertad de su patria.  En esa virtud me atrevo a recomendarlo a V. E., dispensándome esta satisfacción que me tomo.  El objeto del señor Iznaga cerca de V. E. es exponerle a la vez el proyecto que tiene acordado con varios amigos de revolucionar la Isla de La Habana y arrojar de aquel suelo los tiranos que la infectan; y para conseguir el buen éxito de su proyecto piensa marchar con una expedición parcial, costeada por todos los emigrados de aquel lugar y los demás patriotas que quisieran contribuir, a dar la libertad a aquel pueblo, que gime aún en las cadenas de la servidumbre.

Para fomentar ésta y darle todo el tono imponente que necesita la empresa, quiere suplicar a V. E. le preste algunos auxilios de buques y elementos de guerra, mediante a que el Gobierno ha mandado a desarmar todos los buques mayores que hay en esta bahía, pero correrán por su cuenta los víveres y pago de la tripulación, pues así me lo ha manifestado dicho señor Iznaga.

Esta tentativa me parece útil a los intereses de la República en las circunstancias presentes, pues los españoles paralizarán por mucho tiempo las operaciones hostiles sobre nuestras costas y V. E. no tendría ya que atender ni develarse, sino para sofocar el germen de la división y de la discordia que ha prendido en Venezuela.

Yo, en obsequio de la humanidad y por la felicidad de los habitantes de La Habana, que sufren las cadenas del yugo español, me intereso con V.E. a fin de que, si lo tiene a bien, vea favorablemente el proyecto de Iznaga, que no sólo me parece justo, sino santo.(77)

En la entrevista con Bolívar Iznaga presentó la carta de Padilla, una copia de un informe, que también había dejado a Páez, sobre las fuerzas militares de España en Cuba y del estado de la isla y los proyectos cubanos de invasión.  Según la versión de Iznaga la respuesta recibida fue que:

la oposición declarada, por parte de los Gobiernos de Inglaterra y los Estados Unidos, a que Colombia llevase sus armas a la Isla de Cuba y Puerto Rico, [era un, (SGV)] impedimento que Bolívar consideraba poco menos que insuperable.  Observó que el estado de los negocios de Colombia, tanto con objeto de su tranquilidad, como por la economía en los gastos, angustiado como se hallaba el Tesoro, aun sin otras muchísimas razones que pudieran citarse para hacer imperiosa aquella medida, las mencionadas solas sobraban para ello. “Libres Cuba y Puerto Rico –añadió Bolívar–  Colombia no tendría que temer de las armas españolas y estaría tranquila, reduciría su ejército considerablemente y establecería un plan de economía que disminuyese los gastos, debiendo, además, contar con los auxilios que pudieran prestarle Cuba y Puerto Rico libres.”  Concluyendo, y esto con vehemencia, del modo siguiente: “Si los cubanos proclamasen su independencia, presentando siquiera un simulacro de Gobierno y pidiesen auxilio al Gobierno de Colombia, entonces ni el Gobierno de Inglaterra, ni el de los Estados Unidos se opondrían, y aunque se opusieran, Colombia no se detendría.” (78)

No es de extrañar entonces que José Martí en un discurso dedicado a José María de Heredia en “Hardman Hall”, New York, el 30 de noviembre de 1889 sentenciara:

piajaba aún, cubierto de espuma, el continente, flamígero el ojo y palpitantes los ijares, de la carrera en que habían paseado el estandarte del sol San Martín y Bolìvar: ¡éntre en la mar el caballo libertador y eche de Cuba, de una pechada, al déspota al seguro!  Y ya ponía Bolívar el pie en el estribo, cuando un hombre que hablaba inglés, y que venía del Norte con papeles de gobierno, le asió el caballo de la brida y le habló así: “¡Yo soy libre, tú eres libre, pero ese pueblo que ha de ser mío, porque lo quiero para mi, no puede ser libre.!” (79)

Marti LC Banasco

Marti – L. Cesar Banasco
A continuación, convencido de la imposibilidad de llevar a buen término, en esas condiciones, los planes de liberación de Cuba, debido a la oposición de Estados Unidos, el trinitario –tras consultas con Betancourt, los coroneles Salas y José Mena, Roque de Lara y los generales venezolanos Padilla y Mariano Montilla– convocó a una reunión, a la que asistieron unos 25 emigrados, donde decidió la desmovilización y en consecuencia desistió de la planeada concentración de cubanos en Cartagena.  Apesadumbrado además con la noticia de la muerte de sus dos hermanos en Jamaica, Iznaga dispuso que los emigrados llegados a Cartagena se disolvieran.  Así se lo comunicó a Bolívar en carta fechada en esa ciudad el 27 de marzo de 1827:

Después que llegué a esta Capital me he visto en la necesidad de disolver la reunión de cubanos que aquí se hallaban existiendo a expensas mías.  Me he visto en esta dura necesidad, repito, porque ni han respondido a mis esperanzas las combinaciones que se habían formado para crear fondos, ni los míos en particular bastaban para llenar este objeto, ni han concurrido, en fin, a este punto, como debían, muchas de las personas más interesadas en el asunto, y que podían contribuir a darle alma.  Juzgue pues V.E. hasta qué punto subirá mi costernación, y la de mis compañeros, al ver el país de nuestro nacimiento sumergido en la degradación; y nosotros con las manos atadas para poder dar impulso a sus justos deseos. (80)


Fin de la conspiración del Aguila Negra y de los planes de México para la liberación de Cuba

A pesar de todas estas circunstancias negativas, México, que acababa de derrotar la expedición de reconquista española comandada por Isidro Barradas en Tampico (septiembre de 1829), todavía haría un postrer intento por conseguir la independencia de Cuba y eliminar la amenaza que significa la dominación española sobre la vecina isla.  En ese mismo año, el nuevo Presidente mexicano Vicente Guerrero instruyó de manera secreta al Coronel José Ignacio Basadre, quien había estado muy vinculado a los planes anteriores para la emancipación antillana, para que buscara en Haití colaboración para la independencia de Cuba. (81) El Presidente de la República negra, Jean Pierre Boyer, aceptó el ofrecimiento mexicano y ordenó movilizar a su ejército, pero el cambio operado desde 1830 en la situación europea, a partir de la revolución ocurrida en Francia, –unido a la oposición de Lucas Alamán dentro del gobierno de México y a la tradicional política de Inglaterra y Estados Unidos de conservar el status quo antillano– desestimaron estas gestiones que fueron la última tentativa de conseguir la emancipación antillana asociada al ciclo independentista del resto de Hispanoamérica.

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Jean Pierre Boyer

A esa misma etapa corresponde la labor propagandística, desde Estados Unidos, de un defraudado diputado cubano a las Córtes  –exiliado desde el 3 de octubre de 1823 a consecuencia del restablecimiento del absolutismo en España–, el cura Félix Varela, quien publicó entre 1824 y 1826 El Habanero, periódico distribuido clandestinamente en la isla y que llamaba a la liberación de España.  Pero el padre Varela pronto se desengañaría de las posibilidades objetivas de lograr la independencia de Cuba, pues la poderosa aristocracia criolla interponía obstáculos casi insalvables, como expuso con amargura en uno de los 7 números de El Habanero:

Es preciso no equivocarse. En la isla de Cuba no hay amor a España, ni a Colombia, ni a México, ni a nadie más que a las cajas de azúcar y a los sacos de café.(82)

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Félix Varela

Fue precisamente en esta época que abortó la conspiración de la Gran Legión del Aguila Negra.  A fines de 1829 el Capitán General de Cuba, Francisco Dionisio Vives, recibió informes del Ministro español en Estados Unidos sobre la existencia en la isla de una extendida conspiración, con raíces en México, para lograr la independencia.  En la denuncia se indicaba el nombre de uno de los comprometidos que residía en La Habana: José Julián Solís.  Pero una de las caracteristicas de la llamada conspiración de la Legión del Aguila Negra era la ausencia de logias, por lo que cada integrante sólo conocía al que lo ingresaba y a los que él a su vez iniciaba.  Los nuevos afiliados prestaban juramento y recibían la contraseña.  Las instrucciones eran trasladadas de los jefes a los demás socios en forma de cadena, en la cual cada conspirador, para evitar los desastres de una delación, representaba sólo un simple eslabón.  Ello impidió a las autoridades españolas descubrir a la mayoría de los conspiradores, aunque a través de Solís se comprobó la participación de otros individuos residentes en la propia capital y en Remedios, Guanajay y otras villas del interior.  Entre los complotados que lograron ser identificados y condenados se encontraban abogados, médicos, hacendados, escritores y artesanos, algunos de ellos ligados a la ya abortada conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar.  La Comisión Militar, de reciente creación, condenó a muerte a 6 personas y a otras muchas a diversas penas, desde diez años hasta seis meses de prisión.  A petición de Vives se les conmutó la pena por la de presidio, y luego en 1832, con motivo del nacimiento de la princesa Isabel, varios de los sancionados fueron indultados por real decreto del 5 de octubre.  No se sabe con exactitud quien era el lider de la conspiración en el territorio cubano, “Varon Fuerte” o jefe del Aguila Negra, aunque hay indicios de que fuera uno de los abogados de mayor prestigio en La Habana, el licenciado Manuel Rojo.

El abandono por Colombia y México de sus proyectos independentistas para Cuba y Puerto Rico, debido a los cambios en la coyuntura internacional -‑fracaso de los planes de reconquista de España y la Santa Alianza-‑ y las presiones norteamericanas, unido al boom de la plantación azucarera, las oportunas concesiones españolas a la aristocracia esclavista antillana y el temor a una repetición de lo ocurrido en Haití, entre otros factores, explican que las dos islas del Caribe permanecieran como colonias después de lograda y consolidada la emancipacion de las restantes colonias españolas en América.

NOTAS

(70) En Chávez Orozco. Op. cit., p. 449.

(71)OC, loc. cit., t. II, p. 544. En la carta, por error, aparece la palabra “monumento” por “momento”, lo cual hemos enmendado.

(72) Véase el excelente análisis de Francisco Pérez Guzmán, op. cit., p. 177 y ss.

(73) Citado por Abril, op. cit., p. 149.

(74) Op. cit., p. 455.  Eso explica el justo homenaje de Martí a Páez: “¿Podrá un cubano, a quien estos recuerdos estremecen, olvidar que, cuando tras dieciséis años de pelea, descansaba por fin la lanza de Paéz en el Palacio de la Presidencia de Venezuela, a una voz de Bolívar saltó sobre la cuja dispuesta a cruzar el mar con el batallón de Junín, “que va magnífico”, para caer en un puerto cubano, dar libres a los negros y coronar así su gloria de redentores con una hazaña que impidieron la sublevación de Bustamante en el Perú, a donde Junín tuvo que volver a marchas prontas, y la protesta del Gobierno de Washington que “no deseaba cambio alguno en la condición ni en la posición política de Cuba?”  En José Martí: Obras Completas, La Habana, Editorial Lex, 1946, t. II, p. 62.

(75)  Iznaga: “Por que Cuba [...]“, loc, cit., p. 157. La entrevista tuvo lugar en 1827 y no en 1826 como equivocadamente aparece en el texto, pues en esa fecha Bolívar no estaba en Caracas.

(76) Llamada así por el número de sus integrantes.  Fue dirigida por los cubanos Alonso y Fernando Betancourt, el doctor Francisco Deza y Santiago Zambrano, así como los coroneles del Ejército de Colombia Juan José de Salas y Juan Betancourt, junto a cinco ingleses.  También participaban Ramón Guerra, Mariano y Bartolomé Castillo.  Salieron de Montego Bay en Jamaica para explorar la costa sur de Cuba y evaluar las posibilidades para una expedición militar, y desembarcaron el 8 de marzo de 1826 entre Manzanillo y Santa Cruz del Sur.  Desalentados con las noticias del fracaso de los revolucionarios que les habían antecedido en la goleta inglesa Margaret, Francisco Agüero y Velasco (Frasquito) y el mulato Andrés Manuel Sánchez y Pérez, teniente del ejército colombiano, –que habían sido capturados, tras su desembarco en el estero de Sabanalamar, cerca de Santa Cruz del Sur, el 20 de enero de 1826, y fusilados el 16 de marzo de ese año–, se reembarcaron en el mes de julio rumbo a Jamaica, después de realizar una breve escala en la desembocadura del Agabama en Trinidad –donde precisamente se entrevistaron con José Aniceto Iznaga. Véase Gustavo Sed Nieves: “Frasquito Agüero independentista y bolivariano”, Biografías, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1977, p. 100 y ss.  Consúltese también José Luciano Franco: Ensayos Históricos, La Habana, Ciencias Sociales, 1974, p. 27 y Pérez Guzmán, op. cit., p. 96 y ss.

(77) Vivanco, op. cit., t. III, pp. 139-140.

(78) Iznaga: “Peregrinación [...], loc. cit., pp. 150-151.  El subrayado pertenece al original.

(79) José Martí: Obras Completas, loc. cit., t. I, p. 773,

(80) En Vivanco, op. cit., t. IV, pp. 242-243.  Iznaga, luego de una prolongada estancia en París, regresó a Cuba y murió en Sancti Spiritus el 2 de diciembre de 1860.

(81) Véase una parte de su correspondencia en Chávez Orozco, op. cit., pp. 195-203.  Incluso en esta ocasión México trató inutilmente de conseguir también el respaldo colombiano, para lo cual el Secretario de Relaciones Exteriores de México escribió una nota fechada el 5 de junio de 1830.  Véase Roldán Oquendo, op. cit., p. 96.

(82)  Citado por Emilio Roig de Leuchsenring: “Varela en `El Habanero’, precursor de la Revolución Cubana”, Vida y pensamiento de Félix Varela, La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1945, # 28, pp. 16-17.  Hay que aclarar que el padre Varela sentía gran preocupación porque la emancipación de Cuba se debiera a la intervención de fuerzas externas, por lo que predicó que la independencia se hiciera con elementos del país y criticó a los conspiradores cubanos contemporáneos por lo que consideraba su falta de espíritu revolucionario.  “En mi concepto –escribió Varela– las llamadas conspiraciones, si han hecho algo en favor de la independencia, ha sido proporcionar que haya muchos presos, y otros que temen estarlo.” (Tomado de Roig, ibid., p. 20).  Un certero análisis de este asunto en Oscar Loyola Vega: “La Revolución `por los de casa’, o la percepción política de un presbítero”, Revista Universidad de la Habana, La Habana, mayo‑agosto de 1989, n. 235.   Véase también de Eduardo Torres Cuevas: Félix Varela, los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas, loc. cit.

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