Vicente Fidel López

A continuación se presentan trece cartas a las que tuvo acceso Vicente Fidel López. Si bien no eran las originales, el autor consideró que eran lo suficientemente relevantes como para publicarlas en 1885. Aquí se ha transcripto también la nota preliminar de J. López de la publicación de 1945.

Nota Preliminar de J. López. 1945

La bibliografía histórica argentina es extensa y variada. Solamente los dos últimos decenios han aportado un número elevado de producciones en tan controvertida materia. La crítica histórica se afina, depura, sutiliza e intensifica en los días presentes. Parecería que esta honrosa inquietud fuera vitalizada por las nuevas corrientes de afirmación nacional, que – en su medular significado-, no implica postura partidista sino noble, legítimo y acucioso deseo de esencialidad racial y afán de conocimiento del propio destino. Es un acendrado interés por hombres y acontecimientos, primos o lejanos, que presuponen madurez mental y sentido de responsabilidad cívica, puesto que entre los cultores de esta disciplina están no solamente el historiador oficial o el monógrafo prolífico, sino también, el diletante o el ensayista de circunstancias. Con tal variedad de autores es lógico que se resienta la calidad de las obras producidas. Pero sería postura del crítico malhumorado el afirmar que todo es hojarasca. Descartando el abundoso folletín histórico-populachero como así también los libros panegiristas o difamatorios, queda aún buen margen de obras enjundiosas ecuánimes y veraces.

CroRevMay Lopez

La Biografía ha polarizado el interés de los investigdores. Por indiosincracia racial, por configuración topográfica y por desarrollo histórico la evolcuión argentina ha estado condicionada, referida, a la acción de algunas figuras relevantes. Pero ello no quiere decir que el pueblo haya sido un simple instrumento, manejado por dirigentes más o menos bien intencionados. Muy lejos de eso, pocas naciones en el mundo tienen una historia de origen más netamente popular que la Argentina. Lo que hoy se nombra como el hombre de la calle es decisivo factor en la evolcuión nacional. Lo es, en ininterrumpida serie de acontecimientos, nimios o trascendentes, desde los días aurorales de la fundación de Garay hasta la fecha. Pechero, artesano, colonizador, marino, amanuense obrero o burócrata, sus palabras y acciones han debido ser tomadas en cuenta. Es cabildante polemizador en la colonia, soldado aguerrido en la gesta emancipadora y elector condicional en los tiempos de normalidad política. Por su voto o por su disconformidad levantisca y violenta o por la sorda reacción ha modelado a gobiernos y gobernantes. Una demostración rotunda de la manera de ser el hombre de la calle como ente político la tenemos en la Semana de Mayo de 1810, que es, esencialmente, un pronunciamiento popular.

Tres centurias y media han granscurrido desde la definitiva fundación de Buenos Aires. El desarrollo de la urbe porteña, -verdadero pivote de la historia argentina-, no ha sido apulatino ni regular. Durante dos siglos vegetó en el moroso crecimiento de un poblado de cortos alcances materiales y  de limitadas inquietudes. Gigante potencial no era consciente de sus latencias. Pero las invasiones inglesas aguijaron su voluntad y endurecieron su cuerpo. Y, después de la sorprendente e inesperada victoria, cobró exigente conciencia de sus recursos y deseos. Consecuente con ellos rechazó el padrinazgo y la tutela, que a porfía, le brindaban las anquilosadas instituciones coloniales. El adormilado adolescente de las polvorientas siestas coloniales se había transformado en garrido varón asioso de rutas heroicas y de horizontes imprevistos. Y, cuando su terca voluntad de vida propia fue contrariada, de un papirotazo gigante hizo volar a mandones y leguleyos y partió por los senderos en su tierra para integrar su destino aventurado y glorioso.

Vicente Fidel López es un arquetípico representante de ese momento histórico. Hijo de la Revolución llegó a ser su más preclaro exponenen e intérprete. Nacion en 1815. Su familia había tenido notable gravitación en la gesta emancipadora. Desde sus años juveniles se educó en el culto de la elevada libertad. Su padre, -el autor del Himno Nacional-, fue modelando su espíritu en un ambiente de amable disciplina y de refinada cultura. En 1830 es dilecto discípulo del Dr. Don Diego Alcorta, cuyas lecciones de filosofía, influirían decisivamente en su formación espiritual. Su vida posterior, accidentada y multiforme, está signada por esta apetencia de cada vez más amplios horizontes intelectivos. Proscripto en Chile, revolucionario en Montevideo, Ministro de Instrucción Pública en su patria en 1852, Ministro de Hacienda de Pellegrini – en la estrechez o en la abundancia, en el poder o en el llano – siempre la nota dominante de su vida es el imperioso afán de concoimiento y cultura. Es una mente absorbente, desprejuiciada y dinámica.

Hombre de tan rico caudal de experiencias vitales y políticas y de especulaciones tan agudas y variadas, estaba ampliamente capacitado para darnos una visión panorámica y esencial de la Historia Argentina. De que lo ha hecho en forma magistral y hasta hoy inigualable dan elocuente y perdurable testimonio sus libros: ceñidos eslabones de una genial concepción. En la: “Memoria sobre los resultados generales con que los pueblos antiguos han contribuido a la civilización de la Humanidad”, analiza los fundamentos filosóficos de la Historia; en “Las razas arias del Perú, contempla en forma exhaustiva el estudio de la más representativa de las familias autóctonas americanas; su mente ya está en sazón para producir el más valioso de sus frutos: “Historia de la República Argentina”, cuyos diez volúmenes, densos y conceptuosos, terminan de publicarse en 1893.

El insigne historiador imagina la historia como : “La lucha recíproca que sostienen los que quieren detener el proceso con los que quieren desatar los lazos que les impiden volar sin obstáculo sobre las alas de la libertad”.

“Además de la humanidad y de las naciones tomadas en grupo, la historia nos presenta los individuos. El individuo influye directamente sobre los acontecimientos sociales con los actos personales que son fruto de su libre albedrío. Los hombres, como entes libres, somos los verdaderos autores de esa infinidad de hechos pequeños, insignificantes al parecer, que, con su fuerte y complicado encadenamiento, forman al fin la gran síntesis de los hechos sociales”.

Una clara, relevante, ágil y humana exposición de la Revolución de Mayo es “La Gran Semana de 1810. Con rapidez, relieve y dinamismo cinematográficos van desfilando personajes y acontecimientos sobre el gran telón de fondo del Viejo Buenos Aires. Las figuras principales de este retable histórico son movidas por López con suprema maestría durante el desarrollo de la estupenda jornada. Parecería, aprimera vista, que ellas son los agentes motores de la empresa liberadora. Pero no es así. Entre cajas está Juan Pueblo que por primera vez se asoma a la tramoya del Gobierno y “quiere saber de qué se trata”. Deslumbrado y enardecido por el conocimiento de su propia fuerza actúa con energía entre bastidores para que la función se condiciones a su gusto y paladar. Ya nunca más abandonaría su papel de traspunte, cada vez más exigente. “Los tontos que nos han estado conteniendo todo eset tiempo, se han convencido de que no tienen más remedio que hacerle el gusto al pueblo”, dice López en su carta liminar. El que, en última instancia, es uno de los más altos y meritorios postulados democráticos. J. López (1)

NOTAS
(1) El apéndice “Algunas personas y lugares citados en la obra” le pertenece.

Ficha bibliográfica:

Vicente Fidel López:  Crónica de la Revolución de Mayo. Buenos Aires. Editorial El Quijote. 1945.

Siguiente→

Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Si Ud. desea asociarse de acuerdo a los Estatutos de ADHILAC (ver) complete el siguiente formulario (ver)

E-mail: info@adhilac.com.ar

Twitter: @AdhilacInfo