Carta dirigida por Buenaventura Arzac, a Mariano Orma

Buenos Aires, domingo 20 de mayo de 1810, a la 1 de la noche.

Mi querido M…(Mariano Orma?): Mando a escape al negro Joaquín, para que te vengas en el acto, de madrugada, trayéndonos algunos caballos ensillados. La mina está ya al reventar y empieza la jarana que andábamos buscando. El día de hoy ha sido grande; y te aseguro que en mi vida no he pasado horas más hermosas, y más tiernas, al ver a nuestros paisanos unidos y llenos de entusiasmo, yendo y viniendo por los arrabales para tener pronta la gente. El café de Catalanes, la fonda de las Naciones, eran un jubileo de los nuestros. Esto está muy agitado: el sordo (1) está ya como metido en un zapato, y los oidores andan sin sombras, porque los tenemos locos a pasquines y pedradas a las ventanas. Los tontos que nos han estado conteniendo todo este tiempo, se han convencido de que no tienen más remedio que hacerle el gusto al pueblo.

Como no he tenido tiempo para nada, no he podido hasta este momento, en que me caigo de sueño, decirte lo que ha pasado. Ya que estás en el corte de tu leña, tráete mañana toda la gente que tengas reunida, y doscientas o trescientas cargas para la gente de los cuarteles, pues hace falta, y hay mosca para pagártela.

Por más que lo querían ocultar, mientras hacían venir fuerzas de Córdoba y Montevideo, todo se ha descubierto al fin por los barcos que han llegado a Montevideo. La Central ha caído: toda la España está jorobada y perdida. ¿Creerás que los del pueblito de Cádiz se han propuesto darnos gobierno a los americanos, inventando una regencia; y que pretenden mandarnos virreyes y empleados para que nos gobiernen como si fuéramos sus esclavos?

Con esto todo se ha puesto en alboroto, la gente se concentra en los cuarteles, las calles están solas, pero la plaza está llena, y todas las tiendas y bandolas emparejadas, porque como tú sabes, son casi todas de godos. En la fonda de las Naciones había el viernes un gran concurso. Pando estuvo divino (F.Planes?): lo trepamos a una mesa y lo obligamos a arengar al pueblo. Nos contó cosas graciosísimas de lo que el sordo había hecho en Trafalgar, de la paliza que le dieron a Nieto cuando lo echaron del ejército de Castaños, con otra porción de chistes y de embustes de los que él sabe inventar y que tan buenos azotes le costaron en la clase de don Pedro Fernández. Tú sabes que no tiene empacho ni vergüenza para nada; pero tiene muchísimo talento, y es un patriota a mano: figúrate que sostuvo que debíamos ahorcar al sordo en media plaza por los asesinatos de la Paz!

El viernes nos echó Cisneros una proclama indecente. Dice que en sus manos está segura la patria, y que se va a poner de acuerdo con Abascal, con Sanz y con Nieto para formar un gobierno que represente aquí a Fernando VII. ¡Que badulaque!  ¡y vea con qué cuñas nos piensa dar gobierno! con ese motivo hubo reuniones ese día en lo de Peña y en los cuarteles. Se resolvió hacer venir a Saavedra de San Isidro. Este vino en efecto ayer y ha consentido en tomar el mando de los patriotas. Al momento se fueron a ver al Alcalde Lezica y le exigieron un Cabierto Abierto, amenazándole de que si no se cita al vecindario acudirán a la Plaza Mayor con las tropas y con el pueblo para deponer al virrey, y nombrar a un gobierno de patriotas.

Que quiso, o que no quiso, Lezica vio que la cosa iba muy seria; y rogó que le dieran tiempo para conferenciar con el virrey y para reducirlo a prestar su consentimiento al Cabildo abierto: haciendo presente a nuestros amigos que de otro modo el caso sería ya de una rebelión manifiesta y que eso lo debíamos dejar para el último extremo. Se convino, en efecto, que el alcalde se vería con Cisneros a las 12 del día de hoy. Cisneros se ha hecho de nuevas, como si le tomara de sorpresa lo que hace ya cuatro días que sabe, y que quiere atajar haciendo venir fuerzas de afuera para que lo sostengan; pero se rindió al fin, y dijo que consultaría esta misma noche a los comandantes de los cuerpos; que le van a cantar claro y al oído, en voz bastante fuerte para que oiga.

Mientras los comandantes estaban con él, hubo una zinguizarra de aplaca en el teatro. Hacía dos días que estaba anunciada, para hoy domingo, la tragedia – Roma salvada. Muchos oficiales de los nuestros nos habíamos juntado allí, cuando salió Culebras a anunciarnos que por enfermedad de Morante se había cambiado la función, y que se iba a representar Misantropía. Pero el pardito Viera nos decía a todos en los corredores que Morante estaba bueno, y que el regidor de policía Domínguez era quien lo había obligado a Morante a echar esta mentira para cambiar la función. Al momento se levantó un grande incendio en la platea. Juan José, Melián, Rúbio, Mendizábal y otros oficiales, con tu servidor también, saltamos al proscenio, y sacamos por fuerza a Morante a decir que se iba a dar Roma salvada como se había anunciado. Domínguez, se fue protestando que iba a traer la guardia del Fijo, y nosotros hicimos atravesar del cuartel de enfrente todos los sargentos y cabos que estaban sin servicio urgente.

Apenas comenzó la tragedia se vino abajo el teatro de vivas y aplausos; y los oidores Reyes y Caspe que entraban a su palco, se pusieron el sombrero como despreciando al pueblo. Los gritos de ¡abajo el sombrero! y de ¡afuera! ¡afuera! atronaron la sala, y los oidores se salieron. Estaba por terminarse el tercer acto, cuando entraron con aire de mata-siete y de chulos, el capitán de veteranos Martín Ochoteco, Arteaga el oficial mayor de la secretaría de guerra, unos cuantos marinos y varios otros godos. No bien los vimos, cuando Juan José puso la cara de malo y pendenciero que tú le conoces; y todos nos pusimos en facha por si llegaba el caso de irnos a las manos con los bastones o con el diablo, pues no faltó quien nos alcanzara algunas pistolas.

Pocos momentos después Morante, que hacía el papel de Cicerón, declamó con entusiasmo y voz de trueno, aquellos hermosos versos del cuarto acto que todos esperábamos para aplaudir como unos locos:

Entre regir al mundo o ser esclavos
Elegid, vencedores de la tierra!
Glorias de Roma, majestad herida!
De tu sepulcro al pie, patria, despierta!
César, Morena, Lúculo, escuchadme:
Roma exige un acaudillo en sus querellas!
Guardemos la igualdad para otros tiempos:
El Galo ya está en Roma! vuestra empresa
Del gran Camilo necesita el hierro!
Un dictador, un vengador, un brazo!
Designad al más digno y yo lo sigo!

Aquello fue un frenesí de aplausos, de gritos de bravos, y de golpes. Juan José se paró sobre el banco y gritó: ¡Viva Buenos Aires libre! Pero al mismo tiempo, del banco de los goditos salió un silbido. Juan José, furiosos creyó que Ochoteco se había reído de él. Con el buen genio y la amabilidad que tú le conoces, salto sobre él y en un pestañar de ojos le tiró un bastonazo a la cabeza que le echó al suelo el sombrero y le dio en la frente. Cuando Ochoteco y Arteaga sacaban sus pistolas, ya estábamos nosotros encima de ellos. Tú sabes que Dios me ha favorecido para el caso. Yo pues agarré a Arteaga por el cuello, lo doble sobre el banco al mismo tiempo que disparaba la pistola para el techo, sin herir a nadie.

Ochoteco erró fuego, los demás salieron disparando al vernos fuertes por el número y por la ira. Cicerón (o Morgante) se reía a carcajadas en el proscenio; y de un empujón a manotadas los echamos a todos afuera, y nos quedamos dueños del teatro, que se llenó al momento de patricios sin entrada. Hicimos seguir la tragedia; y salimos de allí como en una fiesta llevando a Cicerón en andas, y dejando al gallego Catilina (Culebras), avergonzado de su derrota romana en las tablas.

Mientras todo esto sucedía, en lo de Peña había grande agitación, y se había ordenado que todos fuésemos allí. El Cabildo no había obtenido de Cisneros la licencia que había solicitado para juntar el vecindario; y los amigos de Peña, Rodríguez, Belgrano y demás, quieren que si mañana no se hace la citación a las 12, ocupemos la plaza con toda nuestra gente y hagamos salir del gobierno a este virrey imbécil que se figura que todavía puede mandarnos. Así, pues, es preciso que vengas con todos tus quinteros, y con caballos para las diligencias y citaciones.

Se me olvidaba decirte que en la cancha de Sotoca hubo esta mañana otro sanquintín entre arribeños y vizcaínos. Se jugaba un partido de pelota muy interesante en que se habían desafiado al largo los paisanos del Blandengue, Cabecitas y Falucha, contra los vizcaínos Manopla, el Toro y Nariguete. Cuando el partido estaba dudoso y pendiente de un tanto más, el diablo del Blandengue agarró la pelota y de una bolea le echó al otro extremo de la vereda de enfrente, y como atravesó la pared de la cancha, Manopla se quedó mirando sin poder arrestarla, con lo que se armó una disputa acalorada sobre si el partido estaba ganado o perdido por los paisanos. Los arribeños, los castas y muchos patricios del 3º estaban allí, tomaron la cosa por suya en favor de los paisanos; y de las disputas a los trompis y a los cuchillos no hubo gran trecho que digamos. Martincho tomó la de Villa-diego, dejando una apuesta de veinte duros que había hecho. Hubo heridos y estropeados, pero los nuestros, al grito de ¡viva la patria! quedaron dueños de la cancha porque casi todo el cuartel de la vuelta se vino a los gritos de la gresca.

Ya ves, pues, cómo están las cosas. estoy muerto de cansado: mañana es día grande y en el que todo va a quedar decidido. Vente, pues, que te necesitamos: tu paisano y amigo.

B.V.A.

Atribuimos esta carta a don Buenaventura Arzac, un gigante de ocho pies: fuerte como Hércules, astuto como Ulises, y tan ilustrado aunque no hombre de letras, como el mejor de su tiempo.

(1) Llamaban “el sordo” al virrey Cisneros.
Vicente Fidel López:  Crónica de la Revolución de Mayo. Buenos Aires. Editorial El Quijote. 1945.

Glosario:
Arrabal: barrio alejado
Chulo: bonito, hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas, etc.
Fonda: lugar donde se daba hospedaje y se servía comida.
Jarana: diversión con alboroto
Jorobada: perjudicada
Mata-siete: fanfarrón
Mosca: en este caso dinero
Pasquín: escrito anónimo contra el gobierno
San Isidro: ubicado al norte de Buenos Aires sobre la costa del río de la Plata.
Sanquintín: gran alboroto
Arribeños: milicia integrada por colonos del norte del virreinato, de acuerdo al relato, en su mayoría de a favor de los criollos.
Trompi: trompada, golpe dado con el puño cerrado.
Patricios: milicia organizada por los colonos, principalmente criollos, para enfrentar a los invasores ingleses que atacaron el virreinato en 1806 y 1807.
Vizcaínos: milicia integrada por vascos.
Blandengue: milicia integrada por paisanos
Los castas: se refiere a las castas de negros, mulatos, etc.
Tomar la de Villa-diego: huir.
Gresca: pelea

Carolina Crisorio

Aclaración: Hay cuestionamientos acerca de la autenticidad de estas misivas

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